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El Mensaje es una compilación de todas las enseñanzas principales de Jesús registradas en la Biblia. Están organizadas por temas y redactadas en un lenguaje fácil de entender, en un contexto moderno y como un mensaje directo de Jesús a nosotros.

sobrevivientes

Una novela apocalíptica emocionante basada sobre las profecías bíblicas.  Este cuento te dará un buen entendimiento del mensaje detrás del libro de Apocalipsis, también como una idea de cómo será el futuro cercano sobre la tierra.  Es un libro indispensable para toda persona interesada en las profecías bíblicas y su relación a las enseñanzas prácticas de Jesús.
cristianismo radical


MacDonald detalla el verdadero camino cristiano con sencillez, honestidad y en forma concisa, confirmando que el llamado de Jesús al discipulado es para todos los que quieran llevar el título de "cristiano". Tenemos algunos puntos de diferencia con MacDonald en cuanto a trabajar por el dinero, pero estamos de acuerdo con él en la mayor parte de su obra con respecto al costo del discipulado.
¿A Dónde Vamos?


Este librito considera la dirección de nuestra vida y sociedad, y cómo será el futuro.  No sólo explica algunas profesías bíblicas, sino muestra también soluciones prácticas para vivir una vida en armonía al propósito por cual fuimos creado.  Muy inspirador!
El verdadero cristianismo consiste en una entrega absoluta al Señor Jesucristo. El Salvador no está buscando personas que le dediquen sus tardes libres, sus fines de semana o sus años de jubilados. Él busca personas dispuestas a darle el primer lugar en su vida. “Él busca, y siempre ha sido así, no multitudes que van a la deriva y sin propósito en su senda, sino hombres y mujeres que individual y espontáneamente se consagran a su servicio por haber reconocido que Él necesita personas dispuestas a seguir en el sendero de la negación personal por el que Él caminó primero.”

La única respuesta adecuada al sacrificio de Cristo en el Calvario es la rendición incondicional a Él. El amor Divino tan maravilloso no puede ser satisfecho con algo menos que la entrega de nuestra vida, nuestra alma, nuestro todo...

El Señor Jesús planteó exigencias rigurosas a los que iban a ser sus discípulos, demandas que han sido totalmente olvidadas en estos días de vida materialista. Con mucha frecuencia consideramos el cristianismo como un escape del infierno y una garantía del cielo. Aún más, pensamos que tenemos perfecto derecho a disfrutar de lo mejor de esta vida. Sabemos que en la Biblia hay muchos versículos que hablan fuerte acerca del discípulo, pero nos parece difícil conciliarlos con nuestras ideas acerca de lo que debe ser el cristianismo.  

Aceptamos que los soldados entreguen sus vidas por razones patrióticas. No nos extraña que los hombres pongan su vida por ideologías políticas. Pero que la característica de la vida de un seguidor de Cristo sea “sangre, sudor y llanto”, nos parece remoto y difícil de asimilar. Sin embargo, las palabras del Señor Jesús, son bastante claras. No hay el más mínimo lugar para malinterpretarlas si las aceptamos en su verdadero valor. Estas son las condiciones del discipulado tal como las dio el Salvador del mundo:

1. Un amor supremo por Jesucristo.

  • “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y a madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26)

Esto no quiere decir que debamos tener indisposición o mala voluntad en nuestro corazón hacia nuestros familiares, sino que nuestro amor a Cristo debe ser tan denotado que en comparación, todos los demás afectos parezcan odio. En realidad la parte más difícil de este pasaje es la expresión “y aún su propia vida”. El amor propio es uno de los obstáculos más persistentes para el discipulado. Mientras no estemos dispuestos a ofrecer voluntariamente nuestra vida a disposición de Cristo, no estaremos en el lugar donde Él desea que estemos.

2. Una negación del Yo.

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo...” La negación del Yo no es lo mismo que la abnegación. Esto último significa privarse de algunas comidas, placeres o posesiones. La negación del Yo es una sumisión tan completa al Señorío de Cristo, que el Yo no tiene derechos ni autoridad alguna. Significa que el Yo abdica del trono. Henry Martin lo expresa así: “Señor, no permitas que tenga voluntad propia ni considere que mi felicidad depende en lo más mínimo de las cosas que pueden sucederme exteriormente, sino que descanse completamente en tu voluntad.”

3. Elección deliberada de la Cruz.

  • “Si alguno quiere venir es pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. (Mateo 16:24)

Tomar la cruz no se refiere a una enfermedad física o angustia mental, puesto que estas cosas son comunes a todos los hombres. La cruz es una senda escogida deliberadamente. Es un “camino que tal como el mundo lo considera es una deshonra y un reproche.”

La cruz es el emblema de la persecución, la vergüenza y el abuso que el mundo cargó sobre el Hijo de Dios y que el mundo cargará sobre todos aquellos que elijan ir contra la corriente. Cualquier creyente puede evitar la cruz conformándose a este mundo y a sus caminos.

4. Una vida invertida en Cristo.

  • “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. (Mateo 16:24)

Para comprender lo que esto significa conviene preguntarse: ¿Cuál fue la principal característica de la vida del Señor Jesús? Fue una vida de obediencia a la voluntad de Dios, una vida de servicio desinteresado a los demás, una vida de paciencia y tolerancia ante los más graves errores. Fue una vida llena de celo y desgaste, templanza, mansedumbre, bondad, fidelidad y devoción. Para ser sus discípulos debemos andar como Él anduvo. Debemos mostrar el fruto de nuestra semejanza en Cristo. (Juan 15:8)

5. Un amor ferviente por todos los que pertenecen a Cristo.

  • “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35)

Este es el amor que considera a los demás como mejores que uno mismo. Este es el amor que cubre multitud de pecados. Este es el amor que es sufrido y es benigno; no es jactancioso, no se envanece, no es injurioso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta (1 Corintios 13:4-7). Sin este amor el discipulado sería un ascetismo frío y legalista. Sería un címbalo que retiñe.

6. Permanencia continua en su Palabra.

  • “ Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. (Juan 8:31)

El verdadero discipulado se caracteriza por la estabilidad. Es fácil empezar bien y lanzarse adelante a un deslumbramiento de gloria. Pero la prueba de la realidad del discipulado es la resistencia hasta el fin. “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). La obediencia ocasional a las Escrituras no sirve. Cristo desea que los que le siguen lo hagan obedeciendo en forma constante y continuada.

No permitas ¡oh Padre! que vuelva atrás,
Mis lágrimas ya mojan las asas de mi arado,
Mis otras herramientas corruptas he dejado;
No permitas, Dios Padre, que vuelva atrás.

7. Rechazo de todo por seguir a Cristo.

  • “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33)

Esta es, tal vez, la menos apreciada de las condiciones de Cristo para el discipulado, y se podría probar que es el texto menos apreciado de la Biblia. Los teólogos y entendidos pueden dar mil razones para probar que el versículo no quiere decir lo que parece decir, pero los discípulos sencillos lo reciben con ardor, aceptando que el Señor Jesús sabía lo que quería decir. ¿Qué quiso decir con renunciar a todo? Significa el abandono de todas las posesiones materiales que no nos sean absolutamente necesarias y que se puedan usar en la extensión del Evangelio.

El que renuncia a todo no se convierte en un despreocupado holgazán. Trabaja arduamente para [el reino de Dios y confía que Dios va a] proveer a las necesidades comunes de su familia y de sí mismo. Como el fin de su vida es extender la obra de Cristo, invierte en el trabajo del Señor todo lo que sobrepase sus inmediatas necesidades y deja el futuro en las manos de Dios. Buscando primeramente el reino de Dios y su justicia, él cree que nunca le faltará nada, ni comida, ni vestido. Él no puede poner su confianza en dinero ahorrado cuando hay almas que están pereciendo por falta del evangelio. No quiere malgastar su vida acumulando riquezas que caerán en manos del diablo cuando Cristo regrese por sus santos. Desea obedecer el precepto del Señor en contra del almacenar tesoros en la tierra. Renunciando a todo, ofrece lo que de todos modos no puede conservar y que ya ha dejado de amar.

Entonces tenemos que estas son las siete condiciones del Discipulado cristiano. El que esto escribe comprende que al señalarlas se condena a sí mismo como un siervo inútil que es. Pero, ¿se suprimirá la verdad de Dios por la incompetencia de su pueblo? ¿No es verdad que el mensaje es más grande que el mensajero? ¿No es más correcto que Dios permanezca como un ser veraz y todo hombre sea considerado mentiroso? ¿No diremos como aquel anciano, siervo fiel del Señor: “Haz tu voluntad, aun cuando para ello tengas que quebrantarme”? 

Cuando hayamos confesado nuestro fracaso pasado, enfrentemos decididamente lo que Cristo pretende de nosotros y procuremos ser verdaderos discípulos de nuestro glorioso Señor.

Maestro mío, llévame hasta tu puerta, para que perfores mi oído, que voluntario te entrego.
Tus prisiones son mi libertad; déjame quedar contigo, para sufrir, soportar y obedecerte.
- H.G.C. Moule.
Próximo Capítulo

“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mí discípulo”. (Lucas 14:33)
 
Para ser discípulo del Señor Jesús, hay que renunciar a todo. Este es el sentido inequívoco de las palabras del Señor. No importa cuantas objeciones pongamos a tan extremada demanda ni cuanto nos rebelemos ante regla tan importante e imprudente. Prevalece el hecho de que esta es la Palabra del Señor y que quiere decir exactamente lo que dice.

Desde el comienzo debemos enfrentar las siguientes verdades inmutables:

a) Jesús no hace esta demanda a una cierta clase selecta de obreros cristianos. Dice: “Cualquiera de vosotros...”

b) El no dijo que debemos estar dispuestos a renunciar a todo en forma voluntaria. Dijo: “Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee...”

c) El no dijo que hubiera una forma diluida de discipulado que permitiera al hombre conservar sus posesiones. Jesús dijo: “... no puede ser mi discípulo”.

Realmente no debería sorprendernos esta demanda tan absoluta como si fuera la única sugestión de este tipo en la Biblia.

¿No dijo Jesús: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo...”? Muy acertadamente Wesley afirmó: “hacerse tesoros en la tierra está claramente prohibido por nuestro Señor como el adulterio y el asesinato”.

¿No dijo Jesús: “Vended lo que poseéis y dad limosna”? (Lucas 12:33) ¿No instruyó al joven rico diciéndole: “vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”? (Lucas 18:22). Si no quería decir lo que dijo, ¿qué quería decir?

¿No es verdad, acaso, que los creyentes de la Iglesia Primitiva “vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”? (Hechos 2:45)

Y a través de los años, ¿no es un hecho que muchos de los santos de Dios han renunciado a todo por seguir a Cristo?

Antonio N. Groves y su esposa que fueron misioneros en Bagdag se convencieron de que tenían que dejar de hacer tesoros en la tierra, y que debían dedicar la totalidad de una importante fortuna al servicio del Señor.

C. T. Studd “decidió dar toda su fortuna a Cristo aprovechando la dorada oportunidad que se le ofrecía de hacer lo que el joven rico no pudo hacer... Era un simple acto de obediencia a las definidas declaraciones de la Palabra de Dios”. Después de distribuir miles de libras esterlinas en la obra del Señor, reservó el equivalente de 9,588 dólares para su esposa. “Pero ella no fue menos que su marido”.

-“Carlos”- le preguntó-, “¿Qué le dijo el Señor al joven rico que hiciera?” -”Vende todo” le contestó.
-“Entonces comenzaremos bien con el Señor desde nuestra boda.” Y el dinero fue a dar a las misiones cristianas.

El mismo espíritu de dedicación animaba a Jim Elliot. En su diario escribió: “Padre hazme débil para que pueda desligarme de lo temporal. Mi vida, mi reputación, mis posesiones; haz que mi mano las suelte, Señor. Aún, Padre, quisiera desligarme del deseo de ser mimado”. ¡Cuántas veces he dejado de abrir mi mano por retener solamente lo que he considerado un deseo inofensivo, por aquél ápice de mimosidad! Más bien, hazme abrir mi mano para recibir el clavo del Calvario, como Cristo la abrió, para que yo, soltándolo todo, pueda ser libertado, desatado de todo lo que ahora me tiene atado. Él consideró el cielo, sí, la igualdad con Dios, como cosa a la que no debía aferrarse. Así, haz que me desligue de lo que tengo tomado”.

Nuestro corazón infiel nos dice que es imposible tomar literalmente las palabras de nuestro Señor: “Si renunciáramos a todo, nos moriríamos de hambre”. “Después de todo, debemos hacer provisión para nuestro futuro y el de nuestros seres queridos”. “Si todos los cristianos renunciaran a todo, ¿quién financiaría la obra del Señor?”, y “Si no hubiera cristianos ricos, ¿cómo podríamos alcanzar con el Evangelio a la gente de las clases altas?”. Y así van apareciendo los argumentos en rápida sucesión, todos para probar que Jesús dijo algo que significa una cosa diferente de lo que dio a entender.

Es un hecho comprobado que la obediencia al mandato del Señor es la forma de vida más sana y razonable y la que produce un mayor gozo. La Escritura y la experiencia testifican que ninguno de los que han vivido sacrificándose por Cristo ha padecido necesidad, y será también con los que lo hagan en el futuro. Cuando el hombre obedece a Dios, el Señor lo toma bajo su cuidado.

El hombre que deja todo por seguir a Cristo no es un pobre inútil que espera que los demás cristianos le sostengan:

Primero, es industrioso. Trabaja diligentemente [en construír el reino de Dios y confía que Dios proveerá] las necesidades mínimas de su familia y las suyas propias.

Segundo, es frugal. Vive en la forma más económica posible para que todo lo que quede después de satisfacer sus necesidades inmediatas pueda ser usado en la obra del Señor.

Tercero, es previsor. En vez de acumular tesoros en la tierra, los deposita en el cielo.

Cuarto, confía en Dios en lo que respecta a su futuro. En vez de dar lo mejor de su vida tratando de formar vastas reservas para la vejez, da lo mejor de sí para el servicio de Cristo confiando en Él para la provisión futura. Cree que si busca primeramente el Reino de Dios y su justicia, jamás pasará necesidad de alimento y vestido (Mateo 6:33). Le es irrazonable acumular riquezas para un día que no sabe si vivirá. Su argumento es el siguiente:

1. ¿Cómo podemos acumular y guardar fondos extras en forma consciente cuando ese dinero podría usarse inmediatamente para la salvación de almas? “El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17). Una vez más consideremos el importante mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levitico 19:18). ¿Podemos, con verdad, decir que amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, cuando les dejamos pasar hambre mientras nosotros tenemos más que suficiente y de sobra? Le preguntaría a cualquiera que ha experimentado el gozo del conocimiento del don inefable de Dios: “¿Cambiaría usted este conocimiento... por la posesión de cien mundos?”. Entonces no retengamos los medios por los cuales otros pueden obtener este conocimiento santificador y la consolación celestial.

2. Si creemos realmente que la venida de Cristo es inminente, desearemos usar nuestro dinero inmediatamente. De otro modo correremos el riesgo que caiga en las manos del diablo, dinero que debería haberse usado para bendición eterna.

3. ¿Cómo podemos orar a conciencia que el Señor provea el dinero necesario para la obra cuando nosotros mismos tenemos dinero que no queremos usar en dicha empresa? El dejarlo todo por Cristo nos libra de la oración hipócrita.

4. ¿Cómo podemos enseñar todo el consejo de Dios cuando hay ciertos sectores de la verdad, como el que estamos considerando, que no hemos obedecido? En tal caso nuestra manera de vivir debería sellar nuestros labios.

5. El hombre inteligente de este mundo hace abundantes reservas para su futuro. Pero esto es no caminar por fe, sino por la vista. El cristiano ha sido llamado a una vida de dependencia de Dios. Si hace tesoros en la tierra, ¿en qué difiere del mundo y su manera de vivir?

Con frecuencia se nos argumenta que debemos proveer para las necesidades futuras de nuestra familia; de otro modo somos peores que los incrédulos. Apoyan este punto de vista con dos textos: “...no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos” (2 Corintios 12:14). “Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

Un estudio cuidadoso de estos textos mostrará que se refiere a las necesidades cotidianas y no a las contingencias futuras. En el primero de estos versículos Pablo está usando la ironía. Él es el padre y los corintios son sus hijos. Él no los carga económicamente, aunque tiene derecho a ello por ser siervo de Dios. Después de todo, él es su padre en la fe y los padres ordinariamente proveen para los hijos y no los hijos para los padres. Aquí no se trata de provisión de los padres para el futuro de sus hijos. Todo el pasaje tiene que ver con la provisión para las necesidades presentes del apóstol Pablo y no con la provisión para sus posibles necesidades futuras.

En 1 Timoteo 5:8 el apóstol está discutiendo del cuidado a las viudas pobres, insiste que sus parientes deben cuidarlas. Si no tienen familia, o si ella las descuida, entonces la iglesia local debe cuidar de la viuda cristiana. Pero una vez más se refiere a necesidades presentes y no las futuras.

El ideal de Dios es que los miembros del cuerpo de Cristo se preocupen por las necesidades inmediatas de sus hermanos en la fe. Hay que compartir equitativamente... “Para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos” (2 Corintios 8:14-15).

El cristiano que piensa que debe hacer provisiones para necesidades futuras enfrenta el difícil problema de determinar cuanto necesitará. En consecuencia gasta su vida en tratar de adquirir una fortuna de modo indefinido, perdiendo el privilegio de dar lo mejor al Señor Jesucristo. Llega al final de una vida derrochada y descubre que después de todo, si hubiera vivido de todo corazón para el Salvador, todo lo necesario habría sido provisto oportunamente.

Si todos los cristianos tomaran literalmente las palabras de Jesús, la obra del Señor no carecería de fondos. El Evangelio sería proclamado con mayor poder y en menor tiempo. Si algún discípulo estuviera en necesidad, sería el gozo y privilegio de los demás dar de lo que ellos pudieran tener.

Sugerir que debe haber cristianos ricos para alcanzar a los ricos del mundo es un absurdo. Pablo alcanzó a la casa de César siendo un prisionero suyo (Filipenses 4:22). Si obedecemos a Dios podemos confiar en que Él se encargará de los detalles. En esto toda discusión debería terminar en el ejemplo que Jesús dejó. El esclavo no es mayor que su señor. Como dijera Jorge Muller: “El mal comienza cuando el siervo procura tener riquezas, grandeza y honra en este mundo donde su Señor fue pobre, humilde y despreciado.”

“Los sufrimientos de Cristo incluían la pobreza” (2 Corintios 8:9). Por supuesto, la pobreza no se demuestra por harapos y suciedad, sino por la falta de reservas y de los medios para darse lujos. Andrés Murray dice que el Señor y sus apóstoles no podrían haber realizado la obra que hicieron de no haber sido realmente pobres. “El que va a levantar a otros necesita descender, como el buen samaritano, y la inmensa mayoría de la humanidad ha sido y es pobre.”

La gente reclama que hay ciertas posesiones que son indispensables para el hogar. Es cierto.

Otros argumentan que hay otras posesiones materiales que pueden ser usadas para gloria de Dios, por ejemplo, un automóvil. También es cierto.

Pero más allá de estas necesidades legítimas, el cristiano debería vivir en forma frugal y sacrificada para que el Evangelio sea difundido. Su lema debería ser: “Trabaja mucho, consume poco, da mucho, y todo para Cristo.”

Cada uno de nosotros es responsable ante Dios por lo que significa dejarlo todo. Un creyente no puede dictar normas para el otro, cada persona debe actuar como resultado de su propio ejercicio delante de Dios. Es un asunto estrictamente personal.

Si como resultado de tal ejercicio, el Señor guía a un creyente a un grado de devoción hasta el momento desconocido, no debe ser ello motivo de orgullo personal. Los sacrificios que hagamos no son en ninguna manera sacrificios cuando los examinemos a la luz del Calvario. Además de esto, damos al Señor solamente aquello que ya no podemos retener y que hemos dejado de amar. “No es necio quien da aquello que ya no puede retener para obtener algo que no puede perder.”
Próximo Capítulo
Cualquiera que se propone seguir a Cristo puede estar seguro que se le brindarán maneras de eludir la responsabilidad. Se le concederán innumerables oportunidades para retroceder. Oirá voces que le llaman ofreciéndose para restarle algunas pulgadas a su cruz. Doce legiones de ángeles estarán listas para sacarle del camino de la abnegación y el sacrificio.

Esto lo ilustra en forma notable el relato de los tres potenciales discípulos que permitieron que otras voces tomaran el primer lugar en vez de obedecer la voz de Cristo. (Lucas 9:57-62)  Estos tres personajes anónimos se enfrentaron a Jesús. Sintieron un impulso interno de seguirle. Pero permitieron que algo se interpusiera entre sus almas y la completa dedicación al Señor.

Señor apresurado. El Primer hombre ha sido llamado Señor Apresurado. Se ofreció entusiastamente para seguir al Señor “adonde quiera que vayas”. Ningún costo sería demasiado alto. Ninguna cruz le sería demasiada pesada. Ningún camino sería demasiado escarpado.

A primera vista parece que la respuesta de Jesús no tenía conexión con la oferta espontánea del Señor Apresurado. Jesús le dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”. Realmente fue una respuesta muy adecuada. Fue como si hubiera dicho: “Dices que estás dispuesto a seguirme a todo lugar, pero ¿estás dispuesto a hacerlo sin las comodidades materiales de esta vida? Las zorras tienen más comodidades que yo. Los pájaros tienen sus nidos que pueden decir es su nido. Pero yo vago sin hogar en este mundo que mis manos formaron. ¿Quieres sacrificar la seguridad de un hogar para seguirme? ¿Quieres renunciar a las comodidades legítimas de esta vida con el fin de servirme devotamente?”.

Es claro que el hombre no estaba dispuesto, porque no oímos más de él en las Sagradas Escrituras. Su amor por lo terrenal fue mayor que su dedicación a Cristo.

Señor Tardío. El segundo hombre ha sido llamado Señor Tardío. No se ofreció en forma voluntaria como el Señor Apresurado. Más bien el Salvador le llamó a que le siguiera. Su respuesta no fue un rechazo obvio. Él no estaba desinteresado en el Señor. La realidad es que quería hacer algo primero. Ese era su gran pecado. Puso sus pretensiones por sobre las demandas del Señor. Notemos su respuesta: “Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre”.

Ahora bien, es perfectamente legítimo que un hijo muestre un respeto natural por sus padres. Y si su padre ha muerto es ciertamente una obligación del cristiano darle una sepultura decente. Pero, las legítimas acciones de la vida llegan a ser pecaminosas cuando se anteponen a los intereses del Señor Jesús. La verdadera ambición de este hombre queda expresada en su clara petición: “Señor... primero...”. El resto de las palabras eran un mero disfraz del deseo de su corazón de poner primero su yo. Evidentemente no se dio cuenta que las palabras “Señor,... yo primero...” son un absurdo moral y una imposibilidad. Si Cristo es el Señor, entonces Él debe ser primero. Si el pronombre personal “yo” está sobre el trono entonces ya no es Cristo quien manda.

El Señor Tardío tenía algo que hacer y permitió que eso tomara el primer lugar. Por lo tanto fue correcto que Jesús le dijera: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios”. Podríamos parafrasear sus palabras de la siguiente manera: “Hay cosas que los muertos espirituales pueden hacer como los creyentes. Pero hay otras cosas que solamente un creyente puede hacer. Cuida de no pasar tu vida haciendo las cosas que el no creyente puede hacer tan bien como tú. Deja que los muertos espirituales entierren a sus muertos físicos. Pero a ti te necesito. Que el principal impulso de tu vida sea el progreso de mi causa sobre la tierra”.

Parece que el precio era demasiado alto para el Señor Tardío. Sale en anónimo silencio del escenario del templo. Si el primer hombre ilustraba las comodidades temporales como uno de los impedimentos para el discipulado, el segundo nos habla de una actividad o un trabajo que ocupa un lugar preferente con respecto a la principal razón de existir del cristiano.

La vida del verdadero discipulado exige que el reino de Dios y su justicia se busquen en primer lugar; que un creyente no pase su vida haciendo lo que el no creyente podría hacer tan bien o mejor que él, [porque] la principal vocación del cristiano es anunciar el reino de Dios.

Señor Liviano. El tercer hombre ha sido llamado Señor Liviano. A semejanza del primer hombre se ofreció voluntariamente para seguir a Cristo. Pero también a semejanza del segundo usó las contradictorias palabras “Señor... yo primero...”. Dijo: Te seguiré Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa”.

Una vez más debemos admitir que tomada aisladamente esta petición no tiene nada de malo. No es de ninguna manera contrario a las leyes de Dios demostrar un cariñoso interés por los familiares u observar las reglas de urbanidad cuando uno se aleja de ellos. Entonces ¿en qué falló este hombre? Fue en esto: dejó que los tiernos lazos de la naturaleza ocuparan el lugar que corresponde a Cristo.

Y así, con visión penetrante, el Señor Jesús, dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” En otras palabras, “mis discípulos no son tan egocéntricos, ni de ideas tan volubles como tú has demostrado ser. Yo necesito personas que quieran renunciar a los lazos familiares, que no sean distraídos por parientes sentimentales, discípulos que me pongan por sobre cualquier otra persona en su vida.”

Concluimos forzosamente que el Señor Liviano dejó a Jesús y se alejó tristemente por el camino. Sus confiadísimas aspiraciones de ser un discípulo se hicieron mil pedazos al chocar con la roca de los lazos familiares. Quizás era una madre llorosa la que le dijo lastimeramente: “Harías estallar el corazón de tu madre si me dejas para irte al campo misionero”. No lo sabemos. Todo lo que sabemos es que la Biblia, misericordiosamente omite el nombre del pusilánime que volviendo atrás, perdió la mayor oportunidad de su vida y se ganó el epitafio de “No apto para el reino de Dios”.

Resumen. Entonces tenemos que estos son tres de los impedimentos básicos para el discipulado, ilustrados por tres hombres que no quisieron seguir las exigencias del camino de Cristo:

Al Señor Apresurado: El amor por las comodidades terrenales.

Al Señor Tardío: La precedencia de un trabajo u ocupación.

Al Señor Liviano: La prioridad de los lazos familiares.

El Señor Jesús siempre ha llamado y aún llama hombres y mujeres que le sigan heroica y sacrificadamente dejando todo. Las vías de escape aún se presentan diciendo con palabras tentadoras “¡Cuídate! ¡Esto no es para ti!”. Pocos están dispuestos a responder:

Jesús, he tomado mi cruz
Por seguirte todo he dejado
Jesús, he tomado mi cruz
Por seguirte todo he dejado
Desnudo, pobre, despreciado,
Desde ahora mi todo eres tú.
Perecido ha toda ambición,
Lo que buscaba y anhelaba,
Pues riquezas que no esperaba,
Dios y el cielo, son mi posesión.
Que el mundo me deje y desprecie,
Lo hicieron con mi Salvador
El engañoso corazón
Contra mí su ataque arrecie
Más de Dios, la ciencia y poder
en medio de mí lucha tenaz,
vence al enemigo, a Satanás,
y Su gozo inunda mi ser.
Próximo Capítulo
Leer Lucas 16:1-13.

