Hay graves advertencias en la Biblia sobre deslizarse, es decir, sobre iniciar una relación con Jesucristo y luego volver a la vida anterior.  Jesús dijo que cualquiera que pone su mano en el arado y mira hacia atrás no es apto para el reino de Dios (Lucas 9:62).  Pedro dijo que las personas que han escapado del mundo por medio de entregar sus vidas a Cristo pero que luego retroceden al ser superados por los pecados anteriores, son como perros que vuelven a su vómito y cerdos que vuelven a ensuciarse después de haberse lavado, y que hubiera sido mejor si nunca hubiesen conocido a Jesús, que haberlo conocido para luego rechazarlo (2 Pedro 2:20-22). La Biblia dice que tales personas llegan al punto de no poder arrepentirse de lo que han hecho. (Hebreos 6:4-6)

Deslizarse es algo muy serio.  Si lo queremos evitar, debemos tener en claro cuán peligroso y malvado es.  Sin embargo, esta es una de las cosas que más le cuesta ver a la persona que se está deslizando.  Se autoengaña en creer que su pecado la va a ayudar o que no es tan serio.

El problema es que deslizarse suele ser gradual, sucede de a poquito.  El hijo pródigo no pensaba que estaba yendo a su ruina cuando se fue de su casa. Lo opuesto era verdad.  Él pensaba que era más rico que nunca. (Lucas 15:11-12

Afortunadamente, llegó el día en el que el hijo pródigo reconoció su error, se arrepintió y volvió a casa.  Aprendió sus lecciones de la manera dura (Lucas 15:13-17).  Algunas personas, como el hijo pródigo, aprenden a apreciar lo que tenían solamente después de perderlo todo.  Deslizarse puede ser una experiencia humillante capáz de enseñar a valorar el camino y la comunidad de Jesús, como también a ser más misericordioso con los demás.  Pero la realidad es que la mayoría de las personas que se dejan deslizar nunca vuelven. 

Lamentablemente, el cuento del hijo pródigo a veces se usa para justificar deslizarse, como si la única manera de aprender es de la forma más dura, y por elegir a desobedecer a Dios.  Pero el punto del cuento no es que sigamos el ejemplo del hijo pródigo de retroceder y salirnos de la voluntad de Dios.  El cuento no deja dudas de que el hijo estaba huyendo, rebelándose, pecando.  Él no hubiera podido aprender las lecciones que aprendió si no estaba consciente del hecho de que lo que estaba haciendo era malo. (Lucas 15:18-21)

Suele pasar que las personas que se están deslizando se van de su comunidad cristiana anunciando que lo hacen para "encontrar a Dios" o hacer algún otro gran descubrimiento espiritual.  Siempre tienen grandes ideas de todo el bien que vendrá de sus acciones, de cuántas personas ellos van a poder ayudar a su propia manera, etc.  Dicen que es todo parte del plan de Dios de liberarlos, de llevarlos a una nueva dimensión espiritual donde no hay reglas y donde no tienen que rendir cuentas, ni estar sujetos a otros cristianos. 

Poco a poco se van deslizando, un poquito aquí, un poquito allí. Suelen sentirse atraídos a parientes y amigos incrédulos, y a grupos religiosos que justifican la desobediencia a Jesús.  Así, comienzan a tener cada vez menos contacto con los cristianos con los cuales verdaderamente habían aprendido a servir a Dios.  Pasar tiempo con tales cristianos se vuelve la última prioridad, reservada solamente para cuando el deslizador necesita algún favor de ellos o no tenga otra actividad que pueda hacer con otras personas.

Pronto les entran dudas sobre el mensaje de renunciar a todo por Jesús y vivir por fe, mientras el reincidente trata de acomodarse al ambiente incrédulo. Empiezan a buscar maneras más fáciles de predicar el evangelio que tener que repartir tratados o predicar al público cada día.  Luego, aun las nuevas formas de compartir su fe suelen ser reemplazadas por otras actividades que traen más ingresos, hasta que son tentados a trabajar en el sistema del que Jesús los había liberado. Se convencen de que están predicando el evangelio porque tienen charlas de vez en cuando sobre temas religiosos con conocidos.  Algunos incluso dejan de creer en Dios, y hasta terminan discutiendo en contra de la fe en Jesús.   Pero lo más triste de todo es que, ya para cuando la naturaleza demoníaca de su deslizar es innegablemente obvia, la persona que se ha deslizado ha perdido su fe, no le importa su condición espiritual y muchas veces empieza a echarle la culpa a las mismas personas que trataron de salvarla de su necedad cuando comenzó a deslizarse.

