Nosotros entendemos que el concepto de ser un 'odre viejo' se relaciona con las personas que son inflexibles y poco dispuestas a aceptar el cambio.

El término 'odre viejo' proviene de la parábola del capítulo cinco de Lucas, donde Jesús fue cuestionado sobre por qué él no enseñaba las mismas cosas que Juan el Bautista enseñó. Jesús dijo que no pones vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hará que se revienten los odres, el vino se derramará, y los odres se echarán a perder. En vez, el vino nuevo debe estar puesto en odres nuevos. Y agregó que las personas que han probado el vino viejo, invariablemente, prefieren el vino viejo que el nuevo. (Lucas 5:36-39)

Primero, una breve explicación sobre los odres. Los odres, en los tiempos bíblicos, fueron hechos de cuero. Vino nuevo se echaba en odres nuevos cuando el cuero todavía era blando. Pero cuando el vino fermentaba, expandía y estiraba el odre, y el odre eventualmente se volvía duro y quebradizo. Si intentabas echar vino nuevo en un odre viejo, no hubiera tenido más capacidad de expandirse, y cualquier expansión del vino hubiera causado que se rompiera el odre. Por esa razón, se usó odres nuevos para vino nuevo, para dar lugar a la expansión durante el proceso de fermentación.

Ahora, la interpretación de la parábola: La naturaleza humana nos hace resistir el cambio, especialmente cuando nos sentimos cómodos con la vida que nos tocó. El status quo siempre prefiere el status quo. Solamente aquellos que no están felices con lo que tienen responderán a una oferta de algo nuevo. Esta idea es lo que transmite la declaración de que las personas prefieren el vino viejo al vino nuevo. Jesús venía con algo que era tan radicalmente diferente, que destrozaría por completo todas las maneras viejas de hacer las cosas. Sus posibilidades de convencer al sistema de lo que estaba diciendo eran nulas. Así que, necesitaba 'odres nuevos', o, personas que estuvieran preparadas a soltar su manera vieja de hacer las cosas y ser instruidas desde cero en asuntos espirituales.

Nicodemo no podía ver lo que Jesús estaba diciendo (Juan 3:9) porque él era un representante del sistema. (Juan 3:10) Nicodemo había sido un líder de los judíos durante tanto tiempo que no podía comprender la idea de convertirse en un niño pequeño. (Juan 3:3) Sabía demasiado, por lo que no pudo comenzar a inscribirse en el curso de discipulado que Jesús estaba llevando a cabo. Hay muchas personas religiosas así hoy en día.

Date cuenta que ninguno de los discípulos era miembro del sistema religioso, tal vez con la excepción de Mateo, aunque aún él parece haberse vendido al ejército Romano, para volverse un recaudador de impuestos.

Pablo continuó con la idea de los 'odres nuevos' en su primera carta a los Corintios (en 1 Corintios 1), cuando pidió que se examinaran a sí mismos y vieran si no era verdad que Dios había elegido a las personas despreciadas del mundo para construir su nuevo reino.  Pablo dice, "No... son (los) sabios, según los criterios humanos, ni son muchos los poderosos, ni muchos los nobles," que han sido llamados para construir ese nuevo reino. (1 Corintios 1:26)  Esto es porque los marginados, por lo general, no son adictos a las maneras antiguas.

Así que, cuando Jesús dice que nos tenemos que volver como niños pequeños para ser parte de su reino, estaba diciendo que tenemos que ser como odres nuevos... blandos, flexibles, y listos para expandirnos con cada nueva revelación, sin importar si desafía nuestras ideas preconcebidas sobre la vida, Dios y lo que es bueno y malo. Jesús dice que sin ser una persona a la que se le puede enseñar, simplemente no vamos a lograr ser parte de su reino. (Mateo 18:3)

Queremos también hablar de un espíritu de 'odre viejo' que persiste aun dentro de nuestra comunidad. Muchos de nuestros miembros son como los iglesianos... felices con el vino viejo, y sin interés en recibir vino nuevo.

Es importante meditar sobre si la declaración de Jesús, "si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos," es simplemente algo que tenemos que hacer una vez, o, si Dios quiere que permanezcamos como niños en nuestra relación con Él y en relación con la dirección de su Espíritu Santo.

Obviamente, cuando Dios nos muestra algo nuevo, nuestra aceptación de esa verdad nos da un fuerte punto de apoyo, del cual no vamos a deshacernos fácilmente en el futuro. En ese sentido, nos volvemos menos 'flexibles', por lo menos en ese punto de doctrina. Es menos probable que seamos sacudidos por "cada viento de doctrina" que se nos presenta. (Efesios 4:14) Eso es bueno.

