La palabra "perdón" se suele usar en el sentido de no estar resentido hacia alguien,  incluso si esa persona nunca se disculpó por lo que hizo.  Pero creemos que esto causa mucha confusión en ambas partes,  y eso es reflejo de un entendimiento difuso con respecto a la gracia de Dios.

La segunda parte en la palabra “perdonar” es “donar”. Como verbo, “donar” requiere de dos personas. Nadie puede “donar” sólo para sí mismo. Tiene que haber un receptor, y el receptor tiene que hacer algo, aun si solamente fuera aprovechar  y aceptar la oferta.  Parece que lo que muchas personas están diciendo cuando hablan de que debemos perdonar a  las personas que no están arrepentidas por lo que han hecho es que no debemos resentirnos contra ellos. Nosotros como cristianos tenemos la obligación de amar aun a nuestros enemigos, y los amamos incluso mientras aún están en nuestra contra y son impenitentes con respecto a esa oposición.  Obviamente, si estamos resentidos hacia nuestros enemigos, no se puede decir que los amamos. Así que combatir el resentimiento debería ser una consideración seria para todos los cristianos.

No obstante, cuando la palabra "perdón" es usada en este contexto, confunde los asuntos. Cuando decimos que hemos perdonado a alguien que nunca ha confesado una necesidad de perdón, mucho menos arrepentido de su acción, da la impresión de que todo ha sido resuelto, de que el asunto ha sido solucionado y de que ambas partes son "amigas" otra vez.

Creemos que el perdón es algo que requiere la cooperación de ambas partes: el ofensor y la víctima. Si el ofensor no está arrepentido por lo que ha hecho, entonces ninguna cantidad de amor va a traer perdón. Creemos que ésta es la situación entre nosotros y Dios, y es la situación entre nosotros y otros que no se arrepienten de los males que han hecho contra nosotros.

Y aquí es donde entra la confusión teológica. Hay un creciente enojo contra el "Dios del Juicio" de parte de muchos cristianos profesos. Ellos sienten que hablar de un día del juicio, del infierno o cualquier otro tipo de castigo es inconsistente con su definición de un Dios amoroso. Ellos sienten que un Dios de amor está OBLIGADO a perdonar a todos, ya sea que se arrepientan o no.

¿Cuántas veces has oído a alguien hablar del Dios del juicio como si fuera un Dios falso, como si no tuviera lugar en la teología cristiana, como si fuera el enemigo? Pero la Biblia no enseña eso. La Biblia dice que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. A menos que lo respetemos como Jefe y que tengamos noción de Su Ira contra el pecado, nunca nos arrepentiremos y nunca recibiremos una verdadera apreciación de la magnitud de Su amor y perdón.

Creemos que Dios perdona nuestra ignorancia sin necesidad de arrepentimiento (ya que uno difícilmente puede arrepentirse de algo de lo que ni siquiera es consciente que está haciendo mal). Esto explicaría por qué tenemos a Jesús en la cruz diciendo, acerca de los soldados que estaban cumpliendo órdenes, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". De acuerdo con eso, también creemos que la gracia de Dios puede compensar las deficiencias en nuestro entendimiento acerca de lo que debemos o no hacer. Si alguien está tratando de hacer lo correcto y comete un error, tiene defectos en su teología e incluso causa mucho daño por lo que hace, creemos que Dios todavía puede elegir pasar por alto todo eso sin que tenga que arrepentirse por ello debido a su deseo básico de hacer lo que es correcto.

Pero el tipo de perdón que hace borrón y cuenta nueva en el cielo después de que ha habido una desobediencia deliberada, no se da a todos.  Sólo se le da a aquellos que se arrepienten. Jesús prometió a Sus seguidores que si perdonaban a la gente por sus pecados, esos pecados serían perdonados en el Cielo. Pero también prometió que si retuvieran esos pecados (es decir, se negaran a perdonarlos), entonces Dios también se negaría a perdonarlos. Pregúntate a ti mismo por qué dijo eso.

Recuerda que la gente a la que estaba hablando era gente que estaba totalmente comprometida a hacer la voluntad de Dios. Y esa gente no actuaría por rencor si se negaban a perdonar los pecados de alguien. Si lo hicieran, entonces no creo que Dios estuviera obligado a respaldarlos como Jesús lo sugirió. La razón por la que decimos esto es que aquellos no serían el tipo de personas como a las que les hizo la promesa. Serían personas que tienen una buena razón para no perdonar a alguien, y la razón más probable sería porque las personas que necesitan perdón se han negado a reconocer esa necesidad.

Cuando actuamos como embajadores de Cristo, tenemos la responsabilidad de hacer ciertos juicios. Pablo dijo: "¿No sabéis que juzgaréis al mundo? ¿Cómo no podéis juzgar asuntos más pequeños ahora?". Necesitamos saber cómo dispensar la gracia a aquellos que están arrepentidos por sus acciones. Muy a menudo, la pena o arrepentimiento que tienen no alcanza a reconocer todo el alcance de lo que han hecho. Pero si se están moviendo en la dirección correcta, entonces es ahí donde su ignorancia también puede ser excusada. Pero lo que ni nosotros, ni Dios, debemos perdonar es la rebelión obstinada e impenitente contra la verdad. (Esta rebelión puede ser lo que se ha llamado "blasfemia contra el Espíritu Santo" o "el pecado imperdonable", porque simplemente negarse a reconocer la necesidad del amor que Dios está ofreciendo bloquea Su disposición a perdonar.)

Este requisito para el arrepentimiento parece ser lo que molesta a tantos que quieren convertir la gracia en una "ley" que pueda usarse como un garrote para condenar a Dios mismo, así como para condenar a aquellos que están tratando de actuar en obediencia a Dios. Ésta es la enseñanza de la falsa gracia que se mencionó al comienzo de este artículo. Los ofensores la utilizan para exigir o reclamar algo a Dios que no tienen derecho a reclamar. Dios no le debe perdón a nadie. El perdón viene de Dios en respuesta a nuestra admisión de culpa y nuestro deseo expreso de cambiar nuestro comportamiento. Sólo cuando reconocemos lo poco merecedores que somos de recibirlo, calificamos para recibirlo.

La Biblia dice que "Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados". Pero sin arrepentimiento, no hay tal perdón.


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