¿Qué pasó con el ideal de tener buen carácter moral?

El mundo está lleno de personas amigables, cortesas, serviciales… personas externamente amables. Pero en medio de la adversidad, cuando la “amabilidad” es realmente necesaria, ¿cuánto queda de ella? Y si vamos al caso ¿cuánto de la amabilidad original era sólo para el propósito de manipular a otros para que hagan cosas en beneficio de la persona que parece tan amable?

Se preguntó a una enfermera que estaba defendiendo a toda la gente amable de su iglesia cuántos de ellos pensaba que estarían dispuestos a dar su vida por ella. Ella respondió: “Cuando se trata de eso, supongo que ninguno”.

Ella fue más allá y confesó que ni siquiera sabía quién le daría su auto (que tanto necesitaba para ir y venir de su trabajo en ese tiempo).

La prueba del carácter no está en cómo uno se comporta cuando las cosas van bien, sino en cómo uno se comporta cuando se enfrenta con  situaciones de vida o muerte.

Las grandes maldades del mundo no son llevadas a cabo por demonios visibles. Son llevadas a cabo por personas que son, en general, buenos vecinos, respetables miembros de la iglesia, exitosos hombres de negocios, fieles compañeros de matrimonio… pero que nunca han encontrado algo por lo cual vale la pena dar su vida.

Consecuentemente, cuando se enfrentan a decisiones entre las virtudes que profesan y perder sus trabajos, sus reputaciones, sus posesiones o su vida, ellos simplemente abandonan las virtudes “temporalmente” hasta que pase el peligro.

Las corporaciones multinacionales que destruyen el medio ambiente y explotan los países en desarrollo son solamente grupos de “amables”  inversionistas y “amables” empleados como tú y yo.

Los gobiernos que oprimen a las minorías y practican la corrupción están compuestos por gente que no tendrían ningún problema en obtener una carta de referencia de parte de sus amigos.

Abortistas, anunciantes de tabaco, productores de pornografía, corredores de apuestas, corredores de bolsa… todos ellos están simplemente tratando de ganarse la vida de la mejor manera que pueden… igual que tú y yo.  Y si los llegas a conocer, te darás cuenta que son básicamente gente amable en las trivialidades diarias de la vida.

Hasta que podamos ver que la maldad acecha en cada uno de nosotros bajo la capa de nuestra mejor autoimagen, seremos incapaces de combatir el mal. El Enemigo está contento en dejarnos hablar de ideales, siempre y cuando él sepa que, a la hora de la verdad,  nuestros ideales colapsarán bajo la excusa de ser “realistas”.

“Carácter” era una palabra que se escuchaba con frecuencia mientras uno crecía hace unas cuantas décadas atrás. Pero hoy en día la sola idea que una persona esté comprometida a un ideal lo suficientemente fuerte como para morir por él, es sospechosa. A los jóvenes ya no se les dice que desarrollen carácter. En vez de eso, se les dice que se amen a ellos mismos, que sobrevivan, que avancen, que busquen ser los “número 1”.

Ante todo esto, nosotros como cristianos deseamos declarar nuestro compromiso con construir carácter personal… sea que funcione o no (ya que el compromiso con los ideales frente al fracaso es la esencia del carácter mismo). Trataremos de hacer y decir lo que es correcto simplemente porque es lo correcto, y hacer lo mejor para aceptar el castigo que la sociedad impone a tales “fanáticos”.

Estamos buscando a otros que estén preparados para hacer lo mismo.


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