El estrés es una parte natural de la vida, y, de muchas maneras, puede ser también una parte placentera de la vida. El subirse a una montaña rusa causa estrés. El bostezar, hacer ejercicio, y hasta el tener relaciones sexuales, son actividades que involucran estrés. Lo que hace que el estrés sea desagradable y perjudicial, es la sensación de que no podemos escapar de él.

Un soldado al frente de batalla está bajo estrés. Sus propios compañeros podrían dispararle si escogiera huir para evitar ese estrés. Obviamente, el estrés que él enfrenta es más ineludible que otros. Su estrés proviene de su deseo en querer permanecer con vida. El daño causado por su estrés puede ser mucho menos dañino que el daño causado por un balazo en la cabeza. Pero también, puede no ser así. Solamente su preocupación podría matarlo, especialmente si logra que él se desmorone, salga de su trinchera, y corra gritando directamente hacia la zona del enemigo.

La mejor manera de evitar el estrés, es dejando de lado a todo lo que te estés aferrando fuertemente. Puede ser tu deseo de salir bien en un examen; o tu deseo de que alguien piense bien de ti; o tal vez, así como el soldado, solo tu deseo de permanecer con vida y estar saludable. El dejar ir todo, puede en realidad ayudarte a lograr estos tres objetivos.

El truco está realmente en encontrar el momento oportuno. Si esperas demasiado tiempo, podrías sufrir una crisis nerviosa y ocasionar daños permanentes en tu mente y en tí mismo. Y si lo dejas ir demasiado pronto y con demasiada frecuencia, jamás lograrás nada. Cuando el estrés no te está ayudando a alcanzar tu meta, necesitarás renunciar por un tiempo a la idea de lograrla, y solamente hacer lo que te sientas cómodo haciendo.

Dentro de nuestra comunidad, las personas generalmente se estresan tratando de lograr la aprobación de las demás personas en la comunidad. Si lo dejas llegar demasiado lejos, un día te enojarás y saldrás corriendo, y prometerás nunca volver a una vida tan opresiva. Este es más o menos el patrón que ha seguido cada "deslizado". Lejos de ganar la aprobación, terminaron destruyendo por completo la relación entre ellos y nosotros. La tragedia es que su deseo de "complacer" al grupo a menudo los llevó a "odiarlo". Algo salió trágicamente mal. Entonces, ¿cómo podríamos evitar que eso le suceda a otros de nosotros?

Recuerda, no es necesariamente malo querer ganar la aprobación de otros. Pero un objetivo mejor sería querer ganar la aprobación que proviene de Dios ... ya sea que ganemos o no la aprobación de los demás. Existe una línea por la cual tenemos que caminar que está entre ser groseros con los demás (por ejemplo, líderes) y ser aduladores de ellos. Debemos aprender a identificar cuándo estamos caminando por esa línea.

Las señales de advertencia tempranas de que estás preocupándote demasiado por lo que alguien más piensa son: (1) cuando tu deseo de impresionar a otros te lleva a encubrir errores o a ser deshonesto de alguna otra manera; (2) cuando te sientes perturbado al ser cuestionado, sobre todo cuando comienzas a dar respuestas confusas; y (3) cuando comienzas a enojarte con aquellos que están tratando de corregirte.

Esos son momentos en los cuales tienes que renunciar a tu deseo de impresionar a cualquiera que estés tratando de agradar... no con enojo, sino esforzándote en ganar la aprobación de Dios por encima de ganar la aprobación del grupo. Las personas que abandonan los grupos debido al enojo que sienten por la disciplina que recibieron mientras estaban en el, a menudo se inclinan a una filosofía de egoísmo y/o rencor hacia el grupo que abandonaron como intentando compensar el estrés que sintieron cuando estaban con el. Si dejas de hacer lo que estás haciendo para Dios, entonces, tu también caerás en la misma trampa. (Nota: Probablemente no admitirás ser egoísta o rencoroso si te deslices espiritualmente, pero eso sigue siendo lo que será.)

Entonces, cuando sientas que te invade el enojo, la deshonestidad o la confusión, ese es el momento indicado en que debes dejarlo ir. En lugar de culpar al grupo o al líder por tu estrés, necesitas reconocer hasta qué punto tu estrés aún está bajo tu propio control.

Incluso el soldado que es enviado al frente de batalla con un arma en su espalda, puede entregar su estrés a Dios y encontrar su respuesta, si es capaz de renunciar a su deseo de querer permanecer vivo y decide dirigir su atención a un Dios amoroso. Dios le puede decir que se quede y luche, que se de la vuelta y corra, o incluso simplemente que siga todo el simulacro que le corresponde pero sin apretar el gatillo, y que se encargue del problema mayor después. Pero cualquier cosa que decida hacer, lo hará porque así ha decidido hacerlo, y no porque no tenía otra opción en el asunto. Y si lo está haciendo en obediencia a Dios, no existirá el rencor que comúnmente se genera cuando alguien pasa de la adulación a la rebeldía.

Existen muchas circunstancias que son impuestas sobre cada uno de nosotros, y causan frustración y estrés. Pero siempre nos dejan con cierta libertad de elegir cómo vamos a responder. Es nuestra propia responsabilidad el responder de la forma más constructiva. Dios nos puede ayudar a encontrar ese camino si le pedimos ayuda.

Examínate a tí mismo cuando te sientas estresado, y renuncia a esas áreas en donde el estrés no te está ayudando a desempeñar un mejor trabajo. Te sorprenderá el ver cuánto puede realmente beneficiarse tu producción si no tratas de esforzarte tanto.


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