¿De dónde vienes? Millones de bebés nacen en el mundo. Millones han nacido antes de que estuvieras en la tierra. Muchos más nacerán después de tu muerte. Podrías haber no existido nunca. ¿Cómo fue que tu espíritu fue puesto en ese cuerpo que habitas ahora? ¿Por qué existes?

Dios te creó. Dios te dio existencia. Él dio existencia a todo lo que experimentas en esta cosa que llamamos la vida. Dios creó este universo maravilloso para que lo conozcamos a él y disfrutemos de él y de todo lo que creó. ¿Quieres ver un milagro? Mírate en el espejo. Mira todo lo que existe alrededor tuyo. Todo declara el poder y la maravilla de Dios.

Cuando miras la naturaleza, te llena de inspiración y asombro. Cuando escuchas el canto de los pájaros, el correr del agua, y aun el silencio natural, te refresca. Una noche despejada llena de estrellas; el paisaje de un río con árboles y flores; la belleza y la complejidad de los animales, todo apunta a un Creador maravilloso y poderoso.

Antes de todo estaba Dios. Él es el principio y el fin de todas las cosas, pero no tiene principio ni fin. Dios creó a todo. Dios creó el universo. Dios creó a la raza humana. Nos dio una vida hermosa, llena de amor y alegría. Todo lo que Dios creó es bueno.

Dios es amor. Dios nos creó por amor, y por amor nos hizo seres libres. Libres para amar. No dar libertad sería contrario al amor. Ser obligado a amar tampoco sería amor. Dios no sintió ninguna obligación de crearnos. Usó su libertad para amarnos, para crearnos y compartir de sí mismo, el amor y la libertad. El amor es libre.

Pero en vez de usar nuestra libertad para amar, la hemos usado para rebelarnos en contra del amor. En vez de confiar en su amor, hemos pensado que sabíamos mejor que Dios lo que es bueno para nosotros.

Rebelarnos es alejarnos de Dios, alejarnos de la fuente de amor, libertad y vida. El resultado de este alejamiento, el resultado del pecado, es de experimentar una falta de amor, libertad y vida. Es entregar la libertad que teníamos en el amor a cambio de la esclavitud del pecado, ir en sentido contrario a la vida. Es destrucción y muerte. El pecado nos aleja de la comunión con Dios.

Dios, que supo lo que íbamos a hacer con nuestra libertad, pudo haber decidido no crearnos.  ¿Para qué crear algo que se va a auto destruir? ¿Para qué dar libertad, si esa libertad lleva a la esclavitud y destrucción? Pero Dios es amor, y usa su libertad para amar. Dios no quiere que seamos destruidos, no quiere que muramos, sino que vivamos, que tengamos comunión con él y experimentemos el amor, la libertad y la verdadera vida; y por eso, aun antes de crear el universo, Dios ya tuvo un plan de cómo rescatarnos de nuestros propios caminos, y de hacerlo por medio del amor.

Si dejas de existir, ¿dejará de existir el universo también? Unos doscientos años después de tu muerte, ¿aun se recordarán de ti los que están en la tierra? Y si hayas dejado un legado por cual te puedan recordar, ¿significará algo mientras tú hayas dejado de existir?

¿Qué es tu vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.
(Santiago 4:14)

Todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo; la hierba se seca y la flor se cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre. 
(1 Pedro 1:24-25)

Tu vida es un vapor. Tu vida es el pasto que se corta y no es más. ¿Qué pasará con tu alma cuando te mueras? Si no tienes comunión con Dios, si estás alejado de la fuente de amor, libertad y vida, ¿qué será de tu espíritu? Ves, la consecuencia de nuestros pecados es la muerte.

Dios te ha dado una prueba de la vida. Por medio de la vida conoces lo bueno y lo malo. Sabes lo que es existir. Pero, ¿puedes justificar tu existencia? ¿Tienes derecho de existir, aun cuando te hayas alejado de la fuente de la vida? Jamás puedes existir sin que Dios te permita existir. Si tus propios pecados te llevan a la muerte, ¿cómo lograrás vivir?

Muchas personas se creen justas, porque se comparan con otras personas. Pero delante de Dios, ¿quién se podrá justificar? ¿Quién podrá reclamarle a Dios? ¿Quién le ha dado algo a Dios que Él lo tenga que devolver?

Dios es amor y nos da libertad. ¿Qué pasa si alguien usa su libertad para oprimir a otra persona a quien también le fue dada la libertad? ¿Debería Dios ignorarlo? ¿Qué piensas de alguien que permite la maldad sin consecuencias? ¿Acaso no es injusto?

Dios es amor y Dios es justicia. Por eso Dios no puede tolerar el pecado. Todo acto contrario al amor debe traer consecuencias, para que así la justicia exista y el amor sea valorado.

Dios nos ha comunicado una ley para que no caigamos en las consecuencias negativas generadas por el desamor. Pero ya que todos quebramos la ley eterna del amor, todos merecemos las consecuencias. Ninguno de nosotros puede reclamar el derecho de vida, pues hemos ido en contra de la fuente de vida, del amor.

Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado.
(Romanos 3:19)

La cita arriba nos dice que las leyes de Dios muestran que todos somos culpables.  Sabemos que no deberíamos mentir, pero hemos mentido.  Sabemos que no deberíamos participar en la codicia sexual, la pornografía, el adulterio, relaciones sexuales fuera de un compromiso hecho de por vida, y lo hemos hecho igual; sabiéndolo.  Sabemos que no deberíamos ser materialistas y lo hemos sido.  Nadie se puede justificar delante de Dios, porque cada uno de nosotros hemos hecho mal, y la ley de Dios nos da consciencia de esa realidad.

