Hemos notado la tendencia en cada organización religiosa de repetir los mismos errores de las organizaciones que han tratado de mejorar. Sabemos que se necesitaría pensamiento serio para descubrir algo que podría frenar ese ciclo triste. La solución que finalmente hemos encontrado es simple: No pongas tu fe en la organización; pon tu fe en Dios.

Hemos llegado a ver al reino de los cielos no como una organización, sino como un proceso continuo de crecimiento espiritual. Sólo estamos dentro del reino de los cielos (o fuera de él) en proporción a cuánto estamos <<caminando en la Luz>> que tenemos al presente, o en la medida que estamos siguiendo nuestra conciencia.

Hemos observado la tendencia en gente religiosa de incluso reemplazar una verdadera conciencia con una conciencia social (es decir, ser guiados principalmente por el temor de lo que piensan los demás).  También a menudo se cambia la obediencia a Dios con obediencia a una organización. Claramente hay una necesidad para organizaciones, y normalmente hay personas en cada organización (más notablemente en los fundadores) que tienen su fe puesta en algo más grande que una organización ya existente. Pero no tarda mucho en que los seguidores aprendan a repetir como un loro lo que los verdaderos creyentes dicen, y que luego se hagan pasar como creyentes, cuando la realidad es que todavía no han desarrollado una fe genuina.

Hasta cierto punto, esto no se puede evitar. Los seguidores son seguidores porque no tienen la experiencia, entendimiento, habilidad, o cualquier otra cosa que los líderes tienen. Pero es nuestra tarea como líderes guiar a los demás a algo superior que nosotros mismos. Nuestra meta más grande debería ser la de guiarlos a Jesús, para que ellos aprendan a confiar totalmente en Él. Es por eso que Juan, uno de los maestros más grandes de la iglesia primitiva dijo <<no tienen necesidad de que nadie les enseñe; así como la unción misma (o sea el Espíritu Santo) les enseña todas las cosas>>. (1 Juan  2:27) Obviamente Juan sí enseñaba a los demás -- pero su meta superior (como la de cualquier buen líder) era el de entrenar a las personas en ser capaces de funcionar exitosamente para Dios personalmente.

Algunos han cometido el error de pensar que lo único que tienen que hacer para cumplir este nivel de madurez espiritual es hacer su propia voluntad, y enseñar alguna teoría de anarquía religiosa para justificar no tener que sujetarse a nadie más. Pero eso no logra nada si no está basado fijamente en la Roca de las enseñanzas de Cristo. La piedra angular no es la anarquía. La piedra angular es rendir cuentas a Jesús, el Autor y Consumidor de nuestra fe.

Si una organización se va a descarrilar, comenzará con el liderazgo. Si los líderes están en alertas, verán errores en sus seguidores y en sí mismos, y tratarán con ellos. Pero si los líderes mismos pierden la visión, sólo los seguidores que hayan madurado y tengan una conexión personal con Dios podrán detectar el problema y tratar con ello exitosamente. La realidad es que, una vez que una persona es lo suficientemente madura como para ver el error en el líder y tratar con ello, tal persona ya es un líder.  Ser líder tiene poco que ver con qué título uno tiene o ser reconocidos por los demás.  Tiene más que ver con madurar espiritualmente y tomar responsabilidad espiritual por uno mismo y luego por los demás.

La realidad es que los líderes no pueden depender de sus seguidores para mantenerlos en regla. La validez espiritual de tu organización (o por lo menos tu pequeño rincón de tal) depende casi totalmente de tu propia validez espiritual. Si no has desarrollado estrategias para reconocer errores dentro de ti, y si no has aprendido como desarraigar esos errores, tú y tus seguidores están en graves problemas.

¿Cómo es que la historia parece repetirse? ¿Cómo es que cada nuevo movimiento religioso termina cometiendo los mismos errores que los anteriores? Es porque aquellos de nosotros que somos líderes nos encontramos en posiciones de poder y abusamos de ese poder. Nos engañamos en creer que si podemos salir con la nuestra, no tendremos que rendir cuentas a Dios por eso, o que no tendrá un impacto en lo que Dios está tratando de hacer con la organización.

