Hubo un emperador chino que estaba envejeciendo y necesitaba alguien que lo reemplazara. Por alguna razón, él no quiso elegir a alguien importante del gobierno ni a uno de sus parientes para que tomara su posición. En vez de eso, congregó a todos los niños en una junta y les dijo que iba a dar una semilla a cada uno de ellos.  El emperador quería que ellos plantaran la semilla y volvieran un año después a la junta para mostrar cómo había crecido su planta. De acuerdo al resultado, él iba a elegir a uno de ellos para que sea emperador cuando él muriera.

Un niño en particular, llamado Ling, plantó su semilla con mucho cuidado en tierra negra rica y le echó agua fielmente. Sin embargo, los días pasaron y la planta no creció. Agregó abono y lombrices a la tierra para nutrir la semilla, pero pasaron semanas y todavía no hubo señal de crecimiento.  Ling visitó a algunos de sus amigos y sus semillas estaban creciendo bien. Durante todo el año, él probó todo lo que pudo para hacer brotar la semilla pero nada funcionó. Cuando llegó la hora de llevar las plantas a la junta del emperador, Ling tenía mucha vergüenza de ir. Sin embargo, pensó que era su deber decirle al emperador la verdad sobre su fracaso.

Todos los niños estaban congregados en una gran sala y el emperador se movía rápido de un niño al otro examinando sus plantas. Ling estaba detrás de todos con su maceta vacía y su cabeza inclinada hacia el suelo. Cuando el emperador lo vio, inmediatamente mandó a sus guardias para que lo llevaran al escenario frente a todos los demás. Ling estaba asustado, pensando que iba a ser castigado delante de todos.

Sin embargo, el emperador anunció que Ling sería su próximo emperador. Todos estaban asombrados, especialmente Ling. Entonces el emperador comenzó a explica:

"Antes de darles las semillas a ustedes el año pasado, las herví para que fuera imposible que broten y se vuelvan nuevas plantas. Yo quería un emperador honesto, aun si ser honesto lo hiciera quedar mal, y Ling es esa persona. Los demás hicieron trampa para tratar de impresionarme, pero Ling fue fiel, y fue honesto."

El éxito cristiano no se mide en números o popularidad.  Dios está buscando gente que haga Su voluntad aun cuando nadie más la quiera hacer.  Él dará su reino a tales personas (Lucas 12:42-43). 

¡No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos! (Gálatas 6:9)



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