Pero, entiende esto: Dios es amor y a pesar de que hemos atraído consecuencias negativas por habernos alejado del amor, a pesar de que no merecemos la vida, a pesar de que estamos alejados de él, Dios no quiere que ninguno de nosotros se pierda, sea destruido o sea esclavo.

En vez de dejarnos en la oscuridad, Dios ha provisto una manera de rescatarnos, de reconciliarnos, de acercarnos de nuevo a la fuente de amor, libertad y vida.

Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.
(1 Timoteo 2:4)

De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.
(Juan 3:16)

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
(2 Pedro 3:8-9)

Centenares de años antes de su nacimiento, las escrituras judías profetizaron que un Salvador iba a venir, que iba a restaurar todas las cosas. Por medio de su vida, Jesús nos mostró el amor de Dios.

A Dios nadie lo ha visto jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer.
(Juan 1:18)

Jesús dice:

Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a mis obras, para que sepan y entiendan que el Padre está en mí, y que yo estoy en el Padre.
(Juan 10:37-38)

Este hombre que nunca fue a la universidad, nunca escribió un libro, nunca tomo posición política, nunca fue dueño de propiedades, nunca tuvo su propia familia, ha cambiado la historia humana más que cualquier imperio conocido en el mundo. Aun hoy en día medimos nuestro tiempo de acuerdo a la llegada de este hombre al mundo.

Y este hombre, este Hijo de Dios, quien tenía la igualdad de Dios en el cielo, a quien no le faltaba cosa alguna, este ser espiritual todo poderoso se humilló y llegó a la tierra en forma de un hombre. Un hombre pobre y humilde. Vivió mostrándonos, a todos, el camino que debíamos caminar. Lo hizo todo por amor.

Nosotros, en nuestra oscuridad, alejados del amor, alejados de la libertad, alejados de la vida, respondimos a su mensaje con sospecha, con odio, con violencia. Y este Jesús, hijo de Dios, este ser de luz que vino por amor, quien merece adoración y alabanza, y quien dedicó su vida a mostrarnos el camino a la salvación, recibió del mundo la burla, la traición, el engaño, la avaricia, la tortura y la muerte. Lo entregamos por treinta piezas de plata, lo condenamos por decir la verdad, le hicimos burla por creerse profeta, lo azotamos como a un animal, y lo torturamos hasta la muerte clavándolo, desnudo, en un pedazo de madera para que todos lo vieran. Así tratamos al Hijo de Dios.

Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por eso Dios también lo exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
(Filipenses 2:6-11)

Pero nuestra maldad no lo pudo vencer, nuestra oscuridad no pudo apagar el brillo de su luz, y así, después de asaltarlo con el furor de nuestra rebelión, Jesús respondió con amor, gritando, "¡Padre! ¡Perdónalos! ¡No saben lo que hacen!".

Su luz era tan pura que ni las cadenas de la muerte la pudieron contener. Probó la muerte para ganarle su poder y entregó su vida como pago y castigo de nuestra rebelión, para ser la consecuencia de nuestros propios pecados y para que cualquiera que confiare en él no fuera condenado sino recibiera la vida eterna. Por amor, pagó el precio de ser el Salvador de todos. Como por resultado, cualquiera que confiare en él ahora tiene la oportunidad de volverse un hijo de Dios. (Juan 1:12)

A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.
(Romanos 5:6-8)

Solo gracias a este Jesús podemos salir de la esclavitud del pecado, salir del camino de la destrucción, salir de la oscuridad y volver a tener comunión con Dios, la fuente de amor, libertad y vida.

Con su amor, nos llama a arrepentirnos, a dejar atrás las obras vacías y destructivas a cuales somos esclavos, para que podamos participar en las obras de vida que Dios ha preparado para nosotros.

Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
(Efesios 2:8-10)

Solamente si confiamos en Jesús podremos escapar de la esclavitud, de la destrucción, y de la oscuridad en la que estamos en esta vida.

El que cree en el Hijo de Dios, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
(Juan 3:18-19)

Un hombre se perdió y se está ahogando en el mar. Viene un barco de rescate y le tira un salvavidas. El hombre ahora puede decidir tomar el salvavidas y vivir o echarlo a un lado y continuar ahogándose. Quizás antes podía decir que se estaba ahogando pero que no tuvo oportunidad de ser salvo. Pero ahora, si rehúsa tomar el salvavidas y se ahoga, ¿de quién será la culpa?

La vida y la muerte nos han sido presentadas. Elijamos la vida. Quizás, antes, no supimos el camino hacia la salvación. Quizás, antes, podríamos ahogarnos y pensar "no tuve la posibilidad de salvar mi vida". Pero ahora se nos ha revelado el camino a la reconciliación, para que podamos tener el amor, la libertad y la vida que Dios representa.

No sabemos lo que nos sucederá mañana. Solo sabemos que cada segundo que pasa es un segundo más de comunión con la fuente de muerte, oscuridad y esclavitud o con la fuente de vida, amor y libertad.

Si quieres la vida eterna, no pierdas el tiempo que se te ha dado para obtenerla.

Todo puede comenzar con simplemente pedir ayuda, con desear la vida, el amor y la libertad.

Jesús dice:

Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes que sea padre, si su hijo le pide un pescado, le dará en cambio una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!
(Lucas 11:13)

Si confías en Jesús y le pides a Dios, Él te llenará con Su Espíritu, y te guiará en la salvación de tu alma.  ¡Te transformará y te usará para testificar del amor de Dios a otras personas!

¡¿Qué esperas?!

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