Dios nos ha llamado a dominar el mundo. No fue su intención que naciéramos hombres y muriéramos almaceneros. Su propósitono fue que ocupáramos nuestra vida siendo oficiales de empresas intrascendentes.

Cuando Dios creó al hombre, le dio dominio sobre la tierra. Le coronó de gloria y honra y puso todas las cosas bajo sus pies. Elhombre fue investido de dignidad y soberanía poco menos que los ángeles. Cuando Adán pecó, perdió el dominio que había sidosuyo por decreto divino. En vez de ejercer una supremacía indiscutible, gobernó en forma inestable sobre un reino incierto.

Hay un sentido en el Evangelio en el cual podemos recuperar el dominio. Ahora no se trata del control que se pueda tener sobreperros gruñones o víboras venenosas, sino el pedir las naciones como nuestra herencia y los términos de la tierra comoposesión nuestra. “El verdadero imperialismo constituye un imperio por la soberanía espiritual y moral; atracción y dominio por lafascinante radiancia de una vida pura y santificada”.

Realmente, la dignidad del llamamiento cristiano es algo que Adán jamás conoció. Somos coadjutores con Dios en la redencióndel mundo. Este es nuestro mandato: Que unjamos hombres en el nombre de Cristo para una vida real, para que seansoberanos sobre el yo, para servir en el reino.

Es una tragedia que muchos en el día de hoy no han podido comprender la alta dignidad de nuestro llamamiento. Estamoscontentos con pasar los años congratulando las bajezas, o destacándonos en cosas sin importancia. Nos arrastramos en vez devolar. Pocos han tenido la visión de pedir países para Cristo.

Spurgeon fue una excepción. Escribió el siguiente mensaje a su hijo: “No me gustaría que tú, siendo llamado por Dios para sermisionero, mueras millonario. No me gustaría que siendo apto para ser misionero fueras coronado rey. ¿Qué son lo reyes, losnobles, las diademas, todo junto, cuando los comparas con la dignidad de ganar almas para Cristo, con el honor especial de edificar paraCristo, no sobre el fundamento de otro hombre, sino predicando el Evangelio de Cristo en regiones lejanas?”

Otra excepción fue Juan Mott. Cuando el Presidente Coolidge le pidió que fuera embajador en Japón, Mott contestó: “SeñorPresidente, desde que Dios me llamó para ser Su embajador, ya no tengo oídos para otros llamamientos”.

Billy Graham habló de otra excepción: “Cuando la Standard Oil Co. buscaba un hombre en el Lejano Oriente, escogieron un misioneropara que fuera su representante. Le ofrecieron 10,000 dólares al año, y él rehusó. Veinticinco mil. Rehusó. Cincuenta mil. Nuevamenterechazo. Ellos le preguntaron: “¿Qué hay de malo?” Él les contestó: “Su precio es muy bueno, pero el trabajo insignificante. Dios me hallamado para que sea misionero”.

El llamamiento del cristiano es el más noble y si lo comprendemos, nuestra vida tendrá más altura. Ya no hablaremos denosotros mismos como “llamados a ser plomeros”, o médicos, o dentistas. Seremos uno de aquellos que ha sido llamado a serapóstol de Jesucristo. Nos sentiremos llamados a predicar el Evangelio a toda criatura, a hacer discípulos de entre todas lasnaciones, a evangelizar el mundo.

¿Dices que es una tarea inmensa? Sí, inmensa, pero no imposible. La inmensidad de la tarea está indicada por la siguiente visióngráfica del mundo en miniatura: Si reducimos el mundo imaginariamente a una población de mil, tendríamos que 290 de ellosserían cristianos profesantes y 710 no lo serían, 80 personas serían comunistas con un dominio sobre 370 personas. De los 290cristianos profesantes , 70 serían protestantes. La mitad de este pueblo no habría oído mencionar el nombre de Cristo, peromás de la mitad estaría en condiciones de oír acerca de Marx. Mientras tanto, un 35 por ciento de la riqueza de este puebloestaría en manos de los protestantes, los cuales consumirían un 16 por ciento de los alimentos producidos (siendo ellos mismosun 7 por ciento de la población). Ellos se preocuparían de hacer fuertes reservas para el futuro, mientras el resto de la poblaciónpasaría hambre.

¿Cómo va a ser ganado el mundo para Cristo en esta generación con estadísticas como la citada? Imposible, a menos que hayahombres y mujeres que amen a Dios con todo su corazón, y que amen a su prójimo como a sí mismos. La tarea será cumplidasolamente con la dedicación y devoción que brotan de un amor imperecedero.

Los que han sido constreñidos por el amor a Cristo considerarán que ningún sacrificio es demasiado grande para realizarlo porél. Harán por amor a Él lo que jamás habrían hecho por una ganancia material. No contarán su vida preciosa para nada.Gastarán y se gastarán con tal que los hombres no perezcan sin haber oído el Evangelio.

Crucificado Señor,
dame un corazón como el tuyo.
Enséñame a amar las almas que perecen.
Que mi alma y corazón
el contacto contigo aprecien,
Y dame amor,
como el de Aquel que dio el Hijo suyo,
por dar a los perdidos salvación que no merecen.

La causa está perdida, a menos que el amor la motive. De otro modo, nada sirve. El ministerio cristiano entonces llega a sercomo metal que resuena o címbalo que retiñe. Pero cuando el amor es la estrella guiadora, cuando los hombres van inflamadoscon devoción a Cristo, ningún poder existe en la tierra que pueda detener el avance arrasador del Evangelio.