La parábola del mayordomo injusto fue presentada a los discípulos. En ella el Salvador sienta los principios aplicables a los discípulos de todos los tiempos. Después de todo los discípulos de Cristo son esencialmente mayordomos, a quienes se ha confiado el cuidado de Sus pertenencias e intereses sobre la tierra.

Esta parábola está rodeada de dificultades. Aparentemente recomienda la deshonestidad y los negocios ilícitos. Pero cuando se entiende con la debida luz, la encontramos saturada de enseñanzas de gran importancia.

En resumen, la historia es está: Un rico propietario encargó sus negocios a un empleado. Pasado mucho tiempo el amo supo que su empleado estaba despilfarrando su dinero, inmediatamente le pidió una rendición de cuentas y le informó que quedaba despedido.

El empleado comprendió que su futuro era lúgubre. Era demasiado viejo para hacer trabajo físico pesado y le daba vergüenza mendigar. Entonces encontró un sistema que le aseguraría tener amigos en los días venideros. Fue donde uno de los deudores de su amo y le preguntó: ¿Cuánto le debes a mi jefe?. La respuesta fue: “Tres mil trescientos setenta y cinco litros de aceite”. “Bien, dijo el empleado, paga la mitad y demos la cuenta por liquidada”. Fue a otro de los deudores y le preguntó: “¿Cuánto debes?”. El deudor contestó: “Treinta y dos mil kilos de trigo”. “Bien, entonces paga veinticinco mil y demos por cancelada la cuenta”.

Aún más molesto que la acción del empleado deshonesto es el comentario que sigue:

  • “Y alabó el amo al mayordomo malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”. (Lucas 16:8)

¿Cómo hemos de entender esta aparente aprobación de prácticas deshonestas en los negocios?

Una cosa es cierta. Ni su señor, ni nuestro Señor aprobaron sus prácticas sinuosas. Fue por esto mismo que lo destituyeron. Ninguna persona justa aprobaría el fraude y la infidelidad. Cualquiera que sea la enseñanza de la parábola, no sugiere que el desfalco sea justificado.

Hay solamente una cosa por la que se alaba al siervo injusto y es que haya planeado su futuro. Dio los pasos necesarios para asegurar que tendría amigos después que hubiera cesado en su mayordomía. Él actuó para el “después” en cambio de satisfacer su sola necesidad inmediata.

Este es el punto central de la parábola. La gente del mundo toma estrictas medidas a fin de proveer para los días venideros. Del único futuro que se preocupan es el de su vejez y sus años de jubilación. Por ello trabajan diligentemente para asegurarse una situación cómoda cuando ya no sean capaces de trabajar en forma provechosa. Nada olvidan en su búsqueda de la seguridad social.

En este aspecto los no creyentes son más sabios que los cristianos. Sin embargo para entender el porqué, debemos entender que el futuro del cristiano no está en la tierra sino en el cielo. Este es el punto crucial. El futuro para quien no es cristiano es el tiempo entre el ahora y la tumba. Para el hijo de Dios es la eternidad con Cristo.

La parábola enseña entonces, que el no regenerado es más sabio y precavido en sus preparativos para su futuro en la tierra que el creyente lo es en su preparación para el cielo.

Con esto en mente el Señor Jesús presenta la enseñanza práctica.

  • “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”. (Lucas 16:9)

Las riquezas injustas son el dinero y las demás posesiones materiales. Estas cosas podemos usarlas en ganar almas para Cristo. Las personas que nosotros ganamos por el adecuado uso de nuestro dinero aquí son llamados amigos. Viene un día cuando faltaremos (ya sea por la muerte o por haber sido llevados al cielo por Cristo [cuando vuelva]), los amigos ganados por el correcto uso de nuestras posesiones materiales servirán entonces como un comité de bienvenida para recibirnos en las moradas eternas.

Esta es la manera como los fieles mayordomos planean para el futuro, no gastando su corta vida en la búsqueda estéril de seguridad en la tierra, sino en un apasionado esfuerzo por verse rodeado en el cielo por amigos que fueron ganados para Cristo a través de su dinero. Dinero que fue transformado en Biblias, Testamentos, porciones, tratados y otra literatura cristiana. Dinero que fue usado para sostener misioneros y otros obreros cristianos. Dinero que ayudó a financiar programas radiales y otras dignas actividades cristianas. Dinero que ayudó a los necesitados. En suma dinero que fue usado para esparcir el evangelio por cualquier método. “La única manera en que podemos depositar nuestros tesoros en el cielo es invirtiéndolo en algo que va a ir al cielo”.

Cuando el cristiano ve que sus posesiones materiales pueden ser invertidas en la salvación de preciosas almas, pierde su amor por las cosas. El lujo, la riqueza y el esplendor material le resultan baladíes. Él ahora anhela ver que las riquezas injustas por obra de la alquimia divina se transformen en adoradores del Cordero por siempre jamás. Está cautivado por la posibilidad de realizar una obra en las vidas humanas que produzca gloria eterna a Dios y eterna bendición a las personas mismas. Siente algo de la sed de Rutherford:

¡Oh! si un alma de mi pueblo
me encontrara a la diestra del Dios Alto
mi cielo sería doblemente grato
allá donde Emanuel es el Dueño.

Para Él todos los diamantes, rubíes y perlas, todos los depósitos en el banco, todas las pólizas de seguro todas las mansiones, yates y coches son riquezas injustas. Si se usan en nuestro beneficio, perecen con el uso, pero usadas para Cristo, rinden dividendos a través de toda la eternidad.

La forma en que tratamos con lo material es un prueba de nuestro carácter. El Señor lo enfatiza en el versículo 10:

  • “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”. (Lucas 16:10)

Aquí lo muy poco es la mayordomía de lo material, los que usan estas cosas para gloria de Dios y bendición de los demás. Los injustos son los que usan sus posesiones para la comodidad, el lujo y los placeres egoístas. Si no se puede confiar en un hombre en lo muy poco (lo material), ¿cómo se le puede confiar lo mucho (mayordomía de lo espiritual)? Si se es inconstante con las riquezas injustas, ¿cómo se podrá ser fiel como ministro de Cristo y dispensador de los misterios de Dios? (1 Corintios 4:1).

Luego el Salvador da un paso más en su argumento.

  • Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? (Lucas 16:11)

Las posesiones terrenales no son verdaderas riquezas. Su valor es finito y temporal. Los tesoros espirituales son las verdaderas riquezas. Su valor no se puede medir y jamás se acaba. El hombre que no es fiel en el manejo de los bienes materiales ni puede esperar que Dios le conceda prosperidad espiritual en su vida o tesoros en los cielos.

Una vez más el Señor amplía su argumento diciendo:

  • Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? (Lucas 16:12)

Lo material no es nuestro. Pertenece a Dios. Todo lo que poseemos lo hemos recibido de Dios en mayordomía. Todo lo que podemos llamar nuestro, es el futuro de nuestro diligente estudio y servicio en esto, o la recompensa por haber sido fiel mayordomo en aquello. Si hemos demostrado ser incompetentes en el manejo de la propiedad de Dios, no podemos esperar el acceso a las verdades mas profundas de la Palabra de Dios de esta vida o ser recompensados en la próxima.

Como clímax de su enseñanza, el Señor resume toda la parábola en esta expresión:

  • Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Lucas 16:13)

No puede existir una lealtad dividida. El discípulo no puede vivir para dos mundos. El mayordomo o ama a Dios o ama al dinero. Si ama al dinero odia a Dios.

Y, recordémoslo bien, esto fue escrito a los discípulos, no a los que no conocen a Dios.
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Es perdonable que un discípulo no tenga gran capacidad mental y no pueda exhibir habilidades físicas. Pero ningún discípulo puede ser excusado en su falta de celo. Si su corazón no arde con viva pasión por el Salvador, la condenación cae sobre él.

Después de todo, los cristianos somos seguidores del que dijo: “El celo de tu casa me consume” (Juan 2:17). Su salvador fue consumido por una ardiente pasión por Dios y por sus intereses. No hay lugar en sus senderos para discípulos tibios e indiferentes.

El Señor Jesús vivía en un estado de tensión espiritual. Así lo indican sus palabras: "De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!". (Lucas 12:50) También está su memorable declaración: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar”. (Juan 9:4)

El celo de Juan el Bautista fue atestiguado por el Señor cuando dijo: “Él era antorcha que ardía y alumbraba”. (Juan 5:35)

El apóstol Pablo era un celote. Alguien ha tratado de captar el fervor de su vida en el siguiente bosquejo:

“Era un hombre que no se preocupaba por ganar amigos. Sin interés ni deseo por los bienes mundanales, sin temor de pérdidas materiales, sin preocupación por la vida, sin temor por la muerte. Era un hombre sin rango, nación, ni condición. Era un hombre de un pensamiento: El Evangelio de Cristo. Hombre de un propósito: la gloria de Dios. Un necio, y contento de ser reconocido como necio por Cristo. Llámese entusiasta, fanático, charlatán, estrambótico o cualquier otro nombre ridículo que el mundo quiera ponerle, pero que siga siendo raro. Si le llaman comerciante, jefe de casa, ciudadano, rico, mundano, erudito, o aún hombre de sentido común, todo cuadra con su carácter”.

“Si no hablaba moría y aunque tuviera que morir, aún hablaba. No descansaba sino que extendía sus actividades por tierra y mar, roqueríos y desiertos arenosos. Clamaba en voz alta y no se medía para ello, ni nadie se lo podía impedir. En las prisiones elevaba su voz y en medio de las tempestades del mar no guardaba silencio. Testificaba de la verdad ante temibles concilios y delante del trono de reyes. Nada podía apagar su voz, sino la muerte, y aún ante la muerte, delante del cuchillo que habría de separar la cabeza de su cuerpo, él habló, oró, testificó, confesó, clamó a Dios, guerreó, y por último bendijo a la gente cruel”.

Otros hombres de Dios han mostrado el mismo ardiente deseo de agradar a Dios.

C.T. Studd escribió una vez:

“Algunos desean vivir al son de la campana de la Iglesia. Yo prefiero rescatar almas aún dentro del mismo infierno”.

Y justamente fue un artículo escrito por un ateo que aguijoneó a Studd a consagrarse enteramente al Señor.

Este era el artículo:

“Si yo creyera firmemente, como millones dicen creer, que el conocimiento y práctica de la religión en esta vida influye en el destino en la otra vida, entonces la religión sería para mí el todo. Desecharía los goces terrenales como si fueran escorias, las preocupaciones terrenas como locuras, los pensamientos y sentimientos terrenos como vanidad. La religión sería mi primer pensamiento al despertar y mi última visión al sumirme en la inconciencia del sueño. Trabajaría solamente en su causa. Mis pensamientos serían para el mañana de la eternidad solamente. Estimaría que un alma salvada para el cielo vale toda un vida de sufrimientos. Las consecuencias terrenales jamás detendrían mi mano, ni sellarían mis labios. El mundo, sus goces, sus penas, no tendrían lugar en mis pensamientos. Haría todo lo posible por mirar hacia la eternidad solamente, y a las almas inmortales como próximas a entrar a una eternidad de felicidad o a la miseria del sufrimiento eterno. Saldría al mundo y predicaría a tiempo y fuera de tiempo y mi texto sería: ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26; Marcos 8:36).

Juan Wesley fue un hombre de celo vivo. Dijo: “Dadme cien hombres que amen a Dios con todo su corazón, que no teman sino al pecado y cambiaré al mundo”.

Muerto por la causa a mano de los indios Aucas del Ecuador, Jim Elliot, era una antorcha de fuego por Jesús. Un día mientras meditaba en el texto “Él hace sus ministros llama de fuego”, escribió en su diario:

“¿Soy inflamable? Dios líbrame del terrible asbesto de las “demás cosas”. Satúrame con el aceite del Espíritu para que yo sea una llama. La llama es pasajera, a veces de corta vida. Alma mía ¿puedes soportar esto?, ¿una vida corta? En mí mora el Espíritu del Gran Ser que tuvo un vida corta, aquel cuyo celo por la casa de Dios lo consumió. Hazme Tu combustible, Llama de Dios”.

Las últimas líneas de su diario anota la cita de un ferviente poema de Amy Carmichael. No es de maravillarse que Jim Elliot se inspirara en él:

De la oración que pide protección
de los vientos que sobre ti golpearon,
de temer cuando debería aspirar,
de vacilar, cuando debo ascender,
del cómodo yo, libra ¡Oh, Capitán!
Al soldado que va de ti en pos.
Del deseo sutil de buscar lo suave
de las elecciones fáciles, debilitadoras,
no es así como el espíritu se fortalece
ni el camino que el Señor anduvo,
De todo lo que haga luminoso el Calvario,
¡Oh, Cordero de Dios, líbrame!
Dame el amor que guía el camino
la fe que nada hace desmayar,
la esperanza que nunca se agota
la pasión que quema como el fuego
No me dejes abatir por ser un idiota,
Hazme tu combustible, ¡oh Llama de Dios!

La desgracia de la iglesia en el siglo XX es que hay más demostraciones de celo entre los comunistas o los de las religiones falsas que entre los cristianos.

En 1903 un hombre con 17 seguidores inició su ataque al mundo. Su nombre era Lenin. Hacia el año 1918 el número había crecido a cuarenta mil, y con aquellos cuarenta mil ganó el control de ciento sesenta millones de personas en Rusia. El movimiento ha crecido y actualmente controla más de la tercera parte de la población del mundo. Por mucho que uno se oponga a sus principios, no puede dejar de admirar su celo.

Muchos cristianos se sintieron fuertemente reprendidos cuando Billy Graham leyó la siguiente carta escrita por un universitario norteamericano que se había convertido al comunismo en México. El propósito de la carta era explicar a su novia por qué debía romper su compromiso:

“Los comunistas tenemos un alto porcentaje de muertes violentas. Somos los que morimos pasados por las armas, ahorcados, linchados, o alquitranados; somos encarcelados, calumniados, ridiculizados y despedidos de nuestros empleos y de diversos modos se procura hacernos la vida imposible. Un buen porcentaje de nosotros es muerto o tomado preso. Vivimos en una pobreza virtual. Damos al partido cada centésimo que ganamos por sobre lo que no sea absolutamente indispensable para mantenernos vivos. Los comunistas no tenemos tiempo ni dinero para cine, conciertos, asados, casas decentes o autos nuevos. Hemos sido descritos como fanáticos. Somos fanáticos. Nuestra vida está dominada por un gran factor que eclipsa todo otro interés: LA LUCHA POR EL COMUNISMO MUNDIAL.

Los comunistas tenemos una filosofía de la vida que ninguna cantidad de dinero puede comprar. Tenemos una causa por la cual pelear, un propósito definido en la vida. Subordinamos nuestros intereses mezquinos, nuestro yo a un gran movimiento de la humanidad, y, si nuestra vida personal parece dura, o si nuestro yo parece sufrir por haberse subordinado al partido, entonces cada uno se siente compensado adecuadamente por el pensamiento de que cada uno está contribuyendo con su grano de arena a algo nuevo, verdadero y mejor para la humanidad. Hay una cosa a la que me he consagrado fervorosamente y esa cosa es la causa comunista. Es mi vida, mi negocio, mi religión, mi entretenimiento, mi novia, mi esposa, mi mujer, mi pan y mi carne. Trabajo para el partido de día y sueño con él de noche. Su influencia sobre mí crece, no disminuye con el paso del tiempo, por tanto no puedo mantener amistad con nadie, no puedo tener asuntos amorosos, ni siquiera una conversación sin relacionarlas con esta fuerza que conduce y guía mi vida. Yo catalogo a las personas, libros, ideas y acciones de acuerdo a la forma en que afectan la causa comunista y por su actitud hacia ella. Yo ya he estado en la cárcel por mis ideas, y si fuera necesario estoy dispuesto a enfrentar el pelotón de fusilamiento”.

Si los comunistas pueden consagrarse hasta este punto a su causa, cuanto más deberían los cristianos derramarse en amante y alegre devoción a su Salvador. Si el Señor Jesús vale algo, lo vale todo. Si la fe cristiana es digna de creerse, debe creérsela con heroísmo.

Si Dios en verdad ha hecho algo en Cristo de lo cual depende la salvación del mundo, y si Él la ha dado a conocer, entonces es un deber cristiano ser intolerante de todo lo que lo ignore, niegue o anule con explicaciones sutiles.

Dios necesita hombres completamente entregados al control del Espíritu Santo. Hombres que parecerán borrachos a los demás, pero los que saben de estas cosas comprenderán que están guiados por una “profunda, enorme, obsesionante e insaciable sed de Dios”.

Que cada discípulo en perspectiva tome muy en serio LA NECESIDAD de tener celo por Dios en su vida. Que tenga la aspiración por Dios en su vida. Que tenga la aspiración de responder a la descripción dada por J.C. Ryle:

“El cristiano celoso es principalmente hombre de una causa. No basta decir que es serio, cordial, intransigente, eficaz, sincero, ferviente en espíritu. Solamente ve una cosa, le importa solamente una cosa, vive por una cosa, está embebido de una sola cosa, y esa cosa es agradar a Dios. Viva o muera, enfermo o sano, rico o pobre, agrade al hombre o le ofenda, se le considere sabio o necio, reciba injurias o alabanzas, reciba honra o se le avergüence, nada de esto le importa. Este hombre arde por una cosa, y esa cosa es agradar a Dios y promover la gloria de Dios. Si ese fuego lo consume, no le importa, está contento. Siente que, al igual que la lámpara, ha sido hecho para arder, y si se consume ardiendo, solamente ha hecho aquello para lo cual Dios lo designó. Tal voluntad siempre halla una esfera donde desplegar su celo. Si no puede obrar, predicar, o dar dinero, clamará, deseará y orará. Sí, si es solamente un pobre, o un enfermo que debe permanecer toda la vida en cama, hará que las ruedas del pecado se muevan pesadamente a su alrededor debido a su constante intercesión en contra. Si no puede pelear en el valle con Josué, hará la obra de Moisés, Aarón y Hur en el monte (Éxodo 17:9-13). Si a él no se le deja trabajar, no le dará descanso al Señor hasta que lleguen refuerzos y el trabajo sea hecho. Esto es lo que quiero decir cuando hablo de celo en religión”.
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No puede haber verdadero discipulado sin una profunda e incuestionable fe en el Dios vivo. El que va a hacer hazañas para Dios debe confiar en Él implícitamente. Como dijera Hudson Taylor. “Todos los gigantes de Dios han sido hombres débiles que hicieron grandes cosas para Dios porque reconocieron que Dios estaba con ellos”.

Ahora bien, la verdadera fe siempre descansa en alguna promesa de Dios, en alguna porción de Su Palabra. Esto es importante. El creyente primero lee o escucha alguna de las promesas de Dios. El Espíritu Santo toma aquella promesa y la aplica al corazón y conciencia en una forma muy personal. El creyente queda consciente de que Dios le ha hablado directamente. Con una confianza absoluta en la confiabilidad del que lo ha prometido, considera la promesa tan segura como si ya estuviera cumplida, aun cuando, humanamente hablando, ésta sea imposible.

Tal vez sea un mandamiento más que una promesa. Para la fe no hay diferencia. Si Dios manda, Él habilita. Si le pide a Pedro que camine sobre las aguas, Pedro debe estar seguro que el poder necesario para ello le será dado. (Mateo 14:28). Si nos ordena predicar el Evangelio a toda criatura, podemos estar seguros de recibir la gracia necesaria (Marcos 16:15).

La fe no opera en el reino de lo posible. No hay gloria para Dios en lo que es humanamente posible. La fe comienza donde termina el poder humano. “La incumbencia de la fe comienza donde cesan las probabilidades y donde fallan la vista y los sentidos”.

La fe dice: “Si la única objeción es imposible aquello puede hacerse”. La fe hace entrar a Dios al escenario, por lo tanto no sabe dificultades y aún más, se ríe de las imposibilidades. Para la fe Dios es la gran respuesta a toda duda, la gran solución a todo problema. Todo lo remite a Él y por eso poco importa a la fe si se trata de seiscientos mil pesos o de seiscientos millones. Sabe que Dios es todo suficiente. Halla en Él todos sus recursos. La incredulidad dice: "¿Cómo es posible tal o cuál cosa?" Está llena de cómos, pero la fe tiene una sola y gran respuesta para diez mil cómos, y esa respuesta es Dios.

Humanamente hablando era imposible que Abraham y Sara tuvieran un hijo. Pero Dios lo había prometido y para Abraham había una sola imposibilidad: Que Dios mienta.

  • Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:18-21)

La promesa ve la fe omnipotente
y mira a Dios solamente,
ríe de lo que es imposible
y clama: ¡Lo ha hecho el Invisible!

Nuestro Dios es especialista en imposibilidades (Lucas 1:37). Nada le es demasiado difícil (Génesis 18:14).

  • Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. (Lucas 18:27).

La fe reclama Su promesa: “Al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23), y asegura juntamente con Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Obstáculos ve la duda
la fe ve el camino
La duda la noche más oscura,
la fe ve el destino;
la duda teme dar un paso,
la fe vuela en las alturas;
la duda pregunta, “¿Crees acaso?”
la fe contesta “Sí”, muy segura.

Debido a que la fe trata de lo sobrenatural y divino, no siempre es “razonable”. Abraham salió sin saber donde iba, no en virtud del “sentido común”, sino sencillamente obedeciendo a Dios (Hebreos 11:8). No fue “astucia” de Josué atacar a Jericó sin armas mortíferas (Josué 6:1-20). Los hombres del mundo se reirían de tal locura, ¡pero surtió efecto!

En realidad la fe es absolutamente racional. ¿Qué más razonable que el que la criatura confíe en su Creador? ¿Es locura confiar en Aquel que no miente, no falla ni se equivoca? Confiar en Dios es lo más sensato, cuerdo, y racional que un hombre puede hacer. No es un salto hacia las tinieblas. La fe demanda la evidencia más segura y la halla en la Palabra infalible de Dios. Nadie ha confiado en vano en Dios. Nadie que confíe en Él lo hará en vano. La fe en el Señor no incluye riesgos de ningún tipo.

La fe glorifica verdaderamente a Dios. Le da el lugar como el Único Ser completamente digno de confianza. Por otra parte la incredulidad deshonra a Dios: Le acusa de mentiroso (1 Juan 5:10). Limita al Santo de Israel (Salmo 78:41).

La fe coloca el hombre en su verdadero lugar: suplicante, humilde, humillado hasta el polvo delante del soberano Señor de todas las cosas.

La fe es lo contrario de la vista. Pablo nos recuerda que “por fe andamos, no por vista”. (2 Corintios 5:7) Caminar por vista significa trabajar para obtener los medios visibles de abastecimiento, para tener reservas adecuadas para el futuro, y depender de la inteligencia humana para asegurarnos contra los riesgos. El camino de la fe es exactamente lo contrario: es confiar momento a momento en Dios solamente. Es una perpetua crisis de dependencia en Dios. La carne retrocede ante la idea de depender completamente de un Dios invisible. Trata de aprovisionarse para amortiguar posibles pérdidas. Si no puede ver por donde va a ir, es seguro que sufre un colapso nervioso. Pero la fe da el paso hacia adelante en obediencia a la Palabra de Dios, se levanta por sobre las circunstancias y confía en el Señor para la provisión de todas sus necesidades.

Todo discípulo que decide andar por fe puede estar seguro que su fe será probada. Tarde o temprano, será llevado hasta el límite de sus recursos humanos. Pero si está realmente confiando en Dios, esperará en Él y buscará Su guía cada día.

La actitud normal del discípulo es desear un crecimiento en la fe (Lucas 17:5) Ya ha confiado en Cristo para salvación. Ahora espera poner bajo el control del Señor nuevas áreas de su vida. Cuando enfrenta enfermedades, tribulaciones, tragedias y aflicciones, llega a conocer a Dios en una forma nueva y más íntima, resultando fortalecida su fe. Comprueba la verdad de la promesa: “Conoceremos y proseguiremos en conocer a Jehová” (Oseas 6:3). Mientras más comprende la fidelidad de Dios, más ansioso está de confiar en Él para cosas más grandes.

Como la fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios, el deseo íntimo del discípulo es saturarse de las Escrituras, leerlas, estudiarlas, memorizarlas, meditar en ellas día y noche. Son su carta y brújula, su guía y consuelo, su lámpara y luz.

En la vida de fe siempre hay lugar para progresar. Cuando leemos acerca de lo que ha sido hecho por fe, nos damos cuenta que somos como niños pequeños que están jugando a la orilla de un océano sin límites. Las hazañas de la fe se nos relatan en Hebreos 11. Se elevan en un magnificente ascenso en los versículos 32-40:

  • ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros. (Hebreos 11:32-40)

Una palabras más. Ya hemos mencionado que un discípulo que camina por fe sin duda será considerado un soñador o un fanático por la gente del mundo y aun por otros cristianos. Pero es bueno recordar que “la fe que nos capacita para caminar con Dios también nos capacita para adjudicar el valor que le corresponde a la opinión de los hombres.”
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El único libro completamente satisfactorio que se ha escrito sobre la oración es la Biblia. Los demás nos dejan una sensación de la existencia de profundidades no alcanzadas y de alturas no escaladas. En este tratado no queremos emular los esfuerzos de otros. Todo lo que podemos hacer es resumir algunos de los principios importantes de la oración, especialmente en los que están conectados con el discipulado cristiano.

1. La mejor oración procede de una fuerte necesidad interna.

Todos hemos probado que esto es así. Cuando nuestra vida se desliza serena y plácida, nuestras oraciones se hacen aburridas y mecánicas. Cuando enfrentamos una crisis, un peligro, una enfermedad o alguna seria dificultad, nuestras oraciones se convierten en fervientes y vitales. Alguien ha dicho: “la flecha que ha de penetrar los cielos debe ser lanzada de un arco completamente doblado”. Las mejores oraciones nacen del sentimiento de urgencia, desamparo, o de cualquier necesidad consciente. Desgraciadamente, pasamos demasiado tiempo tratando de protegernos de las necesidades. Usando los métodos de los negocios, hacemos amplias reservas contra toda eventualidad imaginable. Por el uso de la diligencia humana llegamos al punto en que estamos ricos y engrandecidos, tan llenos de cosas que no necesitamos nada. Entonces nos preguntamos por qué nuestra vida de oración es pobre y sin vida, y por qué no cae del cielo el fuego que hemos pedido... Si verdaderamente camináramos por fe y no por vista, nuestra vida de oración sería revolucionada.

