"No buscamos agradar a los hombres, sino a Dios, que es quien examina nuestro corazón. Como ustedes bien saben, nosotros nunca usamos palabras lisonjeras, ni hay en nosotros avaricia encubierta. Dios es nuestro testigo."
(1 Tesalonicenses 2:5)


Estas palabras del apóstol Pablo ayudan a explicar por qué Jesús dijo que un verdadero profeta nunca sería popular.

A veces sorprende cuánto el mundo se obsesiona con la adulación. Un conocido nuestro asistió a un congreso de iglesias y nos contó que tenían un escenario muy ancho con muchos dignatarios. Uno detrás del otro se paró para hablara alistando a las personas que querían agradecer y alabar por algo. Después de dos horas, cuando este amigo y su compañero se hartaron, los dignatarios todavía seguían alabando a muchos nombres y dando discursos de adulación. No se sabe cuánto más duró la adulación antes que alguien finalmente comenzó a predicar.

Obviamente eso fue un caso extremo.  Y es claro en las epístolas que Pablo no tenía problema en agradecer a personas y ofrecer cumplidos. Las cortesías comunes no hacen daño, pero en algún momento cruzan una línea y se vuelven adulación.

Una manera de saber si una persona es un adulador es fijarse si tiene la valentía de decir verdades incómodas una vez finalizados los "halagos". Es una prueba fundamental de carácter cuando tenemos que tomar una posición y defender algo que no es popular, especialmente cuando podríamos ofender a alguien muy cercano a nosotros.

La biblia nos enseña a seguir y a hablar la verdad con amor (Efesios 4:15). Mucho se habla hoy en día de la necesidad de amor, pero muy poco se dice sobre la necesidad de profesar la verdad.

Hay varios versículos en los proverbios que dicen que es mejor ser reprendido por un amigo que adulado por un enemigo (Proverbios 27:6). Sin embargo, hemos visto uno y otra vez que cuando alguien llega y adula a los demás, los demás a menudo son engañados y terminan hablando efusivamente sobre cuán amable es aquella persona que los aduló. Casi puedes ver los pajaritos cantando en círculos alrededor de los ingenuos que fueron fácilmente manipulados por el adulador.

Luego, viene otra persona que les dice la verdad sin reservas y estas personas que se acostumbraron a la adulación terminan huyendo del verdadero profeta, llorando sobre cómo fueron "atacados", "condenados", "hostigados". etc. ¿Por qué huyen? Es porque saben que han hecho algo malo y no aguantan que se les señale.

Hay quienes se han ido de comunidades que conocemos diciendo que sus relaciones con esas comunidades solo podían seguir continuar si esas comunidades no les criticara su estilo de vida. A menudo, terminan cortando todo contacto con esas comunidades. Estas personas son parte de un grupo creciente que piensa que cualquiera que les señala un error y que los critque, es cruel y carece de amor. No les importa la manera en que otros han tratado de resolver sus diferencias con ellos proveyéndoles una plataforma donde pueden expresar sus quejas. Lo que les interesa es justificarse ellas mismas y escuchar solamente a las personas que hablen positivamente sobre ellas.

Si hay algo que hace que las críticas sean tan insoportables es su exactitud. Todos de vez en cuando somos impacientes el uno con el otro, y decimos cosas lastimosas de las que después nos arrepentimos. Pero, incluso las personas que han aprendido a controlar su impaciencia y enojo y que solo critican cuando hay algo serio corregir, serán vistas como enemigos por aquellos que se rehusan a escuchar la verdad de su condición espiritual.

Algunas personas que han tenido contacto con nosotros nos acusan de no amarles lo suficiente. No creemos que nos falte amor hacia tales personas, pero la verdad es que no somos aduladores. Tratamos de decir la verdad los unos a los otros. Tratamos de hacerlo en amor. Pero aun cuando nos esforzamos en decir la verdad de la forma más amorosa que podemos, a menudo saltan chispas en respuesta.

Debido a esto, no somos muy populares y son pocos los que deciden formar parte de nuestra comunidad y perseverar en el camino angosto de Jesús. Pero lo que hemos visto como alternativa casi nos enferma... parecido a cómo se sintió nuestro amigo después de dos horas de escuchar adulaciones en una mega iglesia. Si ese es el precio que tenemos que pagar para llenar los asientos y abundar en ofrendas, entonces ¡que se lo queden ellos! No nos interesa ser parte de tal sistema religioso.

"¡Ay de ustedes, cuando todos los hombres hablen bien de ustedes! Porque así hacían sus antepasados con los falsos profetas."
(Lucas 6:26)

 

"Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, os aparten de sí, os insulten y desechen vuestro nombre como malo por causa del Hijo del hombre. Gozaos en aquel día y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, porque así hacían sus padres con los profetas."
(Lucas 6:22-23)


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