Este va a ser un estudio sobre la gestión de las personas. Trata con dos áreas específicas de gestión que son importantes para nosotros como cristianos: anticipación y motivación.

Anticipación significa pensar en las cosas antes que sucedan. Esto es esencial para toda la vida cristiana, ya sea anticipando cómo nuestras acciones influirán sobre los otros o anticipando lo que está más allá de la muerte. Mirar hacia adelante no solo es importante para nosotros personalmente; también es importante en relación con las personas que lideramos. Un liderazgo sabio requiere que miremos de cerca hacia dónde se dirigen las personas y que las preparemos para lo que se avecina.

Hay padres que saben muy bien que los adolescentes cuestionarán casi todo lo que se les ha enseñado, y sin embargo, estos mismos padres esconden la cabeza en la arena y no se preparan para las preguntas que van a venir de sus propios hijos cuando lleguen a la adolescencia. Otros adolescentes, se dicen a sí mismos, pueden exponer las fallas en la fe y las prácticas de sus padres, pero nuestros hijos son diferentes. Así que continúan avanzando, ciegamente indiferentes a sus propias inconsistencias, hasta que todo culmina en una situación de enojo con un adolescente enojado. Estos mismos padres terminan con el corazón roto cuando su ingenua ilusión se desvanece. ¡Si tan solo hubieran anticipado el problema y se hubieran preparado para ello!

Si hubieran anticipado que tal día vendría inevitablemente, podrían haber anticipado el tipo de argumentos que se plantearían, y podrían haber trabajado de antemano para eliminar cualquier indicio de hipocresía o deshonestidad en su propia fe y práctica. Podrían haber visto la necesidad de dejar de predicar y comenzar a escuchar a medida que se acercaba la adolescencia. Hay formas de estar preparados, pero no son fáciles. Requieren mucho pensamiento, preparación, humildad y disposición para cambiar. Y todo esto comienza anticipando que habrá tal juicio algún día.

Ahora ampliemos esto para aplicarlo a todos los líderes. Supongamos que tienes algunas personas que confían en ti para el liderazgo espiritual. Por un tiempo, confiarán en ti ciegamente, siguiendo tu consejo como ley. Pero tarde o temprano, comenzarán a cuestionar tus decisiones. A veces, sus desafíos serán vanos, derivados solo de su propio orgullo e inmadurez. Pero si no tienes cuidado, serás condenado un día, simplemente porque no te juzgaste a ti mismo. Pablo escribió a los corintios: "Si nos juzgáramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados" (1 Corintios 11:31). Este es uno de los aspectos de la anticipación.

Pero hay otro aspecto de la anticipación que se relaciona con la anticipación de los problemas de los seguidores. Si puedes anticipar las necesidades de aquellos que lideras, puedes prepararlos para los problemas antes de tiempo. Por ejemplo, cuando un ministro cristiano está pasando mucho tiempo a solas con miembros del sexo opuesto, no se necesita mucho discernimiento para ver que él o ella se están dirigiendo a los problemas. Están cediendo a la primera tentación, que es la tentación de ser tentado. Lo negarán, por supuesto, porque están borrachos con la emoción de sentirse halagados. Pero todavía es nuestro trabajo advertir a esa persona.

Cuando ves que alguien está perdiendo interés en las cosas espirituales, retirándose de la comunión, perdiendo el tiempo en trivialidades, atraídos por actividades materiales, podemos ver también que ellos se están dirigiendo hacia los problemas. No tenemos que esperar hasta que el problema esté plenamente desarrollado y se hayan alejado completamente de Dios, para recién actuar. De hecho, si esperamos, puede que sea demasiado tarde. Los seguidores pueden estar manejándose bastante bien con las habilidades básicas para la vida y pueden no estar causándonos ninguna molestia personal; pero eso no debería cegarte a los problemas que se esconden debajo de la superficie y que es probable que destruyan su alma.

