El versículo 1 John 1:7, sobre caminar en toda 'la luz' que tenemos, es un versículo buenísmo para abalar la idea de que Dios no requiere más de nosotros de lo que, por nuestro antecedentes y experiencia, podemos entender.  No obstante, aun con ese versículo, es mucho más fácil VER lo que tenemos que hacer que realmente hacerlo.  Nuestra teoría rapidamente aventaja nuestra habilidad de practicarla.  Así que, ¿qué hacemos cuando nuestra 'luz' sobrepasa nuestro 'caminar'?

Estás cuatro palabras del Padre Nuestro ("Tuyo es el poder") resumen una parte muy importante de nuestro caminar con Dios, y eso es nuestra dependencia absoluta de su misericordiosa ayuda para poder seguir caminando.

"Tuyo es el poder," es solamente una de tres cosas de que se nos hace recordar al fin del Padre Nuestro (Mateo 6:13). El "reino," el "poder," y la "gloria" pertenecen a Dios y provienen de Dios.  Orar esas líneas parece no tener mucho que ver con lo que normalmente asociamos con la oración.  No estamos pidiendo nada, y apenas semeja a la alabanza.  Mejor, parece simplemente ser un recordatorio personal de nuestra total dependencia de Dios incluso para la fuerza de confiar y obedecerle.

"Poder" es una palabra que cabe bien entre "reino" y "gloria", ya que suena medio 'político'. Pero parece que tiene más que ver con "tener fuerza".  En algún lugar entre caminar en La Luz y reconocer que toda fuerza últimamente proviene de Dios, nuestra voluntad funde con la fuerza de Dios para poder lograr la voluntad de Dios.

Jesús dijo a sus discípulos: "El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero la carne es débil." (Mateo 26:41)  Este es el mismo Jesús quién dijo: "Sean, pues, ustedes perfectos, como su Padre que está en los cielos es perfecto." (Mateo 5:48) Pablo dijo de sí mismo: "no hago el bien que quiero sino, al contrario... ¡Miserable hombre de mí!" (Romanos 7:19, 24) Esto fue el mismo Pablo quién dijo: "Todo lo puedo en Cristo". (Filipenses 4:13)  Estas declaraciones, aparentemente contradictorias, son consistentes solamente cuando comprendemos que la fuerza (o poder) proviene de Cristo desde el principio.

Incluso ese pasaje sobre caminar en la luz termina con decir que nuestro "caminar" resulta en que seamos "limpiado de todo pecado". Así que, nuestro caminar nunca será perfecto. (Si no, no habrá pecados para cuales necesitaríamos perdón.) Es necesario que haya una interacción dinámica entre nuestra voluntad y la de Dios, nuestra fuerza y la fuerza de Dios. Y siempre hay que recordar que aun lo que quizá llamaríamos "nuestra fuerza", es en realidad un regalo de Dios, a quién pertenece toda la gloría, para siempre.  Amén.


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