El Mensaje

El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


209. ¡Vengan a mí, todos los que están cansados, trabajados y agotados, y yo les daré el descanso! Sean mis siervos y aprendan de mí. Yo soy manso y tengo un corazón humilde. Al fin encontrarán descanso para sus almas, porque mi carga es liviana y el servicio que les pido hacer es fácil.

210. Pero no todo el que dice ser mi siervo lo es. No todo el que me llama «Señor» con la boca entrará en el Cielo, sino solamente aquellos que hacen la voluntad de Dios. ¿Por qué dicen que soy su «Señor» si no hacen lo que yo les digo?

211. En el día del juicio muchos vendrán a mí y me dirán: «Señor, ¿no profetizamos en tu nombre? ¿No echamos demonios en tu nombre? ¿Acaso no hicimos muchos milagros en tu nombre?». Pero yo les voy a responder: «¡Nunca los conocí a ustedes! ¡Aléjense de mí, ustedes que pasaron su vida haciendo maldad!».

212. Muchos se quedarán fuera del Cielo llorando. Golpearán la puerta y dirán, «Señor, ábrenos la puerta y déjanos entrar». Pero yo contestaré: «No sé de dónde vienen ustedes». Entonces empezarán a decir: «Escuchamos tu mensaje en las plazas y aun comimos y bebimos en tu presencia». Pero yo contestaré: «No sé de dónde son ustedes. ¡Apártense de mí todos los que vivieron fuera de mi voluntad!».

213. Entonces esas personas llorarán y crujirán los dientes cuando vean a todos los que fueron fieles a Dios entrar al Cielo, mientras ellas mismas quedan excluidas. En ese día habrá gente de todos los diferentes lugares del mundo que vendrán y se sentarán a la mesa para disfrutar del Reino de Dios; pero algunas personas que supuestamente eran parte del Reino se quedarán afuera. Porque hay gente que es despreciada ahora que será considerada importante después; y gente que es considerada importante ahora que no lo será después.

214. Un rey organizó la boda de su hijo, el príncipe. Envió a sus siervos a las provincias de su reino a llamar a los que habían sido invitados a la boda, pero los invitados rehusaron venir.

215. Así, pues, el rey envió a sus siervos diciendo: «Díganle a los invitados de la boda que he preparado un gran banquete. He matado mis bueyes y mejores reses, y todo está preparado. Vengan a la boda». Pero los súbditos tampoco hicieron caso a esta invitación, sino que empezaron a excusarse.

216. Uno le dijo: «He comprado una casa y necesito verla; te ruego que me excuses». Otro se excusó diciendo: «He comprado ganado y necesito probarlos; te ruego que me excuses». Aún otro le dijo: «Acabo de casarme y por eso no puedo ir». Así se fueron, unos a sus fincas y otros a sus negocios. Incluso, algunos que quedaron echaron mano a los siervos del rey y los golpearon hasta matarlos.

217. Cuando el rey supo lo que había sucedido, se enfureció. Inmediatamente envió a los soldados de su corte. Estos apresaron a los asesinos y los ejecutaron y quemaron sus casas hasta el polvo.

218. Entonces el rey dijo a sus siervos: «La boda está lista, pero aquellos invitados no eran dignos de venir. Vayan entonces y encuentren personas en las esquinas de las calles y en el camino fuera de la ciudad e invítenlos a la celebración de la boda. Presiónenlos para que vengan, porque quiero que mi casa esté llena».

219. Agregó el rey: «Inviten también a los pobres, los discapacitados y los ciegos. Pero ninguno que fue invitado antes podrá venir ahora».

220. Así, los servidores del rey fueron a las esquinas de las calles de la ciudad. Luego fueron a los caminos e invitaron a todos los que encontraron, malos y buenos; y la sala de la boda se llenó de huéspedes.

221. Pero cuando el rey vino a ver a sus huéspedes, se quedó asombrado al ver a uno comer sin vestir el traje de bodas. Le preguntó: «¿Cómo es que tú has venido a la fiesta sin tu traje de bodas?». Pero el hombre no pudo responder. Entonces el rey dijo a sus sirvientes: «Aten a este hombre de pies y manos. Llévenlo y échenlo en la oscuridad, donde hay lágrimas de remordimiento y pesar». Porque les digo que muchos son invitados pero pocos aceptados.

222. El siervo que hizo cosas dignas de castigo, sin saber que eran contra la voluntad de su amo, recibirá un castigo liviano. Pero aquel que supo la voluntad de su señor y no se preparó ni cumplió con la voluntad de su amo será castigado severamente. Porque al que se le haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

223. Así que, si un siervo dice en su corazón: «mi señor demora en venir» y empieza a maltratar a los demás siervos y a enfocarse en cosas mundanas como comer, beber y embriagarse, el señor de ese siervo lo descubrirá justo cuando no se lo espera y lo castigará severamente, dándole el mismo castigo que recibirán los incrédulos e hipócritas.

224. Pero ¿quién de ustedes que tiene un siervo que trabaja en la granja, al terminar su trabajo, le dice: «Ven, siéntate a la mesa y yo te serviré»? ¿No le dice más bien: «Prepárame la cena. Sírveme hasta que yo haya terminado de comer y luego come tú»?

225. ¿Acaso el siervo merece un aplauso por haber hecho lo que se le mandó? Creo que no. De la misma manera, cuando hayas cumplido con todo lo que te estoy mandando hacer, simplemente di: «Soy un siervo inútil, pues hice solamente lo que debía haber hecho».

Referencias:
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