A menudo se nos pide una lista de nuestras creencias teológicas. Debemos admitir que no tenemos una.

Tenemos tratados y artículos sobre varios temas, y varias reglas prácticas para manejar nuestras rutinas y funcionar bien como comunidad. Pero no tenemos una declaración precisa de lo que una persona tiene que creer y/o hacer para estar bien con Dios, salvo confiar en Él.

Durante un debate entre nosotros sobre el tema del aborto, alguien preguntó: "Si podemos hacer reglas sobre cosas triviales como los cronogramas diarios, ¿por qué no podemos tener reglas sobre grandes cuestiones morales como el aborto?".  Pareció razonable hasta que lo examinamos mas cuidadosamente.

Podemos hacer reglas sobre temas menores, porque son temas menores. Podemos cambiar todas estas reglas mañana si vemos que no funcionan, y no va a hacer mucha diferencia en el gran esquema de las cosas. Pero las declaraciones de fe son reglas que aplican a toda la gente por todo el tiempo. Eso es un trabajo que es mejor dejarle a Dios.

No es que nos falten creencias o que no tengamos una posición personal sobre tales temas, es simplemente que tales creencias no son absolutas y no se pueden extraer legalmente de un pedazo de papel. Creencias verdaderas, por su propia naturaleza, tienen que crecer desde la experiencia genuina. Nuestras creencias se han ido formando gradualmente como resultado de nuestras experiencias individuales con Dios.

Tampoco es que estamos divididos. De hecho, la unidad que tenemos en cuanto a nuestras creencias es casi nuestra marca distintiva. Pero nuestra unidad ha crecido por nuestro deseo de saber "la Verdad" en contraste a santificar las opiniones y los dogmas institucionales.

Nuestra falta de declaraciones teológicas es, en realidad, una expresión de nuestra fe en que hay un Dios muy real, muy activo, muy personal, que puede revelar Su voluntad a todos los que realmente quieren conocerla.

Decimos mucho sobre lo que creemos sin tener que hacer reglas absolutas que aplican a todas las personas. Lo que decimos es parte de un conjunto íntegro a cuál seguimos agregando cada día; pero es falible. Por ejemplo, si alguien nos pregunta: "¿Estás diciendo que tengo que renunciar a mi trabajo y vivir por fe para ser un Cristiano?", rara vez damos una respuesta. La pregunta más importante es: ¿qué te está diciendo Dios?

No somos mucho mejor que cualquier otro grupo con respecto a hacer reglas. El propósito principal de las reglas es mantener la paz y el orden del grupo. Cuando a alguien no le gustan las reglas, o se cambian las reglas o la persona decide irse del grupo (o se les pide ir en situaciones cuando el grupo decide que las reglas no pueden ser cambiadas, y la persona no se quiere sujetar a ellas). Ser parte de nuestro grupo no te salvará, y no ser parte no te va a condenar. Somos simplemente otra organización religiosa. Lo que sí importa, sin embargo, es si estás siguiendo a Dios tú mismo, y si ÉL quiere que trabajes con nosotros o con otro grupo.

Las declaraciones de fe parecen sólo distraer de la responsabilidad que cada uno tenemos de averiguar la voluntad de Dios. ¿Realmente piensas que Dios va a pedir nuestro punto de vista sobre la Trinidad antes que nos deje entrar al cielo? ¡Por supuesto que no! La única razón para hacer tales declaraciones teológicas es que la gente de un lado o el otro nos acepte. Nosotros dejamos esos juegos a los clubes religiosos más populares. Ya tenemos las manos ocupadas tratando de entregar nuestras vidas enteras al servicio de Dios.

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