Los líderes somos, en gran parte, los que determinan qué dirección va a tomar nuestro movimiento; y cuando elegimos caminos egoístamente, desencadenamos algo que al final permeará tras toda la organización. Cosecharemos lo que sembramos en nuestros seguidores. Imitarán nuestro mal comportamiento y probablemente lo empeorarán. De hecho, es probable que olvidaremos de enseñarles la clase de cosa que estamos diciendo aquí, porque no lo estaremos practicando nosotros mismos. Como dice la biblia, <<sabed que vuestro pecado os alcanzará>>. (Números 32:23)

No estamos diciendo que deberíamos sentirnos culpables si Dios elige premiarnos con descanso, comodidades y otras bendiciones de vez en cuando. Agradécele por las bendiciones cuando vengan.  Parte de lo que tenemos que aprender es cómo manejar tiempos de abundancia con responsabilidad. (Filipenses 4:12) Pero tales tiempos de abundancia tienen que venir de él, y no de nuestro propio egoísmo; y debemos estar preparados a renunciarlos tan ligero como los aceptamos.

Este asunto de desarrollar una verdadera conciencia, o una relación personal con Cristo, es fundamental. ¿Hasta qué punto podemos oír lo que no queremos oír? Algunos seguidores tienen dificultades con aceptar la verdad aun cuando es gritada por medio de sus líderes. Pero los líderes necesitan poder oír esas mismas verdades incómodas aun cuando no haya nadie que se las diga... nadie salvo Dios. Si no puedes hacer eso, entonces es seguro que abusarás de tu posición como líder, y que todo lo que hayas enseñando terminará en la nada.

Se ha dicho que todo el poder corrompe. Aunque suena un poco escéptico, es realmente cierto con sólo una excepción. Esa excepción es cuando la persona en una posición de poder ha sujetado ese poder a la autoridad superior de Dios. Al menos que nosotros que somos líderes tengamos permiso de parte de nuestro Líder Invisible antes de que actuemos, simplemente abusaremos de nuestro poder y nos volveremos corruptos como por resultado. De eso, puedes estar seguro.

A veces uno le pide a Dios que se le muestre qué es lo correcto, y no parece recibir una respuesta clara. Da un poco de miedo tener que tomar decisiones por uno mismo en tales situaciones. Pero cuando uno es tentado a tomar una decisión en base de motivaciones egoístas, Dios es fiel en picarnos la conciencia y avisarnos que estamos actuando egoístamente. Mientras sigamos respondiendo a sus direcciones, Dios nos seguirá guiando. Pero si tapamos nuestros oídos, incluso tan solamente una vez, creamos un punto ciego o un tapón que nos lleva a oír cada vez menos la voz de Dios.

Es probable que Dios nos da tanta libertad para silenciar nuestra conciencia porque Él valora mucho que elijamos libremente oír de Él y servirle. Más que eso, Él quiere que tengamos hambre y sed de su justicia antes de que Él nos la dé... No quiere imponérselo a cualquiera. Y si no tienes esa hambre y sed por la verdad, entonces ciertamente no la vas a encontrar. Y vas a abusar de cualquier poder que tengas. Todas las doctrinas en el mundo no podrán impedir que eso suceda.

Incluso los que todavía no son líderes tienen que entender la seriedad es este artículo. No es que un día simplemente te vas a despertar siendo un genuino líder cristiano, tomando tus órdenes de Dios si ya no lo estuviste haciendo desde hace tiempo como seguidor. Si siempre se te tiene que regañar para que hagas lo correcto (o incluso se te tiene que insistir de vez en cuando), entonces te tienes que preguntar dónde estarías espiritualmente sin esas correcciones e insistencias de parte de tus líderes... porque no los tendrás más (salvo que puedas escuchar el susurro de Dios) cuando estés en una posición de líder.

Puede ser que haya líderes con más experiencia que puedan ver algunos de tus errores y te los señalen; pero en cada nivel más alto habrá más y más áreas de tu vida donde tendrás la libertad de hacer trampa. Sentirás la libertad de ser más duro con los demás que contigo mismo, de ser avaro, de ser perezoso, de tratar mal a tus seguidores sin que nadie te desafíe. Lo que hagas con todas esas libertades será determinado mayormente por lo que estás haciendo ahora mismo. ¿Estás libremente siguiendo a Dios y de tu propia iniciativa? ¿O esperas hasta que uno de tus líderes te señale los problemas antes de tomarlos en serio y tratar con ellos?

Todos nosotros, líderes y seguidores, debemos tener esta misma meta, y estar tan atentos a la guía de Dios que seremos dirigidos de acuerdo a Su voluntad y no de acuerdo a la nuestra. En la medida que hagamos eso, estaremos construyendo Su reino... sin importar lo que se vea externamente de nuestra propia organización.
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