El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


320. Los que oyen a Dios y le obedecen son mi familia, y ni los portones del infierno podrán vencer a mi comunidad.

321. Les doy un nuevo mandamiento: ámense los unos a los otros de la misma manera que yo los he amado. Así es como deben amarse los unos a los otros.

322. Yo los amo con el mismo amor que el Padre tiene por mí. Quédense firmes en mi amor. Si ustedes ponen en práctica lo que les digo, permanecerán en mi amor, así como yo hago lo que el Padre quiere y permanezco en su amor.

323. Les digo estas cosas para que ustedes puedan experimentar el mismo gozo que tengo yo y que estén llenos de ese gozo. Repito, lo que más quiero es que se amen los unos a los otros; y el mayor amor que se puede mostrar es el de dar la vida por sus amigos.

324. Ustedes son mis amigos si cumplen con mis enseñanzas. Ya son mucho más que siervos, porque todo lo que el Padre me ha dicho se los he comunicado a ustedes.

325. ¡Terrible es el mundo por haber tropiezos! Ahora, es imposible que no vengan tropiezos, pues es necesario que estén; pero ¡ay de aquel por medio de quien viene el tropiezo! Le sería mejor ser atado con una piedra de molino alrededor de su cuello y tirado al mar, que causar que uno de mis pequeñitos peque.

326. Si tu mano te hace pecar, mejor sería que te cortes la mano en vez de seguir pecando. Mejor entrar al Cielo manco que ser destruido en el fuego. Si tu pie te hace pecar, mejor sería que te cortes el pie y entres al Cielo rengo que ser destruido en el fuego. Si tu ojo te hace pecar, te conviene más que te lo saques, porque es mucho mejor entrar a la vida eterna con un solo ojo que tener dos ojos y ser echado al infierno, un basurero donde el fuego no se apaga.

327. Todos tendrán que pasar por fuego, y cada sacrificio tendrá que ser salado con sal. Así que, no pequen más, para que no atraigan malas consecuencias.

328. Por eso les digo, cuídense los unos a los otros. Alimenten a mis ovejas. Pastoreen a mis ovejas. Sí, cuiden a mis ovejas.

329. La verdad que les he hablado los ha hecho limpios, y el que es limpio no necesita bañarse por completo otra vez, sino que le basta con lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no el que me traiciona.

330. Ustedes me llaman su Maestro y Señor y hacen bien, porque lo soy. Pero si yo, su Maestro y Señor, he lavado sus pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros. Porque les he dejado mi ejemplo de cómo amar; para que de la misma manera en que yo los amé a ustedes, así se amen entre ustedes.

331. Supongamos que dos personas están en deuda y una debe mucho más que la otra. Cuando se perdonen las deudas, ¿quién debería estar más agradecida? Tendría que ser la persona a la que se le perdonó más. Pero el que cree que se le ha perdonado poco, suele amar poco; mientras que el que reconoce cuán grandes fueron los pecados que se le perdonaron, ama mucho.

332. Por ejemplo, había un cierto rey que estaba revisando sus cuentas. Durante este proceso, le trajeron a su presencia a uno de sus siervos que le debía la increíble cantidad de diez mil piezas de oro. Como era imposible que este siervo pagara la deuda, el rey aplicó la ley: el siervo y su familia serían vendidos, y su casa y posesiones subastadas. Pero el siervo cayó de rodillas frente al rey y le imploró diciendo: «Mi señor y mi rey, te ruego que tengas paciencia conmigo y yo te pagaré todo». El rey fue conmovido y tuvo compasión. Le canceló la deuda y dejó libre al siervo.

333. Sucedió, luego, que ese siervo a quien se le había perdonado las diez mil piezas de oro se encontró con un amigo que le debía cien monedas menores. En vez de mostrar misericordia, agarró a su amigo por la garganta gritando: «Págame el dinero que me debes». Su amigo se arrojó a sus pies e imploró: «Por favor, sé paciente conmigo y te pagaré todo, hasta la última moneda». Pero el siervo no lo escuchó y mandó que arrojaran al hombre en la prisión hasta que pudiera pagar la deuda.

