La apatía es una falta de interés, entusiasmo o preocupación por algo. Un ejemplo donde observamos mucha apatía es en el sistema de educación pública. Los estudiantes en muchas escuelas alrededor del mundo sufren de falta de interés en las cosas que están aprendiendo, de entusiasmo por aprender más y de preocupación por no tener los recursos adecuados para obtener una educación apropiada.
 
Otro ejemplo de apatía es en el lugar de trabajo. Si lo único que te impulsa a arrastrar tus pies a la oficina todos los días es el recibo de pago al final del mes, entonces tú también sufres de apatía. No te importa si a la empresa le va bien, no te importa hacer un buen trabajo, y si pierdes tu trabajo o la empresa se viene abajo, simplemente irás a otra lugar para solicitar un trabajo similar en cual tampoco tienes interés.

Alguien que NO sufre apatía será lo opuesto a estos ejemplos. El estudiante se esforzará por aprender más allá del currículo que su escuela le ofrece. Puede involucrarse activamente en el gobierno estudiantil y promover peticiones para mejorar la escuela y sus recursos. El empleado de oficina estará temprano en el trabajo, organizándose constantemente y buscando formas de mejorar su productividad y haciendo tareas que van más alla que la descripción mínima de su trabajo. Será el que presente ideas bien pensadas a la junta directiva en las reuniones, y tomará tanta responsabilidad sobre los éxitos y los fracasos de la empresa como los propios jefes.
 
Todos nosotros podemos sufrir de apatía en cierta medida, y la mayoría de las veces, ni siquiera estamos realmente conscientes de ello.
 
La Biblia tiene una palabra diferente para la apatía. La llama “tibieza” (Apocalipsis 3:16). La describe como ser "ni caliente ni frío". En otras palabras: no preocuparse lo suficiente como para estar realmente encendido por Dios y salir a predicar el Evangelio (caliente), y no importarle lo suficiente como para convertirse en ateos de tiempo completo con una agenda para alejar a otros del cristianismo (frío). La tibieza es la postura media entre estos dos extremos, un lugar donde decimos que creemos en Jesús y quizás hagamos algunas cosas para demostrarlo (como asistir a la iglesia los domingos o decir que Dios te bendiga al trabajador del supermercado) y no obstante, no estamos muy interesados en cuánto estamos creciendo, y no tenemos entusiasmo para tratar de crecer cada día.  Tampoco pensamos en ayudar a los demás en ser mejores cristianos.

La Biblia nos dice en ese mismo versículo que debido a que somos tibios, Dios nos rechazará, o nos vomitará de Su boca como dice literalmente.

Lamentablemente, la tibieza describe a la mayoría de los cristianos de hoy. Se ha convertido en la norma hasta el punto en que aquellos que eligen ser un poco radicales y que comienzan a tomar en serio algunas de las cosas que Jesús dijo, son completamente rechazados en las reuniones de la iglesia por ser anormales. Es cierto que tal vez algunos de los radicales van un poco más lejos de lo que Jesús mismo pretendía, pero uno difícilmente podría acusarlos de ser tibios. Por lo menos, deberían hacernos cuestionar cuán serios nosostros somos con respecto a NUESTRA fe, en lugar de cuestionar si ELLOS son los que han perdido la cordura. Pero, debido a nuestra tibieza, no estamos interesados en examinarnos a nosotros mismos y, por lo tanto, ni nos ocurre cuestionarnos. Incluso si estuviéramos completamente expuestos, no haríamos nada para cambiar.

La apatía, o tibieza, es un poco como una enfermedad transmitida por el aire, donde (debido a nuestra propia indiferencia) comenzamos a hacer que los que nos rodean se sientan más cómodos con la indiferencia también, y eventualmente terminamos con una iglesia de personas dedicadas a no crecer más. La indiferencia colectiva se convierte en una forma de seguridad contra cualquier cosa que busque exponer los aspectos negativos de la iglesia y de sus miembros, ya que si tú no estás dispuesto a cambiarte, entonces yo tampoco voy a intentar cambiarme, y todos vivimos 'felizmente'.

Jesús hace una pregunta retórica: “cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). La triste y simple respuesta es “no”. La cantidad de personas que quedan en la tierra que creen (o que tienen fe) en lo que están haciendo, o que incluso les importa si están haciendo lo correcto o no, será relativamente nula en comparación con la cantidad de personas a las que simplemente no les importará, y a la cantidad de personas que en realidad están en contra de Dios. (Se podría decir que los que están en contra de Dios no son tan malos como los tibios, porque al menos creen en algo.)

Pablo nos dice que trabajemos en nuestra salvación con "temor y temblor" (Filipenses 2:12). A los cristianos tibios no les gusta ese versículo, porque implica que tienen que hacer algo o al menos PENSAR sobre su progreso espiritual como cristianos de manera regular. Creo que Pablo hizo esa declaración para combatir la apatía en las iglesias a las que estaba ministrando. Si nos ocupamos de nuestra salvación y si seguimos su consejo, nos interesaremos en nuestro caminar espiritual cada día. Estaremos entusiasmados por nuestro crecimiento cristiano, porque querremos esforzarnos al máximo para ser los mejores cristianos que podamos ser, y estaremos muy concienzudos acerca de si estamos haciendo un buen trabajo o no.
 
Nosotros no queremos ser vomitados de la boca de Dios por no preocuparnos por nuestro caminar cristiano, y seguramente nadie más quiere eso tampoco. ¡Así que estemos encendidos para Dios! Examinémonos diariamente y busquemos constantemente nuevas formas de crecer. Incluso puedes llevarlo al extremo si lo deseas, y comenzar a salir de los límites de tu zona de confort para compartir tu fe y pensar en los demás. Tal vez serás demasiado fogoso para algunas personas, pero al menos no serás tibio.


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