El Mensaje

El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


240. Estén alertas y guárdense de todo tipo de materialismo, porque el valor de sus vidas no depende de tener abundancia material.

241. Pasó una vez que las inversiones de un hombre rico aumentaron grandemente en valor. Considerando sus bienes, pensó: «¿Qué haré con mis riquezas?». Y dijo: «Esto haré: destruiré mis almacenes viejos y construiré otros más grandes; allí almacenaré mis tesoros y ahorraré mis ganancias. Diré a mi alma: “Alma, tienes una fortuna que durará muchos años. Reposa, come, bebe y alégrate”». Pero Dios le dijo: «Necio, ¡no sabes que esta noche te toca morir! Cuando te vayas, ¿para quién serán todas esas cosas?».

242. Así es para los que amontonan tesoros para sí mismos y no son ricos con Dios. Porque, ¿de qué te sirve ganar el mundo entero cuando al final pierdes tu vida?

243. ¿De qué sirve si llegas a ser la persona más rica del mundo si como resultado pierdes tu alma? ¿Qué podrías dar tú a cambio de tu alma?

244. Había otro hombre rico que vestía trajes y ropas costosas. Cada día vivía en lujos. Y había un mendigo, llamado Lázaro, que se sentaba cerca del portón que conducía a la casa del hombre rico. El pobre le pedía solo las migajas que caían de su mesa. Encima de esto, los perros callejeros venían y lamían sus llagas.

245. Un día el mendigo falleció y fue llevado por los ángeles a los brazos de Abraham. Un tiempo más tarde también murió el hombre rico y fue enterrado.

246. En el infierno, el rico levantó sus ojos llenos de tormento y vio a Abraham a lo lejos y a Lázaro en sus brazos. Con todas sus fuerzas clamó: «Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que meta la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agonía en estas llamas».

247. Pero Abraham replicó: «Recuerda, hijo mío, que durante tu vida tuviste lo mejor, y Lázaro solamente tuvo profundo sufrimiento. Ahora él es consolado, mientras tú sufres tormento. Además, hay un gran abismo que nos separa; así que nadie de aquí puede llegar a ti ni tú puedes llegar a nosotros desde allá».

248. Entonces el hombre rico dijo: «Te ruego, pues, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre. Pues tengo cinco hermanos y él podría prevenirlos para que no terminen en este infierno».

249. Pero Abraham dijo: «Ellos tienen las Escrituras. Deja que ellos les presten atención». «No», contestó el hombre rico, «si alguien de entre los muertos fuera a ellos, seguramente ellos se arrepentirían». Pero Abraham respondió: «Si ellos no prestan atención al mensaje de las Escrituras, tampoco serán persuadidos si se levantase alguien de entre los muertos para advertirles».

250. ¡Qué terrible será para ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Qué terrible será para los que están llenos ahora, porque luego sufrirán necesidad! ¡Qué terrible será para los que se la pasan divirtiéndose, porque después lo lamentarán y llorarán!

251. Difícilmente entrará un rico al Reino Celestial. ¡No se imaginan cuán difícil es para aquellos que ponen su confianza en las riquezas, entrar al Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino Celestial. Sin embargo, lo que es imposible para el hombre es más que posible con Dios.

252. Los pobres son bendecidos porque de ellos es el Reino de Dios. Cuando ellos dan, contribuyen más que todos los donadores ricos combinados, quienes dan de lo que les sobra, ya que los pobres contribuyen de su pobreza y dan aun de lo que necesitan ellos mismos.

253. Así que, no acumules tesoros aquí en este mundo, donde la polilla come la ropa, las cosas se oxidan y los ladrones fuerzan su entrada y roban. En vez, acumula riquezas celestiales. De esa forma, tendrás tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el óxido pueden dañar y en donde no hay peligro de ladrones. Porque tu anhelo y enfoque principal estará puesto en donde tengas riquezas acumuladas.

254. Un día, un hombre muy rico fue informado de que su contador estaba robándole de sus inversiones. Llamó al hombre y le preguntó: «¿Por qué oigo estas acusaciones contra ti?Enséñame las transacciones o no serás más encargado de mis cuentas». Entonces el administrador razonó dentro de sí: «¿Qué haré? Si él examina los libros, me despedirá. Soy muy débil para hacer trabajos manuales y demasiado orgulloso para mendigar».

255. Así que, ideó un plan muy astuto para quedar en buenas con los deudores de su señor cuando fuera despedido. Llamó a los deudores y les preguntó: «Cuánto debes?» El primero contestó: «Cien galones de aceite». «Mira», le dijo el contador, «toma tu cuenta y escribe cincuenta». Al próximo en línea le preguntó también: «¿Cuánto debes tú?». «Mil bolsas de trigo», respondió. El contador le dijo: «Toma tu factura y apunta ochocientas». Luego, cuando el señor supo la trama de su contador, quedó impresionado por su astucia.

256. ¿Cómo es que los hijos de este mundo son frecuentemente más astutos en los negocios entre ellos que los hijos de luz en las cosas espirituales?

257. Los reyes de la tierra, ¿a quién le cobran tributos e impuestos? Le cobran a los que no son de la familia real. No le cobran a sus propios hijos. Los hijos están exentos de tales impuestos. Ahora, miren el dinero. ¿De quién es la imagen y la inscripción que aparece ahí? Pues, den al mundo lo que es del mundo y den a Dios lo que le pertenece a Dios.

258. Los pobres siempre estarán a tu alrededor y cuando quieras podrás ayudarlos. Así que, usa las riquezas materiales que ya acumulaste en este sistema injusto para hacerte amigos eternos; para que, cuando ya no las puedas usar, seas recibido en moradas eternas. La persona que es diligente con pocas cosas, también será responsable con muchas; y la persona que es deshonesta en cosas pequeñas, también será deshonesta con cosas mayores. Si no se te puede confiar hacer lo justo con riquezas terrenales, ¿cómo se te podría entregar las verdaderas riquezas espirituales? Y si no has sido fiel con lo que en realidad no te pertenece, ¿quién te dará tus propias riquezas?

259. Da y se te dará en mayor abundancia de lo que imaginas, multiplicada y rebosante. Tu generosidad será recompensada con la misma medida con que distribuyes. Te aseguro, hay más bendición en dar que en recibir.

260. Pero asegúrate de no dar limosnas en público para ser visto por la gente. Esto no será premiado por tu Padre que está en el Cielo. Cuando ayudes a los necesitados, no toques una trompeta anunciando tu caridad como lo hacen los hipócritas en las congregaciones religiosas y en las calles para que los aplaudan. Estos ya tienen su recompensa. En vez, cuando ayudes a los necesitados, ni le prestes atención tú mismo. De esta manera, darás sinceramente y en secreto, y tu Padre Celestial que ve las cosas secretas te premiará abiertamente.

261. Así que, no teman, mi manada pequeña. Es el buen placer del Padre darles a ustedes el Reino. Por eso les digo: vendan sus posesiones y den a los necesitados. De esa forma, proveerán para ustedes esas riquezas celestiales que no se desvanecen con el tiempo y que quedan guardadas en un lugar donde los ladrones no pueden entrar a robar.

Referencias:
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