Hay que decir algo sobre la palabra “Okay” (“Está bien”).

Hemos notado que muy a menudo la gente termina un argumento diciendo “ok” a la persona que le está corrigiendo.  Pero en realidad esto no resuelve el asunto.

Esta palabra, más que cualquier otra, parece capturar el espíritu de represión (que hemos mencionado en otros artículos). Encarna una conformidad externa con lo que está siendo dicho, sin necesariamente estar expresando ni un poco de acuerdo.

No es que esta palabra no tenga lugar en el vocabulario cristiano.  Hay veces cuando algo no es ni correcto ni equivocado, y entonces  simplemente consentimos con la voluntad de la mayoría o la directiva del líder.  En tales circunstancias "ok", o algo similar, probablemente es adecuado.

Pero hay otras veces cuando se hace una corrección válida y la respuesta apropiada es que digas si aceptas o no la verdad en la corrección.  Si no lo aceptas, decir “ok” es un intento de distraer a la persona que te está corrigiendo y escurrirte de la tensión, fingiendo que todo ha sido resuelto. “Ok” se vuelve una excusa para no pedir disculpas, una excusa para no confesar la verdad en lo que fue dicho, y (en tu sub-consciente) una excusa para verte como la persona clemente y ver a tu crítico como la persona que está armando un escándalo por nada.

El rencor es lo que resulta de tal acercamiento porque una resolución del desacuerdo nunca viene por medio de tal acción evasiva.  Conformar externamente no es lo mismo que aceptar la verdad en lo que se ha dicho.  Y si no aceptas la verdad, vas a registrarlo en tu cuaderno de notas mental como una injusticia que acabas de sufrir.  No se va a ir (aún cuando tu memoria consciente olvide los detalles específicos del incidente) y va a nublar tu relación con la persona o grupo que te corrigió.

Imagínate a Dios señalándote que has pecado y ofreciéndote perdón si lo confesaras, y tu respondiendo “ok”. ¿Puedes ver cuán inapropiado es?  Suena casi altivo, como si tú estuvieras dándole permiso a Él para que pueda hacer lo que Él quiera.  En una escala más pequeña, eso es lo que nos hacemos los unos a los otros cuando decimos “ok” después de que nos han mostrado que necesitamos cambiar, y después de que nos han dicho cuál es la dirección correcta.

Aquí hay un ejemplo de cómo funciona este decir “ok”, aún en las situaciones más triviales.  Algunos  miembros de una comunidad (en E.E.U.U.) planeaban hacer una encuesta en un barrio donde vivían muchos hispanoparlantes.  Alguien surgió que escriban una “E” al lado de las direcciones donde las personas hablaban español y una “I” al lado de las direcciones donde la gente hablaba inglés.  Luego otra persona dijo que era innecesario escribir una “I” porque se podría asumir que hablan inglés si no hablan otro idioma.  En vez de ver el sentido común en ese comentario, la persona que hizo la sugerencia original pausó por un momento y dijo muy suavemente y sin entusiasmo “ok” y se volcó a un tema diferente.

Una charla más tarde con esa persona reveló que él estaba en realidad planeando continuar con usar ambas “E” e “I”' en sus propios registros.  ¿Por qué?  Porque no había permitido que el sentido común de la corrección penetrara en su mente.  Se había auto-convencido de que él sólo estaba siendo complaciente con una sugerencia un poco tonta cuando dijo “ok”.

Ahora, ¿no es eso lo que nos pasa a muchos de nosotros cuando somos corregidos?  ¿No estamos convencidos de que hemos sido bastante humildes si simplemente nos callamos y no discutimos con la persona que está haciendo la corrección?  Y sin embargo, espiritualmente lo que deberíamos estar haciendo es seria y humildemente considerando la verdad en la corrección y abrazándola.  Una vez que vemos la verdad, podemos realmente cambiarnos al mismo lado de la persona que está haciendo la corrección.  En el ejemplo de arriba, se esperaba un comentario parecido a "Sabes, tienes razón! No lo había pensado bien!".  Pero en vez, sólo hubo ese apagado “ok”.

Las disculpas ambiguas y otras estrategias similares son otras formas de decir “Ok”. Es sólo que nosotros como grupo no hemos reconocido oficialmente el “Ok” como una de esas estrategias antes. Lo que todas estas estrategias hacen es privar a todos de una resolución verdaderamente sincera.  Nunca conoceremos el gozo del perdón completo hasta que podamos admitir nuestra verdadera necesidad  de ser perdonados. Decir “Ok” no logra eso.

De hecho, decir “ok” (o algo similar) prácticamente garantiza que vas a irte de la comunidad algún día.  La única cuestión es cuándo.  Porque te veas a ti mismo como la persona tolerante, humilde, condescendiente, el grupo no estará satisfecho.  Así que el grupo continuará corrigiéndote, haciéndose más y más un monstruo a tus ojos, hasta que no puedas tolerarlo más.

Si no abrazamos e interiorizamos la verdad en cualquier enseñanza o argumento válido que va en contra de lo que originalmente pensábamos, entonces cualquier muestra externa de conformidad a esa enseñanza en realidad te distanciará de la persona con quien supuestamente te estás conformando.

Un iglesiano que sale de una conversación con nosotros, en la cual hemos compartido las radicales enseñanzas de Jesús, diciendo "me has dado mucho para pensar", está diciendo “ok”.  Están diciendo "no voy a discutir contigo ahora mismo; pero tampoco voy a reconocer que no he estado siguiendo esas enseñanzas en el pasado, o que mi iglesia no ha estado enseñando esas verdades. En esta manera, puedo encontrar algo después para usar en tu contra; y mi aparente acuerdo ("Me has dado mucho para pensar") logrará justo que ustedes se vean como provocadores si siguen insistiendo."  La mayoría de nosotros hemos experimentado esa forma de "ok" ¿O no?  Sin embargo, continuamos haciendo algo similar cuando nosotros mismos somos corregidos o criticados.

El punto se está repitiendo un poco, pero no se puede enfatizar lo suficientemente fuerte la necesidad de admitir y aceptar completamente la verdad en las críticas y correcciones si queremos realmente cambiar y realmente beneficiarnos de esas correcciones.  Estamos viendo más y más discípulos abandonar la comunidad sólo porque se han hartado de tantas correcciones. Sin importar si las críticas eran exactas o si les podrían haber ayudado a ser mejores personas. Ellos sólo se han hartado de las críticas en general. Y la razón es porque había muy poca (si es que hubo alguna) aceptación de cualquier crítica que hayan recibido.  Perdieron su deseo por la verdad, y decidieron en algún momento simplemente cumplir externamente.  Desde ese punto en adelante, cesaron de ser cristianos en realidad.  Desde ese punto en adelante, sólo era una cuestión de tiempo hasta que hayan "tenido suficiente".

Si no quieres cometer el mismo error, entonces obsérvate a ti mismo la próxima vez que seas corregido. ¿Cuánto esfuerzo estás haciendo para ver la verdad en la corrección?  ¿Y cuánto esfuerzo estás haciendo en simplemente intentar apaciguar a la persona que te está corrigiendo?  Recuerda, cuando alguien te está diciendo algo que es verdadero, debería haber alguna especie de deleite en verlo.  Simplemente decir “Ok” no está bien.


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