Es muy importante anticipar los problemas y buscar soluciones de antemano. "Una persona precavida vale por dos". El primer paso para resolver cualquier problema es reconocer que existe ese problema. Un buen líder debe poder anticipar los problemas antes que ocurran. Desafortunadamente, muchos de nosotros nos hemos alejado de la responsabilidad ministerial a través de la tentación de "pensar positivamente" y pasar por alto las señales de advertencia. Muchos de los supuestos 'pensamientos positivos' son poco más que un esfuerzo por escapar de la realidad, huir de 'la escritura en la pared'. Un buen líder no puede permitirse hacer eso por mucho tiempo. Un buen líder mira hacia adelante y considera el largo plazo.

Aquellos que argumentan en contra de que los líderes espirituales anticipan problemas (porque es demasiado "negativo") rara vez aplican los mismos principios en otras áreas de sus propias vidas. No ven nada malo en hacer chequeos regulares sobre su salud o con sus autos, y a menudo prefieren la prevención a la curación. Así que no tengamos miedo de tener ese mismo cuidado con nuestra salud espiritual.

No basta con decir que las personas que estás liderando no se han presentado recientemente con un problema importante. Si esperas hasta que te digan que hay un problema, los problemas generalmente ocurrirán en los peores momentos posibles. En vez de eso, deberías preguntarte casi a diario: "¿Cómo le está yendo a fulano espiritualmente? ¿Cuál es su mayor necesidad espiritual en este momento?". Si no puedes responder esas preguntas, entonces podrías ser culpable de pereza gerencial, o indiferencia.

La anticipación, la resolución anticipada de problemas o simplemente mirar hacia el futuro es prácticamente el ingrediente fundamental en una buena gestión. ¿Cómo puedes dirigir a alguien si tú mismo no sabes hacia dónde se dirigen las cosas? Y si encuentras que las cosas van en una dirección que es contraria a la dirección que es mejor para todos los involucrados, entonces tienes que trabajar en el segundo aspecto del liderazgo, que es descubrir las motivaciones que son necesarias para inspirar a la gente a alterar su rumbo. En otras palabras, tienes que inspirar el cambio.

Es fácil pensar que nosotros, como cristianos, estamos motivados por cosas como la fe y el amor en todo lo que hacemos, y esperamos que haya algo de verdad en eso. Sin embargo, la mayoría de nosotros no somos conscientes de otras motivaciones que también entran en la ecuación. Hemos visto cómo la codicia, la conveniencia y la presión social desempeñan un papel importante al dictar lo que muchas personas hacen y dicen. (Consulta 'Doctrinas de Conveniencia', 'La Conciencia Social' y 'La Raíz de Todos los Males'). Para la mayoría de las personas, estas fuerzas dominan sus vidas. Pero incluso hasta el cristiano más fuerte puede estar plagado de tales deseos engañosos. Como buenos líderes, debemos ser conscientes de esas tentaciones, aprendiendo a reconocerlas tanto en nosotros mismos como en los demás.

Sin embargo, se requiere de un don de discernimiento aún más sutil para comprender las motivaciones más positivas y cómo operan de manera diferente en diferentes personas. La naturaleza particular de una motivación que hace que una persona tome una decisión que no es ni conveniente, ni popular, ni rentable es la clave para ayudar a esa persona con otras decisiones difíciles.

En el momento en que una persona se convierte en miembro de nuestra comunidad, por lo general ya ha realizado algunos sacrificios significativos. Generalmente lo ha hecho porque pensó que era la voluntad de Dios que lo hiciera. Sin embargo, su comprensión de la voluntad de Dios y tu comprensión pueden ser dos cosas muy diferentes. Debido a eso, tarde o temprano, tú pensarás que algo es la voluntad de Dios sobre lo cual la otra persona no compartirá la misma convicción. Entonces, debes encontrar la manera de hacer que cambie por convicción genuina y no solo por conformidad.