Obsérvese entonces un grupo de discípulos entregados enteramente a Cristo, atravesando océanos y tierras como portadoresde un glorioso mensaje, incansables, siempre procurando entrar en nuevas áreas, encontrando en cada persona una vida por lacual Cristo murió y ambicionando que sean adoradores de Cristo por la eternidad. ¿Qué métodos usan estos hombres que noson de este mundo para dar a conocer a Cristo?

El Nuevo Testamento presenta dos métodos principales para alcanzar al mundo con el Evangelio. El primero era la proclamaciónpública. El segundo es la instrucción privada.

En cuanto al primer método fue usado por Jesucristo y sus discípulos. Donde quiera que se reunían gentes, allí había unaoportunidad para predicar las buenas nuevas. Así encontramos que se proclamó el Evangelio en los mercados, prisiones,sinagogas, playas, y en las riberas de los ríos. La urgencia y el carácter superlativo del mensaje hacía que fuera imposiblepensar en lugares convencionales de reunión.

El segundo método de propagación de la fe cristiana es la doctrinación de individuos. Este es el método que Jesús usó en lapreparación de los doce. Llamó a este pequeño grupo de hombres para que estuvieran con Él y para poderlos enviar. Día a díalos instruyó en la verdad de Dios. Les puso por delante la tarea para la cual estaban destinados. Les advirtió detalladamente lospeligros y dificultades que encontrarían. Les introdujo a los consejos privados de Dios y les hizo partícipes de los gloriosos peroarduos planes de Dios. Los envió como a ovejas en medio de lobos. Los dotó del poder del Espíritu Santo y se lanzaron a deciral mundo las nuevas del Salvador resucitado ascendido y glorificado. La efectividad de este método se ve en el hecho de queese grupo reducido a 11 por la defección del traidor, revolucionó el mundo para gloria del Señor Jesús.

El apóstol Pablo no solamente practicó este método, sino que urgió a Timoteo a que lo practicará. “Lo que has oído de mí antemuchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2) El primer pasoes la selección cuidadosa y con oración de los hombres fieles. El segundo es el impartirles la gloriosa visión. El tercero es enviara estos hombres que doctrinen a otros. (Mateo 28:19)

A los que codician ver números y piden del Señor grandes multitudes este método les parecerá tedioso y aburrido. Pero Diossabe lo que Él está haciendo y sus métodos son los mejores métodos. Dios puede hacer mucho más por medio de unos pocosdiscípulos dedicados a Él que por medio de un ejército gigante de religiosos satisfechos.

Cuando estos discípulos salen en el nombre de Cristo ellos siguen ciertos principios básicos bosquejados en la Palabra de Dios.

En primer lugar son astutos como serpientes, pero inofensivos como palomas.

Su sabiduría la piden de Dios para poder seguir el difícil camino que tienen que transitar. Al mismo tiempo son mansos yhumildes en sus contactos con sus semejantes. Nadie puede temer la violencia física de parte de ellos. Los hombres debentemer solamente a sus oraciones y a su inquebrantable testimonio.

Estos discípulos se mantienen libres de la política de este mundo.

No se sienten llamados a luchar contra ninguna forma de gobierno ni contra ideas políticas. Pueden trabajar bajo cualquierforma de gobierno y ser leales a tal gobierno mientras no se les exija comprometer su testimonio o negar a su Señor. Entoncesellos rehusan obedecer y se someten a las consecuencias. Pero ellos nunca conspiran contra un gobierno humano, ni secomprometen en luchas revolucionarias. ¿No dijo el Señor: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían?” Estoshombres son embajadores de un país celestial y pasan por este mundo como peregrinos y extranjeros.

Son absolutamente honestos en todos sus tratos.

Evitan los subterfugios de cualquier tipo. Su sí es sí y su no es no. Rechazan la mentira popular de que “el fin justifica losmedios”. Bajo ninguna circunstancia hacen el mal para que venga algún bien. Cada uno es una conciencia encarnada quepreferiría morir antes que pecar.

Su trabajo lo unen a una iglesia local.

Salen al mundo a ganar almas para Cristo, pero ganadas las almas las ponen en comunión con la iglesia local donde pueden serfortalecidas y edificadas en su santísima fe. El verdadero discípulo comprende que la iglesia local es la unidad de Dios puestapara propagar la fe y que el trabajo mejor y más duradero se edifica siguiendo esos delineamientos.

Los discípulos son prudentes y evitan el implicarse en alianzas de cualquier tipo.

Firmemente rehusan permitir que sus movimientos sean dictados por organizaciones humanas. Reciben sus ordenes de marchardirectamente del cuartel general en los cielos. Esto no significa que operan sin la confianza y la recomendación de la iglesia local.Por el contrario, consideran tal recomendación como una confirmación del llamamiento de Dios para el servicio. Pero insisten enla necesidad de servir a Cristo en obediencia a su Palabra y en que él les guíe.

Tratan de mantenerse en segundo plano.

Su propósito es glorificar a Cristo y hacer que Él sea conocido. No buscan grandes cosas para sí, ni quieren revelar su estrategiaal enemigo. De modo que trabajan silenciosamente sin ostentación, indiferentes a las alabanzas o las calumnias de los hombres.Saben que el cielo será el mejor lugar y el más seguro para conocer los resultados de su labor.

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