2. Una de las condiciones de la oración exitosa es que nos acerquemos con corazón sincero. (Hebreos 10:22)

Esto significa que debemos ser honestos y genuinos delante del Señor. No debe haber hipocresía. Para cumplir esto no debemos pedir a Dios que haga algo cuando está dentro de nuestra capacidad de hacerlo. Por ejemplo, no debemos pedirle que nos provea de cierta suma de dinero para tal o cual proyecto, si tenemos fondos más que suficientes para realizarlo. Dios no puede ser burlado. Él no contesta oraciones si ya nos ha dado la respuesta y nosotros no queremos usarla. Dentro de esta misma línea de pensamiento, no deberíamos orar para que el Señor envíe a otros a sus labores si no estamos dispuestos personalmente a ir. Millares de oraciones han sido pronunciadas en favor de los musulmanes, hindúes y budistas. Pero si todos los que han orado hubieran estado dispuestos a ser usados por el Señor para alcanzar a esta gente, entonces la historia de las naciones cristianas hubiera sido diferente y más alentadora.

3. La oración debe ser hecha con sencillez, creyendo y sin preguntar, porque es muy posible que nuestra ansia de orar sea absorbida por los problemas teológicos implícitos en la oración.

Esto sirve para adormecer los sentidos espirituales. Es mejor orar que resolver todos los misterios relacionados con la oración. Que los doctores en Teología tejen sus teorías acerca de la oración. Pero que el creyente sencillo asalte las puertas del cielo con infantil confianza. Fue Agustín el que dijo. “Los simples toman el cielo por fuerza y nosotros con toda nuestra sapiencia no nos elevamos más allá de la carne y la sangre”.

El cómo no lo sé,
pero que Dios oye, lo experimenté.
No sé cuando la palabra dio
pero dice que mi súplica oyó.
Tarde o temprano respuesta vendrá,
esperar y orar, no necesito más.
No sé si contestará como yo pedí
pero siempre será lo mejor para mí.

4. Para tener todo el poder en la oración, debes rendirle todo a Cristo.

Vuélvete completamente a Él. Déjalo todo por seguir al Salvador. El tipo de devoción que corona a Cristo como Señor de todo es la devoción que a Él le gusta honrar.

5. Parece que Dios se complace en darle valor a la oración cuando esta nos cuesta algo.

Los que madrugan gozan de la comunión y compañía de Aquel que cada día se levantaba al amanecer para recibir las instrucciones de su Padre. Del mismo modo, aquellos que imbuidos de un santo fervor pasan la noche en oración, gozan de un poder de parte de Dios que no puede ser negado. La oración que no cuesta nada, no vale nada. Es simplemente un subproducto del cristianismo barato a que estamos acostumbrados. El Nuevo Testamento continuamente liga la oración con el ayuno. El abstenerse de los alimentos puede ser una valiosa ayuda en el ejercicio espiritual. Al hombre que ayuna la abstinencia le da más claridad, concentración e inteligencia. Por parte de Dios parece que Él está especialmente dispuesto a favorecer las oraciones cuando ponemos la oración como más necesaria que el alimento.

6. Evita las oraciones egoístas. 

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). La carga primaria de nuestras oraciones debería ser los intereses del Señor. Debemos pedir en primer lugar: “Venga tu reino, sea hecha tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra” para luego añadir: “Danos hoy nuestro pan de cada día”.

7. Deberíamos honrar con grandes peticiones porque Él es un gran Dios.

Tengamos fe para esperar grandes cosas del Señor.

Si al Gran Rey vienes a ver
grandes peticiones debes traer
Su amor y poder tan grandes son
que jamás los excederá tu petición.

Infinidad de veces hemos ofendido a nuestro Dios pidiendo demasiado poco. Nos hemos conformado con triunfos tan escasos, con logros tan pobres, con anhelos tan débiles por cosas más elevadas, que hemos dejado en los demás la impresión que nuestro Dios no es un gran Dios. No le hemos glorificado ante los que no le conocen pues no hemos vivido de tal manera que nuestra vida llame la atención y despierte el deseo de inquirir acerca del poder que la sostiene. Casi no hemos oído decir de nosotros, como se decía del apóstol “ellos glorificaban a Dios en mí”.

8. Al orar debemos asegurarnos de estar en la voluntad de Dios.

Entonces oraremos creyendo que Él oirá y contestará. “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho” (1 Juan 5:14-15).

9. Orar en el nombre de Jesús es orar de acuerdo a su voluntad.

Cuando oramos verdaderamente en su nombre, es como si Él estuviera presentando su petición a Dios, su Padre “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”. (Juan 14:13-14): “Y aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará” (Juan 16:23). “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19-20).

Pedir en su nombre, significa ser llevado de la mano a la oración por él; significa, puedo decirlo así, que Él se arrodilla a nuestro lado y sus deseos fluyen a través de nuestro corazón. Esto es lo que significa En su nombre. Su nombre es lo que Él es, Su naturaleza, por lo tanto orar en el nombre de Cristo debe significar orar de acuerdo a su bendita voluntad. ¿Acaso puedo orar para mal en el Nombre del Hijo de Dios? Lo que yo ore debería ser una expresión de su Naturaleza. ¿Puedo hacer eso en oración? La oración debería exhalar el poder del Espíritu Santo, la mente de Cristo, los deseos de Cristo en nosotros. Que el Señor nos enseñe más y más a orar en su Nombre. No deberíamos sólo pensar en no terminar una oración sin las palabras mismas: En el bendito Nombre de Jesús, sino también toda la oración debería estar impregnada, completamente llena del Bendito Nombre de Jesús; todo de acuerdo a ese Nombre.

10. Si nuestra vida de oración va a ser efectiva, debemos tener cuentas claras con Dios.

Queremos decir que el pecado debe ser confesado y abandonado tan pronto como nos damos cuenta que ha entrado en nuestra vida. “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmo 66:18). Debemos permanecer en Cristo. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). La persona que está en Cristo se halla tan cerca de Él, que está llena del conocimiento de la voluntad del Señor. De este modo puede orar inteligentemente y estar seguro de recibir la respuesta. El estar en Él exige que obedezcamos sus mandamientos. “Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:22). Se necesita un alma en correcta relación con él para que nuestras oraciones sean oídas y contestadas (1 Juan 3:20)

11. No debemos orar solamente a ciertas horas establecidas durante el día.

Debemos formar la actitud de oración, de modo que estemos mirando al Señor mientras caminamos por las calles, mientras conducimos el auto, en nuestro trabajo o en nuestro quehacer hogareño. Nehemías en un ejemplo clásico de este tipo espontáneo de oración (Nehemias 2:4). Es mejor habitar en la morada secreta del Altísimo, que hacerle visitas ocasionales.

12.Finalmente, nuestras oraciones deberían ser específicas.

Es solamente cuando oramos por cosas definidas que podemos ver respuestas definidas. La oración es un privilegio maravilloso. Por este medio, como dijo Hudson Taylor, podemos aprender a mover al hombre a través de Dios. “¡Qué ministerio tenemos en nuestras manos para obrar milagros en el reino maravilloso de la oración! Podemos llevar el sol a lugares fríos y ocultos. Podemos encender la luz de la esperanza en la cárcel de la desesperación. Podemos librar al prisionero de las cadenas que le impiden caminar. Podemos llevar los pensamientos gratos del hogar al que está en el país lejano. Podemos llevar consuelo celestial a los espiritualmente débiles, aun cuando ellos estén trabajando más allá de los mares. Estos son milagros en respuesta a la oración”.

A esto añade su testimonio un escritor llamado Wenham: “Predicar es un don difícil de hallar; el de orar es aún más escaso. La predicación, como la espada es un arma que debe ser usada a corta distancia, no puede alcanzar a los que están lejos. La oración es como un rifle: tiene largo alcance y bajo ciertas circunstancias es aún más efectiva.”

Señor, ¡cómo cambian las cosas
al pasar una hora
en tu presencia majestuosa!
Las pesadas cargas
de nuestros hombros caen,
refrescas al alma
con tu lluvia bienhechora,
caemos sobre las rodillas y
todo a nuestro lado parece descender.
Nos levantamos y
lo lejano y cercano brilla,
como resplandor del sol
en espiritual amanecer.
Entonces, ¿por qué he de pensar
que la fuerza está lejos de mí,
que soy débil,
que debo moverme con cuidado
para no desmayar;
y en dolores, y penas y temores vivir?
No es esa mi parte, Señor,
la ansiedad, el temor, la turbación.
El gozo, la paz y el amor
han cedido mi corazón,
porque me has concedido
el bendito don de la oración.
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Apenas se puede leer el Nuevo Testamento sin notar que la figura de la guerra se usa a menudo para describir el programa de Cristo en la tierra. Hay una gran distancia entre el verdadero cristianismo y el entretenimiento burdo que llaman cristianismo en el día de hoy. No debe confundirse con la vida lujosa y la búsqueda del placer que son tan comunes actualmente. En vez de eso, se trata de una guerra a muerte, de un incesante conflicto con las fuerzas infernales. El discípulo que no ha comprendido que la guerra ha comenzado y que no puede volverse, no vale un grano de sal.

En la guerra debe haber unidad. No hay lugar para riñas, celos partidistas o para lealtades divididas. Ninguna casa dividida contra sí misma puede prevalecer. Por lo tanto los soldados de Cristo deben ser unidos. El camino hacia la unidad pasa por la humildad. Esto lo enseña claramente Filipenses capítulo 2. Es imposible tener una rencilla con un hombre verdaderamente humilde. Se necesitan dos personas para que haya pelea. Sólo por orgullo viene la contención. Donde no hay orgullo no hay lugar para una disputa.

La guerra exige una vida austera y sacrificial. En guerras de cualquier dimensión hay invariablemente un vasto sistema de racionamiento. Ya es tiempo que los cristianos nos demos cuenta de que estamos en guerra y que los gastos deben ser suprimidos para que el máximo posible de nuestros recursos puedan ser invertidos en la lucha.

No muchos ven esto claramente como el joven discípulo llamado R.M. En 1960 era el presidente de los estudiantes de primer año de una Escuela Cristiana de enseñanza superior. Durante su mandato se propuso hacer un presupuesto, de los desembolsos de dinero para las acostumbradas fiestas, trajes y regalos de la clase. En vez de aprobar tales gastos que no contribuían directamente a la propagación del Evangelio, R.M. renunció a su cargo de presidente. El día en que renunció su renuncia circuló la siguiente carta entre sus compañeros de clase:

Estimados compañeros:
Como la cuestión de las fiestas, trajes y regalos ha sido presentada a la directiva para consideración, yo, como presidente de la clase he considerado la actitud del cristiano hacia tales asuntos.  Pienso que hallaríamos el mayor gozo en darnos nosotros mismos, nuestro dinero y nuestro tiempo enteramente a Cristo y a los demás, probando así la realidad de sus palabras: “El que pierde su vida por mi causa la hallará”.

Que los cristianos gasten su dinero y su tiempo en cosas que no son un testimonio definido al inconverso o para la edificación de los hijos de Dios parece contradictorio al considerar que 7,000 personas mueren diariamente de hambre y que más de la mitad del mundo jamás ha oído acerca de la única esperanza del hombre.

Mucha más gloria daríamos a Dios ayudando a llevar el Evangelio al otro 60 por ciento del mundo que jamás han oído de Jesucristo o aún en nuestro propio vecindario que reuniéndonos en un club, limitando nuestro roce social a aquellos que piensan como nosotros y gastando el dinero y el tiempo en nuestro propio placer.

Como estoy al tanto de las necesidades específicas y de oportunidades para usar el dinero con gran ventaja para la gloria de Dios y para ayudar a mi prójimo y en tierras lejanas me es imposible permitir que los fondos de la clase sean gastados innecesariamente en nosotros mismos. Si yo fuera uno de aquellos que tienen esa necesidad tan grande como sé de muchos que la tienen, yo querría que los que tienen la posibilidad hicieran lo que pudieran para darme a conocer el Evangelio y para ayudarme en mis necesidades materiales.

“Como quisiereis que los hombres hagan con vosotros, así haced vosotros con ellos”. “Y si alguno tuviere bienes de este mundo y viere a su hermano padecer necesidad, y cierra su corazón, ¿cómo está el amor de Dios en él?”.

Por tanto, con amor y oración y para que ustedes puedan ver a Cristo dándolo todo (2 Corintios 8:9), presento mi renuncia al cargo de presidente de la clase 63.

Vuestro en Él.
R.M.

La guerra exige sufrimiento.

Si los jóvenes de hoy están dispuestos a dar su vida por su país, cuanto más los cristianos deberían estar dispuestos a perder su vida por amor a Cristo y al Evangelio. Una fe que no cuesta nada no sirve para nada. Si el Señor Jesús significa algo para nosotros, él debería ser nuestro todo, y ninguna consideración acerca de seguridad personal o de prevención del sufrimiento nos detendría en nuestro servicio a Él.

Cuando el Apóstol Pablo defendió su apostolado de los ataques de sus críticos de alma egoísta, no señaló su genealogía, ni su educación ni sus conquistas materiales. En vez de eso, enumeró sus sufrimientos por la causa del Señor Jesucristo. (2 Corintios 11:23-28). Al presentar su noble desafío a Timoteo le exige: “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo”. (2 Timoteo 2:3)

La guerra implica obediencia inmediata.

Un verdadero soldado seguirá las instrucciones superiores sin preguntar y sin demorar. Es absurdo pensar que Cristo podría quedar satisfecho con algo menos. Como Creador y Redentor, tiene todo el derecho de esperar de los que le siguen a la batalla una obediencia pronta y completa a sus órdenes.

La guerra exige pericia en el uso de las armas.

Las armas del cristiano son la oración y la Palabra de Dios. Debe entregarse a la oración ferviente, fiel, y perseverante. Solamente así pueden ser derribadas las fortalezas del enemigo. También debe ser experto en el uso de la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. El enemigo hará todo lo posible para hacerlo soltar la espada. Sugerirá dudas acerca de la inspiración de la Palabra de Dios, indicará supuestas contradicciones. Presentará argumentos opuestos de la ciencia, la filosofía y la tradición humana. Pero el soldado de Cristo debe estar firme probando la efectividad de su arma por el uso de ella a tiempo y fuera de tiempo.

Las armas guerreras del cristiano parecen ridículas al hombre del mundo. El plan que fue efectivo en Jericó podría ser ridiculizado por los jefes militares de hoy. El ejército insignificante de Gedeón podría evocar solamente el ridículo. Y ¿qué diremos de la honda de David, el aguijón para los bueyes de Samgar, y del miserable ejército de necios que Dios ha tenido a través de los siglos? La mente espiritual sabe que Dios no está de lado de los grandes batallones, sino que le place escoger lo pobre y lo débil y lo despreciado de este mundo para glorificarse en ellos.

La guerra exige el conocimiento del enemigo y de sus tácticas.

Es igual en la guerra cristiana. “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). Sabemos que Satanás mismo se disfraza como ángel de luz. Por tanto no es de extrañarse que sus ministros se disfracen de ministros de justicia, cuyo fin será conforme a sus obras. (2 Corintios 11:14-15)

Un soldado cristiano bien preparado sabe que la oposición más amarga no vendrá del borracho, ni del ladrón vulgar, ni de la ramera, sino más bien de los ministros de la religión profesante. Fueron los líderes religiosos los que persiguieron la iglesia primitiva. Pablo recibió los peores ataques de manos de quienes profesan ser siervos de Dios. Y así ha sido a través de los años. Los ministros de Satanás se transforman en ministros de justicia. Hablan lenguaje religioso, usan ropas religiosas, y actúan con delicada piedad, pero su corazón está lleno de odio por Cristo y por el Evangelio.

La guerra no admite distracciones.

“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado”. (2 Timoteo 2:4). El discípulo de Cristo aprende a ser intolerante con todo lo que se pueda interponer entre su alma y su entera devoción a su Señor Jesucristo. Es despiadado sin ser ofensivo; firme, sin ser descortés. Tiene una pasión y solamente una. Todo lo demás debe quedar bajo entera sujeción.

La guerra exige valentía frente al peligro.

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes...” (Efesios 6:13-14). Algunos han indicado que la armadura del cristiano según la descripción de Efesios 6:13-18 no hace provisión para la espalda y por lo tanto, no hace provisión para la huida ¿Por qué huir? Si “somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, si nadie puede estar contra nosotros y vencernos porque Dios es por nosotros, si la victoria está asegurada aún antes que comencemos la lucha, ¿cómo podemos pensar en retroceder?

Que viva con los vencedores,
o perezca en la batalla,
he de luchar con los moradores
de las tinieblas donde Satán se halla.
Fuerte es el enemigo que avanza,
desnuda, oh Señor, está mi espada
para derribar su estandarte y lanza
por la virtud que a tu Palabra ha sido dada.
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Dios nos ha llamado a dominar el mundo. No fue su intención que naciéramos hombres y muriéramos almaceneros. Su propósitono fue que ocupáramos nuestra vida siendo oficiales de empresas intrascendentes.

Cuando Dios creó al hombre, le dio dominio sobre la tierra. Le coronó de gloria y honra y puso todas las cosas bajo sus pies. El hombre fue investido de dignidad y soberanía poco menos que los ángeles. Cuando Adán pecó, perdió el dominio que había sido suyo por decreto divino. En vez de ejercer una supremacía indiscutible, gobernó en forma inestable sobre un reino incierto.

Hay un sentido en el Evangelio en el cual podemos recuperar el dominio. Ahora no se trata del control que se pueda tener sobre perros gruñones o víboras venenosas, sino el pedir las naciones como nuestra herencia y los términos de la tierra como posesión nuestra. “El verdadero imperialismo constituye un imperio por la soberanía espiritual y moral; atracción y dominio por la fascinante radiancia de una vida pura y santificada”.

Realmente, la dignidad del llamamiento cristiano es algo que Adán jamás conoció. Somos coadjutores con Dios en la redención del mundo. Este es nuestro mandato: Que unjamos hombres en el nombre de Cristo para una vida real, para que sean soberanos sobre el yo, para servir en el reino.

Es una tragedia que muchos en el día de hoy no han podido comprender la alta dignidad de nuestro llamamiento. Estamos contentos con pasar los años congratulando las bajezas, o destacándonos en cosas sin importancia. Nos arrastramos en vez devolar. Pocos han tenido la visión de pedir países para Cristo.

Spurgeon fue una excepción. Escribió el siguiente mensaje a su hijo: “No me gustaría que tú, siendo llamado por Dios para ser misionero, mueras millonario. No me gustaría que siendo apto para ser misionero fueras coronado rey. ¿Qué son lo reyes, los nobles, las diademas, todo junto, cuando los comparas con la dignidad de ganar almas para Cristo, con el honor especial de edificar para Cristo, no sobre el fundamento de otro hombre, sino predicando el Evangelio de Cristo en regiones lejanas?”

Otra excepción fue Juan Mott. Cuando el Presidente Coolidge le pidió que fuera embajador en Japón, Mott contestó: “Señor Presidente, desde que Dios me llamó para ser Su embajador, ya no tengo oídos para otros llamamientos”.

Billy Graham habló de otra excepción: “Cuando la Standard Oil Co. buscaba un hombre en el Lejano Oriente, escogieron un misionero para que fuera su representante. Le ofrecieron 10,000 dólares al año, y él rehusó. Veinticinco mil. Rehusó. Cincuenta mil. Nuevamente rechazo. Ellos le preguntaron: “¿Qué hay de malo?” Él les contestó: “Su precio es muy bueno, pero el trabajo insignificante. Dios me hallamado para que sea misionero”.

El llamamiento del cristiano es el más noble y si lo comprendemos, nuestra vida tendrá más altura. Ya no hablaremos denosotros mismos como “llamados a ser plomeros”, o médicos, o dentistas. Seremos uno de aquellos que ha sido llamado a ser apóstol de Jesucristo. Nos sentiremos llamados a predicar el Evangelio a toda criatura, a hacer discípulos de entre todas las naciones, a evangelizar el mundo.

¿Dices que es una tarea inmensa? Sí, inmensa, pero no imposible. La inmensidad de la tarea está indicada por la siguiente visión gráfica del mundo en miniatura: Si reducimos el mundo imaginariamente a una población de mil, tendríamos que 290 de ellos serían cristianos profesantes y 710 no lo serían, 80 personas serían comunistas con un dominio sobre 370 personas. De los 290 cristianos profesantes , 70 serían protestantes. La mitad de este pueblo no habría oído mencionar el nombre de Cristo, pero más de la mitad estaría en condiciones de oír acerca de Marx. Mientras tanto, un 35 por ciento de la riqueza de este pueblo estaría en manos de los protestantes, los cuales consumirían un 16 por ciento de los alimentos producidos (siendo ellos mismos un 7 por ciento de la población). Ellos se preocuparían de hacer fuertes reservas para el futuro, mientras el resto de la población pasaría hambre.

¿Cómo va a ser ganado el mundo para Cristo en esta generación con estadísticas como la citada? Imposible, a menos que haya hombres y mujeres que amen a Dios con todo su corazón, y que amen a su prójimo como a sí mismos. La tarea será cumplida solamente con la dedicación y devoción que brotan de un amor imperecedero.

Los que han sido constreñidos por el amor a Cristo considerarán que ningún sacrificio es demasiado grande para realizarlo por él. Harán por amor a Él lo que jamás habrían hecho por una ganancia material. No contarán su vida preciosa para nada. Gastarán y se gastarán con tal que los hombres no perezcan sin haber oído el Evangelio.

Crucificado Señor,
dame un corazón como el tuyo.
Enséñame a amar las almas que perecen.
Que mi alma y corazón
el contacto contigo aprecien,
Y dame amor,
como el de Aquel que dio el Hijo suyo,
por dar a los perdidos salvación que no merecen.

La causa está perdida, a menos que el amor la motive. De otro modo, nada sirve. El ministerio cristiano entonces llega a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe. Pero cuando el amor es la estrella guiadora, cuando los hombres van inflamados con devoción a Cristo, ningún poder existe en la tierra que pueda detener el avance arrasador del Evangelio.

Obsérvese entonces un grupo de discípulos entregados enteramente a Cristo, atravesando océanos y tierras como portadores de un glorioso mensaje, incansables, siempre procurando entrar en nuevas áreas, encontrando en cada persona una vida por lacual Cristo murió y ambicionando que sean adoradores de Cristo por la eternidad. ¿Qué métodos usan estos hombres que no son de este mundo para dar a conocer a Cristo?

El Nuevo Testamento presenta dos métodos principales para alcanzar al mundo con el Evangelio. El primero era la proclamación pública. El segundo es la instrucción privada.

En cuanto al primer método fue usado por Jesucristo y sus discípulos. Donde quiera que se reunían gentes, allí había una oportunidad para predicar las buenas nuevas. Así encontramos que se proclamó el Evangelio en los mercados, prisiones, sinagogas, playas, y en las riberas de los ríos. La urgencia y el carácter superlativo del mensaje hacía que fuera imposible pensar en lugares convencionales de reunión.

El segundo método de propagación de la fe cristiana es la doctrinación de individuos. Este es el método que Jesús usó en la preparación de los doce. Llamó a este pequeño grupo de hombres para que estuvieran con Él y para poderlos enviar. Día a díalos instruyó en la verdad de Dios. Les puso por delante la tarea para la cual estaban destinados. Les advirtió detalladamente los peligros y dificultades que encontrarían. Les introdujo a los consejos privados de Dios y les hizo partícipes de los gloriosos pero arduos planes de Dios. Los envió como a ovejas en medio de lobos. Los dotó del poder del Espíritu Santo y se lanzaron a decir al mundo las nuevas del Salvador resucitado ascendido y glorificado. La efectividad de este método se ve en el hecho de que ese grupo reducido a 11 por la defección del traidor, revolucionó el mundo para gloria del Señor Jesús.

El apóstol Pablo no solamente practicó este método, sino que urgió a Timoteo a que lo practicará. “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2) El primer pasoes la selección cuidadosa y con oración de los hombres fieles. El segundo es el impartirles la gloriosa visión. El tercero es enviara estos hombres que doctrinen a otros. (Mateo 28:19)

A los que codician ver números y piden del Señor grandes multitudes este método les parecerá tedioso y aburrido. Pero Dios sabe lo que Él está haciendo y sus métodos son los mejores métodos. Dios puede hacer mucho más por medio de unos pocos discípulos dedicados a Él que por medio de un ejército gigante de religiosos satisfechos.

Cuando estos discípulos salen en el nombre de Cristo ellos siguen ciertos principios básicos bosquejados en la Palabra de Dios.

En primer lugar son astutos como serpientes, pero inofensivos como palomas.

Su sabiduría la piden de Dios para poder seguir el difícil camino que tienen que transitar. Al mismo tiempo son mansos y humildes en sus contactos con sus semejantes. Nadie puede temer la violencia física de parte de ellos. Los hombres debentemer solamente a sus oraciones y a su inquebrantable testimonio.

Estos discípulos se mantienen libres de la política de este mundo.

No se sienten llamados a luchar contra ninguna forma de gobierno ni contra ideas políticas. Pueden trabajar bajo cualquier forma de gobierno y ser leales a tal gobierno mientras no se les exija comprometer su testimonio o negar a su Señor. Entonces ellos rehusan obedecer y se someten a las consecuencias. Pero ellos nunca conspiran contra un gobierno humano, ni se comprometen en luchas revolucionarias. ¿No dijo el Señor: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían?” Estos hombres son embajadores de un país celestial y pasan por este mundo como peregrinos y extranjeros.

Son absolutamente honestos en todos sus tratos.

Evitan los subterfugios de cualquier tipo. Su sí es sí y su no es no. Rechazan la mentira popular de que “el fin justifica losmedios”. Bajo ninguna circunstancia hacen el mal para que venga algún bien. Cada uno es una conciencia encarnada que preferiría morir antes que pecar.

Su trabajo lo unen a una iglesia local.

Salen al mundo a ganar almas para Cristo, pero ganadas las almas las ponen en comunión con la iglesia local donde pueden ser fortalecidas y edificadas en su santísima fe. El verdadero discípulo comprende que la iglesia local es la unidad de Dios puesta para propagar la fe y que el trabajo mejor y más duradero se edifica siguiendo esos delineamientos.

Los discípulos son prudentes y evitan el implicarse en alianzas de cualquier tipo.

Firmemente rehusan permitir que sus movimientos sean dictados por organizaciones humanas. Reciben sus ordenes de marchar directamente del cuartel general en los cielos. Esto no significa que operan sin la confianza y la recomendación de la iglesia local. Por el contrario, consideran tal recomendación como una confirmación del llamamiento de Dios para el servicio. Pero insisten en la necesidad de servir a Cristo en obediencia a su Palabra y en que él les guíe.

Tratan de mantenerse en segundo plano.

Su propósito es glorificar a Cristo y hacer que Él sea conocido. No buscan grandes cosas para sí, ni quieren revelar su estrategia al enemigo. De modo que trabajan silenciosamente sin ostentación, indiferentes a las alabanzas o las calumnias de los hombres. Saben que el cielo será el mejor lugar y el más seguro para conocer los resultados de su labor.

