El Mensaje

El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


194. ¿Quién de ustedes, habiendo planeado construir un edificio, no se sienta primero y calcula el costo, a fin de asegurarse de que tiene suficiente dinero para terminarlo? De otro modo, puedes echar el cimiento y luego ser forzado a abandonar el proyecto. Aquellos que han estado observando tu progreso se burlarían de ti diciendo: «Él comenzó a construir pero ahora está en bancarrota».

195. ¿Pueden imaginarse ustedes a un gran rey que se prepara para defender su reino contra una armada invasora, sin primero sentarse con sus consejeros militares para considerar si su ejército de diez mil es capaz de derrotar la fuerza de veinte mil del enemigo? Si sus consejeros no ven la oportunidad de victoria, el rey rápidamente enviará a sus embajadores a encontrarse con el enemigo que se acerca para intentar negociar paz antes que comience la batalla.

196. Por eso, te digo: haz las paces con tu adversario mientras todavía tengas oportunidad, no sea que tu adversario te lleve a juicio y seas declarado culpable y echado en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de ahí hasta que hayas cumplido toda tu condena.

197. Ahora, estas son las condiciones para seguirme: El que no deteste a su padre, madre, mujer, hijos, hermanos o hermanas, y el que no deteste su propia vida, no puede ser mi discípulo.

198. Es más, el que no renuncia a todas sus pertenencias no puede ser mi discípulo.

199. Los zorros tienen cuevas y las aves nidos, pero yo no busqué tener un lugar propio donde recostar mi cabeza. No obstante, les digo la verdad: todos los que dejen su casa, padre, madre, hijos, hermanos o tierras por causa de mí y de mi mensaje recibirán mucho más en esta misma vida, hasta cien veces más. Recibirán también persecuciones, pero les aseguro que tendrán la vida eterna.

200. No piensen que vine a traer paz sobre la tierra. No vine a traer paz sino división que corta como una espada. Vine a echar fuego sobre la tierra, ¡y cómo quiero que ya se encienda!

201. Vine a traer contienda entre hijos y padres, hijas y madres, nueras y suegras. En una familia de cinco, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Es más, a causa de mí, tus peores enemigos serán los de tu propia casa.

202. Porque les aseguro que ningún profeta es aceptado en su propia tierra, entre sus parientes y en su casa. A mí también me dijeron: «Escuchamos que hiciste grandes cosas en otros pueblos, hazlas aquí también en tu propia tierra». Pero en la época del profeta Elías, cuando no caía lluvia y había una gran hambruna en toda la tierra, existían muchas viudas necesitadas entre la gente de su pueblo; no obstante, él fue enviado a ayudar a una extranjera. Lo mismo pasó con el profeta Eliseo. En su propio pueblo existían muchos leprosos, pero Eliseo ayudó a un extranjero.

203. Así que, deja que los muertos entierren a sus muertos. ¡Sígueme y anuncia el Reino Celestial!

204. Si amas a tu padre, madre, hijos, esposa o hermanos más que a mí, no eres digno de mí. Y si no tomas tu cruz y sigues detrás de mí, no eres digno de mí. Porque si quieres seguirme, tienes que negarte a ti mismo, tomar tu cruz cada día y seguirme de verdad.

205. El que ama su vida y la quiera salvar, la perderá; pero el que deteste su vida en este mundo y el que pierda su vida por mi causa, la salvará.

206. Te digo la verdad: salvo que el grano de trigo caiga a la tierra y muera, no se reproduce; pero si muere, produce mucho fruto.

207. Un discípulo no es superior a su maestro. Pero cualquier discípulo que haya completado su entrenamiento será como su maestro. Ahora, este es el trabajo que Dios quiere que hagas: que confíes plenamente en mí.

208. Si me quieres servir, entonces sígueme; porque donde sea que yo esté, allí también estarán mis seguidores. Te aseguro que cualquiera que trabaje para mí, recibirá honor de parte de mi Padre. Pero el que decide trabajar para mí y luego cambia de idea, queriendo volver a su vida anterior, no es apto para el Reino de Dios.

Referencias:
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