Sin embargo, Dios casi con certeza tiene un número infinito de otras cosas que aún le gustaría enseñarnos, pero las personas religiosas siempre han tendido a cometer el error de volverse inflexibles una vez que han descubierto una sola revelación o verdad. Esta actitud impide el crecimiento. Cada denominación tiende a acomodarse en una rutina monótona donde machacan un relativamente menor punto de doctrina, lo cual les impide explorar más arriba de la montaña hacia la perfección de Dios.

Esto es un error espiritual muy serio, y nos puede costar el reino entero, sin importar cuán correctos eramos en el pasado cuando primero descubrimos una nueva revelación.

En los artículos 'Sabelotodos' y 'Mira Que No Caigas', consideramos las implicaciones de la declaración, "El que crea estar firme, tenga cuidado de no caer". (1 Corintios 10:12) Pero, a ¿cuántos de nuestros propios miembros oyeron el mensaje?

Parece que el mismo hecho de que hemos encontrado algo genuino de Dios es lo que causa que muchos de nosotros nos cerremos a recibir algo más de Él. Después de todo, ya que tenemos la verdad, ¿por qué hay que seguir escuchando por algo más? Desde nuestra perspectiva supuestamente superior, nos enaltecemos como los "maestros" perpetuos de todos los demás, y cerramos las puertas a seguir siendo instruidas nosotros mismos. (Ver también, La Parábola de La Pizza.)

Parece ser esta actitud de superioridad religiosa, la que más le disgustaba a Jesús en los fariseos. Los fariseos ciertamente no eran malvados en el sentido tradicional. Tenían e hicieron mucho que era correcto.  Pero lo hicieron con la actitud incorrecta, y debido a eso, Dios tuvo que recurrir a alguien más.

Aun en el caso de Juan el Bautista, el gran precursor de Jesucristo, Juan mismo se había acostumbrado tanto a bautizar a las personas, que siguió haciéndolo después de que había conocido y bautizado al Mesías. No pasó mucho tiempo antes de que se encontrara en la cárcel y enviara mensajeros a Jesús, preguntándole:  "¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?" (Mateo 11:3)

Juan se había convertido en un odre viejo, embriagado por su propio mensaje de ayuno y bautismos de agua, y había perdido la oportunidad de colgar su piel de camello y seguir  Mesías festejando.

Jesús advirtió a los líderes religiosos judíos que su arrogante auto-confianza acerca de ser el pueblo elegido, resultaría en su perdida del reino.  Dijo que un día llorarían y crujirían sus dientes, cuando vean a personas de todas las partes del mundo entrando en el reino de los cielos, y a ellos echados afuera.  Y después dice, "Pero habrá algunos últimos que serán primeros, y algunos primeros que serán últimos". (Lucas 13:30)  La razón es que aquellos que son primeros en ver una verdad, a menudo, son los primeros en volverse odres viejos como resultado. Y está dejando a una generación nueva para liderar el mundo hacia cada vez más verdad. Solo aquellos que sean conscientes de este obstáculo, y se preparen para tratar con ello, serán capaces de seguir recibiendo cada vez más nuevas revelaciones.

En El Apocalipsis mismo, Jesús nos pide volver a nuestro 'primer amor'. (Apocalipsis 2:4) Ves, cuando primero aprendemos algo de Dios, hay un entusiasmo espontáneo que lo acompaña.  Lo compartimos con otros con mucha emoción, queriendo solo dejar que el mundo entienda lo que hemos aprendido.  Pero después de haber enfrentado el rechazo, la dureza se establece, y nos contentamos con simplemente salir a la calle con ceños fruncidos, como profetas de destrucción hasta que Jesús vuelva.  Perdemos la esperanza de encontrar nuevos odres, de aprender nuevas verdades, y de abrir nuevas fronteras. "Testificar" se vuelve una serie de una humillación tras otra, mientras hacemos uso de la espada de la verdad, en contra de nuestros supuestos enemigos.

Quizás, como Juan el Bautista, podemos cumplir con algún propósito menor en el plan general. Pero los verdaderos precursores de la verdad, probablemente seguirán su camino en silencio, dejándonos en nuestra amarga desilusión y con nuestra atrofiada visión del futuro.

Por favor, que esto no le pase a ninguno de nosotros.

Y, ¿qué hay de ti? ¿Te has vuelto un odre tibio y autocomplaciente? Tal vez es tiempo de nacer de nuevo... ¡de nuevo!


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