Hay eunucos que así mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.(Mateo 19:12)
 
Una de las grandes dudas que debe enfrentar el discípulo es si Dios le ha llamado a una vida de casado o al celibato. Este es unasunto completamente personal en que el Señor debe guiar a cada individuo. Nadie puede legislar para otro en esto, e interferiren una esfera tan vital es un asunto riesgoso.

La enseñanza general de la Palabra de Dios es que el matrimonio fue instituido por Dios para la raza humana con variospropósitos en vista:

Primero. Fue ordenado para compañía y placer. Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo. (Genesis 2:18). Sudesignio es la perpetuación de la raza. Esto lo indica la orden de Dios: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (Genesis 1:28).Fue instaurado para la preservación de la pureza de la familia y la sociedad. “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tengasu propia mujer, y cada una tenga su propio marido” (1 Corintios 7:2).

No hay nada en la Palabra de Dios que sugiera que el matrimonio es incompatible con la vida de pureza, devoción y servicio aCristo. En vez de eso se nos recuerda que “honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla”. (Hebreos 13:4) Seafirma que el que halló esposa halló buena cosa. (Proverbios 18:22) Las palabras del Predicador pueden aplicarse almatrimonio: Dos son mejor que uno (Eclesiastés 4:9), particularmente si los dos se han juntado para servir al Señor. La mayorefectividad de la acción unida se sugiere en Deuteronomio 32:30 donde uno vence a mil y dos hacen huir a diez mil.

Sin embargo, aunque el matrimonio es la voluntad de Dios para la raza humana en general, no es necesariamente la voluntadde Dios para cada individuo. Aun cuando puede considerarse como un derecho inalienable, el discípulo de Cristo puede preferirla omisión de este derecho con el fin de entregar más íntegramente su vida al servicio de Cristo.

El Señor Jesús hizo notar que en su reino habría algunos que llegarían a ser eunucos por causa de Cristo. “Pues hay eunucosque nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que asímismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba” (Mateo 19:12).

En definitiva este es un voto voluntario que una persona pronuncia considerando dos factores:

1. Que Dios le haya guiado a permanecer célibe.
2. El deseo de entregarse más completamente a la obra del Señor sin añadir a sus responsabilidades la de una vidahogareña.

Debe existir la convicción del llamamiento divino (1 Corintios 7:7). Solamente así puede el discípulo estar seguro que el Señor ledará gracia necesaria para la continencia.

Segundo, debe ser voluntario. Cuando se abraza al celibato por imposición eclesiástica aumenta el peligro de caer en laimpureza y la inmoralidad. El apóstol Pablo enfatiza el hecho que una persona soltera puede darse más completamente a losnegocios del Rey: “Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradaral Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer”. (1 Corintios 7:32,33). Por eso élexpresa el deseo de que el soltero y las viudas queden como él, esto es, sin casarse. (1 Corintios 7:7,8)

Aun para aquellos que ya estaban casados el Apóstol insistía en que la brevedad de la vida y del tiempo exige que todo debesujetarse a la gran tarea de dar a conocer a Cristo: “Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los quetienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la aparienciade este mundo se pasa”. (1 Corintios 7:29,31)

Esto ciertamente no significa que el hombre debe repudiar sus responsabilidades hogareñas y ser un misionero. Pero sí significaque no debe vivir para los placeres y satisfacciones de la vida de hogar. No debería usar su esposa e hijos como excusas paradar a Jesús el segundo lugar.

Carlos T. Studd tenía miedo que su novia estuviera tan enamorada de él que el Señor Jesús no tuviera el primer lugar en la vidade ella. Para evitar esto, compuso un verso para que ella lo recitara diariamente:

Jesús yo te amo mucho, mucho más
que lo que a Carlos amaré jamás

Los comunistas han aprendido a subordinar los asuntos de familia a la gran tarea de conquistar el mundo para su causa. GordonArnold Lonsdale es un ejemplo. Después de ser capturado en Inglaterra en 1960 como espía ruso, la policía encontró una cartade su esposa y una respuesta de seis páginas. Su esposa escribió: “¡Qué injusta es la vida! Entiendo completamente queestás trabajando y este es tu deber; que amas el trabajo y tratas de hacer esto a conciencia. Sin embargo mi razón trabaja con laestrechez femenina y sufro terriblemente. Escríbeme diciendo cuánto me amas y puede ser que me sienta mejor”.

Lonsdale replicó, en parte: “Todo lo que te voy a decir es que tengo una sola vida y que esta no es fácil. Todo lo que quiero es usar mivida de modo que al considerarla, al mirar hacia atrás no tenga que avergonzarme... Tengo apenas 39 años; ¿es mucho lo que hedejado?”

El tiempo es corto, escribía Pablo, sólo queda que “los que tienen esposa sean como si no la tuvieran....” La tragedia es que elmatrimonio apresurado o equivocado ha sido con frecuencia la herramienta del diablo para descaminar a algún joven discípulodel camino de la mayor efectividad para Él. Muchos aspirantes a pioneros han acabado su carrera de servicio absoluto al Señoren el momento en que se casaron.

El matrimonio es un amargo enemigo del cumplimiento de la voluntad de Cristo de que todos oigan su mensaje. El casamientoha sido dado por Dios, pero cuando se interpone como una barrera a la voluntad de Dios es porque ha sido mal usado.

Podríamos nombrar muchos hombres y mujeres, que han tenido un llamamiento definido al campo misionero y que jamás lohicieron efectivo porque sus cónyuges los retuvieron. Nada, ni siquiera la bendición que es un compañero para toda la vida,debe anteponerse al propósito de Dios en la vida de uno. Hoy hay almas que mueren sin Cristo porque los seres queridos hantomado prioridad a la voluntad de Dios.

Es quizá especialmente cierto, en el caso de pioneros, que una vida de celibato es preferible. Los hombres y mujeres de lavanguardia a veces necesitan negarse aún las necesidades de la vida, sin mencionar sus placeres más moderados y legítimos.Es su deber soportar penalidades, ser buenos soldados, sin las ataduras de las cosas de esta vida, atletas a los que ningúnpeso los embaraza... Es una vocación, un llamamiento y una ordenación a un servicio especial.

  • Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre,recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. (Mateo 19:29)

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El Señor Jesús nunca trató de engañar a los hombres para que hicieran una profesión de fe de labios. Tampoco trató de conseguir una gran cantidad de seguidores predicando un mensaje popular.

En realidad, cada vez que veía que la gente empezaba a acumularse en pos de él, se volvía y los hacía pasar por el cedazo presentándoles las condiciones más duras del discipulado.

En una de estas ocasiones el Señor advirtió a sus seguidores que el que quisiera ir en pos de él debería calcular el costo en primer lugar. Dijo:

  • Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. (Lucas 14:28-32)

Compara aquí Jesús la vida cristiana con una edificación y con una guerra. Es total desatino comenzar a edificar una torre, dijo, a menos que uno se asegure de tener los fondos suficientes para acabarla. De otro modo, la estructura sin terminar permanecerá como un monumento a su falta de previsión.

¡Cuán verdadero es esto! Hacer una decisión para Cristo en el ambiente cálido y emotivo de una campaña evangelística es una cosa, pero es algo completamente diferente negarse a sí mismo, tomar su cruz cada día y seguir a Cristo. Aunque no cuesta nada llegar a ser cristiano, ser un cristiano firme que camina por el sendero del sacrificio, la separación y el sufrimiento por amor a Cristo cuesta todo. Comenzar bien la carrera cristiana es una cosa, pero es algo completamente diferente llevar esta carrera cada día, en mal tiempo y en buen tiempo, en la prosperidad y en la adversidad, en el gozo y en el dolor.

Un mundo de crítica está al acecho. Por algún extraño instinto comprende que la vida cristiana lo depara todo o nada. Cuando ve un cristiano cabal puede despreciarlo, mofarse de él o ridiculizarlo, aunque interiormente sienta un profundo respeto por la persona que valientemente se entrega a Cristo. Pero cuando el mundo ve al cristiano mediocre siente solamente desprecio. Se burla de él diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar. Causó gran conmoción cuando se convirtió, pero no es diferente de nosotros. Comenzó corriendo a gran velocidad pero ahora está marcando el paso”. Por eso el Salvador dice: ¡Es mejor que calcules el costo!

Su segunda ilustración se refiere a un rey que iba a declarar la guerra a otro. ¿No sería sensato que primero calculara si sus 10,000 soldados podrían derrotar el ejército enemigo con doble cantidad de soldados? Sería muy absurdo que él declarara primero la guerra, para luego reconsiderar su decisión cuando los ejércitos estuvieran marchando a enfrentarse. Lo único que le quedaría por hacer sería enarbolar la bandera blanca, enviar una embajada proponiendo la rendición, arrastrándose abyectamente en el polvo, y humildemente pidiendo condiciones de paz.

No es exageración comparar la vida Cristiana con la guerra. Hay fieros enemigos: el mundo, la carne, el diablo. Hay desalientos, derramamientos de sangre y sufrimientos. Hay largas horas de agotadora vigilia, y de anhelar la llegada del día. Hay lágrimas, fatigas y pruebas. Y hay que morir diariamente.

Cualquiera que quiere seguir a Cristo debe recordar el Getsemaní Gabbata y el Gólgota, y entonces, calcular el costo. Porque es asunto de absoluta entrega a Cristo o de una derrota lamentable con todo lo que significaría de desgracia y degradación.

Con estas dos ilustraciones el Señor Jesús advirtió a sus oyentes del peligro de hacer una decisión impulsiva a ser sus discípulos. Él podía prometerles persecuciones, tribulaciones y desastres. Ellos debían calcular el costo en primer lugar. Y ¿cuál es el costo? El versículo siguiente contesta: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. (Lucas 14:33)

El costo es “todo”, todo lo que el hombre tiene y todo lo que es. Esto es lo que significaba para el Salvador cuando lo dijo; no puede su significado ser más liviano para aquellos que quieren seguirle. Si aquel que era rico más que todo lo que podemos imaginar, voluntariamente se hizo pobre, ¿es posible que sus discípulos ganen la corona por un medio menos costoso?
El Señor concluye su discurso con este resumen: “Buena es la sal; más si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará?” (Lucas 14:34)

En tiempos de nuestro Señor, no se disponía de sal pura como tenemos en nuestras mesas actualmente. La sal de ellos contenía diversas impurezas, arena por ejemplo. Era posible que la sal perdiera su sabor. El resto era insípido y sin valor. No se podía usar como tierra, ni como fertilizante. A veces se le usaba para hacer un sendero. De modo que llegaba a “servir más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13)

La aplicación de la ilustración es clara. Hay un propósito principal en la existencia del cristiano: Glorificar a Dios mediante una vida que se presenta en sacrificio a él. El cristiano puede perder su labor haciendo tesoros en la tierra proveyendo para su propia comodidad y placer tratando de ganar fama en el mundo, prostituyendo su vida y sus talentos en un mundo indigno.

Si el creyente yerra el propósito central de su vida yerra también en todo. Entonces no es útil, ni es decorativo. Su destino es, como la sal insípida, ser hollada bajo el pie de los hombres, por sus burlas, el desprecio y escarnio. Las palabras finales son: “El que tenga oídos para oír, oiga”.

Muchas veces el Señor después de haber dicho algo duro, añadía estas palabras. Es como si hubiera sabido que no todos los hombres las aceptarían. Él sabía que algunos mediante explicaciones invalidarían, tratando de suavizar sus exigencias tan tajantes. Pero también sabía que había corazones abiertos, jóvenes y maduros que se inclinarían ante sus demandas, reconociendo que son dignas de él.

Así es que Él dejó la puerta abierta: “el que tenga oídos para oír, oiga”. Los que oyen son aquellos que calculan el costo y después dicen:

He decido seguir a Cristo;
aunque solo, yo le seguiré
el mundo atrás, la cruz ya sigo;
no vuelvo atrás, no vuelvo atrás.
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Cuando una persona ha dedicado verdaderamente su vida a Cristo, parece que el vivir o el morir les resulta cosa de poca importancia. Todo lo que importa es que el Señor sea glorificado.

Al leer la biografía de los mártires Juan y Betty Stam, “Sangre y Semilla”, encontrarás una nota que se repite a través del libro “como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte”. (Filipenses 1:20)

El mismo fondo se descubre en los escritos de Jim Elliot. Mientras aún estudiaba en la Universidad de Wheaton, escribió en su diario: “Estoy listo para morir por los Aucas”. En otra oportunidad escribió: “Padre toma mi vida, también mi sangre si así lo quieres, y consúmeme con tu fuego envolvente. Yo no la conservaré, porque no es mía para hacer tal cosa. Tómala toda. Derrama mi vida como oblación por el mundo. La sangre solo tiene valor si fluye ante tu altar”.

Muchos de los héroes de Dios llegaron hasta este mismo punto en sus tratos con Dios. Comprendían que “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. (Juan 12:24) Ellos estaban dispuestos a ser ese grano de trigo. Esta actitud es exactamente la que el Señor enseñó a sus discípulos: “Todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9:24). Mientras más pensamos en esto, más razonable nos parece.

En primer lugar, nuestra vida de ningún modo nos pertenece.

Pertenece a Aquél que nos valorizó con el costo de su sangre preciosa. ¿Podremos egoístamente aferrarnos a lo que es de Otro? C.T. Studd respondió a esta pregunta: “Yo sabía que Cristo había muerto por mí, pero nunca había podido comprender que si Él murió por mí, yo ya no me pertenezco. Redimir significa comprar por segunda vez algo que una vez perteneció al comprador. De modo que si ahora le pertenezco a Él, tengo que decidir entre ser un ladrón y quedarme con lo que no es mío, o entregarlo todo a Dios. Cuando por fin comprendí que Jesucristo murió por mí, no me fue difícil entregarlo todo a Él”.

En segundo lugar, pase lo que pase todos tenemos que morir algún día, a menos que el Señor venga antes.

¿Qué será más trágico, morir en el servicio del Señor, o como mero accidente estadístico? ¿No tenía razón Jim Elliot cuando dijo: “No es tonto el que da lo que no puede conservar, para ganar algo que no puede perder”?.

En tercer lugar, es lógica irrevocable que si el Señor Jesucristo murió por nosotros, lo menos que nosotros podríamos hacer es morir por Él.

Si el siervo no es mayor que su Señor, ¿qué derecho tenemos de ir al cielo más cómodamente que el Señor? Esta consideración hizo decir a C.T. Studd “Si Jesucristo es Dios y murió por mí, no hay ningún sacrificio que yo haga por Él que pueda ser demasiado costoso”.

Finalmente es un delito cuidar nuestra vida cuando por medio de su abandono sin riesgo podemos traer bienaventuranza eterna a nuestros semejantes. Ha habido hombres que han ofrecido su vida en interés por las investigaciones de la medicina. Otros han muerto por rescatar seres queridos de edificios en llamas. Aún hay muchos que mueren en guerras por salvar su patria del poder del enemigo. ¿Cuánto vale la vida de los hombres para nosotros?

Podemos decir con F.W.H. Myers:

Sólo almas veo caminar a mi alrededor;
esclavo es el rey, siervo es el vencedor;
almas que comparten una esperanza vana
¡Ay! contentos con la apariencia mundana.
Entonces, con intensidad insoportable,
escucho el llamado del Dios adorable
¡Salva a estos! Sálvalos aunque perezcas
Da tu vida por ellos, menos no ofrezcas.

A todos no se les pide que den su vida como mártires. La espada, el fusil, la cárcel están reservados para unos pocos selectos, relativamente hablando. Pero cada uno de nosotros puede tener espíritu de mártir, el celo de un mártir, la devoción de un mártir. Cada uno de nosotros puede vivir como aquellos que ya han dado sus vidas a Cristo.

En la buena, en la mala,
con la cruz o la corona,
la tormenta o la bonanza
mi alma y cuerpo ¡Oh Dios! acepta
para que hagas con ellos
tu voluntad perfecta.
Próximo Capítulo
Una vida que ha sido dedicada al Señor Jesús tiene una profunda recompensa. Hay gozo y placer en seguir a Cristo y eso es vida en el sentido más verdadero.

El Salvador dijo repetidas veces: “El que pierde su vida por causa de Mí, la hallará”. En realidad, este dicho se halla en los cuatro Evangelios con más frecuencia que cualquier otro dicho suyo. (véase Mateo 10:39, 16:25; Marcos 8:35; Lucas 9:24; 17:33; Juan 12:25) ¿Por qué se repite tantas veces? Es porque establece uno de los principios fundamentales de la vida cristiana: que una vida guardada para sí es una vida perdida, pero entregar la vida por Cristo es encontrar la vida, es salvarla, es gozarla y guardarla para la eternidad.

Ser un cristiano mediocre solamente asegura una existencia miserable. Estar enteramente consagrado a Cristo es el camino más seguro para llegar a gozar de lo mejor de Él. Ser un verdadero discípulo es ser un esclavo de Jesucristo y encontrar en su servicio perfecta libertad. Hay libertad en los pasos de todo aquel que pueda decir: “Amo a mi Señor; no saldré libre”.

El discípulo no se enreda en pequeños asuntos o en cosas pasajeras. Está preocupado con asuntos eternos, y como Hudson Taylor, goza del lujo de tener pocas cosas que cuidar. Puede ser desconocido, sin embargo bien conocido. Aunque está constantemente muriendo, vive persistentemente. Es castigado, pero no muerto. Aun en la tristeza tiene gozo. Pobre, pero enriqueciendo a muchos. No tiene nada, pero lo posee todo. (2 Corintios 6:9,10)

Y si se puede decir que la vida del verdadero discipulado en la que más satisfacción espiritual produce en este mundo, también podemos afirmar con certeza que recibirá la más alta recompensa en la vida venidera. “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme sus obras”. (Mateo 16:27)

Por lo tanto, el hombre verdaderamente bendecido en el tiempo y en la eternidad es el que puede decir con Borden de Yale: “Señor Jesús, yo saco mis manos en lo que concierne a mi vida. Ocupa Tú el trono de mi corazón. Cámbiame, límpiame, y úsame a tu arbitrio”.

No es su voluntad.....

"No es su voluntad que ninguno perezca"
Jesús entronado en la gloria más excelsa
vio nuestro mundo pobre, dolorido y caído
y por ello derramó su vida compasivo.
Muchos perecen, atestan ya nuestra senda,
corazones con cargas que no hay quien pueda.
Jesús salvaría, pero nadie les ha hablado
de quien libra de la desesperación y el pecado.
“No es su voluntad que ninguno perezca”
vestido en carne nuestra con sus penas y dolores,
vino a consolar y a salvar a los peores,
a sanar al quebrantado y a todo el que padezca.
Muchos perecen, la siega pronto se acaba;
los obreros son pocos, la noche se acerca;
Jesús te está llamando, su desafío acepta,
y adornarás tu corona con las almas salvadas.
Mucho para los placeres, poco para Cristo,
Tiempo para el mundo con sus placeres vanos.
No hay tiempo para Cristo, para dar al convicto,
la palabra que falta para hacerle cristiano.
Muchos perecen, oíd, nos están llamando;
“El Salvador presentadnos, ¡Ay! de Él habladnos.
Estamos tan cansados, de culpas tan cargados,
que nada hacer podemos para ser aliviados.”
“No es tu voluntad que ninguno perezca:
siendo seguidor Tuyo, ¿puedo vivir, acaso,
tranquilo mientras almas se deslizan abajo
perdidas porque su ayuda no les ofrezco?
¡Oh! Maestro, perdóname, inspírame de nuevo,
quita la mundanalidad, pon en mí el anhelo
de vivir conforme a lo eterno que no perece.

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1. ¡Tengan ánimo! ¡Soy yo! Yo soy el primero y el último; soy el que vivió y estuvo muerto; ¡y miren, soy el que vive para siempre! Y así sea. Yo tengo ahora las llaves de la muerte y de las tumbas. ¡No tengan miedo!

2. El Espíritu de Dios está sobre mí pues me ha elegido para darle buenas noticias a los necesitados; me ha enviado a sanar a los que tengan corazones quebrantados; a darle la libertad a los que están atrapados; a darle vista a los ciegos; y a proclamar el tiempo de libertad y restauración de Dios.

3. Alabo a Dios, mi Padre, Creador del Cielo y de la tierra, porque escondió estas cosas de los que se creen sabios y entendidos y las reveló a los niños, porque así le agradó.

4. Bendecidos son los que reconocen su pobreza espiritual, porque de ellos es el Reino Celestial.

5. Bendecidos son los que están tristes, porque se les dará consuelo y ánimo.

6. Bendecidos son los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

7. Bendecidos son los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

8. Bendecidos son los misericordiosos, porque recibirán misericordia.

9. Bendecidos son los de corazón limpio, porque podrán ver a Dios.

10. Bendecidos son los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

11. Bendecidos son los que sufren persecución por defender la justicia, porque para tales personas es el Reino de Dios.

12. Bendecidos son ustedes cuando sufran injuria y sean insultados por practicar mis enseñanzas. Sí, bendecidos son cuando la gente tenga que mentir para decir toda clase de mal contra ustedes y desechen su nombre como malvados por causa de mí. Alégrense y mantengan su gozo, pues grande es su recompensa espiritual porque de la misma manera fueron perseguidos los profetas del pasado.

13. Bendecidos son los que oyen la palabra de Dios y la siguen. Ellos serán como el siervo, que cuando su amo vino, lo encontró cumpliendo con su deber.

14. ¡Bendecidos son los que sin haberme visto, creen y mantienen su fe en mí! Benditos son sus ojos, pues pueden ver de verdad, y sus oídos, porque verdaderamente oyen. Les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.

15. Así que, presten atención a lo que oigan. Ustedes recibirán de acuerdo a la medida con cual escuchen el mensaje. A los que presten atención, se les dará más entendimiento; pero a todos los demás se les quitará incluso el poco entendimiento que tienen.

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16. Yo soy la luz. He venido al mundo para que cualquiera que confíe en mí no permanezca en la oscuridad. Yo soy la luz que ilumina al mundo; los que me siguen no caminarán en la oscuridad, sino que vivirán en la luz.

17. Mientras es de día, tengo que hacer el trabajo de Aquel que me envió; porque la noche se acerca cuando nadie podrá trabajar. ¿No hay doce horas de luz en el día? Pues si caminan de día, no tropezarán; pero si caminan de noche, caerán, porque no habrá luz para guiarlos.

18. Así que, caminen mientras tengan luz, porque de otra manera las tinieblas caerán sobre ustedes de repente. Los que caminan en la oscuridad no saben por dónde van, y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un pozo.

19. Tu forma de ver las cosas afecta todo tu ser. Si buscas la verdad con sinceridad, toda tu vida estará llena de luz; pero si tu mirada es corrupta, toda tu vida estará llena de oscuridad. Ten cuidado, entonces, que lo que creas ser luz no sea oscuridad, porque si tu luz es en realidad oscuridad, ¡imagínate cuán oscuro será lo que claramente es tu oscuridad!

20. Han habido otros profetas que les testificaron de la verdad. Ellos fueron una luz ardiente y luminosa, y ustedes quisieron recrearse en su luz por un tiempo. Pero yo tengo mayor testimonio que ellos; las obras que el Padre me dio para hacer testifican que Él me ha enviado.

21. Si yo no hiciese las obras de mi Padre, tendrían excusa para no creerme. Pero si hago esas obras, aunque ustedes sospechen de mí, crean las obras que yo hago para que puedan conocer y creer que el Padre está en mí y yo en Él.

22. Esta es la razón por la cual la gente va a ser condenada: la luz ha venido a este mundo oscuro y resulta que los habitantes de este mundo aman más la oscuridad que la luz, porque sus obras son malas. Es que aquellos que dedican su vida a la maldad odian la luz y no quieren venir a la luz, porque temen que sus obras sean descubiertas y condenadas. Pero aquellos que practican la verdad vienen a la luz para que sus hechos sean vistos, ya que lo que hacen es agradable a Dios.

23. No se enciende una vela para luego cubrirla con una vasija, ni la ponen debajo de la cama, sino que la colocan en un candelero para que todos en la casa tengan luz para ver. De la misma manera, los que me sigan serán la luz de este mundo. Serán como una ciudad situada en una colina que no puede pasar inadvertida.

24. Si todo su ser está lleno de luz, no teniendo nada de oscuridad en ustedes, entonces serán completamente luminosos, como cuando una lámpara alumbra con su resplandor.

25. Así que, mientras tengan la luz, crean en la luz para que puedan ser «hijos de la luz». Dejen que su luz resplandezca brillantemente delante de todos para que puedan ver sus buenas obras y así glorifiquen a su Padre que está en el Cielo.

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26. Cambien su forma de pensar y actuar, y crean el mensaje importante que les traigo. Ha llegado el tiempo. El Reino de Dios se ha acercado a ustedes. ¡Vuelvan a Dios y crean mi mensaje!

27. ¿Quién de ustedes, teniendo cien ovejas y perdiendo una, no deja pastar con seguridad las otras noventa y nueve y va a buscar la que se perdió? Cuando encuentra la oveja perdida, la carga sobre sus hombros con un corazón lleno de alegría. En el camino a su casa llama a sus amigos y vecinos diciendo: «Festejen conmigo. He encontrado la oveja que estaba perdida».

28. Les digo esta verdad: hay más gozo en el Cielo sobre uno que se arrepiente que sobre noventa y nueve personas justas que no necesitan volver a Dios. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores para que vuelvan a Dios; porque los que están saludables no necesitan médico, sino aquellos que están enfermos.

29. ¿Quién de ustedes, teniendo diez artículos de gran valor y perdiendo uno, no enciende una luz, barre la casa y busca diligentemente hasta encontrarlo? Cuando finalmente lo encuentra, llama y reúne a sus amigos y vecinos diciendo: «¡Alégrense conmigo, pues he encontrado lo que había perdido!». De la misma manera, les digo que hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios cada vez que un pecador se arrepiente.

30. Un día, un religioso me invitó a su casa y llegó una mujer pecaminosa. El religioso no me dio agua para mis pies, pero la mujer cayó a mis pies llorando y regó mis pies con sus lágrimas y los secó con su pelo. El religioso ni me saludó con un beso, pero la mujer no dejó de besar mis pies. Él no me ofreció nada para mejorar mi presentación, pero ella vertió perfume caro sobre mis pies. Y aunque la mujer había pecado mucho, sus pecados le fueron perdonados, porque amó mucho. Ahora en todo el mundo donde mi mensaje ha llegado se ha conocido lo que hizo esa mujer.

31. Escuchen esto: Dos hombres entraron al templo a orar; uno era religioso y tenía la confianza de ser una persona justa, el otro era una persona que se dedicaba a un oficio deshonesto. El religioso oró en voz alta: «Gracias, Dios, que no soy un pecador como todos los demás. No soy ladrón, injusto, adúltero ni aun como ese otro hombre deshonesto. Ayuno dos veces a la semana y doy diezmos de todo lo que gano a la iglesia».

