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El Mensaje - Las Palabras Radicales de Jesús


73. No hay ninguno bueno, excepto Dios. Pero si quieres la vida eterna, ya sabes que tienes que obedecer los mandamientos de Dios: no cometas adulterio; no mates; no hurtes; no levantes falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre. Ahora, para madurar, te falta una cosa más: vende todo lo que tienes y da el dinero a los pobres, y entonces ven y sígueme. Haz esto y tendrás tesoros en el Cielo.

74. Porque el más importante de todos los mandamientos es este: «El Señor, nuestro Dios, es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas».

75. En segundo lugar, hay un mandamiento parecido. Es este: «Amarás a tu prójimo como te amas a ti mismo».

76. Todas las leyes y los profetas del Antiguo Testamento se basan en esos dos mandatos. Cumple con estos dos mandamientos y tendrás vida eterna.

77. No piensen que vine a cancelar la ley de Dios o las enseñanzas de los profetas del Antiguo Testamento. No vine a cancelar, sino a darles su verdadero cumplimiento. Porque les digo la verdad: hasta que desaparezca el cielo y la tierra, no se cambiará nada de la ley hasta que todo se haya cumplido.

78. Cualquiera que vive contrario a siquiera el menor de mis mandamientos será el menor en el Reino Celestial. Pero el que rige su vida por ellos y enseña a otros a obedecerlos será considerado grande en el Reino Celestial.

79. Así que, vive tu vida haciendo a los demás como esperas que ellos hagan contigo, porque esta es la esencia de la ley y los profetas.

80. Por ejemplo, cierto hombre viajó de Jerusalén a Jericó. En el camino fue atacado por ladrones que lo desnudaron y lo golpearon, dejándolo medio muerto.

81. De casualidad, un sacerdote caminaba por el mismo camino. Pero viendo al pobre hombre, cruzó al otro lado de la senda. Luego, otro hombre muy religioso llegó al lugar del asalto. Miró a la víctima y rápidamente pasó al otro lado del camino.

82. Finalmente, un samaritano (quienes eran despreciados debido a que su religión era la equivocada) se acercó. Cuando vio al hombre herido, inmediatamente sintió compasión por él, y rasgando su manta en fajas, vendó sus heridas y les echó aceite y vino. Tendió al hombre con cuidado sobre su mula y lo trajo a una posada. Allí se aseguró de que el herido recibiera buen cuidado. En la mañana, antes de partir, pagó al posadero y le dijo: «Cuide de este hombre y cuando yo vuelva, le pagaré».

83. Ahora, ¿cuál de estos tres se comportó como prójimo de aquel hombre que cayó entre los bandidos? Vayan y hagan lo mismo que él.

84. Les aseguro que cuando yo vuelva en mi gloria y todos los santos ángeles conmigo, me sentaré en el trono de mi gloria celestial. Todas las naciones se reunirán en mi presencia y separaré los unos de los otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Las ovejas las pondré a mi derecha y las cabras a mi izquierda.

85. Entonces, diré a los de mi derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, entren en la heredad del reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque estaba hambriento y ustedes me ofrecieron alimento. Estuve sediento y me trajeron algo para beber. Fui forastero y me recogieron. Estuve desnudo y me vistieron. Estuve enfermo y cuidaron de mí. Estuve prisionero y me visitaron».

86. Entonces los justos contestarán asombrados: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos algo para beber? ¿Cuándo te vimos como un forastero y te dimos refugio, o necesitado de vestido y te vestimos? ¿Te vimos alguna vez enfermo y te cuidamos, o en prisión y te visitamos?». Yo responderé: «Verdaderamente les digo ahora, en cuanto ustedes han hecho todas estas cosas aun por el más pequeño de mis hermanos o hermanas, me lo han hecho a mí».

87. El que recibe a un seguidor mío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí; recibe al que me envió. El que reciba a un profeta porque es profeta, recibirá la recompensa del profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, recibirá la recompensa del justo. Les digo la verdad: cualquiera que dé a uno de mis seguidores, por más pequeño que sea, siquiera un vaso de agua por ser mi seguidor, no perderá su recompensa.

88. Pero a los que habré apartado a mi izquierda, les diré: «Apártense de mí. Porque tuve hambre y no me dieron de comer. Tuve sed y no me ofrecieron nada de beber. Fui un forastero y ustedes me rechazaron. Estuve desnudo y ustedes no me vistieron. Estuve enfermo y ustedes no cuidaron de mí. Estuve en prisión, pero ustedes no me visitaron».

89. Entonces ellos me preguntarán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo o en prisión y no te consolamos?». Yo responderé: «En verdad les digo: por cuanto ustedes no cumplieron en hacer estas cosas ni por el más pequeño de mis hermanos y hermanas, han faltado en hacérmelo a mí».

90. Estos, entonces, serán enviados a ser castigados por Dios; pero los justos, a la vida eterna.

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