Hay una increíble paradoja en este momento en relación a la política con respecto al calentamiento global y la utilización de los recursos del mundo.

Hay muchos de la derecha que claman tener fe en Dios, al mismo tiempo que ponen muchas excusas para ignorar todas las advertencias sobre el calentamiento global y sobre el derroche de recursos. Llegan tan lejos como para esconder sus cabezas debajo de la tierra y decir que los recursos son ilimitados o que el calentamiento global no está sucediendo.

Luego tenemos a los de la izquierda, que nos dicen que realmente es un problema serio, que requerirá algunos cambios extremos en la forma en que vivimos si queremos salvar el planeta. A veces, hacen cosas como comprar coches de bajo consumo, boicoteando multinacionales por una razón u otra y contribuyendo a vagas caridades que (se supone) están haciendo cosas que mágicamente compensan el daño que hacen cuando vuelan alrededor mundo. Pero cuando se echa un vistazo más de cerca a estos izquierdistas, encuentras que, en general, siguen utilizando más recursos y contribuyendo más al calentamiento global que la persona promedio en los países en desarrollo.

Tendrías suerte de encontrar un partido político en cualquier parte del mundo occidental que abogue por tomar los pasos que son realmente necesarios para acabar con el uso de combustibles fósiles. Esto es, eliminar los coches a gasolina y cambiar totalmente a energía eólica, solar y otras sustentables fuentes de electricidad domésticas y comerciales. Así como también eliminar las desventajas en salud y nutrición en el resto del mundo. Esto es, no más importaciones de cultivos procedentes de países en desarrollo y el fin de cualquier tipo de control económico sobre avances médicos y el desarrollo de semillas y otras fuentes de alimentos. En todas partes, los políticos esperan que alguien más tome la iniciativa, o hacen cambios insignificantes como reciclar bolsas de plástico cuando a menudo es lo que entra en esas bolsas lo que hace más daño. El consumo excesivo no se detendrá hasta que alguien con suficiente influencia política corte el suministro, y en los países democráticos ese gobierno nunca será elegido.

Los temas son complejos, y algunos pasos para salvar el medio ambiente han demostrado ser de poco uso práctico (bolsas de compras reutilizables), mientras que otros han empeorado las cosas (el uso y promoción de biocombustibles). Es fácil entender a las personas de ambos lados dándose por vencida (ya sea abiertamente, como los de derecha, o secretamente, como los de izquierda) y tomando el actitud de que vamos a perder esta batalla de todos modos, así que podemos divertirnos lo más que podemos en el camino.  Lo único que va a revertir la tendencia y salvar al mundo son cambios drásticos y radicales en todo nuestro modo de vida en este planeta, y nadie sabe cómo lograr que el mundo entero haga esos cambios. Si los gobiernos individuales se sienten impotentes para cambiar la tendencia, ¿cuánto más cada uno de nosotros como individuos siente la misma desesperanza?

Las únicas personas que van a hacer algo acerca de este problema son aquellas con ideales que van más allá de la vida misma. Si todos estamos en un barco que se hunde, ¿significa que todos tenemos el derecho de pisarnos unos a otros para alcanzar unos salvavidas inexistentes? ¿O hay individuos aislados que morirán sin ceder a sus instintos egoístas naturales?

Se ha argumentado que el problema en las discusiones sobre las profecías del fin de los tiempos es que crea en los creyentes un sentimiento de desesperanza que los hace razonar así: "No podemos cambiar el resultado de todos modos, así que ¿por qué molestarse en cambiar este mundo por uno mejor? Sólo disfrútalo lo mejor que puedas y predica sobre una vida mejor que viene después". Ciertamente existe abundante evidencia de esto entre aquellos que profesan creer en la Biblia. Pero, en nuestra opinión, no proviene de un intento honesto de comprender el espíritu de la profecía bíblica.

Apocalipsis 11:18 dice, en referencia al fin del mundo tal como lo conocemos ahora:  "Ha venido tu ira y el tiempo de los muertos para que sean juzgados, y para que recompenses a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu Nombre, grandes y pequeños, y para que destruyas a los que destruyen la tierra".

Vemos dos grupos aquí: uno es el de los santos/profetas/servidores de Dios que temen a Dios, y el otro es el de los que "destruyen la tierra". No hay nada en la profecía que sugiera que hay un grupo medio que destruye la tierra pero que todavía considera que está sirviendo a Dios. Tampoco hay nada en la profecía que sugiera que habrá un giro en la política mundial para revertir la destrucción de la tierra. Así que aquellos que participan en esta destrucción de los recursos de la tierra (usando más de lo que necesitan), no serán considerados por Dios como "santos" o "profetas" y, de hecho, serán destruidos. ¿Cómo se ajusta esto a aquellos que argumentan que pueden salirse con la suya haciendo caso omiso de las advertencias sobre el consumo excesivo y el calentamiento global simplemente porque tienen un boleto a un mundo mejor? Creo que necesitamos ver nuevamente las condiciones para conseguir ese boleto y tomar medidas para dejar de gastar los recursos de este mundo ahora mismo.

Sólo aquellas personas que tienen una fe que exige la adhesión a principios desinteresados, tengan o no éxito en cambiar a otros, harán lo correcto en estos últimos días. Todos aquellos que sostienen que es inútil hablar de temas como el cielo y el infierno, el juicio final, y la vida después de la muerte, necesitan dar alguna razón mejor para que la gente haga el tipo de sacrificios radicales que se necesitan para reflejar la regla de oro en estos días moribundos de nuestro planeta.

¿Estamos preparados para cambiar nuestro estilo de vida de tal manera que vivamos en el nivel del Tercer Mundo? ¿Estamos preparados para vivir de los restos de una sociedad occidental derrochadora? ¿Estamos preparados para alterar nuestros hábitos de gasto de manera que refleje lo que sería un nivel de vida que podría sostener el mundo entero? Y, lo más importante, ¿estamos preparados para hacerlo aunque nadie más lo haga?

Para nosotros, lo encontraríamos virtualmente imposible de hacer si no creyéramos en un nivel espiritual más alto de la existencia que trascienda la vida. Porque somos responsables ante el Creador del Universo, sentimos que debemos hacer esos cambios aun frente a la aniquilación total de la raza humana. Y sentimos que debemos hacer todo lo que podemos para instar a otros a hacer esos cambios también.

Estamos tratando de hacer eso porque queremos que el mundo respete a Dios como nosotros lo hacemos, para someterse a su Voluntad amorosa. Pero también lo hacemos porque amamos el mundo que Dios ha creado y la gente que Él ha creado. Para nosotros, ambas razones se funden en una. Sin embargo, diferentes facciones han argumentado durante décadas que es una cosa o bien otra, donde uno o bien ama a Dios el Creador o ama el mundo que ha Él creado. Las personas de ambos lados (izquierda y derecha) necesitan repensar todo el concepto de Dios y humillarse ante Él por el bien de todos, incluyendo el de sí mismos.


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