La mayoría de nosotros presumimos que la vida humana ha existido por millones, o miles de millones de años, y que probablemente seguirá existiendo durante muchos millones, o miles de millones más. Como por resultado, nuestras pequeñas vidas se vuelven tan abrumadoramente insignificantes que nos conformamos con una vida irreflexiva junto con todos los otros miles de millones de hormigas humanas sin significado que pueblan este planeta.

Pero cuando hacemos esto, estamos confundiendo el tiempo con la eternidad. La filosofía de la evolución ha creado esta imagen irreal de la vida humana. Todas las conversaciones sin fundamento acerca de miles de millones de años, dan la impresión de que no sólo el planeta mismo es eterno, sino que la existencia humana lo es también. Sin embargo, aun los evolucionistas más ardientes no pueden negar que la historia humana tiene apenas seis mil años de antigüedad.

Piensa sobre lo que significa eso:

Significa que los primeros seres humanos que dejaron registro histórico de su existencia vivieron hace sólo seis mil años. Hace seis mil años. Piensa en eso.

Si vives siquiera sesenta años, habrás experimentado un uno por ciento de toda la historia registrada de la raza humana, desde Adán y Eva (o quien te guste pensar que nuestros primeros padres fueron) hasta el presente.

En ese contexto, nuestra generación es una de menos de 200 que han vivido en la tierra. Lo que decimos y hacemos es una parte importante de la historia humana.

Pero mucho más importante que eso, ya que la población de la Tierra ha ido aumentando de manera exponencial durante todo este tiempo, la generación actual -es decir, la población actual de la Tierra- representa algo como una cuarta parte de todas las personas que jamás han vivido en la tierra.

Lo que decimos y hacemos en términos de cambiar el rumbo de la historia no es insignificante.

Cualquiera que sea la razón de la existencia humana, una cuarta parte de nosotros estamos aquí ahora para escuchar la respuesta si alguien la tiene, y si alguien tiene lo que se necesita para comunicar esa respuesta al resto de nosotros.

La Biblia dice que, con Dios, hay muy poca diferencia entre un día y mil años. Esto es así porque Dios vive en la eternidad... el lugar donde miles de millones de años tienen significado y son muy reales. Pero nosotros, los seres humanos, vivimos en el tiempo y en el espacio, donde unos pocos miles de años pueden contar toda la historia.

La existencia humana sobre la tierra no es eterna. A la vista de la eternidad, sólo acaba de empezar.

Lamentablemente puede ser que se termine poco después de haber comenzado. De hecho, lo que estamos viviendo en estos momentos puede ser nada más que una neblina, un muy pequeño experimento, a la luz de la eternidad, para ver cómo nosotros, los seres humanos, usaremos la libertad y la responsabilidad que se nos ha entregado.

En algún lugar fuera de esta dimensión que llamamos tiempo, hay un propósito eterno, un plan eterno, y nuestro propósito entero de estar en la tierra es para ver si vamos a buscar y seguir ese plan.

Si encontraras un camión estacionado en el césped del patio frente a tu casa cuando te levantas por la mañana, naturalmente buscarás una explicación para su existencia. No vas a tratar de pretender que no está ahí. De igual modo, ya que nos hemos encontrado en este planeta, deberíamos también buscar una explicación.

La explicación existe en Jesucristo y todo lo que él enseñó. Dios nos puso aquí para amarnos los unos a los otros y ver si daríamos todo lo que tenemos por su promesa de vida eterna. Es sólo nuestra rebelión obstinada contra Dios que nos hace rechazar las enseñanzas de Jesús, e inventar rituales religiosos y la filosofía para reemplazarlas.

Pero ni siquiera tenemos que esperar otros mil años para descubrir la estupidez de ese enfoque. En otros cincuenta o cien años estaremos todos muertos. Cada uno de nosotros. Todos. Y vamos a estar de pie ante el Creador de todo lo que llamamos vida, tratando de explicarle por qué nos negamos a caer de rodillas ante su Hijo, y aceptar el mensaje de la fe y el amor que él vino a traer a la raza humana. ¿Estás preparado para ese encuentro?

¡¿Por qué no aceptar hoy lo que Jesús dijo?!

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