"Ensancha el sitio de tu tienda... alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas." Isaías 54:2

El mundo de hoy se asfixia bajo una montaña de visiones pequeñas.

¿Por qué conformarse con un nuevo edificio religioso, una medalla de oro olímpica o la presidencia de los Estados Unidos, cuando se puede tener mucho más? Si ganas la lotería, llegas a la cima de tu profesión, o recibes una medalla de reconocimiento especial ¿va a significar algo un minuto después de que mueras?

Fuimos puestos en esta Tierra para aprender a vivir en armonía con nuestro Creador. Nada de lo que podamos lograr compensará nuestro vacío espiritual si perdemos eso.

Las grandes masas de la humanidad continúan siendo absorbidas por ambiciones y rivalidades sin sentido en la competitividad de la vida moderna, cuando podrían alcanzar la grandeza espiritual con la mínima aptitud física y mental.

La clave es simple honestidad y obediencia a Dios. Pero estas cualidades son extremadamente raras en esta, la más oscura de todas.

Algunos de nosotros hemos dedicado todo lo que tenemos y somos para ser completamente honestos y obedientes a Dios. Hemos descubierto legiones de fuerzas espirituales preparadas para luchar contra nosotros en esta resolución; pero también hemos descubierto una alianza con Dios que convierte los deberes más humildes en eternos triunfos espirituales.

Estamos plantando las semillas de la verdad que están sacudiendo los mismos cimientos del mundo. Estamos causando una onda expansiva que ya ha dado la vuelta al mundo.

A medida que continuamos siguiendo las instrucciones simples de Dios, estamos seguros de que la historia misma está siendo escrita, a través de nuestra obediencia.

Pero nosotros también debemos aprender a expandir nuestra visión.

"No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no nos desanimamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe." (Gálatas 6:9-10)

Conseguiremos los resultados más duraderos si nos tomamos el tiempo cada día para escuchar a Dios. Recuerda: Escuchar es nuestro trabajo más importante.

Es tan fácil perder el tiempo en proyectos, pasatiempos, ocupaciones y personas de nuestra propia elección cuando, al escuchar la suave y casi imperceptible voz de Dios que nos guía cada día, podemos ser guiados a hacer exactamente las tareas correctas en los momentos precisos.

¿Los canales de comunicación entre tú y Dios están abiertos y claros? ¿O están obstruidos con reservas sobre cuán lejos estás dispuesto a llegar para obedecer su voz si Él habla?

Sólo Él tiene la fórmula de lo que se va a necesitar para convertir este día en uno de importancia histórica.

Pero nunca la escucharás si no te tomas el tiempo para sintonizarte y escuchar. La verdadera grandeza vendrá sólo si mantenemos ese vínculo celestial.


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