Persecución y Enemigos

En todo nuestro alrededor, las máscaras de hipocresía se están cayendo. Nos regocijamos por el fin de la hipocresía. Pero también nos desesperamos ante la abrumadora oposición que esto ha creado contra la virtud genuina, la fe genuina, el amor genuino.



Tenemos que superar nuestras propias inclinaciones hacia la venganza si queremos tener una oportunidad para lograr los propósitos de Dios en corregir los malhechores.



Hay una diferencia entre sentirse herido y enojado, y sentir odio y rencor. Confundimos los temas si suponemos que sentir dolor o enojo es lo mismo que sentir odio y rencor.



“Pero les ruego, hermanos, que se fijen en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que han aprendido, y que se aparten de ellos. Porque tales personas no sirven a Cristo nuestro Señor sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan a los corazones de los ingenuos.”