Cuando se fueron de la comunidad, no parecía que iban a su ruina.  Tenían su herencia en mano y se jactaban de todo lo que iban a hacer con ella.  La mayoría se fue con planes de repartir muchos tratados, empezar sus propias comunidades, mejorar su educación, ayudar a los pobres, etc.  Pero, poco a poco, bajo la influencia poderosa de una sociedad incrédula, cedieron a la presión y se conformaron al mundo.  Mientras sucede eso, la persona que se está deslizando ve cada vez más a los cristianos como los que están equivocados y a los incrédulos como los que tienen la razón.  Muchas veces presentan argumentos como: "Somos todos parte del reino de Dios, así que, ¿por qué necesito trabajar con ustedes?".  No quieren ver que se están alejando de la voluntad de Dios para sus vidas, mientras se alejan de la comunidad a la cual Dios los había llamado. (Mateo 10:40; Juan 15:20)

Sin duda es posible ser una excepción a todo esto.  Pero para serlo y para tener éxito espiritualmente, la persona necesitará más disciplina, más oración, más fe y más autoexaminación estando sola que la que tenía con la ayuda de una comunidad de individuos dedicados a seguir a Dios.  En la mayoría de los casos, la persona que se deslizó no se fue de la comunidad por razones buenas.  ¿Qué resultados producirá una decisión basada en el orgullo, el engaño o cualquier otro pecado?  Si la persona no pudo mantenerse firme aun con la ayuda de la comunidad, ¿qué chances tiene de hacerlo sola?  En teoría, uno puede seguir a Dios sin una Biblia también, pero ¿significa eso que deberíamos tirar afuera todas las Biblias para comprobar cuán espirituales somos?  Necesitamos cuestionar seriamente cualquier voz que nos tienta a tirarnos de tal 'puente'.  Salvo que nos hayamos ido en obediencia a Dios, y estemos creando algo mejor de lo que dejamos atrás, no hay buena razón en deshacernos de todo lo bueno que ahora tenemos. ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios, a quien no hemos visto, si no amamos a nuestros hermanos a quienes sí hemos visto? (1 Juan 4:20)

¿Qué debe hacer, entonces, alguien que se da cuenta que se ha deslizado?  Tiene que hacer lo mismo que hizo el hijo pródigo: reconocer su error, pisar su orgullo, confesar su pecado y volver verdaderamente arrepentido (Lucas 15:17-19).  Si la persona está genuinamente arrepentida, es probable que su comunidad la acepte y aun festeje su regreso (Lucas 15:20-24).  Pero tiene también que entender que cuando una persona se desliza y luego vuelve a la comunidad, a veces no se puede reparar todo el daño que hizo con su ida.  A veces la persona que se fue era parte de un grupo pequeño que estaba cargando con muchas responsabilidades.  Las otras personas del equipo estaban pasando por pruebas también, y cuando la persona decidió deslizarse e irse de la comunidad, dejó atrás todas sus responsabilidades, lo cual creó una cadena de eventos que aumentó la carga para los que se mantuvieron fieles y no se deslizaron.  Puede ser que la persona que se deslizó sea muy hábil y tenga varios dones, pero salvo que aprenda a ser fiel al servicio de Dios, sus dones no servirán de mucho.

Los que se mantuvieron fieles son como el hermano mayor en el cuento del hijo pródigo.  No deben sentirse amargos por el pecado del hermano menor.  Deben reconocer que el hermano menor ha aprendido una lección importante y deben festejar su regreso, recibiendo a su hermano con amor y misericordia.  Sin embargo, una parte que a menudo se olvida del cuento es que el padre le dice al hermano mayor: "Tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas". (Lucas 15:25-32)  El hijo menor, a pesar de haber sido recibido de nuevo, ya desperdició su herencia... perdió algo de gran valor. Ahora tendrá que trabajar duro para recuperar todo lo que perdió.

En conclusión, sigamos siendo fieles a Dios y no nos engañemos en creer que la rebelión, el orgullo, la codicia, o cualquier otra cosa fuera de la voluntad de Dios nos va a mejorar espiritualmente o producir buenos frutos.  "Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de Él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios." (Hebreos 12:1-2)



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