32. Pero el otro hombre se quedaba lejos y ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo. En vez, se golpeaba el pecho y decía: «Dios, soy un pecador; por favor, ten misericordia de mí». Les digo que este hombre, y no el religioso, retornó a su casa justificado por Dios. Porque aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, mientras que los que se humillan serán honrados.

33. ¿Piensan ustedes que aquellos terroristas que terminaron siendo asesinados cruelmente por el gobierno eran más pecadores que el resto de la sociedad? Les digo que no; y salvo que se arrepientan y vuelvan a Dios, ustedes también perecerán.

34. Y aquellos sobre los que cayó una torre y los mató, ¿piensan que eran más culpables que todas las demás personas? Les aseguro que no; pero si ustedes no se arrepienten, ustedes mismos perecerán al igual que ellos.

35. Consideren esto: Hombres malignos y prostitutas entran al Reino Celestial antes que algunos de ustedes. Ellos han oído el llamado al arrepentimiento y se han vuelto a Dios. Algunos de ustedes al contrario, han oído la llamada y han vuelto la espalda.

36. Un hombre que tenía dos hijos le dijo a uno: «Hijo, ve a trabajar hoy en mi viña». El hijo le contestó: «No lo haré», pero luego cambió de parecer, fue y trabajó. Después el padre le dijo al otro: «Ve tú también al campo a trabajar». Él inmediatamente contestó: «Sí, Señor, iré», pero no movió ni un pie para ir a trabajar. Ahora, ¿cuál de estos dos hijos hizo la voluntad de su padre?

37. Por eso les digo, entren por la puerta angosta, porque ancho es el sendero y espacioso es el camino destructivo y muchos van por allí. Pero angosta es la puerta y angosto es el camino que lleva a la vida, y hay pocos que la encuentran. Así que, pongan todo su esfuerzo para entrar por la puerta angosta que lleva a la vida, porque muchos desearán entrar después y no podrán.

38. La gente adúltera e incrédula clama por una señal. Pero no se le dará otra señal, sino aquella del profeta Jonás. Él estuvo por tres días y tres noches dentro del gran pez. Así también fui sepultado yo, tres días y tres noches en la tierra. Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas, también lo soy yo a esta generación.

39. Verdaderamente, vendrá un día cuando los habitantes de Nínive se levantarán en juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron al escuchar la predicación de Jonás, y ahora uno mayor que Jonás les está hablando. La Reina del Sur se levantará también en juicio contra esta generación y la condenará; porque ella viajó una gran distancia para escuchar la sabiduría de Salomón, y ¡miren, una sabiduría mayor que la de Salomón ha llegado!

40. ¡Oh gente perversa e incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? ¡Si me buscan tarde morirán en sus pecados! ¡Les aseguro que donde yo estoy, no podrán venir!

41.Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Así que, tómalo en serio y arrepiéntete, o mis palabras te cortarán como una espada.

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42. Un hombre tenía dos hijos. Un día el más joven dijo a su padre: «Padre, dame la parte de mi herencia». Así, pues, el padre le dio la parte que le correspondía. No mucho después, el joven reunió sus posesiones y viajó a un país lejano. Allí desperdició todas sus riquezas viviendo viciosamente. Cuando hubo gastado hasta el último centavo, hubo una escasez de alimentos en todo el país. Su situación se hacía peor cada día.

43. Al final, encontró empleo cuidando cerdos para un ciudadano de ese país. En su desesperación, se vio a punto de comer de las algarrobas con que él alimentaba a los cerdos; pero recobrando sus sentidos, pensó: «¡Los sirvientes de mi padre tienen más que suficiente pan para comer y hasta les sobra mucho, mientras que yo estoy a punto de comer el alimento de los cerdos para no perecer de hambre! Regresaré a mi padre y le diré: “Padre, he pecado contra ti y contra el Cielo. Ya no soy digno de llamarme hijo tuyo. Déjame ser, por lo menos, uno de tus empleados”».

44. Con este plan en su mente, se levantó del polvo y emprendió el largo viaje hacia su padre.

45. Cuando estaba aún a gran distancia, su padre lo vio, y lleno de compasión por él, corrió y lo abrazó tiernamente. El hijo comenzó: «Padre, he pecado contra el Cielo y en tu presencia y ya no soy merecedor de ser llamado tu hijo».

46. Pero el padre dijo a sus siervos: «Traigan mi mejor vestido y vistan a mi hijo. Pongan mi anillo de autoridad en su mano y mi mejor calzado en sus pies. Traigan del campo el becerro más gordo y mátenlo. Vamos a comer y hacer fiesta. Porque este, mi hijo, estaba muerto y ahora está vivo otra vez; se había perdido y ahora lo hemos encontrado». Comenzaron entonces una gran celebración.

47. Como a la misma hora, su hermano mayor regresaba de trabajar en el campo, y mientras se acercaba a la casa oyó la música y las danzas. Llamó a uno de los criados y le preguntó: «¿Qué significa esta celebración?». El sirviente respondió: «Tu hermano menor ha vuelto a casa y tu padre ha matado al becerro más gordo, porque él ha regresado sano y salvo».

48. Por esto, el hermano se enojó mucho y se rehusó a entrar al banquete; así que su padre salió y le rogó que entrara. Pero él contestó: «Mira, todos estos años yo te he servido sin romper jamás ni una de tus órdenes. Sin embargo, tú nunca me has ofrecido fiestas para celebrar con mis amigos. Ahora mi hermano vagabundo regresa, quien sin duda malgastó su herencia con prostitutas, y matas al mejor becerro para celebrar».

49. El padre le dijo: «Hijo mío, tú siempre has estado conmigo y sabes que todo lo que poseo es tuyo. Está bien que celebremos y demos gracias, pues tu hermano estaba muerto y vive otra vez; estaba perdido, pero ahora lo hemos encontrado».

50. Les digo la verdad: yo vine a buscar y salvar a los que están perdidos; porque no es la voluntad de mi Padre que está en el Cielo, que se pierda ni aun el menor de ustedes.

51. Así que, dejen que los niños vengan a mí y no los retengan, porque el Reino de Dios pertenece a corazones que confían como ellos.

52. ¿Acaso no han leído que de la boca de niños y de bebés se escucha la perfecta alabanza? Pues les aseguro que si no se convierten para ser como los niños pequeños, no entrarán al Reino Celestial.

53. Sí, te digo la verdad: si no naces otra vez, no podrás ver el Reino de Dios. Porque a menos que hayas nacido de agua y del Espíritu, no podrás entrar al Reino Celestial. Hay un nacimiento físico y hay un nacimiento espiritual.

54. El viento sopla donde quiere y puedes escuchar el sonido que hace, pero nadie puede decir de dónde viene ni a dónde va. Así son las personas que vuelven a nacer espiritualmente. Dios es Espíritu; así que cualquiera que quiera adorar a Dios tiene que adorarlo en espíritu y en verdad.

55. No te asombres de que te diga que tienes que volver a nacer. Nadie cose un pedazo de tela nueva en un vestido viejo y podrido, porque el tejido nuevo tirará del vestido viejo y lo romperá, y el desgarre se hará peor. Tampoco viertes vino nuevo en barriles viejos. Temerías que los barriles viejos se rompieran, el vino nuevo se derramara y la inversión se perdiera. En vez, viertes el vino nuevo en barriles nuevos y así los dos se conservan. Pero los que están acostumbrados al vino viejo no quieren probar el nuevo porque dicen que el viejo es mejor.

56. Ustedes son terrenales, pero yo soy celestial. Ustedes pertenecen a este mundo, pero yo no soy de este mundo. Por eso les dije antes que ustedes morirán en sus pecados. Porque si no confían en mí, les aseguro que morirán en sus pecados. Por medio de sus propios esfuerzos es imposible que sean salvos, pero con Dios todas las cosas son posibles.

57. Les aseguro que cualquiera que peca se vuelve esclavo al pecado, y un esclavo no tiene morada continua en la casa del Señor. Solo un hijo permanece para siempre en la casa. Así que si el hijo les da la libertad, serán verdaderamente libres.

58. ¿Cómo es que con tanta educación todavía no saben estas verdades? Si les estoy hablando de cosas que tienen que experimentar acá en la tierra y ustedes no las comprenden, ¿cómo comprenderán si les hablo de cosas celestiales?

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59. Ustedes no saben de qué espíritu son. Cuando el espíritu inmundo sale de la persona, anda buscando descanso por lugares secos y no lo encuentra. Entonces piensa: «Volveré a morar en la persona de la cual salí»; y cuando llega, encuentra a la persona barrida y adornada, pero todavía vacía.

60. Entonces el espíritu inmundo va y trae consigo otros siete espíritus peores que él, y entran en la persona y empiezan a vivir allí. Al final, el estado de esa persona termina siendo peor de lo que era antes. Así le pasará a las personas malvadas.

61. Así que, si me aman, guarden mis mandamientos. Yo oraré al Padre y Él les dará un Consolador para que esté con ustedes para siempre. Es el Espíritu de la Verdad. El mundo no lo acepta, porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes lo conocen, porque está presente ahora con ustedes y estará dentro de ustedes.

62. Porque Juan el Bautista sumergió a las personas en agua, pero ustedes serán sumergidos en el Espíritu Santo.

63. Es el Espíritu el que da vida. Las obras de la carne no pueden hacer nada. Y les digo la verdad, las palabras que les hablo son Espíritu y les darán vida.

64. Es provechoso para ustedes que yo no esté físicamente; pues, si todavía estuviese, el Consolador, el Espíritu Santo, no hubiera venido a ustedes. Como yo estoy ausente físicamente, el Espíritu fue enviado a ustedes.

65. El Espíritu revela al mundo lo que es pecado, rectitud y juicio. Pecado, porque ellos no creen en mí; rectitud, porque estoy con mi Padre y ustedes ya no me ven físicamente; juicio, porque el que gobierna el mundo ya ha sido juzgado.

66. Les digo la verdad, cualquier pecado y blasfemia que se haya cometido puede ser perdonado, pero lo que se diga en contra del Espíritu Santo no será perdonado. Si hablaron mal de mí, se perdonará, pero repito, el que hable mal del Espíritu Santo no tiene perdón, sino que es merecedor del juicio eterno.

67. Tengo muchas cosas que decirles, cosas que ustedes no entenderían ahora. Pero cuando tengan el Espíritu, los guiará a toda la verdad; pues no hablará por su propia cuenta, sino que todo lo que oiga, eso les hablará y les mostrará aquello que ha de venir. El Espíritu me alabará y me glorificará, revelándoles mi gloria. Todo lo que es del Padre es mío también. Por eso les puedo hacer esta promesa: el Espíritu les revelará mi gloria a ustedes.

68. El Consolador, el Espíritu de Verdad a quien yo envío del Padre, testificará de mí. El Espíritu les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que yo les he dicho. En ese entonces, sabrán que yo estoy en el Padre y ustedes están en mí.

69. Ahora, si un niño les pide pan, ¿le ofrecerían una piedra? Si su hijo les pidiera pescado para comer, ¿le ofrecerían una serpiente? ¿Darían un escorpión a un niño que les pidiera un huevo? Pues bien, si ustedes siendo malos saben proveer para sus hijos, ¿cuánto más su Padre Celestial dará cosas buenas a quienes se lo pidan? Les aseguro que si alguien le pide a Dios el Espíritu Santo, Dios se lo dará.

70. La persona que conoce mis mandamientos y los cumple es la que realmente me ama. Y cualquiera que me ame será amado por mi Padre, y yo mismo amaré a esa persona y me manifestaré a ella. Repito, si alguien me ama, vivirá conforme a mi mensaje; mi Padre le amará y mi Padre y yo vendremos juntos a morar con esa persona. No los dejaré desamparados. Yo vendré a ustedes.

71. Pero el que no le hace caso a mis palabras no me ama; y las palabras que yo les hablo no son mías propias, sino las de mi Padre.

72. Yo les dejaré mi paz, que no es como la paz del mundo. No dejen que sus corazones sean turbados ni tengan miedo. ¡Reciban el Espíritu Santo!

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73. No hay ninguno bueno, excepto Dios. Pero si quieres la vida eterna, ya sabes que tienes que obedecer los mandamientos de Dios: no cometas adulterio; no mates; no hurtes; no levantes falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Ahora, para madurar, te falta una cosa más: vende todo lo que tienes y da el dinero a los pobres, y entonces ven y sígueme. Haz esto y tendrás tesoros en el Cielo.

74. Porque el más importante de todos los mandamientos es este: «El Señor, nuestro Dios, es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas».

75. En segundo lugar, hay un mandamiento parecido. Es este: «Amarás a tu prójimo como te amas a ti mismo».

76. Todas las leyes y los profetas del Antiguo Testamento se basan en esos dos mandatos. Cumple con estos dos mandamientos y tendrás vida eterna.

77. No piensen que vine a cancelar la ley de Dios o las enseñanzas de los profetas del Antiguo Testamento. No vine a cancelar, sino a darles su verdadero cumplimiento. Porque les digo la verdad: hasta que desaparezca el cielo y la tierra, no se cambiará nada de la ley hasta que todo se haya cumplido.

78. Cualquiera que vive contrario a siquiera el menor de mis mandamientos será el menor en el Reino Celestial. Pero el que rige su vida por ellos y enseña a otros a obedecerlos será considerado grande en el Reino Celestial.

79. Así que, vive tu vida haciendo a los demás como esperas que ellos hagan contigo, porque esta es la esencia de la ley y los profetas.

80. Por ejemplo, cierto hombre viajó de Jerusalén a Jericó. En el camino fue atacado por ladrones que lo desnudaron y lo golpearon, dejándolo medio muerto.

81. De casualidad, un sacerdote caminaba por el mismo camino. Pero viendo al pobre hombre, cruzó al otro lado de la senda. Luego, otro hombre muy religioso llegó al lugar del asalto. Miró a la víctima y rápidamente pasó al otro lado del camino.

82. Finalmente, un samaritano (quienes eran despreciados debido a que su religión era la equivocada) se acercó. Cuando vio al hombre herido, inmediatamente sintió compasión por él, y rasgando su manta en fajas, vendó sus heridas y les echó aceite y vino. Tendió al hombre con cuidado sobre su mula y lo trajo a una posada. Allí se aseguró de que el herido recibiera buen cuidado. En la mañana, antes de partir, pagó al posadero y le dijo: «Cuide de este hombre y cuando yo vuelva, le pagaré».

83. Ahora, ¿cuál de estos tres se comportó como prójimo de aquel hombre que cayó entre los bandidos? Vayan y hagan lo mismo que él.

84. Les aseguro que cuando yo vuelva en mi gloria y todos los santos ángeles conmigo, me sentaré en el trono de mi gloria celestial. Todas las naciones se reunirán en mi presencia y separaré los unos de los otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Las ovejas las pondré a mi derecha y las cabras a mi izquierda.

85. Entonces, diré a los de mi derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, entren en la heredad del reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque estaba hambriento y ustedes me ofrecieron alimento. Estuve sediento y me trajeron algo para beber. Fui forastero y me recogieron. Estuve desnudo y me vistieron. Estuve enfermo y cuidaron de mí. Estuve prisionero y me visitaron».

86. Entonces los justos contestarán asombrados: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos algo para beber? ¿Cuándo te vimos como un forastero y te dimos refugio, o necesitado de vestido y te vestimos? ¿Te vimos alguna vez enfermo y te cuidamos, o en prisión y te visitamos?». Yo responderé: «Verdaderamente les digo ahora, en cuanto ustedes han hecho todas estas cosas aun por el más pequeño de mis hermanos o hermanas, me lo han hecho a mí».

87. El que recibe a un seguidor mío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí; recibe al que me envió. El que reciba a un profeta porque es profeta, recibirá la recompensa del profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, recibirá la recompensa del justo. Les digo la verdad: cualquiera que dé a uno de mis seguidores, por más pequeño que sea, siquiera un vaso de agua por ser mi seguidor, no perderá su recompensa.

88. Pero a los que habré apartado a mi izquierda, les diré: «Apártense de mí. Porque tuve hambre y no me dieron de comer. Tuve sed y no me ofrecieron nada de beber. Fui un forastero y ustedes me rechazaron. Estuve desnudo y ustedes no me vistieron. Estuve enfermo y ustedes no cuidaron de mí. Estuve en prisión, pero ustedes no me visitaron».

89. Entonces ellos me preguntarán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo o en prisión y no te consolamos?». Yo responderé: «En verdad les digo: por cuanto ustedes no cumplieron en hacer estas cosas ni por el más pequeño de mis hermanos y hermanas, han faltado en hacérmelo a mí».

90. Estos, entonces, serán enviados a ser castigados por Dios; pero los justos, a la vida eterna.

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91. En el sábado, el día de reposo, ¿se permite hacer el bien o el mal?, ¿salvar la vida o quitarla?

92. Si uno de ustedes, en el día de reposo, viese a un animal atrapado en un hoyo profundo, ¿no haría todo esfuerzo hasta rescatarlo? ¿No son las vidas humanas más valiosas que la de un animal?

93. Y si ustedes utilizan los sábados para hacer ceremonias y observar leyes religiosas, ¿cómo es que me critican porque sano en el día de reposo? Mi Padre trabaja todos los días y yo también.

94. ¿No han leído que cuando el rey David y sus soldados tuvieron hambre entraron al templo y comieron del pan santo reservado para los sacerdotes, un acto prohibido por las leyes religiosas? ¿No saben que cuando los sacerdotes trabajan los sábados en el templo profanan el sábado, y sin embargo son contados inocentes? Ahora uno ha llegado a ustedes que es más grande que el templo. Les digo la verdad: soy Señor incluso del sábado.

95. Si ustedes supieran lo que significa esto: «Prefiero más la misericordia que el sacrificio», no condenarían a los inocentes. El día de reposo fue establecido para el beneficio de las personas, no para esclavizarlas.

96. ¿No fue Moisés el que les dio la ley del Antiguo Testamento? Sin embargo, ninguno de ustedes cumple con toda la ley. No piensen que yo los voy a acusar delante del Padre. El que los va a acusar es Moisés, en quien ustedes han puesto su esperanza. Porque si le creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque él escribió sobre mí. Pero si no creen lo que Moisés escribió, ¿cómo creerán lo que yo les digo?

97. Repito, traten de entender lo siguiente: deseo misericordia y no sacrificios religiosos.

98. ¿Cómo describiré a los religiosos? Son como niños sentados en la plaza que juegan gritando a sus amigos: «Tocamos la flauta y ustedes no bailaron ni cantaron. Cantamos canciones fúnebres, pero ustedes rehusaron llorar».

99. Juan el Bautista vino y vivió con austeridad, sin beber vino y ayunando mucho. Todos dijeron: «Debe de tener un demonio». Yo vine gozándome plenamente la vida, bebiendo vino y disfrutando la comida, y todos dijeron: «¡Es un bebedor de vino y glotón, amigo de traidores y pecadores!». Pero ¿acaso tiene sentido que estén ayunando los que están en una boda y acompañando al que se está por casar? Una vez que no estén más con el novio, entonces sí ayunarán. Pues los que se manejan con sabiduría son justificados por la sabiduría.

100. Mira, el Antiguo Testamento termina con la enseñanza de Juan el Bautista. Desde ese entonces, se predica el Reino de Dios y todos deben esforzarse por entrar en él.

101. Cuando la gente salió al desierto a ver a Juan el Bautista, ¿qué esperaba encontrar? ¿Una persona débil que se podía manipular? ¿Qué querían ver? ¿A alguien vestido con ropa fina? Mira, los que se visten así sirven al sistema. Pero ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo que Juan era un profeta y aún más.

102. De él hablaba la profecía antigua que mencionaba que habría un mensajero que prepararía el camino para el Escogido de Dios. Y si lo pueden aceptar, Juan era el «Elías» que iba a venir y, aun así, le hicieron maldad.

103. Porque Juan vino a mostrar el camino de la justicia y, sin embargo, los líderes religiosos no le creyeron. Las prostitutas y los traidores sí le creyeron; pero incluso cuando los líderes religiosos vieron eso, no se arrepintieron después para creerle.

104. Les digo la verdad: de todas las personas que han nacido físicamente, no hay nadie más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, la persona menos importante en el Reino de Dios es aún más importante que él.

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105. Desde el tiempo de Juan el Bautista hasta ahora, al Reino Celestial se entra con gran esfuerzo, ¡y solo los que se esfuerzan se apoderan de él!

106. El Reino Celestial es como un tesoro que yace enterrado en un campo. Un día, un hombre lo descubre. Inmediatamente, lo vuelve a cubrir y gozosamente vende todo lo que posee (considerándolo un pequeño sacrificio) para poder comprar el campo en donde está enterrado el tesoro.

107. Sí, el Reino Celestial es como el comerciante que pasa su vida buscando la perla perfecta. Cuando finalmente la encuentra, vende todas sus posesiones y la compra.

108. El que tenga oídos que escuche lo que digo. A los que me siguen se les ha otorgado el conocer los misterios del Reino Celestial, pero a los demás se les habla en parábolas y alegorías. Ellos escuchan pero no entienden, miran pero no ven.

109. El Reino Celestial es como un agricultor que esparció semilla en sus campos. Aunque el proceso siempre permanece como un misterio para él, las semillas continúan brotando y creciendo sin necesitar su ayuda. La tierra hace crecer las semillas. Primero brota el tallo de la tierra, luego aparecen las espigas de trigo y luego los granos del trigo maduran. Finalmente el agricultor toma su hoz porque el tiempo de la cosecha ha llegado.

110. El Reino Celestial es como una semilla tan pequeña como la de mostaza que es sembrada en un campo y termina creciendo mucho más grande que las otras plantas del huerto, al punto de llegar a ser tan alta como un árbol; un lugar donde las aves pueden anidar y encontrar refugio.

111. Es como la pequeña porción de levadura que uno usa para hacer pan. Aunque esté mezclada con una gran porción de harina, fermenta toda la masa.

112. También se puede comparar con la red de un pescador que es echada al agua y recoge toda clase de peces. Cuando se llena, el pescador la arrastra hasta la orilla. Allí recoge en cestos los pescados buenos y desecha los malos.

113. Así será al final de esta época. Los ángeles vendrán y separarán a los malvados de los hijos de Dios y arrojarán a los malvados en el fuego: un lugar de sufrimiento y remordimiento.

114. Porque el Reino Celestial es como el campo de trigo del agricultor que sembró buena semilla. Una noche, mientras el agricultor dormía, su enemigo vino y sembró maleza entre el trigo y se fue. Cuando las primeras espigas de trigo brotaron de la tierra, apareció también la maleza.

115. Al ver esto, vinieron los trabajadores al agricultor y con voces angustiadas le dijeron: «Señor, ¿no sembramos buena semilla en su campo? ¿Cómo es que hay tanta maleza?».

116. El agricultor contestó: «Un enemigo ha hecho esto». «¿Quiere usted que la arranquemos?», preguntaron los trabajadores. «No», respondió el agricultor, «si arrancan la maleza, arrancarán sin querer parte del trigo también. Déjenlos crecer juntos hasta el tiempo de la cosecha; y al tiempo de la siega les diré a los segadores que recojan primero la maleza y la aten en manojos para quemarla. Luego, recogerán el trigo y lo pondrán en mi granero».

117. Esta es la explicación: el que sembró la buena semilla soy yo. El campo es el mundo. La buena semilla representa a los hijos del Reino Celestial, mientras que la maleza representa a los hijos del malvado. El enemigo que sembró la maleza es el diablo. La cosecha es el fin del mundo y los segadores son los ángeles.

118. Así como la maleza fue recogida y quemada en el fuego, así también será al final de esta época. Yo mandaré a mis ángeles y ellos recogerán a todos los que causan tropiezo y a aquellos que viven en desobediencia, y los echarán fuera de mi reino a padecer en un lugar de lamento y tormento.

119. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. Si tienen oídos para oír, entonces escuchen mi mensaje.

120. Todo reino que está dividido contra sí mismo está perdido; y toda ciudad u hogar dividido contra sí mismo finalmente fracasará. De la misma manera, si Satanás pelea contra Satanás, contra sí mismo está dividido. ¿Cómo, pues, podrá su reino permanecer por largo tiempo?

121. Uno no puede robar a Satanás sin primero atar a Satanás. Se me acusa de echar demonios por el poder de Satanás; pero si yo echo fuera los espíritus malvados y hago señales y prodigios por el poder de Satanás, entonces, ¿qué poder usan los religiosos que me acusan cuando ellos hacen lo mismo? Que sean ellos sus propios jueces.

122. Sin embargo, si yo expulso los espíritus malvados por medio del Espíritu de Dios, entonces es prueba de que el Reino de Dios ya ha venido a ustedes.

123. ¿Entienden ustedes estas cosas? Les aseguro que una persona estudiosa que es enseñada bien en cuanto al Reino Celestial, será como el dueño de una casa que sabe cómo aprovechar bien sus pertenencias de valor, sean viejas o nuevas.

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124. El que proclama su propia ideología lo hace para obtener honor para sí mismo. Pero el que trabaja para la gloria y honor de aquel que lo envió es verdadero y no hay ninguna falsedad en él. Y yo no descendí del Cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad del Padre, quien fue el que me envió.

125. Yo no busco mi propia grandeza; pero hay uno que busca exaltarme. Él es el juez de aquellos que me rechazan.

126. La ley de ustedes declara que el testimonio de dos testigos es verdadero. Por consiguiente, yo doy testimonio de mí mismo. Aunque en realidad, las obras que el Padre me dio para que yo cumpliese, esas mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí y comprueban que el Padre me ha enviado. Además, el Padre, quien me envió, también da testimonio de mí. Sé que el testimonio que Él ha dado de mí es verdadero. Por eso, no busco aprobación de las autoridades terrenales.

127. Ustedes escudriñan las Escrituras porque piensan que en ellas encontrarán la vida eterna. ¡Sin embargo, ellas dan testimonio de mí y ustedes vacilan en venir a mí para que puedan recibir esa vida que buscan!

128. El que quiera hacer la voluntad de Dios muy fácilmente descubrirá si mis enseñanzas son de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.

129. El Padre, quien me envió, me ha ordenado qué decirles. Yo sé que sus palabras conducen a la vida eterna; así es que, todo lo que Él me ordena decir, lo digo. El mensaje que les comunico no es mío, sino que procede del Padre quien me ha enviado.

130. Dios mismo ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca vieron Su apariencia ni oyeron Su voz. Tampoco permanece Su palabra dentro de ustedes porque rehúsan creer que fui enviado a ustedes con el mensaje de Dios.

131. Si permanecen en mis enseñanzas, serán mis verdaderos seguidores, conocerán la verdad y la verdad los hará libres. Les digo esto a fin de que puedan ser salvos.

132. Les aseguro que los que crean en mí harán las mismas obras que yo hice. Es más, ya que estoy con mi Padre, ellos harán cosas aun mayores.

