Hans Christian Andersen escribió un cuento muy encantador llamado "La Nueva Ropa del Emperador". Cuenta la historia de un país en donde todos, incluso el rey mismo, creen que pueden ver la ropa del rey cuando en realidad no lleva nada puesto.  Valiéndose de su astucia, unos estafadores habían proclamado que cualquiera que no pudiera ver la ropa mágica, no era digno de su puesto en el reino.

El cuento muestra que la gente en cada cultura finge creer cosas que nunca experimentó por sí misma. Los niños en la escuela tratan de convencer a sus compañeros de que son populares o genios. Los ricos se jactan del poder adquisitivo por el que "trabajaron duramente". El resto de nosotros simplemente trata de mantenerse a la par de las apariencias de los demás.

Desde que nacemos estamos sometidos a la presión de "encajar". Pocos somos lo suficientemente fuertes como para cuestionar las normas o decir lo que realmente pensamos. Tenemos demasiado miedo a lo que los demás piensan.

Este miedo sutil, y la falta de honestidad que crea, se infunde en toda nuestra personalidad. En vez de cambiar, no solo lo justificamos sino que, a veces nos sentimos superiores por ello.

La suma de todo este miedo y deshonestidad en la sociedad caracteriza a lo que llamamos "el sistema". Lo malo en nuestra sociedad no viene solamente de los narcotraficantes y vendedores de porno. También viene por medio de cada uno de nosotros cuando tenemos miedo de tomar una posición contraria al resto de la sociedad. Debemos cuestionar por qué nos sentimos orgullosos de pertenecer a un país, por qué sentimos vergüenza por no llevar ropa a la moda o por qué nos sentimos mal por no tener hijos.

Jesús no le tenía miedo al sistema. Como consecuencia de esto, el sistema lo odió y, eventualmente, lo mató. Él dijo que cualquiera que lo siguiera enfrentaría la misma oposición. Si nos aferramos a la esperanza de que en algún momento podremos tener popularidad, entonces el sistema ya nos ha vencido; porque seremos controlados por el temor a lo que piensan los demás.

Hay una gran batalla espiritual entre el "príncipe de este mundo" y el "Rey de reyes", y necesitamos la fe sencilla y honesta de un niño para hablar la verdad sin miedo a la opinión popular.

Un creyente una vez dijo: "No quiero ser popular en un mundo que rechazó a mi Señor".

¿Estás preparado para enfrentar tus miedos a lo que piensan los demás para ser fiel a la verdad?

Pídele hoy a Dios que te dé un espíritu valiente para hacer frente a la gran corriente de la opinión popular (2 Timoteo 1:7; Mateo 7:13-14).



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