He aquí cierta doncella solía, en horarios poco comunes, desear una pizza. A menudo sucedía a la madrugaba, cuando ya no había entrega a domicilio. En tales horas había mucho llanto y crugir de dientes porque no podía satisfacer el deseo de su corazón.

Un día, se dijo a sí misma:

-Si tan solo pudiera aprender a hacer mi propia pizza, entonces cuando tal deseo me sobreviniese en las tardes horas de la noche, podría tener pizza al instante, sin tener que esperar el canto del gallo cuando abren los mercaderes de pizza.

Al día siguiente, buscó la escuela de Papá Giuseppe, quien le dio instrucciones para hacer pizza.

La doncella no había estado mucho tiempo en presencia de su nuevo Amo cuando aprendió que la base de pizza constaba enteramente de harina, agua, levadura, sal y azúcar. Porque ella detesaba esperar continuamente a su Amo, por las muchas horas de estudio que él exigía de sus discípulos, ella se apartó de su presencia inmediatamente después de oír sobre los ingredientes.

Cuando estaba en su propia casa, buscó hasta hallar todos los ingredientes necesarios, luego puso una porción igual en un envase de barro y comió.

-¡Fua! -proclamó mientras escupía los ingredientes de su boca-. La verdad no está en mi Amo -razonaba-. Esta comida sabe mal; sabe solo de sal y levadura. Iré a reclamarle por su engaño.

-No te hice ningún mal -dijo el buen Amo cuando escuchó la historia de la doncella-. Si hubieras permanecido en mi palabra, como mis verdaderos discípulos han hecho, hubieras aprendido la medida correcta de cada uno de esos ingredientes.

La doncella se vio muy humillada por esta nueva revelación.

-Verdaderamente, fui muy impaciente con el Maestro Giuseppe. Regresaré a su clase por segunda vez para escuchar más de lo que tiene para decir.

Escuchó de nuevo las palabras sabias del gran cocinero de pizza hasta que fue completamente instruida en las formas de medidas.

Guardó todas estas cosas en su corazón (y en el bloc de notas de su notebook). Luego, se fue del salón apresuradamente para regresar a su casa de nuevo y poner un práctica todo lo que había aprendido del Maestro. Sus medidas eran inigualables en toda la tierra.

Pero ay, sus labores fallaron por segunda vez, ya que lo que produjo era de consistencia de plastilina. La masa tomaba la forma de cualquier recipiente donde la colocaba. "Me pasé de mano", se decía, mientras trataba de recoger un pedazo de la pizza. La mordía, pero no lo encontró crocante como en días anteriores cuando su alma se deleitaba con las pizzas deliciosas. En vez, su boca estaba llena de masa, cuyo sabor era como el del pegamento que usan los escribas para pegar sus libros.

Regresó a su Amo, muy angustiada, y averiguó por qué él le enseñaba tales falsedades.

-Pero no te he engañado -dijo Giuseppe amablemente-. La mezcla primero requiere cocción, antes que esté lista para el consumo humano.

¡Ay, la pobre doncella se vio humillada de nuevo! No obstante, aunque regresó muchas veces a los pies del Maestro, cada vez que aprendía una nueva verdad, creía igualarlo y que no tenía más necesidad de él. Por eso, su aprendizaje fue dolorosamente lento.

Había otros alumnos necios como ella, quienes apresuradamente corrían para probar lo que aprendían del Papá Giuseppe. Pero cuando sus pizzas caían lejos de la gloria que tanto anhelaban, dejaban de lado toda esperanza de hacer pizza y regresaban a pan tostado. Endurecían sus corazones contra el buen Papá, y lo culpaban por sus fracasos, cuando los estudiantes necios eran ellos mismos la causa de sus propios problemas.

La doncella era necia por no ser fiel en asistir a las clases de pizza; pero fue menos necia que sus compañeros, porque regresaba para aprender más cuando fallaba en su propio entendimiento.

Aprende una lección de la doncella necia. Sigue fiel a tu Amo, y no te desvíes de su lado hasta que hayas guardado todo lo que tiene que decir a tu corazón.

Aprende de la misma manera de la sabiduría de la doncella necia. Si te desvías del camino, no desprecies a tu Amo o a las personas que él puede haber usado para enseñarte alguna pequeña parte de la verdad. Si fallas en tus esfuerzos, regresa a él y a sus siervos para aprender de nuevo las verdades que sólo se pueden aprender con un corazón quebrantado y humilde.

El mensaje comunicado por este cuentito es serio. Las denominaciones existen porque algunas personas se fueron corriendo con un pedacito de la verdad, y lo usaron para menospreciar a personas que tuvieron otras partes de la verdad.

El ateísmo, por ejemplo, surgió de una tendencia a culpar a Dios por nuestro entendimiento limitado de su voluntad. Y la religión fue creada para hacer creer que uno ya sabe todo lo que se tiene que saber sobre Dios, y no se tenga que seguir dependiendo de Él.

Pero cualquier persona que quiera desarrollarse espiritualmente y crecer en madurez, primero tiene que aprender a confiar continuamente en Dios. Para ser un líder, uno primero tiene que aprender a seguir y a sujetarse a Dios y a otras personas,  y esperar pacientemente a estar capacitado para ayudar a otras personas también.

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