133. Porque esta es la voluntad de Dios, quien me ha enviado: que los que me vean y confíen en mí tengan vida eterna; y si confían en mí yo los levantaré en el día postrero. ¿Creen al Hijo de Dios? Es él quien les habla.

134. ¿Acaso no dicen las Escrituras «ustedes son dioses»? Si las Escrituras, que no han cambiado, dicen que Dios dijo eso, entonces ¿por qué pensarían que está mal que yo diga que soy «el Hijo de Dios»? ¡Yo soy el que el Padre ha consagrado y enviado al mundo!

135. Yo soy el camino, la verdad y la vida; ¡nadie llega al Padre si no es por mí! Para esto nací, y por este propósito vine al mundo: para dar testimonio a la verdad. Todos los que aman la verdad aceptan mi mensaje.

136. Si alguno oye mis palabras y no cree, yo no le juzgo, porque yo no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. Sin embargo, les advierto, que los que me rechazan y no aceptan mis enseñanzas rendirán cuentas. El mensaje que he hablado será su juez en el último día.

137. Cualquiera que oye mis palabras y las practica es sabio como el hombre que cavó profundamente y construyó su casa en un fundamento hecho de piedra. Descendieron las lluvias, se levantaron inundaciones y vientos fuertes azotaron contra la casa, pero esta lo resistió porque estaba fabricada sobre roca sólida. Pero cualquiera que escucha mis palabras y no las practica es como el hombre insensato que fabricó sobre un cimiento hecho de arena. Cuando descendieron las lluvias y se levantaron inundaciones, los vientos fuertes azotaron contra la casa y se desmoronó el fundamento. La casa se desplomó y grande fue su destrucción.

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138. Cuídense de los falsos maestros que vienen a ustedes disfrazados de ovejas, porque por dentro son lobos feroces.

139. Apártense de ellos, porque son ciegos que guían a otros ciegos. Si fuesen completamente ciegos, no tendrían culpa. Pero como ellos mismos dicen poder ver, siguen en su pecado.

140. Así que, tengan cuidado con la doctrina de los líderes religiosos. Ellos asumen la posición de instructores espirituales. Obedezcan lo que les manden hacer pero no sigan su ejemplo, porque ellos no practican lo que predican.

141. Ellos imponen reglas muy pesadas para los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para ayudar a las personas a las cuales se las imponen.

142. Les aseguro que salvo que la justicia de ustedes exceda la justicia de los líderes del sistema religioso, no entrarán jamás al Reino Celestial. Así que, cuídense de la hipocresía religiosa. Porque no hay nada escondido que no saldrá a la luz.

143. Todo lo hacen para que la gente los vea. Se visten de tal manera para que los demás los vean como muy piadosos. Les encantan los lugares de honor en las fiestas y los mejores asientos en las congregaciones religiosas. También les gusta que la gente los salude en público y con títulos de respeto como «Maestro», «Doctor», «Profesor», «Reverendo», etc.

144. ¡Ay de ustedes, líderes hipócritas del sistema religioso! Obstruyen las puertas al Reino Celestial, ocultando el conocimiento y cerrando el paso a los que verdaderamente desean entrar. Ustedes mismos no quieren entrar y, encima, obstaculizan el camino para los que sí quieren hacerlo.

145. Ustedes, los líderes religiosos, ignoran los mandamientos de Dios y se aferran a tradiciones humanas. Por ejemplo, se enfocan en mejorar su apariencia y no se dan cuenta que por dentro son inmundos, llenos de avaricia y maldad. ¡Necios! ¿No ve Dios lo de adentro también como lo de afuera?

146. Escúchenme todos y presten atención: No hay nada externo que los pueda contaminar espiritualmente. Lo que los contamina es lo que sale desde su interior. ¿Acaso no pueden entender esta verdad? ¿No se dan cuenta de que lo que comen no los puede contaminar? No entra a su corazón sino a su vientre, y luego lo desechan en la letrina.

147. Pero lo que contamina a una persona es lo que sale desde adentro hacia afuera. Porque es del corazón que salen los malos pensamientos, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, la avaricia, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, los homicidios, la maledicencia, la arrogancia y la irracionalidad. Todas estas maldades salen del interior y son las cosas que contaminan a las personas.

148. Así que, limpien lo de adentro si quieren ser limpios. De hecho, ¡den sus bienes materiales a los necesitados y todo empezará a serles limpio!

149. Ustedes invalidan lo que Dios manda para guardar las tradiciones que ustedes inventaron. Por ejemplo, Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «El que maldiga al padre o la madre, que muera sin piedad». Pero ustedes enseñan que la gente se puede excusar de ayudar a sus padres si da sus recursos como una «ofrenda a Dios». Con este argumento, ustedes justifican a los demás en no ayudar a sus padres y, así, anulan la palabra de Dios con las tradiciones que ustedes enseñan. También hacen otras cosas similares.

150. ¡Hipócritas! Isaías estaba en lo cierto cuando profetizó de ustedes diciendo: «Estas personas se acercan a mí de boca y me honran con sus labios, pero sus corazones están lejos de mí. En vano me adoran, porque las doctrinas que enseñan son reglas hechas por los hombres».

151. Escrito está: «Mi casa será una casa de oración». ¡Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones! ¡Dejen de convertir la casa de mi Padre en un mercado!

152. Ustedes presionan a los pobres en darles su dinero y pertenencias, y para parecer justos, hacen largas oraciones delante de la gente. Por eso ustedes recibirán un mayor castigo.

153. ¡Ay de ustedes, líderes religiosos! ¡Hipócritas! Recorren tierra y mar para evangelizar y convertir a la gente a su religión, y cuando lo han logrado la hacen dos veces más merecedora del infierno que ustedes mismos.

154. Ustedes saben que no deben jurar falsamente, sino cumplir con sus juramentos. ¡Pero ay de ustedes, guías ciegos, que tratan de esquivar el compromiso de sus juramentos por medio de un enfoque legalista! Si uno juró por el templo, dirán que no está obligado a cumplir con su juramento. Pero si juró por el oro del templo, dirán que sí. ¡Qué estupidez! ¿Qué es más importante: el oro o el templo que santifica el oro? Ustedes tienen muchas otras excusas. Pero les digo que el que jura por el oro, la ofrenda o cualquier otra cosa está también jurando por Dios, porque todo le pertenece.

155. Por eso, a los que me siguen les digo que no juren por ninguna razón. No juren por el Cielo, por la tierra, por una ciudad ni aun por sus propias vidas, porque todo le pertenece a Dios. Más bien, cuando digan que sí, que sea sí; y cuando digan que no, que sea no. Cualquier cosa que quieran agregar a esto es malvado.

156. Ustedes, los líderes religiosos, se enfocan en temas como los diezmos, al mismo tiempo que no practican los asuntos más importantes de las Escrituras: la justicia, la misericordia y la fe. Ustedes se deberían ocupar de esas cosas sin excusarse de otras. ¡Son guías ciegos que cuelan el mosquito mientras se tragan un camello!

157. ¡Ay de ustedes, líderes del sistema religioso! ¡Hipócritas! Son semejantes a los sepulcros blanqueados que se muestran hermosos por fuera, pero por dentro están llenos de muerte y podredumbre. De la misma manera, por fuera se presentan como justos delante de la gente, pero por dentro están llenos de hipocresía y desobediencia.

158. Yo los conozco y sé que ustedes no aman a Dios. Yo vine en el nombre de mi Padre y ustedes no me reciben. Cuando otro viene promoviéndose a sí mismo, a ese ustedes sí reciben. ¿Cómo pueden creer ustedes cuando quieren ser respetados entre ustedes mismos en vez de buscar el verdadero honor que viene de Dios?

159. ¿Saben por qué no entienden ustedes mi mensaje? Es porque no pueden tolerar mis enseñanzas. Yo digo la verdad y es por eso que ustedes no me creen. ¿Quién de ustedes me puede acusar de un pecado? Pero si digo la verdad, ¿por qué no me creen?

160. El que es de Dios le hace caso a lo que Dios dice; pero ustedes no prestan atención a mi mensaje porque ustedes no son de Dios.

161. ¡Qué terrible es cuando la gente habla bien de ustedes y los respeta, porque así siempre les fue a los falsos profetas! El mundo no los odia a ustedes, pero a mí me odian porque yo doy testimonio de que sus obras son malas.

162. Ustedes se justifican a sí mismos delante de sus congregaciones, pero Dios conoce sus corazones; y lo que es grandemente estimado por el hombre es repulsivo delante de Dios. ¡Satanás es el que tiene la mirada en las cosas humanas y no en las cosas de Dios!

163. ¡Ay de ustedes, líderes del sistema religioso! Les hacen monumentos a los profetas del pasado y dicen: «Si hubiéramos vivido en la época de nuestros padres, no hubiéramos perseguido a los justos». Con esto ustedes dan testimonio de que son hijos de los que asesinaron a los profetas, ¡y ustedes aun superan las obras de sus padres!

164. Si su padre fuese Dios, ustedes seguramente me amarían; porque yo vine y salí de Dios, y no vine por mi propia cuenta sino que Él me envió.

165. Pero ustedes son hijos del diablo. Por eso tienen los mismos deseos que él y hacen las obras de su padre. Él fue homicida desde el principio y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla lo que le viene naturalmente, porque es mentiroso y el padre de las mentiras.

166. Si ustedes son víboras y están llenos de maldad, ¿cómo pueden hablar algo bueno? ¿No saben que todo lo que está en su corazón saldrá por su boca? Les aseguro que en el día del juicio tendrán que rendir cuentas por cada palabra que hayan hablado en vano. Y por medio de sus palabras serán justificados o condenados.

167. ¡Serpientes! ¡Generación de víboras! ¿Cómo van a escapar de la condenación del infierno? Miren, yo les enviaré creyentes verdaderos para que testifiquen en contra de ustedes. Ustedes matarán y torturarán a algunos de ellos; a otros los castigarán en sus edificios religiosos y los perseguirán de pueblo en pueblo. Así recaerá sobre ustedes la culpa de toda la sangre justa que ha sido derramada sobre la tierra, desde la muerte de Abel hasta la del creyente verdadero más reciente. Les aseguro que todo esto vendrá sobre los que defienden este sistema religioso.

168. Pueblo religioso, tú que has matado a los profetas y has apedreado a aquellos que te he enviado, ¡cuántas veces he deseado juntar a tus hijos como una gallina junta a sus polluelos bajo sus alas! ¡Pero no quisiste! Mira, tu casa ha quedado desolada y no me verás más hasta que puedas decir: «Bendito es el que viene en el nombre del Señor».

169. ¡Si tan solo hubieras sabido, en tu día, lo que se necesitaba para tu paz! Pero ahora está escondido de tus ojos. El día vendrá cuando tus enemigos cavarán trincheras alrededor de tus murallas y te rodearán. Te echarán a tierra y a tus hijos contigo, y no dejarán una piedra sobre otra, todo porque fallaste en no reconocer el tiempo señalado de tu visitación.

170. Escuchen esto: Hubo un propietario que plantó un viñedo y en los terrenos construyó un lagar. Luego puso una cerca alta alrededor de la propiedad y erigió una torre de observación. Más tarde, la rentó a unos labradores y se fue de viaje a un país lejano. Cuando se acercó el tiempo de la cosecha, el propietario envió a sus siervos a encontrarse con los labradores para recoger sus ganancias. Pero los labradores emboscaron a los siervos; golpearon a uno, mataron a otro y al tercero lo echaron fuera a pedradas.

171. Por segunda vez, el propietario envió a otros siervos a recoger la parte que le correspondía, y estos se encontraron con la misma suerte. Finalmente, el dueño envió a su único hijo pensando: «Por lo menos respetarán a mi propio hijo». Pero cuando los labradores vieron que el hijo se acercaba, tramaron entre ellos: «Este es el heredero. Si lo matamos, su herencia será nuestra». Así pues, lo agarraron, lo tiraron fuera del viñedo y lo mataron.

172. Ahora, cuando el dueño finalmente regrese, ¿qué piensan ustedes que le hará a los labradores? Les aseguro que los destruirá y dará el viñedo a otras personas.

173. ¿No han leído que «la piedra que los constructores rechazaron vino a ser la piedra angular; esta es la obra de Dios y es maravilloso a nuestros ojos»? Cualquiera que caiga sobre esta piedra será quebrantado por su verdad, pero sobre quien esta piedra caiga lo pulverizará.

174. Les digo la verdad, el Reino de Dios se les quitará a ustedes que oyen y no hacen nada y le será dado a gente que trabaje en producir buenos frutos.

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175. Te darás cuenta de quién es un verdadero seguidor mío y quién es falso por los frutos en su vida.

176. ¿Recoges uvas de los espinos o higos de entre las zarzas? No. El árbol es conocido por su fruto. De la misma manera, todo árbol bueno produce fruto bueno y todo árbol malo produce solamente fruto malo. Un árbol bueno no puede producir fruto malo; tampoco un árbol malo produce fruto bueno.

177. Yo soy el verdadero árbol bueno y mi Padre es el que lo cuida. Toda rama que en mí no produce fruto, mi Padre la quitará; y toda rama que produce fruto, la podará para que sea más fructífera.

178. Permanezcan ustedes en mí y yo en ustedes. Así como la rama no puede producir fruto por sí misma si está fuera del árbol, tampoco ustedes podrán producir buenos frutos si no permanecen conmigo. Yo soy el árbol y ustedes son las ramas; así que, si permaneces en mí, producirás mucho fruto. Pero separado de mí no podrás hacer nada.

179. El que no permanece en mí será cortado del árbol y se secará. Ya sabes que las ramas secas se recogen y se echan al fuego y arden.

180. Les digo la verdad, todo árbol que mi Padre Celestial no haya plantado será arrancado desde la raíz. Y les advierto que cualquier árbol que produce malos frutos será cortado y usado como leña para el fuego.

181. Así que, presten atención a los frutos en la vida de cada persona porque por medio de ellos ustedes serán capaces de distinguir entre quién me sigue y quién no.

182. Ustedes no me eligieron, sino que yo los elegí a ustedes para que vayan y produzcan frutos. Quiero que sus frutos sean duraderos para que cualquier cosa que pidan a Dios en mi nombre, les sea concedido.

183. Un hombre plantó una higuera en su viñedo. Por tres años esperó que esta diera fruto, pero no dio ninguno. Finalmente, dijo al viñador encargado de la higuera: «Por tres años he venido, cada año esperando ver fruto en esta higuera, pero aún no ha dado fruto. ¿Por qué he de mantenerla ocupando espacio en mis tierras? Córtala y tírala abajo». Pero el viñador le respondió: «Déjala un año más; voy a cavar alrededor de ella y abonarla. Si luego da fruto, bien; y si no, entonces harás bien en cortarla y echarla abajo».

184. Ustedes son la sal que conserva y nutre la tierra. Pero si la sal llega a perder su sabor, ¿cómo podrá volver a ser salada? No sirve para nada, sino solamente para ser tirada y pisoteada. Es más, ¡no sirve ni para el estiércol!

185. Cuando sus vidas producen fruto, mi Padre es glorificado y ustedes son mis verdaderos discípulos. Porque una persona buena produce el bien de lo bueno que atesora adentro, mientras que una persona perversa de la maldad que lleva en su corazón produce una vida malvada. Entonces, sean un árbol bueno con buenos frutos o sean un árbol malo con malos frutos. Porque el árbol se conocerá por su fruto.

186. Un agricultor fue a su campo a sembrar. Mientras sembró, algunas de las semillas cayeron a la orilla del camino y las aves descendieron y se las comieron.

187. Algunas semillas cayeron en lugares pedregosos, donde no había mucha tierra. Brotaron rápidamente en la tierra de poca profundidad, pero careciendo de raíz, fueron quemadas por el sol y se marchitaron.

188. Algunas de las semillas cayeron entre espinos y los espinos crecieron y las ahogaron y no dieron fruto. Pero algunas de las semillas cayeron en buena tierra y rindieron una buena cosecha. Algunas se multiplicaron ciento por ciento, otras a sesenta y algunas a treinta. ¡Presten atención!

189. Este es el significado de la parábola: la semilla representa el mensaje divino, y el agricultor es el que siembra la palabra.

190. Cuando uno escucha mi mensaje sobre el Reino Celestial y no lo entiende, el diablo viene y roba la semilla que fue sembrada en el corazón, para que no crea y sea salvo. Esto es representado por la semilla que cayó sobre la orilla del camino.

191. La semilla que fue esparcida en tierra pedregosa representa a la persona que oye el mensaje y lo acepta con entusiasmo, pero no está arraigada por una convicción interna. La experiencia dura por un tiempo; pero cuando se presentan dificultades, rechazo o persecución debido a su decisión de practicar el mensaje, tropieza y se aparta.

192. La semilla que fue sembrada entre los espinos representa a la persona que escucha mis enseñanzas pero es ahogada por los quehaceres y placeres de este mundo, el engaño de las riquezas y el deseo de acumular más cosas. Como resultado, su vida no produce el fruto que Dios busca.

193. La semilla que cayó en tierra buena representa a las personas que son sinceras y escuchan mis enseñanzas, entienden su mensaje y perseveran en ponerlo en práctica. Sus vidas rendirán una cosecha abundante: unos treinta, sesenta o cien veces más que aquello que se plantó.

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194. ¿Quién de ustedes, habiendo planeado construir un edificio, no se sienta primero y calcula el costo, a fin de asegurarse de que tiene suficiente dinero para terminarlo? De otro modo, puedes echar el cimiento y luego ser forzado a abandonar el proyecto. Aquellos que han estado observando tu progreso se burlarían de ti diciendo: «Él comenzó a construir pero ahora está en bancarrota».

195. ¿Pueden imaginarse ustedes a un gran rey que se prepara para defender su reino contra una armada invasora, sin primero sentarse con sus consejeros militares para considerar si su ejército de diez mil es capaz de derrotar la fuerza de veinte mil del enemigo? Si sus consejeros no ven la oportunidad de victoria, el rey rápidamente enviará a sus embajadores a encontrarse con el enemigo que se acerca para intentar negociar paz antes que comience la batalla.

196. Por eso, te digo: haz las paces con tu adversario mientras todavía tengas oportunidad, no sea que tu adversario te lleve a juicio y seas declarado culpable y echado en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de ahí hasta que hayas cumplido toda tu condena.

197. Ahora, estas son las condiciones para seguirme: El que no deteste a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos o hermanas, y el que no deteste su propia vida, no puede ser mi discípulo.

198. Es más, el que no renuncia a todas sus pertenencias no puede ser mi discípulo.

199. Los zorros tienen cuevas y las aves nidos, pero yo no busqué tener un lugar propio donde recostar mi cabeza. No obstante, les digo la verdad: todos los que dejen su casa, padre, madre, hijos, hermanos o tierras por causa de mí y de mi mensaje recibirán mucho más en esta misma vida, hasta cien veces más. Recibirán también persecuciones, pero les aseguro que tendrán la vida eterna.

200. No piensen que vine a traer paz sobre la tierra. No vine a traer paz sino división que corta como una espada. Vine a echar fuego sobre la tierra, ¡y cómo quiero que ya se encienda!

201. Vine a traer contienda entre hijos y padres, hijas y madres, nueras y suegras. En una familia de cinco, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Es más, a causa de mí, tus peores enemigos serán los de tu propia casa.

202. Porque les aseguro que ningún profeta es aceptado en su propia tierra, entre sus parientes y en su casa. A mí también me dijeron: «Escuchamos que hiciste grandes cosas en otros pueblos, hazlas aquí también en tu propia tierra». Pero en la época del profeta Elías, cuando no caía lluvia y había una gran hambruna en toda la tierra, existían muchas viudas necesitadas entre la gente de su pueblo; no obstante, él fue enviado a ayudar a una extranjera. Lo mismo pasó con el profeta Eliseo. En su propio pueblo existían muchos leprosos, pero Eliseo ayudó a un extranjero.

203. Así que, deja que los muertos entierren a sus muertos. ¡Sígueme y anuncia el Reino Celestial!

204. Si amas a tu padre, madre, hijos, esposa o hermanos más que a mí, no eres digno de mí. Y si no tomas tu cruz y sigues detrás de mí, no eres digno de mí. Porque si quieres seguirme, tienes que negarte a ti mismo, tomar tu cruz cada día y seguirme de verdad.

205. El que ama su vida y la quiera salvar, la perderá; pero el que deteste su vida en este mundo y el que pierda su vida por mi causa, la salvará.

206. Te digo la verdad: salvo que el grano de trigo caiga a la tierra y muera, no se reproduce; pero si muere, produce mucho fruto.

207. Un discípulo no es superior a su maestro. Pero cualquier discípulo que haya completado su entrenamiento será como su maestro. Ahora, este es el trabajo que Dios quiere que hagas: que confíes plenamente en mí.

208. Si me quieres servir, entonces sígueme; porque donde sea que yo esté, allí también estarán mis seguidores. Te aseguro que cualquiera que trabaje para mí, recibirá honor de parte de mi Padre. Pero el que decide trabajar para mí y luego cambia de idea, queriendo volver a su vida anterior, no es apto para el Reino de Dios.

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El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


209. ¡Vengan a mí, todos los que están cansados, trabajados y agotados, y yo les daré el descanso! Sean mis siervos y aprendan de mí. Yo soy manso y tengo un corazón humilde. Al fin encontrarán descanso para sus almas, porque mi carga es liviana y el servicio que les pido hacer es fácil.

210. Pero no todo el que dice ser mi siervo lo es. No todo el que me llama «Señor» con la boca entrará en el Cielo, sino solamente aquellos que hacen la voluntad de Dios. ¿Por qué dicen que soy su «Señor» si no hacen lo que yo les digo?

211. En el día del juicio muchos vendrán a mí y me dirán: «Señor, ¿no profetizamos en tu nombre? ¿No echamos demonios en tu nombre? ¿Acaso no hicimos muchos milagros en tu nombre?». Pero yo les voy a responder: «¡Nunca los conocí a ustedes! ¡Aléjense de mí, ustedes que pasaron su vida haciendo maldad!».

212. Muchos se quedarán fuera del Cielo llorando. Golpearán la puerta y dirán, «Señor, ábrenos la puerta y déjanos entrar». Pero yo contestaré: «No sé de dónde vienen ustedes». Entonces empezarán a decir: «Escuchamos tu mensaje en las plazas y aun comimos y bebimos en tu presencia». Pero yo contestaré: «No sé de dónde son ustedes. ¡Apártense de mí todos los que vivieron fuera de mi voluntad!».

213. Entonces esas personas llorarán y crujirán los dientes cuando vean a todos los que fueron fieles a Dios entrar al Cielo, mientras ellas mismas quedan excluidas. En ese día habrá gente de todos los diferentes lugares del mundo que vendrán y se sentarán a la mesa para disfrutar del Reino de Dios; pero algunas personas que supuestamente eran parte del Reino se quedarán afuera. Porque hay gente que es despreciada ahora que será considerada importante después; y gente que es considerada importante ahora que no lo será después.

214. Un rey organizó la boda de su hijo, el príncipe. Envió a sus siervos a las provincias de su reino a llamar a los que habían sido invitados a la boda, pero los invitados rehusaron venir.

215. Así, pues, el rey envió a sus siervos diciendo: «Díganle a los invitados de la boda que he preparado un gran banquete. He matado mis bueyes y mejores reses, y todo está preparado. Vengan a la boda». Pero los súbditos tampoco hicieron caso a esta invitación, sino que empezaron a excusarse.

216. Uno le dijo: «He comprado una casa y necesito verla; te ruego que me excuses». Otro se excusó diciendo: «He comprado ganado y necesito probarlos; te ruego que me excuses». Aún otro le dijo: «Acabo de casarme y por eso no puedo ir». Así se fueron, unos a sus fincas y otros a sus negocios. Incluso, algunos que quedaron echaron mano a los siervos del rey y los golpearon hasta matarlos.

217. Cuando el rey supo lo que había sucedido, se enfureció. Inmediatamente envió a los soldados de su corte. Estos apresaron a los asesinos y los ejecutaron y quemaron sus casas hasta el polvo.

218. Entonces el rey dijo a sus siervos: «La boda está lista, pero aquellos invitados no eran dignos de venir. Vayan entonces y encuentren personas en las esquinas de las calles y en el camino fuera de la ciudad e invítenlos a la celebración de la boda. Presiónenlos para que vengan, porque quiero que mi casa esté llena».

219. Agregó el rey: «Inviten también a los pobres, los discapacitados y los ciegos. Pero ninguno que fue invitado antes podrá venir ahora».

220. Así, los servidores del rey fueron a las esquinas de las calles de la ciudad. Luego fueron a los caminos e invitaron a todos los que encontraron, malos y buenos; y la sala de la boda se llenó de huéspedes.

221. Pero cuando el rey vino a ver a sus huéspedes, se quedó asombrado al ver a uno comer sin vestir el traje de bodas. Le preguntó: «¿Cómo es que tú has venido a la fiesta sin tu traje de bodas?». Pero el hombre no pudo responder. Entonces el rey dijo a sus sirvientes: «Aten a este hombre de pies y manos. Llévenlo y échenlo en la oscuridad, donde hay lágrimas de remordimiento y pesar». Porque les digo que muchos son invitados pero pocos aceptados.

222. El siervo que hizo cosas dignas de castigo, sin saber que eran contra la voluntad de su amo, recibirá un castigo liviano. Pero aquel que supo la voluntad de su señor y no se preparó ni cumplió con la voluntad de su amo será castigado severamente. Porque al que se le haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

223. Así que, si un siervo dice en su corazón: «mi señor demora en venir» y empieza a maltratar a los demás siervos y a enfocarse en cosas mundanas como comer, beber y embriagarse, el señor de ese siervo lo descubrirá justo cuando no se lo espera y lo castigará severamente, dándole el mismo castigo que recibirán los incrédulos e hipócritas.

224. Pero ¿quién de ustedes que tiene un siervo que trabaja en la granja, al terminar su trabajo, le dice: «Ven, siéntate a la mesa y yo te serviré»? ¿No le dice más bien: «Prepárame la cena. Sírveme hasta que yo haya terminado de comer y luego come tú»?

225. ¿Acaso el siervo merece un aplauso por haber hecho lo que se le mandó? Creo que no. De la misma manera, cuando hayas cumplido con todo lo que te estoy mandando hacer, simplemente di: «Soy un siervo inútil, pues hice solamente lo que debía haber hecho».

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226. Yo soy el buen pastor. Conozco a mis ovejas y ellas me conocen; así como el Padre me conoce y yo lo conozco a Él. Yo doy mi vida por las ovejas.

227. Mis ovejas escuchan mi voz. Les aseguro que yo las conozco y me siguen. A ellas les doy la vida eterna. Nunca serán destruidas, ni nadie podrá arrebatarlas de mi mano. Mi Padre, quien me las dio, es más grande que cualquier gobierno o poder, y no hay fuerza que sea capaz de arrancar de sus poderosas manos ni aun a la más pequeña de mis ovejas.

