Hay una tendencia entre los críticos de la religión de confundir la hierba con la maleza.  Verdad, hay mucho que está mal con la religión; pero la fe en Dios no tiene la culpa.  Los religiosos deshonestos solamente fingen tener fe en Dios.  La solución a tal hipocresía no es negar la existencia de Dios, sino combatir la fe deshonesta con fe honesta.

La fe honesta empieza con admitir que hay límites muy reales con respecto a nuestra habilidad de comprender todo sobre Dios.  Somos menos que motas comparados a la inmensidad del universo, y nuestras vidas son un vapor, una chispa que aparece y desaparece comparado a la eternidad.  Le cuesta a nuestras mentes aun poder pensar sobre nunca haber nacido, o dejar de existir.

Como por resultado, la mayoría de las personas evitan tales pensamientos y buscan todo el placer que puedan encontrar ahora.  Pero otros se aferran a la esperanza de que nuestra personalidad (mente, alma, espíritu, lo que sea) es parte de la eternidad y existe más allá de nuestro cuerpo físico.  Este es un comienzo de la fe.

Hay muchas razones por cuales creer que la vida como la conocemos es solamente una pequeña parte de un plano más alto de la existencia.  Hay tanto orden, propósito y belleza en el universo que no podemos aceptar razonablemente que el universo es el resultado de un accidente.

Quizás no podamos aceptar que un hombre con barba blanca construyó al universo, pero el hecho de que una Inteligencia incomprensible y poderosa lo haya hecho es congruente con todo lo que experimentamos nosotros en esta existencia de espacio y tiempo.  No aceptamos que los automóviles se inventaron a sí mismos, entonces ¿cómo podemos aceptar que la vida (algo mucho más complejo que un automóvil) se creó a sí misma, y así por accidente?  Entonces si hay un Diseñador Maestro (y nos ha dado suficiente inteligencia para reconocer la probabilidad de que tal Diseñador existe), entonces ¿cuál es nuestro papel en todo esto?

Muchas religiones enseñan que el Creador busca una relación especial con los seres humanos.  Mientras que los animales tienen una relación instintiva, solamente las personas tienen libre albedrío, la habilidad de elegir resistir al Creador.

Nuestras nociones de lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo moral y lo inmoral, también nos conducen a creer que el Creador es bueno, justo y moral; mientras que resistir al Creador es malo, injusto e inmoral.

Pero ahí es cuando la religión empieza a corromper la situación.  Los líderes deshonestos declaran estar hablando de parte de Dios en cuanto a lo que es bueno o malo.  Sus enseñanzas contradicen los de los demás líderes religiosos.  Pero más importante, contradicen los susurros quietos dentro de cada uno de nosotros.  Esas contradicciones hacen que muchas personas rechacen la religión.

Algunas personas reconocen que tales líderes religiosos están equivocados, pero también saben que los susurros internos son difíciles de entender y aun de escuchar.  Seguir la voz interior por nuestra propia cuenta requiere tanta honestidad que es demasiado doloroso para la mayoría de las personas.  Al fin pierden todo interés (y habilidad) en escuchar tal voz.

Algunas personas regresan a los líderes religiosos; otros a vivir más o menos como los animales.  Otros tratan de crear nuevos sistemas espirituales y de presentarse a sí mismos como los maestros sin entender mucho sobre la Verdad completa.  Inventan nueva terminología, agregando aun más confusión a la farsa de la religión.  Muy pocos son los que desean la Verdad suficientemente fuerte para encontrarla.

Hay veces cuando alguien dice algo que amplifica o concuerda con nuestras convicciones interiores.  Nuestras esperanzas de encontrar el verdadero propósito de la vida son fortalecidas, mientras nuestra voz interior y la de otra persona se apoyan la una con la otra.  Pero cuando esa misma persona empieza a exponer alguna falta en nuestra forma de pensar, y nuestra voz interior concuerda con la verdad de la crítica, la mayoría de nosotros preferimos seguir engañados en vez de rendirnos por completo a la Verdad sin importar el costo.  De hecho, esto es lo que complica basarse exclusivamente en la voz interior (es muy fácil engañarnos a nosotros mismos).

Sin embargo, si existe verdaderamente un Creador, y si el Creador quiere tener una relación con nosotros, entonces sería lógico que el Creador mismo nos aclare la situación y nos enseñe el camino hacia la Verdad y la vida.

Jesús, diferente a otros líderes religiosos, declaró ser el verdadero Hijo de Dios, la mayor revelación de Dios para la tierra.  Muchos líderes religiosos hablan de fe y de amor, y nuestras conciencias dan testimonio de que por lo menos esa parte es verdad.  Pero Jesús va mucho más allá y nos enseña a poner en práctica la fe y el amor por medio de renunciar a todo lo que tenemos y dedicar nuestra vida entera, cada día, a la fe en Dios y el amor a los demás.  No sólo lo enseñó sino que fue el mayor ejemplo de una vida rendida a Dios, dispuesto aun a sacrificar su propia vida por amor a Dios y a la humanidad.

Es natural tener dudas sobre la existencia de Dios.  Pero si uno está sinceramente buscando la verdad, lo llevará a la fe en Dios y a reconocer a Jesús como el único camino hacia la verdad y la vida eterna. Por medio de Jesús podemos tener una relación con Dios en vivo y en directo, algo que llena el vacío espiritual que muchos sienten, y algo que nos dará un propósito verdadero para nuestras vidas.

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