Los "adultos" morales son las personas que son capaces de crecer espiritualmente sin que sean forzados a hacerlo. Tales personas son sorprendentemente escasas.  Pregúntate a ti mismo cuándo fue la última vez que admitiste que estabas equivocado sobre algo, sin tener a alguna otra persona señalándotelo primero.

Si intentas fingir que un problema ha sido resuelto porque otros paran de corregirte, entonces todavía eres un "niño" en términos de desarrollo moral.  No nos convertimos en adultos hasta que queremos corregir personalmente los errores en nuestros propios espíritus, con o sin comentarios de otras personas.

Los líderes solo pueden llegar hasta cierto punto con corregir a los seguidores y va a haber momentos en que los líderes mismos pueden equivocarse.  La prueba de la madurez espiritual es cuando tú puedes detectar un problema en tus propias creencias o comportamiento sin que alguien más lo esté señalando para ti. De hecho, puede ser que los únicos cambios que realmente cuenten para algo (espiritualmente) son aquellos que viste y accionaste voluntariamente; es decir, que los cambios surgieron desde tu interior, en vez de ser forzados externamente sobre ti.  Como dice el dicho "la persona convencida contra su propia voluntad, es de la misma opinión todavía".

Tristemente, la mayoría de las amistades solo existen bajo el entendimiento tácito de que no nos critiquemos los unos a los otros.  Podemos criticar a los demás, pero no a nuestros amigos. Algunas personas ni siquiera pueden aguantar la idea de que alguien pudiera pensar secretamente que ellos tienen un problema. No podemos evitar que los demás operen así; pero para nosotros mismos, tenemos que estar activamente buscando maneras de mejorar como personas, aun si va en contra de nuestras tendencias naturales.

Hasta que esto pase, no podemos considerarnos adultos morales... no importa cuánto los demás elijan pasar por alto nuestro problema, y cuántas cosas supuestamente buenas hagamos, a menos que las mejoras surjan de una disposición de admitir que no tenemos todo resuelto, vamos a continuar errando espiritualmente. Que alguien nos grite o no que lavemos nuestra cara no hace a nuestra cara más limpia o más sucia. Es lo que tú haces al respecto - de todo corazón y de voluntad propia -  lo que hace la diferencia.

Estamos viviendo en una época en la que la raza humana entera ha perdido su camino espiritualmente.  Si vamos a levantarnos de esa ciénaga, tenemos que aprender a reconocer la verdad dondequiera que aparezca, y reconocer los errores en nosotros mismos cuando la evidencia demuestra que hemos estado operando bajo ideas equivocadas (con respecto a nuestro propio entendimiento y estado espiritual).

El punto fundamental es entre cada individuo y Dios (o su conciencia, si prefieres).  Si no puedes diferenciar entre lo que los demás dicen (y lo que tú mismo dices) y lo que Dios dice, entre lo que los demás piensan (incluyéndote) y lo que Dios piensa, entonces todavía estás subdesarrollado en tu crecimiento espiritual.

Exactamente dónde Dios traza la línea entre la sinceridad y la insinceridad no es claro.  Pero pensamos que Él nos juzga de acuerdo a lo que cada uno realmente conoce.  Si estamos genuinamente cegados a una falla, es seguro que no nos va a castigar tan severamente como cuando estamos intentando aprovechar y ver cuánto podemos hacer y todavía salir impunes.

Pero el diablo es muy sutil.  Te puede convencer que Dios no espera que cambies, cuando Dios sí quiere que cambies.  Sigue escuchando al Diablo y terminarás con una "mente reprobada" que realmente va a creer la mentira... la mentira de que puedes quedarte como eres y nunca tener que rendir cuentas por eso.

Jesús enseñó que no recibimos ningún crédito en Su Reino por obras piadosas que otras personas ven y por las que nos dan cumplidos. Es muy posible que tampoco recibamos crédito por el crecimiento espiritual que sólo pasa después de que alguien nos empuja a cambiar.

La madurez moral es algo que tiene que surgir desde adentro.  Necesitamos aprender a reconocer nuestras fallas aun cuando los demás las ignoran, y luego, hacer todo lo que podamos para cambiarlas.


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