Un ejemplo común de esto es nuestra práctica de distribuir tratados. Alguien puede vender todo lo que tiene y dar a los pobres. Puede abandonar a su familia, renunciar a su trabajo y salir con nosotros a una tierra nueva y extraña, todo porque cree que es la voluntad de Dios. Pero, de repente, se resistirá a repartir tratados o, más probable, a pedir una donación. Para aquellos de nosotros que lo hemos hecho durante muchos años, lo que estamos haciendo tiene mucho sentido. Estamos "predicando el evangelio" y recibiendo una ofrenda de aquellos que desean contribuir. Pero para las personas que solo han pensado en "predicar" como algo que haces en un púlpito, frente a una multitud, suena como si fuéramos estafadores que intentan justificar el mendigar.

No es que la otra persona se esté rebelando contra Dios. Es solo que su comprensión de la voluntad de Dios se ve desafiada por cosas que nosotros hemos aprendido a dar por sentado. Y es nuestra responsabilidad reducir la velocidad, retroceder y descubrir dónde fue que se desvió de la ruta por cual antes viajaba con tanto entusiasmo con nosotros. Debemos estudiar sus motivaciones, para ver cómo difieren de las nuestras.

Estudia las ocho formas de conocer la voluntad de Dios y determina cuáles son las más importantes para esta persona. Busca maneras de despertarla a otras maneras de conocer la voluntad de Dios. Pero considera, también, si puedes comunicar la misma verdad a través de los canales a los que está más abierta.

Por ejemplo, una persona que no está dispuesta a cooperar solo porque has encontrado un texto de prueba en la Biblia para respaldar lo que estás defendiendo, puede estar motivada para actuar si puede ver que tu plan de acción propuesto es práctico y amoroso. Pero, para otra persona puede ser todo lo contrario. Puede rehusarse a pedir una donación, por ejemplo, porque no puede encontrar un versículo en la Biblia que le ordene hacer tal cosa. Para esta persona, debes encontrar versículos, o vincular la acción con terminología bíblica, como por ejemplo, permitir que aquellos que predican el evangelio vivan del evangelio, aceptar recompensas materiales de aquellos a quienes les hemos dado alimento espiritual. Puede ser que también sea necesario hablar de temas como la humildad, la fidelidad y la unidad.

También puedes guiar a una persona, paso a paso, alejándola de una motivación negativa, y acercándola hacia una más positiva. Supongamos que alguien es perezoso en cuanto a cumplir con las tareas domésticas. En lugar de condenar la pereza, podrías convertir las tareas en un juego, con algún tipo de recompensa. Una motivación positiva como esa puede ser todo lo que se necesita para superar la pereza. Has logrado un cambio a través de la "inspiración" en lugar de la "condenación". Obviamente, no queremos que las personas estén motivadas por la codicia; pero en la mayoría de los casos, los pequeños premios que ofrecemos serían poco más que catalizadores para ayudar a las personas a hacer lo que realmente quieren hacer, y eso es crecer espiritualmente.

Utilizamos el sistema de apoderamiento para hacer lo mismo para nosotros mismos, convirtiendo el progreso en puntos que podemos sumar en un cuadro. Pero incluso algo tan simple como un cuadro de apoderamiento requiere una cantidad de ajustes finos, y es el trabajo de los buenos líderes experimentar con esas cosas hasta que encontremos la manera de obtener el resultado deseado sin producir efectos secundarios dañinos. Debemos animarles a que no hagan las metas demasiado difíciles, ni demasiado fáciles. Debemos alentarlos a que no hagan que las recompensas sean ni demasiado grandes, ni tampoco demasiado pequeñas. Y debemos recordarles que re-evalúen constantemente lo que está sucediendo, para asegurarnos de que están logrando los objetivos espirituales deseados, en lugar de desviarse hacia objetivos infructíferos.

Lo que debes hacer es examinarte a ti mismo, y a quienes diriges, para ver si eres consciente de tus puntos débiles y de los puntos débiles que amenazan a tus seguidores. Y si eres consciente de ellos, pregúntate si estás tomando acciones para motivar cambios y si estás evaluando su progreso, para ver si tus acciones están teniendo el resultado deseado. Si seguimos trabajando en estos dos aspectos del liderazgo: anticipación y motivación, eventualmente se producirá el crecimiento espiritual general.


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