Este tema realmente merece una cobertura más completa de la que podemos ofrecer en este artículo. No tenemos soluciones nuevas o detalladas, pero esperamos que al volver a establecer las cosas que se dijeron anteriormente, una redacción diferente pueda ayudar.

El problema en cuestión es la diferencia entre resolver el enojo y expresarlo o enterrarlo. Expresarlo es mejor que enterrarlo, porque lo saca a la luz. Pero si insistes en mantenerte emocional en lugar de racional, cuánto más expreses tu enojo, más querrás expresarlo, porque se siente tan bien, y no porque realmente resuelva algo. (Aun la ciencia ha comprobado que tu cuerpo produce ciertos químicos cuando te enojas. Y después, subconscientemente tu cuerpo busca situaciones para estimular la producción de tales químicos otra vez.) Herirás a la gente y probablemente te traiga más críticas, lo que te hará sentir aún más perseguido. Esto aumentará el problema y aumentará tu amargura.

Hemos hablado sobre la amargura y sobre las reuniones de resolución de conflictos en otros artículos, por lo que no lo volveremos a detallar aquí. Las reuniones de resolución (es decir, las reuniones que involucran a otros consejeros de la comunidad para resolver sus diferencias) son una de las mejores respuestas al enojo no resuelto, pero incluso ellas no lograrán nada si entras con la idea de que están en tu contra, y si estás cerrado a la posibilidad de que el problema pueda ser tuyo, en lugar de estar relacionado con otra persona.

Para resolver verdaderamente los desacuerdos, ambas partes deben apreciar el hecho de que el sesgo personal nos hará ver nuestras propias fortalezas y las debilidades de la otra persona más grandes de lo que son realmente. Y debemos estar pidiendo desesperadamente a Dios que nos muestre una perspectiva más verdadera, tanto de nuestras fortalezas y debilidades como de las de la persona con la que estamos tratando de resolver el problema.

Teniendo en cuenta que la otra persona tiene el mismo sesgo hacia sus debilidades y hacia sus propias fortalezas, a menudo tendrás que disminuir tus expectativas sobre si se resolverá totalmente el problema a la larga (si es que el asunto se resolverá alguna vez). Rara vez, si acaso ocurre, la otra persona va a estar tan convencida de tu rectitud como te gustaría, y tendrás que hacer ajustes serios sobre tus propias percepciones acerca de cuán equivocada está la otra persona. Si la comunidad insiste demasiado para lograr un cambio total e instantáneo en alguien que está fuera del espíritu, lo más probable es que lo mejor que obtengamos sea una imitación poco sincera de tal cambio. Y el cambio nunca ocurre si la persona que está fuera del espíritu espera hasta que se resuelva cada malentendido e injusticia que se perciba antes de arrepentirse verdaderamente de sus actitudes erróneas.

También es importante que cada uno de nosotros recuerde que nuestro registro pasado, aunque perdonado, probablemente no será olvidado. Por eso, tenemos que aceptar la responsabilidad incluso por algunas de las injusticias que encontremos contra nosotros mismos.

Si, por ejemplo, hemos sido divisivos en el pasado, entonces no sería sabio de los demás no sospechar que estamos intentando causar problemas en el presente, cuando hacemos y decimos cosas que podrían interpretarse de esa manera. Es posible que hayamos cambiado, pero no podemos esperar que otros lo acepten de inmediato. Necesitamos aceptar que toma tiempo que un buen fruto de nuestros esfuerzos sea percibido por otros.

A menos que hagamos un gran esfuerzo para practicar la regla de oro, ponernos en el lugar de la otra persona, usar nuestra imaginación para imaginarnos cómo Dios lo ve todo, nunca resolveremos adecuadamente el enojo.

Jesús contó historias e hizo declaraciones que nos deberían recordar que debemos poner en perspectiva nuestras quejas… en perspectiva con nuestro pecado general (por ejemplo, algunas de las cosas que has hecho mal y por las cuales NO has tenido que rendir cuentas, y mucho menos castigado por ellas),en perspectiva con las buenas cualidades de nuestros críticos, y en perspectiva con el papel de Dios en todo. A menos que resolvamos estas perspectivas, vamos a terminar totalmente descarrilados espiritualmente... engañados con nuestro propio sentido de rectitud y llenos de enojo sin resolver (es decir, el rencor) contra todos los demás.

Como se indicó al comienzo, lo que está escrito en este artículo es solo una pequeña parte de la solución para resolver tu enojo. Primordialmente, lo que se necesita más que nada es la voluntad de dejar de lado el odio secreto que ha estado devorando tu alma y amenazando con destruir tu relación con cualquiera que se atreva a decirte la verdad sobre tu propio pecado. Realmente depende de ti.


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