228. Hay otras ovejas que todavía no están en el redil. Tengo que congregarlas a ellas también. Ellas escucharán mi voz y habrá un solo redil y un solo pastor.

229. El que entra por la puerta al redil es el pastor de las ovejas. A él el portero le abre la puerta y las ovejas reconocen su voz. Él las llama individualmente por nombre y las saca afuera. Una vez que él ha sacado a sus propias ovejas, él va al frente de ellas. Ellas lo siguen porque reconocen su voz. Ellas no seguirán a un desconocido, porque no le prestan atención a los que suenan diferente a su pastor.

230.Repito, yo soy el buen pastor y doy mi vida por las ovejas. El que cobra un salario por cuidar a las ovejas no es en verdad un pastor. No cuida de las ovejas como si fueran suyas porque lo que le interesa es el dinero, no el bienestar de las ovejas. Cuando ve venir al lobo, el asalariado sale corriendo y deja a las ovejas desamparadas. El lobo las ataca y ellas se dispersan en todas direcciones.

231. El que entra por la puerta es el verdadero pastor de las ovejas. Pero los que intentan entrar al redil por otro medio son nada más que ladrones y saqueadores. Tales eran los que vinieron antes que yo, pero las ovejas no los reconocieron ni los siguieron.

232. De hecho, yo soy la puerta. Entren por esta puerta y serán salvos, libres para entrar y salir y encontrar alimento. Los ladrones vienen solamente a robar, matar y destruir; pero yo he venido para que puedan tener la verdadera vida abundante.

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233. Si solo aman a los que los aman y solo hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tiene eso? Aun los impíos viven por esa regla. Y si son hospitalarios solo con sus amigos, ¿qué recompensa tendrán? Incluso los que viven desobedeciendo a Dios hacen eso.

234. Seguramente se les ha enseñado lo siguiente: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo». Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a aquellos que los maldicen, hagan el bien a los que los odian y oren por los que los desprecian y persiguen. Haciendo esto, serán hijos de su Padre Celestial porque Él hace que el sol se levante para los malos y los buenos, y envía lluvia a los justos y a los injustos.

235. ¿Recuerdan el dicho «ojo por ojo, diente por diente»? Pues yo les digo esto: No resistan al que es malo. En vez de eso, si alguien les pega en una mejilla, ofrézcanle también la otra; o si alguno los demanda y toma su abrigo, ofrézcanle también la camisa que llevan puesta; y si alguien los obliga a caminar un kilómetro, caminen ustedes dos.

236. Hagan con los demás como quisieran que se haga con ustedes. Al que te pida algo, dale; y no rehúses a los que te pidan prestado.

237. Ahora, si solo prestas cuando esperas recibir algún beneficio, ¿qué mérito tiene eso? Hasta los incrédulos prestan su dinero cuando creen que recibirán algo a cambio. Así que, presta sin esperar nada de ello. Es más, si te quitan lo que es tuyo, no se lo reclames. Así serás hijo del Altísimo ya que Él es bueno con los que le agradecen y con los que no.

238. Del mismo modo, cuando hagas una comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos que viven en comodidad; no sea que ellos te inviten a cenar a su casa y seas recompensado. En vez, cuando hagas alguna fiesta o comida especial, invita a los que tienen necesidad y serás bendecido, porque ellos no te pueden devolver el favor. De esa manera, recibirás la recompensa en la resurrección de los justos.

239. Así que, sean misericordiosos como su Padre lo es y busquen la perfección de Dios.

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262. Yo conozco sus obras y sé que ustedes no son ni fríos ni calientes. ¡Preferiría que sean de un lado o del otro! Pero si ustedes insisten en ser tibios y no quieren ser ni fríos ni calientes, los voy a vomitar de mi boca.

263. Porque ustedes piensan que son ricos, que han acumulado cosas de valor y que no tienen necesidad de ninguna cosa. Pero no se dan cuenta que son miserables, desgraciados, pobres y ciegos, y que se les puede ver su desnudez.

264. Por eso, yo les aconsejo que compren de mí el oro puro que es refinado en el fuego para que puedan ser ricos de verdad, y que consigan vestiduras blancas con cual vestirse para que ya no se descubra más su desnudez vergonzosa. De esa manera, les sanaré los ojos para que puedan ver con claridad.

265. Porque nadie puede trabajar para dos jefes opuestos, ya que amará a uno y odiará al otro, o será fiel a uno y hará trampa con el otro. Tienes que elegir entre trabajar para Dios y trabajar por las cosas materiales. No puedes trabajar para los dos. Además, está escrito: «Adorarás al Señor tu Dios y solo a Él servirás».

266. Por eso, te digo que no te preocupes por lo que tendrás que comer o con qué te vestirás. ¿Qué es más fácil: crear la vida o alimentarla? ¿Y qué le resultaría menos complicado a Dios: diseñar el cuerpo humano o proveerle ropa?

267. Mira las aves del cielo, ¡ellas no vuelan preocupadas! No trabajan para sustentarse ni guardan para el futuro, sino que tu Padre Celestial las alimenta.

268. ¿No se venden cinco gorriones pequeños por unas monedas? A pesar de esto, ni uno de ellos puede caer a tierra sin que tu Padre Celestial lo sepa. Así que, no tengas miedo. Vales mucho más que las aves. Aun los cabellos de tu cabeza han sido contados. ¿O no crees que eres de mucho más valor ante los ojos de Dios que las aves que Él cuida?

269. ¿Quién de ustedes puede, a través del ejercicio mental, añadir unos centímetros a su estatura? Si no puedes hacer lo mínimo, ¿por qué te preocupas por cosas como la ropa?

270. Mira las flores silvestres en el campo. Ellas crecen naturalmente, sin esfuerzo. No trabajan ni fabrican ropa. Sin embargo, ni siquiera el rey más rico en la historia, en toda su pompa y gloria, se vistió tan hermosamente como una de estas flores.

271. Ahora, si Dios cuida de eso que crece como pasto silvestre, que hoy existe y mañana se usa para el fuego, ¿no cuidará Él mucho más de ti? ¿Cómo es que confías tan poco en Dios?

272. Tampoco te preocupes por el día de mañana, porque el día de mañana traerá sus propios desafíos. Verdaderamente, cada día ya trae sus propias cosas con qué tratar, sin tener que estar ansioso por el futuro.

273. Por lo tanto, deja de preocuparte preguntándote: «¿Pero qué comeré? ¿Y qué beberé? ¿Tendré suficiente para vestirme?». De esa manera piensa toda la gente del mundo porque es incrédula. Pero tú entiende que tu Padre Celestial ya sabe que necesitas todas estas cosas y aún más. Por eso, te digo: ocúpate del Reino de Dios y su justicia como tu primera prioridad y verás que Dios proveerá todo lo que necesites.

274. Se dice que hay que esperar unos meses antes de cosechar. ¡Yo les digo que alcen los ojos y vean que la cosecha ya está lista! Hay una gran cosecha frente a ustedes, pero son pocos los que quieren trabajar en ella. Oren al Señor de la cosecha para que Él envíe más labradores a recogerla.

275. El que no está conmigo, está en contra de mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Pero el que trabaja conmigo y cosecha, recibe salario y recoge fruto para vida eterna.

276. Es parecido a cuando un propietario salió temprano una mañana a emplear trabajadores para su viñedo. Encontrando hombres diestros, acordó con ellos pagarles una moneda de plata por el día. Luego, los envió a su viñedo.

277. Más tarde esa mañana, cerca de las nueve, volvió al pueblo, y viendo en el mercado a un grupo de hombres desocupados les dijo: «Vayan a trabajar a mi viñedo y les pagaré algo justo».

278. Al mediodía, el propietario volvió al pueblo, y otra vez a las tres de la tarde; y en cada ocasión, reclutó a los desempleados para trabajar en su viñedo. Luego, cerca de las cinco de la tarde, volvió una vez más al pueblo. Allí encontró unos cuantos hombres que aún estaban desempleados. Les preguntó: «¿Por qué están ustedes aquí parados todo el día sin trabajar?». Ellos le contestaron: «Porque nadie nos ha contratado». Les dijo: «Vayan ustedes también a trabajar en mi viñedo y les daré lo que es justo».

279. Cuando cayó la tarde, el propietario dijo al mayordomo: «Llama a los trabajadores y dales su salario, empezando por los últimos hasta los primeros que contraté hoy».

xix280. los que habían sido reclutados temprano en la mañana se imaginaron que recibirían mucho más. Sin embargo, cuando cobraron, también recibieron una moneda de plata.

281. Inmediatamente, se quejaron al propietario diciendo: «Estos que fueron empleados al atardecer ni siquiera trabajaron una hora y usted les ha pagado a ellos el mismo salario. ¡Nosotros hemos hecho casi todo el trabajo durante las horas más calurosas del día!».

282. El propietario les contestó: «Amigos, no les he hecho nada malo. ¿No acordamos un salario de una moneda de plata? Así que, tomen lo que es suyo y sigan su camino. Yo he decidido pagar a los que contraté al final del día el mismo salario que a ustedes. ¿No tengo yo el derecho de hacer lo que me plazca con mi dinero? ¿Están llenos de envidia sus ojos porque ven que he sido generoso y bueno?».

283. Pero les digo que el que siembra comparte su alegría con el que cosecha. Porque esto es verdad: uno siembra y otro siega. Yo los envío a ustedes a cosechar lo que ustedes no habían sembrado. Otros hicieron el trabajo duro de preparar la cosecha y ahora ustedes disfrutan del labor de ellos.

284. Recuerden que algunos que son primeros ahora serán últimos después, y algunos que son últimos ahora serán primeros después. Porque Dios llama a muchas personas, pero de las que llama pocas terminan siendo elegidas.

285. Había una vez un noble que se preparaba para salir a un país distante para ser coronado como rey. Antes de salir, llamó a sus siervos y les encargó la administración de sus bienes para que hicieran negocios con las cuentas hasta que él volviera.

286. A uno le dio cinco cuentas, a otro le dio dos cuentas menores y a un tercero le dio una cuenta pequeña. Le dio responsabilidades a cada uno conforme con sus habilidades. Luego, se fue de viaje.

287. Mientras tanto, los otros ciudadanos, que odiaban al noble, mandaron a un grupo de representantes para decirle que no aceptarían que él reinase sobre ellos.

288. Sin embargo, el siervo encargado de las cinco cuentas comenzó inmediatamente a comprar y a vender, y muy pronto duplicó las inversiones y obtuvo diez cuentas.

289. El segundo socio hizo lo mismo. Invirtió las dos cuentas que se le habían confiado y también fue capaz de duplicar su valor.

290. Pero el tercer socio tuvo miedo. Puso los registros de su cuenta en una caja fuerte y la enterró en el campo.

291. Muchos meses más tarde, volvió de su viaje el noble, ahora como rey. Inmediatamente, reunió a sus siervos para que le dieran cuenta de la administración de su dinero.

292. El primer siervo dijo que él había invertido las cinco cuentas y ahora tenía diez. A esto, el rey dijo: «Has hecho muy bien y has sido fiel. Ya que has sido responsable con estas cinco cuentas, pondré muchas más a tu cargo y cosas más importantes bajo tu responsabilidad. Puedes empezar hoy mismo a gozar de estos privilegios».

293. Luego llamó al segundo siervo, quien le dijo: «Pusiste dos cuentas a mi cargo, ahora tengo cuatro». Esto hizo que el rey dijera lo mismo que había dicho al primer siervo: «Bien hecho. Tú has sido fiel en administrar dos cuentas menores. Te pondré a cargo de muchas más. Ve a tu labor con alegría».

294. Después se llamó al tercer siervo, quien dijo: «Sé que eres un hombre duro y que colectas ganancias del esfuerzo de otros. Tuve miedo de que me harías lo mismo, así que puse el dinero en una caja y la enterré, y la tuve allí hasta tu regreso. Aquí te devuelvo lo que es tuyo».

295. A esto, el rey contestó: «Tú eres un siervo malvado. Sabías que soy duro y todavía no hiciste nada. ¡Por lo menos, podrías haber puesto el dinero en el banco para que otros lo usaran y ganara intereses! Tomaré tu cuenta y la daré al siervo que ganó diez».

296. Otros siervos del rey se asombraron y dijeron: «Señor, él ya tiene diez cuentas». Pero el rey contestó: «Al que utiliza bien lo que tiene, se le dará más; pero al que es irresponsable y no usa sus talentos para mí, aun lo poco que tiene se le quitará».

297. Con esto el rey mandó a sus siervos: «Expulsen del reino a este siervo inútil, a un lugar de sufrimiento y pesadumbre; y traigan a esas personas que se hicieron mis enemigos y no quisieron que yo reinase sobre ellas, y mátenlas aquí delante de mí».

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240. Estén alertas y guárdense de todo tipo de materialismo, porque el valor de sus vidas no depende de tener abundancia material.

241. Pasó una vez que las inversiones de un hombre rico aumentaron grandemente en valor. Considerando sus bienes, pensó: «¿Qué haré con mis riquezas?». Y dijo: «Esto haré: destruiré mis almacenes viejos y construiré otros más grandes; allí almacenaré mis tesoros y ahorraré mis ganancias. Diré a mi alma: “Alma, tienes una fortuna que durará muchos años. Reposa, come, bebe y alégrate”». Pero Dios le dijo: «Necio, ¡no sabes que esta noche te toca morir! Cuando te vayas, ¿para quién serán todas esas cosas?».

242. Así es para los que amontonan tesoros para sí mismos y no son ricos con Dios. Porque, ¿de qué te sirve ganar el mundo entero cuando al final pierdes tu vida?

243. ¿De qué sirve si llegas a ser la persona más rica del mundo si como resultado pierdes tu alma? ¿Qué podrías dar tú a cambio de tu alma?

244. Había otro hombre rico que vestía trajes y ropas costosas. Cada día vivía en lujos. Y había un mendigo, llamado Lázaro, que se sentaba cerca del portón que conducía a la casa del hombre rico. El pobre le pedía solo las migajas que caían de su mesa. Encima de esto, los perros callejeros venían y lamían sus llagas.

245. Un día el mendigo falleció y fue llevado por los ángeles a los brazos de Abraham. Un tiempo más tarde también murió el hombre rico y fue enterrado.

246. En el infierno, el rico levantó sus ojos llenos de tormento y vio a Abraham a lo lejos y a Lázaro en sus brazos. Con todas sus fuerzas clamó: «Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que meta la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agonía en estas llamas».

247. Pero Abraham replicó: «Recuerda, hijo mío, que durante tu vida tuviste lo mejor, y Lázaro solamente tuvo profundo sufrimiento. Ahora él es consolado, mientras tú sufres tormento. Además, hay un gran abismo que nos separa; así que nadie de aquí puede llegar a ti ni tú puedes llegar a nosotros desde allá».

248. Entonces el hombre rico dijo: «Te ruego, pues, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre. Pues tengo cinco hermanos y él podría prevenirlos para que no terminen en este infierno».

249. Pero Abraham dijo: «Ellos tienen las Escrituras. Deja que ellos les presten atención». «No», contestó el hombre rico, «si alguien de entre los muertos fuera a ellos, seguramente ellos se arrepentirían». Pero Abraham respondió: «Si ellos no prestan atención al mensaje de las Escrituras, tampoco serán persuadidos si se levantase alguien de entre los muertos para advertirles».

250. ¡Qué terrible será para ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Qué terrible será para los que están llenos ahora, porque luego sufrirán necesidad! ¡Qué terrible será para los que se la pasan divirtiéndose, porque después lo lamentarán y llorarán!

251. Difícilmente entrará un rico al Reino Celestial. ¡No se imaginan cuán difícil es para aquellos que ponen su confianza en las riquezas, entrar al Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino Celestial. Sin embargo, lo que es imposible para el hombre es más que posible con Dios.

252. Los pobres son bendecidos porque de ellos es el Reino de Dios. Cuando ellos dan, contribuyen más que todos los donadores ricos combinados, quienes dan de lo que les sobra, ya que los pobres contribuyen de su pobreza y dan aun de lo que necesitan ellos mismos.

253. Así que, no acumules tesoros aquí en este mundo, donde la polilla come la ropa, las cosas se oxidan y los ladrones fuerzan su entrada y roban. En vez, acumula riquezas celestiales. De esa forma, tendrás tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el óxido pueden dañar y en donde no hay peligro de ladrones. Porque tu anhelo y enfoque principal estará puesto en donde tengas riquezas acumuladas.

254. Un día, un hombre muy rico fue informado de que su contador estaba robándole de sus inversiones. Llamó al hombre y le preguntó: «¿Por qué oigo estas acusaciones contra ti?Enséñame las transacciones o no serás más encargado de mis cuentas». Entonces el administrador razonó dentro de sí: «¿Qué haré? Si él examina los libros, me despedirá. Soy muy débil para hacer trabajos manuales y demasiado orgulloso para mendigar».

255. Así que, ideó un plan muy astuto para quedar en buenas con los deudores de su señor cuando fuera despedido. Llamó a los deudores y les preguntó: «Cuánto debes?» El primero contestó: «Cien galones de aceite». «Mira», le dijo el contador, «toma tu cuenta y escribe cincuenta». Al próximo en línea le preguntó también: «¿Cuánto debes tú?». «Mil bolsas de trigo», respondió. El contador le dijo: «Toma tu factura y apunta ochocientas». Luego, cuando el señor supo la trama de su contador, quedó impresionado por su astucia.

256. ¿Cómo es que los hijos de este mundo son frecuentemente más astutos en los negocios entre ellos que los hijos de luz en las cosas espirituales?

257. Los reyes de la tierra, ¿a quién le cobran tributos e impuestos? Le cobran a los que no son de la familia real. No le cobran a sus propios hijos. Los hijos están exentos de tales impuestos. Ahora, miren el dinero. ¿De quién es la imagen y la inscripción que aparece ahí? Pues, den al mundo lo que es del mundo y den a Dios lo que le pertenece a Dios.

258. Los pobres siempre estarán a tu alrededor y cuando quieras podrás ayudarlos. Así que, usa las riquezas materiales que ya acumulaste en este sistema injusto para hacerte amigos eternos; para que, cuando ya no las puedas usar, seas recibido en moradas eternas. La persona que es diligente con pocas cosas, también será responsable con muchas; y la persona que es deshonesta en cosas pequeñas, también será deshonesta con cosas mayores. Si no se te puede confiar hacer lo justo con riquezas terrenales, ¿cómo se te podría entregar las verdaderas riquezas espirituales? Y si no has sido fiel con lo que en realidad no te pertenece, ¿quién te dará tus propias riquezas?

259. Da y se te dará en mayor abundancia de lo que imaginas, multiplicada y rebosante. Tu generosidad será recompensada con la misma medida con que distribuyes. Te aseguro, hay más bendición en dar que en recibir.

260. Pero asegúrate de no dar limosnas en público para ser visto por la gente. Esto no será premiado por tu Padre que está en el Cielo. Cuando ayudes a los necesitados, no toques una trompeta anunciando tu caridad como lo hacen los hipócritas en las congregaciones religiosas y en las calles para que los aplaudan. Estos ya tienen su recompensa. En vez, cuando ayudes a los necesitados, ni le prestes atención tú mismo. De esta manera, darás sinceramente y en secreto, y tu Padre Celestial que ve las cosas secretas te premiará abiertamente.

261. Así que, no teman, mi manada pequeña. Es el buen placer del Padre darles a ustedes el Reino. Por eso les digo: vendan sus posesiones y den a los necesitados. De esa forma, proveerán para ustedes esas riquezas celestiales que no se desvanecen con el tiempo y que quedan guardadas en un lugar donde los ladrones no pueden entrar a robar.

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298. ¡Síganme, y en vez de peces, los haré pescar personas! Dejen de trabajar por la comida física que es temporaria. En vez, trabajen por la comida espiritual que permanece para siempre. Este es el alimento que yo les daré; porque Dios, mi Padre, ha puesto su sello de aprobación sobre mí.

299. Está escrito: «No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de los labios de Dios».

300. Les digo la verdad, tengo una comida que ustedes no conocen. Mi comida es hacer la voluntad de Dios y terminar su trabajo.

301. Yo soy el pan de vida. Si vienen a mí, nunca más tendrán hambre; y si confían en mí, jamás estarán sedientos. Soy el pan vivo que ha descendido del Cielo. Si alguno comiera de este pan, vivirá para siempre. El pan que doy es mi vida, y la doy por la vida del mundo.

302. Sus antepasados comieron el maná en el desierto y todavía se murieron. Moisés no pudo darles el verdadero pan del Cielo, el cual mi Padre les ofrece a ustedes. Pues el pan de Dios es aquel que ha descendido del Cielo para dar vida al mundo.

303. Les aseguro que si no se alimentan de mi cuerpo ni beben mi sangre, no habrá vida en ustedes. El que coma de mi cuerpo y beba mi sangre tendrá vida eterna y lo resucitaré en el último día. Mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come y bebe de mí, permanece en mí y yo en él. Porque así como me envió el Dios Viviente y yo mismo vivo a causa del Padre, así también el que se alimenta de mí vivirá por mí.

304. Si ustedes comprendieran el regalo de Dios y quién soy yo, me pedirían que les diera agua viva; porque el que bebe agua natural vuelve a estar sediento, pero el que bebe del agua que yo doy descubrirá que un manantial brotará de su interior y le dará vida eterna.

305. Si están sedientos, vengan a mí y beban; porque a los que confían en mí, como han dicho las Escrituras, «Ríos de agua viva fluirán de su interior».

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306. Pide y se te dará. Busca y encontrarás. Toca y se te abrirá la puerta. Porque todo aquel que pide, recibe; los que buscan, hallan; y a los que tocan se les abrirán las puertas de par en par.

307. Imagínate que a medianoche fueras a la casa de un amigo y le dijeras: «Préstame tres panes. Tengo visitantes que han viajado desde muy lejos para venir a verme y no tengo abasto». Tu amigo podría contestar: «Por favor, no me molestes ahora. La puerta está cerrada y mis hijos duermen. No puedo levantarme y ayudarte». Te digo que no se levantaría para darte pan por ser tu amigo; pero por tu persistencia, él cedería a tu ruego y se levantaría para darte lo que necesites.

308. Así pasó con un cierto juez que no temía a Dios, ni respetaba a los hombres. En el mismo pueblo vivía una pobre viuda que apelaba continuamente a este por justicia en contra de una persona que le había hecho mal. El juez la ignoró por un tiempo y rehusó oír su caso. Pero, finalmente, se dijo a sí mismo: «Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, veré que esta viuda obtenga justicia, porque me desespera con su persistente apelación».

309. Presten atención a lo que dijo aquel juez. ¿No hará Dios justicia a sus escogidos que claman a Él día y noche? ¿Creen que Él los desechará? Les digo: ¡Él verá que reciban clemencia pronto! Aun así, la pregunta pertinente es: ¿encontraré siquiera a algunos en la tierra con semejante fe cuando yo vuelva?

310. Por eso te digo: cuando ores, no uses vanas repeticiones. Los que oran a ídolos oran así, pensando que serán oídos por sus muchas palabrerías. No debes imitarlos. Recuerda que tu Padre Celestial sabe todo lo que necesitas, aun antes que se lo pidas.

311. Y cuando ores, no seas como los hipócritas que se paran delante de las congregaciones religiosas o en las esquinas de las calles a orar para ser vistos por la gente. En vez, cuando ores, ve a un lugar íntimo y ora a tu Padre en secreto. Tu Padre que escucha lo secreto te recompensará abiertamente.

312. Haz lo mismo cuando ayunes. No hagas como los hipócritas que incluso ponen caras tristes para que todos sepan que están ayunando. No seas así. En cambio, cuando ayunes, péinate bien y compórtate de tal manera que nadie sepa que estás ayunando, sino solamente tu Padre Celestial. Así tu Padre que ve lo que se hace en secreto te recompensará.

313. Ustedes deben orar de la siguiente manera:

314. Nuestro Padre Celestial, sea tu nombre venerado por todos. Gobierna tú a este mundo. Que tu voluntad siempre se haga, tanto en la tierra como en el Cielo. Provéenos el pan que necesitamos hoy para sobrevivir. Y perdona nuestras deudas contra ti, de la manera que nosotros perdonamos a los demás. No permitas que cedamos ante las tentaciones, más bien líbranos de la maldad. Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, para siempre. Y así sea.

315. Cuando estés orando, si tienes algo en contra de cualquier persona, perdónalo; para que tu Padre Celestial también te perdone tus pecados. Porque si no perdonas a los demás, mi Padre tampoco te perdonará a ti.

316. Si ustedes permanecen conmigo y mi mensaje permanece en ustedes, pidan lo que desean y les será dado.

317. Confía en Dios. Si tu fe es aun tan pequeña como una pequeña semilla de mostaza, podrás decir a las montañas: «Quítate de aquí y arrójate al mar». Si crees que esto es posible, sin dejar lugar a la duda, entonces lo que pidas o mandes será hecho. Nada te será imposible, pues todo es posible para el que cree. Por eso, te digo que cualquier cosa que le pidas a Dios, cree que la recibirás y la obtendrás.

318. Si dos de ustedes, que siguen mis enseñanzas, se ponen de acuerdo en fe aquí en la tierra respecto a cualquier cosa que pidan, su petición será atendida por mi Padre que está en el Cielo. Porque en cualquier lugar donde dos o tres estén juntos para cumplir con mis propósitos yo estaré allí con ellos.

319. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre: pidan y recibirán, y su gozo será completo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre se glorifique en mí.

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El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


320. Los que oyen a Dios y le obedecen son mi familia, y ni los portones del infierno podrán vencer a mi comunidad.

321. Les doy un nuevo mandamiento: ámense los unos a los otros de la misma manera que yo los he amado. Así es como deben amarse los unos a los otros.

322. Yo los amo con el mismo amor que el Padre tiene por mí. Quédense firmes en mi amor. Si ustedes ponen en práctica lo que les digo, permanecerán en mi amor, así como yo hago lo que el Padre quiere y permanezco en su amor.

323. Les digo estas cosas para que ustedes puedan experimentar el mismo gozo que tengo yo y que estén llenos de ese gozo. Repito, lo que más quiero es que se amen los unos a los otros; y el mayor amor que se puede mostrar es el de dar la vida por sus amigos.

324. Ustedes son mis amigos si cumplen con mis enseñanzas. Ya son mucho más que siervos, porque todo lo que el Padre me ha dicho se los he comunicado a ustedes.

325. ¡Terrible es el mundo por haber tropiezos! Ahora, es imposible que no vengan tropiezos, pues es necesario que estén; pero ¡ay de aquel por medio de quien viene el tropiezo! Le sería mejor ser atado con una piedra de molino alrededor de su cuello y tirado al mar, que causar que uno de mis pequeñitos peque.

326. Si tu mano te hace pecar, mejor sería que te cortes la mano en vez de seguir pecando. Mejor entrar al Cielo manco que ser destruido en el fuego. Si tu pie te hace pecar, mejor sería que te cortes el pie y entres al Cielo rengo que ser destruido en el fuego. Si tu ojo te hace pecar, te conviene más que te lo saques, porque es mucho mejor entrar a la vida eterna con un solo ojo que tener dos ojos y ser echado al infierno, un basurero donde el fuego no se apaga.