334. Algunos de los otros siervos del rey vieron lo que había sucedido, y llenos de lástima, fueron y se lo dijeron al rey. Entonces el rey llamó al siervo a su presencia y le dijo: «Tú eres un siervo malvado. Te perdoné tu deuda impagable porque me lo pediste. ¿No deberías haber tenido la misma compasión con tu amigo que te debía tan insignificante cantidad?». Enfadado, el rey entregó al siervo a sus carceleros hasta que pagara toda la deuda.

335. Así les tratará mi Padre si ustedes rehúsan perdonar de corazón a sus hermanos y hermanas.

336. Ustedes saben que no hay que matar y que eso es ser culpable de juicio. Pero les digo que enojarse con su hermano también los hace culpables de juicio. Y si insultan a su hermano, no solo tendrán que responder ante los líderes, sino que estarán en peligro del infierno.

337. Por eso te digo, que si estás por hacer algo para Dios y te acuerdas de que tu hermano tiene algo en contra de ti, deja lo que estés haciendo y anda, reconcíliate con tu hermano y después vuelve a darle tu servicio a Dios.

338. Si tu hermano peca contra ti, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo. Si peca contra ti aun siete veces en el día y siete veces viene a decirte «me arrepiento», le perdonarás. Es más, ni pienses siete veces, piensa más bien setenta veces siete.

339. Así que, si tu hermano hace algo en contra de ti, ve y repréndelo estando tú y él solos. Si acepta tu corrección, has salvado a tu hermano; pero si no acepta su falta, llama a otros dos o tres hermanos para que sean testigos de la situación. Ahora, si el que pecó no acepta el consejo de los testigos, entonces involucra a toda la comunidad. Y si no le hace caso a lo que dice la comunidad, entonces ya no lo consideren un creyente, sino trátenlo como si fuera un ateo.

340. Todo lo que ustedes permitan será permitido, y todo lo que ustedes prohíban será prohibido. Si perdonan los pecados de alguien, serán perdonados; y si retienen sus pecados, quedarán retenidos.

341. Si juzgan a los demás, también serán juzgados. Así que, no condenen y no serán condenados; porque ustedes serán juzgados con la misma regla que usan para juzgar a los demás.

342. El que esté libre de pecado sea el primero en condenar a los demás.

343. Mira, ¿cómo puedes enfocarte en sacar la paja del ojo de tu hermano cuando tienes una viga en tu propio ojo? ¿Acaso le dirás: «Mira, tienes una paja en tu ojo», mientras tú mismo tienes un tronco en el tuyo? ¡No seas hipócrita! Primero asegúrate de que tú no tengas un problema mayor que se necesite resolver. Una vez que lo hayas resuelto, podrás ver mejor para ayudar a tu hermano con su propio problema.

344. Así que, no juzguen por las apariencias; más bien, juzguen con juicio justo. Conserven su pureza y tengan paz los unos con los otros.

345. Ustedes han visto cómo los reyes y grandes gobernantes se enseñorean sobre sus súbditos, ejecutan su autoridad y son llamados «benefactores». Pero no será así con ustedes, porque no funciona así el Reino de Dios. Al contrario, que el más grande entre ustedes sea como el más joven; y cualquiera de ustedes que lidera sea como el que sirve a todos los demás.

346. ¿Quién es considerado el más grande, el que se sienta a comer o el que sirve la comida?¿Acaso no se suele considerar al que se sienta a comer como el más grande? Sin embargo, yo he estado entre ustedes como el que sirve. Porque no vine para ser servido, sino para servir y para dar mi vida como rescate por muchos. Si ustedes saben estas cosas, bendecidos son si las practican.

347. No sean como los líderes religiosos que aman ser adulados y saludados por la gente, y usan títulos de respeto como «Maestro», «Doctor», «Reverendo», etc. No dejen que nadie use tales títulos para ustedes; porque yo soy su Maestro. Tampoco llamen a nadie en la tierra su «Padre» porque uno solo es su Padre, el que está en el Cielo, y ustedes son todos hermanos y hermanas. Sino que el más grande entre ustedes sea el que sirve a todos los demás. Porque cualquiera que se enaltece será humillado, mientras que el que se humilla a sí mismo será enaltecido.

348. Repito: quiero que se amen mutuamente; porque todos sabrán que ustedes son mis discípulos si se aman los unos a los otros.



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