Nosotros creemos en Jesucristo. Esta declaración, más que otra cosa, resume lo que nosotros creemos. Pero incluso una declaración tan simple y sencilla como ésa da lugar a más preguntas.

La mayoría de las personas que hacen las preguntas quieren determinar si cumplimos con ciertas "tradiciones" asociadas con esa afirmación. Nosotros estamos más interesados en cumplir con la "Palabra de Dios" (Marcos 7:13). 

La Biblia nos dice que Jesucristo era el Verbo, la Palabra de Dios en forma humana (Juan 1:14). Dice que la Palabra de Dios creó al mundo (Juan 1:3). También nos dice que la Palabra de Dios no sólo estaba "con Dios", sino que también "era Dios" (Juan 1:1). Jesús continuamente usaba la palabra "Padre" para describir a Dios. En la Biblia, Jesús dice: "Cualquiera que me haya visto, ha visto al Padre" (Juan 14:9) y "Yo y el Padre somos uno" (Juan 10:30). 

Sin embargo, en la Biblia Jesús también dijo: "Mi Padre es mayor que yo" (Juan 14:28). Hablando de sí mismo Jesús declaró: "El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre" (Juan 5:19) y "No puedo yo de mí mismo hacer nada... no busco mi propia voluntad sino la voluntad del que me envió, mi Padre" (Juan 5:30). En otra ocasión separó su propia voluntad de la de Dios diciendo, "Padre, si es posible, pase de mí esta copa. Pero no sea como yo quiero sino como tú" (Mateo 26:39). 

La doctrina de la "Trinidad" fue un intento de reconciliar estas dos posiciones y muchas personas creen en esa doctrina para entender la naturaleza de Jesús. Sin embargo, podemos entender que otras personas pueden llegar a conclusiones diferentes con respecto a la dinámica entre la divinidad y la humanidad de Jesús. Así que no obligamos a personas de nuestra comunidad a tomar una postura firme con respecto a la doctrina de la "Trinidad", ni presentamos una declaración teológica que intenta ser la única explicación de lo que Jesús estaba diciendo en las declaraciones mencionadas anteriormente.

Tenemos que repetir lo que dijimos al principio. Nosotros creemos en Jesucristo, y debido a eso, creemos (y tratamos de entender) lo que Jesucristo dijo de sí mismo más que tratamos de entender lo que los seguidores de Jesús han dicho sobre su divinidad o humanidad. No importa cuán inteligentes y sabios podrán haber sido estos "hombres de Dios", nunca serán capaces de sostener una vela a la luminosidad de la verdad que se encuentra en Jesús. Nosotros creemos en Jesucristo.

O, para decirlo de otra manera, creemos en las enseñanzas de Jesús más que creemos en las enseñanzas de las iglesias. Las declaraciones teológicas diseñadas para expresar la conformidad con la jerga religiosa ortodoxa tienen poco que ver con la verdadera fe en Jesucristo.

Jesús dice:
¿Por qué me llaman ustedes, Señor, Señor, pero se niega a obedecer las cosas que les he dicho?
(Lucas 6:46)

Jesús dijo que una persona podría ser perdonada por blasfemar su nombre (ej. no creer en su divinidad), pero que no podemos ser perdonados por rechazar el Espíritu de Dios (Mateo 12:31-32). 

Como por resultado de seguir las enseñanzas de Jesús, cada vez estamos más convencidos de su divinidad; mientras que parece que la mayoría de las personas que argumentan sólo en base a la divinidad de Jesús nunca llegan a creer sus enseñanzas.

Nosotros creemos en Jesucristo. Creer en Jesús es imposible si no le creemos. Así que le creemos a Jesucristo y tratamos de seguir y obedecer todo lo que él mandó hacer a sus seguidores. Esto también lo hacemos muchas veces en contradicción a las enseñanzas populares de las iglesias de hoy que se utilizan como excusa para hacer cualquier otra cosa menos obedecer a Jesús.

Estamos convencidos de que cualquier persona que consciente y voluntariamente siga decidiendo actuar en desobediencia a las enseñanzas de Jesús no puede ser salvo. Han rechazado el Espíritu de Dios, hablándoles por medio de Jesús y no existe un camino de salvación en oposición a él y sus palabras. Este grupo de almas perdidas incluye a millones de personas que rechazan las enseñanzas de Jesús en base a enseñanzas pervertidas de sus iglesias. Si no se arrepienten, perecerán igual que los incrédulos... o peor.

