Los líderes cristianos sólo pueden llegar hasta cierto punto cuando se trata de corregir a las personas que están discipulando. En nuestra comunidad, hemos intentado lograr que cada persona trate con sus tendencias hacia ciertas malas conductas por propia iniciativa, en vez de esperar hasta que otros tengan que reprenderlos. No logra nada cuando nos obligan a tratar con algo si uno no quiere resolver el problema. El que supuestamente está convencido de algo, pero a la fuerza, en realidad sigue pensando igual que antes.

Los "adultos" morales son individuos que tratan con su propio crecimiento espiritual sin la necesidad de que los presionen en hacerlo. Si crees que tus problemas están resueltos en el momento que nadie te está corrigiendo, entonces sigues siendo un "niño", alguien que todavía es inmaduro espiritualmente. No serás un adulto hasta que quieras resolver los errores en tu propio espíritu, con o sin comentarios de otra persona.

Muchos que se han apartado de tener comunión con otros cristianos quieren fingir que no tienen problemas. Entre las personas que viven de acuerdo a la mentalidad del sistema y comparten una amistad superficial, existe un compromiso secreto y silencioso en cual se les permite criticar a los demás y quejarse de otras personas, pero no criticarse entre ellos mismos.

Pero no importa si alguien se ha deslizado de la voluntad de Dios abiertamente por rebelión, o por no querer resolver los errores que tiene mientras nadie se los señale, el punto es que delante de Dios, se ha deslizado. Que alguien te haga ver que tienes la cara sucia, no logra limpiarte la cara de por sí. Lo que realmente se necesita es más que palabras, es un cambio de espíritu, y eso es algo que solamente Dios puede ver con claridad.

Hay diferentes niveles de crecimiento espiritual, y vale la pena observar en qué dirección nos estamos moviendo nosotros y a dónde están yendo los demás. Pedir disculpas de cualquier forma requiere una cierta cantidad de humildad y honestidad, y los esfuerzos que se hagan aun para mantener una amistad superficial, deben ser reconocidos y agradecidos. Incluso las personas que quieren ser completamente independientes de nosotros, pero que continúan trabajando para Dios de alguna manera, deben ser apreciadas y apoyadas en lo que hacen (aunque no se sabe exactamente cómo caben sus actitudes con Mateo 5:23-24).

Pero el crecimiento espiritual es algo más profundo que palabras o acciones externas. Es algo dentro de cada individuo y con Dios. Si no puedes ver la diferencia entre lo que dicen los demás y lo que dice Dios, entre lo que piensan los demás y lo que piensa Dios, entonces estás estancado en tu crecimiento espiritual.

No está claro dónde Dios traza la línea entre la sinceridad y la falta de sinceridad. Es posible que Dios nos juzgue a cada uno de acuerdo a cuánto sabemos. Es posible que Él sea más paciente con nosotros cuando realmente estamos ciegos a nuestras faltas que cuando estamos tratando de ver hasta qué límite podemos aflojar.

Pero el diablo es muy sutil. Él te puede convencer de que Dios no espera que cambies, cuando Dios en realidad sí quiere que lo hagas. Si sigues escuchando al diablo terminarás con una mente "reprobada", realmente creerás la mentira de que no sabes cómo comportarte mejor así que puedes seguir pecando de la misma manera que siempre.

Si estás liderando a otras personas, trata de animarlos desde el nivel de crecimiento en cual estén, (que probablemente sea el nivel que ellos mismos están eligiendo), siempre y cuando no notes que tu aliento se esté usando como una excusa para quedarse estancado espiritualmente. Si los problemas se siguen repitiendo, te sentirás como un cómplice si no dices nada a los que siguen teniendo esos problemas. Muchas personas rechazarán tu corrección, pero al final habrá personas que se darán cuenta de la verdad que les comunicaste, y estarán agradecidos (aun si nunca te lo hacen saber). (Proverbios 28:23)

Un punto final para las personas que esperan que los demás les señalen sus faltas antes de esforzarse a cambiar. Jesús enseña que no recibimos una recompensa de Dios cuando hacemos caridad, oramos o ayunamos en público. Si no recibimos una recompensa por esas cosas por haberlas hecho públicamente, entonces posiblemente tampoco tendremos una recompensa por el crecimiento que no quisimos hacer antes de que alguien tuviera que reprendernos y presionarnos para cambiar.

Esperamos que este artículo nos sirva como recordatorio de que Dios quiere que maduremos espiritualmente y no nos quedemos estancados, y es por eso mismo que tenemos líderes cristianos que nos ayudan a seguir creciendo. (Efesios 4:11-16)

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