327. Todos tendrán que pasar por fuego, y cada sacrificio tendrá que ser salado con sal. Así que, no pequen más, para que no atraigan malas consecuencias.

328. Por eso les digo, cuídense los unos a los otros. Alimenten a mis ovejas. Pastoreen a mis ovejas. Sí, cuiden a mis ovejas.

329. La verdad que les he hablado los ha hecho limpios, y el que es limpio no necesita bañarse por completo otra vez, sino que le basta con lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no el que me traiciona.

330. Ustedes me llaman su Maestro y Señor y hacen bien, porque lo soy. Pero si yo, su Maestro y Señor, he lavado sus pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros. Porque les he dejado mi ejemplo de cómo amar; para que de la misma manera en que yo los amé a ustedes, así se amen entre ustedes.

331. Supongamos que dos personas están en deuda y una debe mucho más que la otra. Cuando se perdonen las deudas, ¿quién debería estar más agradecida? Tendría que ser la persona a la que se le perdonó más. Pero el que cree que se le ha perdonado poco, suele amar poco; mientras que el que reconoce cuán grandes fueron los pecados que se le perdonaron, ama mucho.

332. Por ejemplo, había un cierto rey que estaba revisando sus cuentas. Durante este proceso, le trajeron a su presencia a uno de sus siervos que le debía la increíble cantidad de diez mil piezas de oro. Como era imposible que este siervo pagara la deuda, el rey aplicó la ley: el siervo y su familia serían vendidos, y su casa y posesiones subastadas. Pero el siervo cayó de rodillas frente al rey y le imploró diciendo: «Mi señor y mi rey, te ruego que tengas paciencia conmigo y yo te pagaré todo». El rey fue conmovido y tuvo compasión. Le canceló la deuda y dejó libre al siervo.

333. Sucedió, luego, que ese siervo a quien se le había perdonado las diez mil piezas de oro se encontró con un amigo que le debía cien monedas menores. En vez de mostrar misericordia, agarró a su amigo por la garganta gritando: «Págame el dinero que me debes». Su amigo se arrojó a sus pies e imploró: «Por favor, sé paciente conmigo y te pagaré todo, hasta la última moneda». Pero el siervo no lo escuchó y mandó que arrojaran al hombre en la prisión hasta que pudiera pagar la deuda.

334. Algunos de los otros siervos del rey vieron lo que había sucedido, y llenos de lástima, fueron y se lo dijeron al rey. Entonces el rey llamó al siervo a su presencia y le dijo: «Tú eres un siervo malvado. Te perdoné tu deuda impagable porque me lo pediste. ¿No deberías haber tenido la misma compasión con tu amigo que te debía tan insignificante cantidad?». Enfadado, el rey entregó al siervo a sus carceleros hasta que pagara toda la deuda.

335. Así les tratará mi Padre si ustedes rehúsan perdonar de corazón a sus hermanos y hermanas.

336. Ustedes saben que no hay que matar y que eso es ser culpable de juicio. Pero les digo que enojarse con su hermano también los hace culpables de juicio. Y si insultan a su hermano, no solo tendrán que responder ante los líderes, sino que estarán en peligro del infierno.

337. Por eso te digo, que si estás por hacer algo para Dios y te acuerdas de que tu hermano tiene algo en contra de ti, deja lo que estés haciendo y anda, reconcíliate con tu hermano y después vuelve a darle tu servicio a Dios.

338. Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Si peca contra ti aun siete veces en el día y siete veces viene a decirte «me arrepiento», le perdonarás. Es más, ni pienses siete veces, piensa más bien setenta veces siete.

339. Así que, si tu hermano hace algo en contra de ti, ve y repréndelo estando tú y él solos. Si acepta tu corrección, has salvado a tu hermano; pero si no acepta su falta, llama a otros dos o tres hermanos para que sean testigos de la situación. Ahora, si el que pecó no acepta el consejo de los testigos, entonces involucra a toda la comunidad. Y si no le hace caso a lo que dice la comunidad, entonces ya no lo consideren un creyente, sino trátenlo como si fuera un ateo.

340. Todo lo que ustedes permitan será permitido, y todo lo que ustedes prohíban será prohibido. Si perdonan los pecados de alguien, serán perdonados; y si retienen sus pecados, quedarán retenidos.

341. Si juzgan a los demás, también serán juzgados. Así que, no condenen y no serán condenados; porque ustedes serán juzgados con la misma regla que usan para juzgar a los demás.

342. El que esté libre de pecado sea el primero en condenar a los demás.

343. Mira, ¿cómo puedes enfocarte en sacar la paja del ojo de tu hermano cuando tienes una viga en tu propio ojo? ¿Acaso le dirás: «Mira, tienes una paja en tu ojo», mientras tú mismo tienes un tronco en el tuyo? ¡No seas hipócrita! Primero asegúrate de que tú no tengas un problema mayor que se necesite resolver. Una vez que lo hayas resuelto, podrás ver mejor para ayudar a tu hermano con su propio problema.

344. Así que, no juzguen por las apariencias; más bien, juzguen con juicio justo. Conserven su pureza y tengan paz los unos con los otros.

345. Ustedes han visto cómo los reyes y grandes gobernantes se enseñorean sobre sus súbditos, ejecutan su autoridad y son llamados «benefactores». Pero no será así con ustedes, porque no funciona así el Reino de Dios. Al contrario, que el más grande entre ustedes sea como el más joven; y cualquiera de ustedes que lidera sea como el que sirve a todos los demás.

346. ¿Quién es considerado el más grande, el que se sienta a comer o el que sirve la comida?¿Acaso no se suele considerar al que se sienta a comer como el más grande? Sin embargo, yo he estado entre ustedes como el que sirve. Porque no vine para ser servido, sino para servir y para dar mi vida como rescate por muchos. Si ustedes saben estas cosas, bendecidos son si las practican.

347. No sean como los líderes religiosos que aman ser adulados y saludados por la gente, y usan títulos de respeto como «Maestro», «Doctor», «Reverendo», etc. No dejen que nadie use tales títulos para ustedes; porque yo soy su Maestro. Tampoco llamen a nadie en la tierra su «Padre» porque uno solo es su Padre, el que está en el Cielo, y ustedes son todos hermanos y hermanas. Sino que el más grande entre ustedes sea el que sirve a todos los demás. Porque cualquiera que se enaltece será humillado, mientras que el que se humilla a sí mismo será enaltecido.

348. Repito: quiero que se amen mutuamente; porque todos sabrán que ustedes son mis discípulos si se aman los unos a los otros.



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371. Tengan cuidado de las personas, porque ustedes serán como ovejas entre lobos. Así que, sean tan astutos como las serpientes, pero con la inocencia de las palomas.

372. Les advierto que algunos los llevarán a la corte, los tratarán injustamente y los pondrán en prisión. Debido a mi mensaje, ustedes darán testimonio ante las autoridades. Pero si son acusados y llevados a la corte, no teman por falta de palabras. Les serán dadas en ese instante. No necesitan premeditar lo que van a decir porque el Espíritu de su Padre hablará por medio de ustedes.

373. Recuerden que el siervo no es mayor que su señor. Ustedes deben estar conformes en ser como su Maestro. Si me han perseguido a mí, también a ustedes los perseguirán. ¡Si a mí me han llamado el príncipe de los demonios, imagínense lo que dirán sobre ustedes!

374. Así que, si el mundo los odia a ustedes, sepan que me odiaron a mí primero. Si ustedes vivieran conforme a los valores del mundo, el mundo los amaría. Pero ya que no pertenecen más al mundo, sino que yo los seleccioné del mundo, es por eso que el mundo los odia. Serán perseguidos por mi nombre porque el mundo no conoce al que me envió.

375. Si yo no les hubiera dicho la verdad, el mundo no sería consciente de sus pecados. Pero ahora no tienen excusa. Si yo no hubiese realizado entre ellos tantos milagros grandiosos, no serían tan culpables. Pero ahora ya conocen mis obras y me han odiado a mí y a mi Padre. Esto ha sucedido para que se cumpla la profecía que dice: «Me han odiado sin motivo».

376. Pero no teman a los que solo pueden matar el cuerpo. Mejor es temer a Dios que puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno. Así que, no tengan miedo, porque no hay nada que está encubierto que no será manifestado, y todo lo que está escondido se terminará sabiendo.

377. Cuando los persigan en un lugar, huyan al próximo. Yo volveré antes de que ustedes hayan recorrido todas las ciudades. Les he dicho estas palabras para que en mí puedan tener paz. En el mundo ustedes pasarán por tribulación, pero alégrense, porque yo he vencido al mundo.



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378. Cuando anochece, ustedes dicen: «Hará buen tiempo, porque el cielo está claro». Y en la mañana, dicen: «Hoy hará mal tiempo, porque el cielo está nublado y amenazante». Ustedes pueden predecir bastante bien el tiempo. ¿Cómo es que ustedes no pueden discernir las señales de los tiempos en los cuales viven? ¿Tan poco juicio tienen?

379. Cuando oigan de guerras, rumores de guerras y sediciones, no se aterroricen, porque estas cosas tienen que cumplirse primero; pero el fin no ha llegado todavía.

380. Porque se levantará nación contra nación, y gobierno contra gobierno. Habrá terremotos en muchos lugares diferentes. Habrá pestes, hambres y alborotos. Hasta habrá terror y grandes señales del cielo. Todo esto es el principio de los sufrimientos.

381. Entonces los entregarán a ustedes a tribulación, los matarán y serán odiados por todas las personas por causa de mi nombre.

382. Les digo esto para que no tropiecen. A ustedes los echarán de las congregaciones religiosas. Es más, ¡vendrá el tiempo en que cualquiera que los mate a ustedes pensará que le está prestando un servicio a Dios! Y les harán estas cosas porque no han conocido ni a mi Padre ni a mí. Pero esto se los digo a ustedes de antemano para que, cuando venga ese tiempo, puedan recordar que yo ya se los dije.

383. En ese tiempo muchos tropezarán, se traicionarán unos a otros y se odiarán unos a otros. Se levantarán falsos profetas y engañarán a muchas personas; y por haberse multiplicado la maldad, el amor que muchos antes sentían se enfriará.

384. Ahora, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que ha llegado su destrucción. Cuando vean la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel, puesto en el lugar santo donde no debe estar, entonces los que estén en Judea, huyan a las montañas. Los que estén en las azoteas, no bajen a sacar nada de la casa ni los que estén trabajando en el campo vayan por sus ropas. Porque estos son los días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.

385. Dos estarán en el campo; uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino; una será tomada y la otra será dejada. ¡Ay de las mujeres que en aquellos días estén embarazadas o criando hijos! Sí, vendrán días en cual se dirá: «benditas son las mujeres estériles, los vientres que no concibieron y los pechos que no criaron hijos».

386. Porque habrá gran adversidad en esos días y gran enojo sobre este pueblo. Serán matados y llevados como esclavos a otras naciones; y Jerusalén será pisoteada por las naciones, hasta que el tiempo de las naciones se cumpla.

387. Así que, oren para que su huida no sea en invierno ni en el día de reposo; pues jamás hubo una tribulación similar desde el principio del mundo ni jamás habrá otra igual. Si cuando el árbol estaba verde me crucificaron, ¡imagínense lo que harán cuando el árbol esté seco! Es más, a menos que aquellos días no fuesen acortados por Dios, nadie podría sobrevivir. Aun así, esos días serán acortados por causa de los que Dios escogió. Pero es necesario que mi mensaje sea difundido antes a todas las naciones.

388. Cuiden de que nadie los engañe, pues en los últimos tiempos muchos vendrán y usarán mi nombre, diciendo: «yo soy el Cristo» y «yo soy ungido» y engañarán a muchos. Dirán también, «El tiempo está cerca», pero no vayan ustedes detrás de ellos. No le crean cuando ellos les digan, «el Cristo está allá» o «aquí está el Mesías», porque se levantarán muchos falsos Cristos, ungidos y profetas, y harán grandes señales y maravillas. Serán tan engañosos que si fuera posible, engañarían a mis verdaderos seguidores. Pero miren, se los estoy advirtiendo de antemano, para que luego puedan creer.

389. Presten atención porque vendrán tiempos en que ustedes desearán ver uno de mis días y no lo verán. En ese entonces, si alguien les dice: «Miren, el Cristo está en el desierto», no salgan precipitadamente a buscarme. O si dijeren: «Él está en un lugar secreto», no les crean. Porque como el rayo resplandece del oriente y brilla hasta el occidente, así será mi venida.

390. Aprendan lo que la higuera y todos los árboles les enseñan. Cuando sus ramas crecen llenas de sabia y producen nuevas hojas, saben que el verano está cerca. De la misma manera, cuando vean que todas estas cosas comiencen a suceder, ustedes sabrán que mi regreso y el establecimiento del Reino de Dios se acerca y que llegará muy pronto.

391. Así que, cuando estas cosas empiecen a cumplirse, levántense y alcen la cabeza, porque su redención está cerca. En verdad les digo, esta generación no pasará hasta que todo esto se cumpla. El cielo y la tierra dejarán de ser, pero mis palabras jamás dejarán de cumplirse.

392. Pronto, después de esa gran tribulación, espantosas y grandes señales aparecerán en los cielos. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas. Sí, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su luz. En la tierra habrá mucha angustia entre la gente y confusión a causa del bramido del mar y de las olas. La gente desfallecerá de temor en anticipación de las cosas que han de venir sobre la tierra y comenzará a decir a las montañas: «caigan sobre nosotros» y a las colinas: «cúbrannos», porque las estrellas caerán del cielo y los poderes del cielo se sacudirán.

393. En ese entonces, mi señal aparecerá en los cielos. Me verán viniendo en las nubes del cielo con poder y gran gloria. Todas las naciones se lamentarán, porque vendré en la gloria de mi Padre y los ángeles, para recompensar a cada uno de acuerdo a lo que hizo.

394. Enviaré a mis ángeles con el gran sonido de una trompeta, y ellos recogerán a todos mis elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro; y me verán, sentado a la mano derecha del poder de Dios, regresando en las nubes del cielo.

395. Pero no hay hombre que conozca el día, ni la hora en que esto pasará. Ni aun los ángeles en el Cielo lo saben, sino solamente mi Padre. Así que, quédense despiertos y orando siempre para que sean considerados dignos de escapar de todas estas cosas que han de suceder y de presentarse firmes delante de mí.

396. Miren, así como fue en los días de Noé, así también será cuando vuelva. En los días antes del gran diluvio, ellos comían y bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca. No entendieron nada hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos. Así también será con mi regreso.

397. Lo mismo pasó en los días de Lot. Se la pasaban comiendo y bebiendo, comprando y vendiendo, plantando y edificando. Pero el día que Lot salió de Sodoma, cayó fuego y azufre del cielo, y los destruyó a todos. Así también será cuando yo me manifieste.

398. Así que, no permitan que sus corazones se llenen de glotonería, embriaguez y de los asuntos de la vida mundana, o ese día vendrá de repente sobre ustedes, porque vendrá como una trampa sobre todos los que habitan en la tierra.

399. Por eso, quédense despiertos; porque no saben a qué hora retornará su Señor. Sean como personas que saben que les va a entrar un ladrón a su casa para robarles: se quedan despiertos y no dejan que la casa sea asaltada. Así ustedes, estén preparados, porque volveré a la hora en que menos lo esperen.

400. Consideren la historia de las diez damas de honor, quienes tomaron sus lámparas y salieron a encontrar al novio. Entre ellas había cinco sabias y cinco necias. Las necias tomaron sus lámparas, pero no llevaron más combustible que lo que ya tenían, mientras que las sabias llevaron consigo combustible adicional. Como la llegada del novio se retrasó, todas se durmieron.

401. Luego, a medianoche, se oyó de repente un grito: «¡Miren, el novio viene! ¡Ha llegado el momento de recibirlo!». Las diez damas se levantaron apresuradamente y comenzaron a preparar sus lámparas. Entonces las necias dijeron a las sabias: «Dennos un poco de su combustible adicional, pues todas nuestras lámparas se han apagado». «No podemos», respondieron las sabias, «porque no hay suficiente combustible para todas. Vayan rápidamente a los que venden combustible y compren para ustedes».

402. Pero mientras ellas fueron a comprar combustible, llegó el novio y las que estaban preparadas salieron con él para la celebración matrimonial, y la puerta se cerró. Después llegaron las otras damas y comenzaron a llamar: «Señor, Señor, déjanos entrar». Pero él le contestó: «Verdaderamente les digo, yo no sé quiénes son ustedes».

403. Así que, sean ustedes semejantes a siervos que esperan que su amo regrese de un viaje largo, para que cuando llegue el amo, ustedes estén listos para recibirlo. Dichosos son aquellos siervos a quienes el Señor encuentre anhelantes y a la espera de su llegada, aun si él viniera a media noche o al amanecer. Verdaderamente les digo, que él se pondrá su vestuario para banquetes, e invitará a esos siervos a cenar con él; y levantándose de la mesa, les servirá a ellos como a huéspedes de honor.

404. Así que, estén alertas y vigilen, porque no saben el día ni la hora cuando volveré. Estén preparados y mantengan encendidas sus lámparas, como los siervos que esperan a la puerta, pendientes del toque de su señor. Bendecido es el siervo a quien su amo lo encuentra haciendo su deber.

405. El que se mantenga fiel hasta el fin será salvo. Con su paciencia ganarán sus almas. Así que, quédense despiertos, porque ustedes no saben cuando volverá su Señor. Lo que les digo a ustedes, se los digo a todos: ¡Manténganse despiertos!



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406. Fue durante la celebración de la Pascua que fui entregado para ser crucificado y uno de los que comieron a la mesa conmigo me entregó.

407. A la verdad tuve que pasar por lo que se había escrito sobre mí, pero ¡qué terrible es para el que me entregó! Le hubiera sido mejor no haber nacido.

408. Ahora, fue necesario que se cumpliera en mí aquello que fue escrito: «Fue contado entre los inicuos» y «Heriré al Pastor y las ovejas serán dispersadas». Porque todos tropezaron a causa de mí esa noche.

409. Mi alma estuvo muy triste, hasta la muerte. Oré pidiendo que la copa que había de tomar pudiese pasar de mí si fuera posible, pero no quise hacer mi voluntad sino la del Padre. Así que pedí que si no hubiera otra posibilidad, que se hiciera entonces la voluntad de mi Padre.

410. Les dije a mis discípulos que se quedaran despiertos y oraran al Padre para que no cayesen en tentación, pero se durmieron y no pudieron quedarse velando ni una sola hora conmigo. El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

411. Llegó la hora y fui entregado en manos de pecadores. Con un beso me entregaron, y vinieron a arrestarme cargando espadas y palos como si yo fuera un ladrón. Todos los días estuve entre ellos en el templo enseñando públicamente y nunca me echaron mano. Pero esta era su hora, mientras trabajaba el poder de la oscuridad.

412. No podrían haberme hecho nada si no se les hubiera dado permiso desde arriba. Pero mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, habría enseñado a mis seguidores a tomar armas y prevenir que yo fuese entregado a las autoridades. Pero cuando trataron de hacerlo les dije que vuelvan la espada a su lugar, porque todo el que tome espada, con espada será destruido.

413. Incluso podría haberle pedido a mi Padre que me diera más de doce legiones de ángeles para protegerme, pero ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que decían que estas cosas tenían que pasar? Como dije, mi reino no es de este mundo.

414. Yo difundí mi mensaje abiertamente, sin esconder nada, enseñando en lugares de adoración y públicamente en el templo donde se reunían todos. Si hubiese enseñado algo malo, podrían haber dado testimonio del mal que dije. Pero si enseñé bien, ¿entonces por qué me golpearon?

415. A los que me arrestaban les dije, «Si es a mí a quien están buscando, dejen ir a mis discípulos». Y así, la hora llegó en cual todos mis seguidores fueron dispersados y huyeron cada uno a su propio lugar, dejándome solo. Pero no estaba solo, porque el Padre estaba conmigo.

416. Todo lo que fue escrito por los profetas acerca del Mesías se cumplió. Fui entregado a la custodia de los paganos, se burlaron de mí, fui tratado con desprecio y maltratado. Me azotaron y me mataron. En realidad nadie me quitó la vida, sino que yo la di de mi propia voluntad.

417. Por cierto, mientras moría me dijeron este refrán: «Médico cúrate a ti mismo». Pero antes de morir dije: «Padre, perdónalos; porque ellos no saben lo que hacen». También lloré: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?», y terminé diciendo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu... ¡se terminó!».

418. Yo le había dicho a los líderes religiosos: «destruyan este templo y en tres días lo volveré a edificar». Y fue así. Tuve el poder de dar mi vida y tuve el poder de tomarla otra vez. El Padre me dio este poder y derecho. Por esto mi Padre me ama, porque di mi vida para volverla a recibir.

419. Yo fui glorificado y Dios se glorificó en mí. El que gobierna este mundo fue derrotado, y fui levantado de la tierra, para atraer a todas las personas a mí.

420. ¡No sean más incrédulos, sino crean! ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! En cuanto a la resurrección de los muertos, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llamó a Dios el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Porque Dios no es el Dios de personas muertas, sino de los que están vivos, porque para Él todos viven.

421. ¿No era necesario que el Mesías sufriera estas cosas y que entrara en su gloria? Esto era lo que yo dije mientras estaba en la tierra, de que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Así está escrito, y así fue necesario que el Mesías padeciese y resucitase de los muertos al tercer día.

422. Así que, ¿por qué se turban y en sus mentes surgen dudas? Tengan paz. Les mostraría mis manos y mis pies para que sepan que soy yo, para que me toquen y vean; pues un fantasma no tiene carne ni huesos, como podrían ver que yo tengo. Los que me vieron, creyeron. Pero benditos son ustedes, los que no me han visto y todavía creen.

423. El mundo no me verá, pero ustedes sí me verán, porque así como yo vivo, ustedes también vivirán. Yo voy a preparar un lugar para ustedes. Si yo preparo un lugar para ustedes, vendré otra vez, y los tomaré para que estén conmigo, para que a donde yo esté, allí ustedes también estén.

424. No dejen que sus corazones se entristezcan: si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si no fuese así, yo se los hubiera dicho. Pero voy a preparar un lugar para ustedes. Si me aman, estén felices porque estoy con el Padre, pues mi Padre es mayor que yo.

425. No se extrañen de lo que significa cuando dije que dentro de poco no me verán, pero más tarde me verán otra vez. Llorarán y estarán tristes, pero el mundo se regocijará. Ustedes estarán llenos de tristeza, pero esa tristeza luego se tornará en gozo.

426. Una mujer, cuando está de parto, tiene dolor y agonía, pero tan pronto como da a luz al niño, olvida la angustia por el gozo de que un niño ha nacido en el mundo. Experimentarán tristeza por un momento, ¡pero los volveré a ver otra vez y sus corazones se regocijarán, y nadie podrá arrebatar su gozo!

427. ¡Con muchas ganas comí con mis discípulos aquella última pascua antes de morir! Así que, partan el pan entre ustedes en memoria de mí. El pan es mi cuerpo que fue dado por ustedes. La copa de vino representa el nuevo pacto, sellado por mi sangre. Beban de esta copa todos, porque esto es mi sangre, que derramé para cancelar los pecados de muchas personas y fue derramada en favor de ustedes.

428. Ustedes son los que han permanecido conmigo en mis pruebas. Así que yo les asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que coman y beban a mi mesa en mi reino.

429. Les digo que no voy a beber más del vino, hasta aquel día en que venga el Reino de Dios y lo beba nuevamente con ustedes en el reino de mi Padre. Tampoco volveré a celebrar otra cena de Pascua con ustedes, hasta que se le dé su verdadero significado en el Reino de Dios, porque tuve que dejar la tierra y marcharme adonde ustedes todavía no pueden ir, aunque luego vendrán.



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430. Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo para que él pueda traerte gloria; pues tú le has dado autoridad sobre todo hombre y mujer en la tierra para que él pueda dar vida eterna a los que tú le has dado.

431. Y esta es la vida eterna: Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a mí, a quien tú enviaste.

432. Yo te glorifiqué en la tierra, completando el trabajo que me diste para hacer. Ahora, Padre, revela mi gloria mientras estoy en tu presencia, la gloria que yo tuve contigo desde antes del principio del mundo.

433. Yo he manifestado tu esencia a estas personas que me diste del mundo. Ellos eran tuyos y tú me los diste a mí. Ellos han obedecido tu palabra. Ahora ellos saben que todo lo que me has dado viene de ti. Yo fielmente les he transmitido las palabras que me diste. Ellos las han creído y han llegado a conocer verdaderamente que vine de tu parte, y confían plenamente que tú me enviaste.

434. No oro por todo el mundo, sino solo por aquellos que son los que tú me has dado, pues verdaderamente ellos son tuyos. Todos estos que han creído en mí, son tuyos, y ellos me honran.

435. Yo ya no estoy en el mundo, sino que estoy contigo, pero ellos todavía permanecen en este mundo. Padre, guárdalos por el poder de tu nombre; para que todos tengan unidad, como nosotros tenemos unidad.

436. Mientras estuve en el mundo con ellos, yo los mantuve en tu nombre; los guardé y ninguno se perdió (excepto el condenado, para que se pudieran cumplir las Escrituras). Digo estas cosas, para que ellos puedan experimentar la medida total de mi gozo en sus corazones.

437. Les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado, porque ya no pertenecen a este mundo, así como yo tampoco pertenezco al mundo. Pero no te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal, porque ya no son del mundo, como tampoco lo soy yo. Purifícalos con tu verdad, pues tu palabra es verdad.

438. Así como tú me enviaste al mundo, también yo los envío a ellos al mundo. Y por su causa, yo me consagro para que ellos también puedan consagrarse en la verdad.

439. No oro solamente por estos, sino también por los futuros creyentes, quienes vendrán a creer en mí por el testimonio de ellos. Permite que tengan verdadera unidad, como tú y yo la tenemos; que como tú estás en mí y yo en ti, así ellos estén en nosotros, para que el mundo pueda creer que tú me enviaste.

440. Yo les he dado la gloria que tú me diste; para que ellos tengan unidad, así como nosotros tenemos unidad. Yo en ellos y tú en mí, para que ellos lleguen a estar perfectamente unidos. Con esto, el mundo podrá saber que tú me enviaste y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

441. Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y que vean esa gloria que me diste, porque me amaste desde antes que el mundo existiera.

442. Padre de Justicia, el mundo no te conoce, pero yo sí te conozco, y estos que creen en mí ahora saben que tú eres el que me envió.

443. Yo les he dado a conocer quién eres tú y continuamente te revelaré a ellos, para que el amor que me tienes pueda morar en sus corazones y para que yo también pueda residir en ellos.

444. Así sea.


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