Nos inquieta mucho que una de las principales razones que se dan hoy para rechazar las enseñanzas de Jesús sea una falsa tradición iglesiana que dice que es una herejía tratar de obedecer a Jesús, porque equivale a "trabajar para ganar tu lugar en el cielo".

Todos estamos trabajando por algo y alguien. Estamos o trabajando para Dios o estamos trabajando para el diablo; y cualquier persona que enseña que la obediencia a Jesús es una herejía está trabajando para el diablo. Si tuviésemos que elegir entre trabajar para ganar la entrada al cielo por medio de obedecer a Jesús, o trabajar para ganar la entrada al infierno por medio de seguir trabajando para el diablo, sabemos de qué lado queremos estar.

Nosotros creemos en Jesucristo y sabemos que ser parte de Su reino es un regalo inmenso que nunca nos mereceríamos. Le creemos a Jesucristo cuando dice que son pocos los que serán salvos y que tenemos que esforzarnos para entrar por la puerta estrecha, y le damos gracias por esta oportunidad (Lucas 13:23-24). 

La fe en Jesucristo exige obediencia a Jesucristo (Juan 14:21; 2 Juan 1:6). La Biblia dice que cualquiera que desobedece y no permanece en las enseñanzas de Jesús no tiene a Dios; mientras que cualquier persona que permanece en las enseñanzas de Jesús sí tiene al Padre y al Hijo (2 Juan 1:9). 

La gracia de Dios se experimenta por medio de la fe (Efesios 2:8) y "la fe sin obras está muerta" (Santiago 2:26). En otras palabras, sin obras que demuestren tu fe, no es verdadera fe, y sin verdadera fe no experimentarás la verdadera gracia de Dios.

Sin duda es importante entender que nuestras obras no nos hacen "dignos" de recibir la gracia de Dios; pero tampoco seremos dignos del cielo por medio de no tratar de obedecer a Dios. La pregunta más importante es cuál enseñanza muestra una mayor evidencia de fe en Jesús, ya que esto es lo que Dios está buscando.

Nosotros creemos en Jesucristo, y le creemos a Jesucristo. Debido a esto, nos llamamos cristianos. No somos paulinos, marianos, luteranos, calvinistas, arminianos, weslianos, menonitas, o seguidores de cualquier otro ser humano. Podemos aprender de todos, pero al fin y al cabo somos seguidores exclusivamente de Jesucristo.

A veces hemos sentido frustración con la idea errónea que el mundo en general tiene sobre el término "cristiano". Por lo general, está familiarizado con las tradiciones de las iglesias institucionales que a lo largo de los siglos se autodenominaron "cristianas". Por otro lado, hemos encontrado que cuando usamos la palabra "Jesús", se entiende un poco mejor que estamos hablando de Jesucristo y de sus enseñanzas. Por eso a veces también nos identificamos como discípulos de Jesús, jesuanos, jesucristianos, seguidores de Cristo y cualquier otra frase que comunique que nosotros creemos en Jesucristo.

Hasta que los que se llaman "cristianos" vuelvan a seguir las enseñanzas de Jesucristo tal como aparecen en la Biblia (sin importar si esas enseñanzas se ajustan a las tradiciones de las iglesias), será difícil considerarlos como verdaderos seguidores de Jesucristo. Creemos que hay personas sinceras en las iglesias; pero, en su conjunto, el sistema religioso está en rebelión consciente en contra de Dios, y como por resultado es apóstata.

Creemos que estamos viviendo en una de las épocas más oscuras de la historia espiritual del mundo. Es nuestro trabajo guiar a la gente de nuevo a Jesucristo en todo lo que hacemos. Por medio de modelar nuestras vidas en base de las enseñanzas de Jesús, nos convertimos en la "luz del mundo" (Mateo 5:14). Hacer esto nos costará todo lo que tenemos, aun nuestras vidas. En un mundo que ha rechazado a Jesús, no podemos esperar ser populares; porque vamos a participar de sus padecimientos si somos fieles a su mensaje (1 Pedro 2:21; 1 Pedro 4:12-13). 

Nosotros creemos en Jesucristo. Para nosotros, esto es mucho más que un mero "artículo de fe" simplista. Nos va a costar todo (Lucas 14:25-33). Pero cualquier otra cosa lo estimamos como caca en comparación (Lucas 14:34-35; Filipenses 3:8).

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