Hay un principio espiritual que la gente de muchas religiones ha descubierto. Nosotros lo llamamos "el principio de renunciar a todo". Sin embargo, podría ser descrito de muchas otras maneras.

Este principio enseña que en todas las áreas de la experiencia humana, vale la pena dejar de lado nuestro apego a las cosas, ya sean bienes materiales, esperanzas, relaciones, miedos o lo que sea. Alguien lo resumió diciendo: "Dios guarda lo mejor para los que dejan las decisiones a Él". Si tratamos de manipular a Dios conforme a nuestros deseos, nos robamos a nosotros mismos de lo mejor que Él nos podría dar; algo que solo obtenemos cuando dejamos que Él nos manipule.

Cada vez que estamos pasando situaciones con estrés, preocupación, depresión, dolor, indecisión, confusión, ira o tentación, hay algo que debemos dejar de lado.  Si lo descubrimos y lo renunciamos, la experiencia negativa desaparecerá. Quizá sea tener que dejar de lado alguna responsabilidad que nos hemos creado, o soltar el miedo, el orgullo, nuestro deseo de emoción o placer, o la comprensión de una situación. Cada vez que soltamos estas cosas y nos volcamos al amor de Dios, a pesar de las circunstancias que nos rodean, el resultado es la paz interior.

Jesús dijo cosas como: "Si quieres ser grande, aprende a ser un siervo. Si quieres salvar tu vida, aprende a perderla. Si quieres ser el más importante, aprende a ser el menos importante. Si quieres tener tesoros que nunca pueden ser quitados, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Si quieres tener casas y tierras y una familia grande y feliz, abandona a todas estas cosas". Él estaba describiendo el paradójico principio de renunciar a todo.

Este principio puede convertirse en una parte instintiva de nuestra vida, de manera tal que podamos prescribir el tratamiento inmediato para nosotros mismos cuando estemos "fuera del Espíritu". En la medida que estamos dispuestos a soltar, podemos vivir una vida cristiana victoriosa.

La mayoría de las personas en las iglesias sabe que, a pesar de las numerosas charlas acerca de la vida cristiana victoriosa, nadie la está realmente experimentando.  Pero todo el mundo conspira en secreto para no confesar esta verdad deprimente.

Hemos escuchado a muchos afirmar que son una excepción a la norma tibia, pero al examinarlos más detalladamente todos resultan ser "pozos secos", como los que se describen en 2 Pedro 2:17-19.

Sin embargo, todos sus problemas podrían resolverse si simplemente renunciaran a todo.

Los pocos problemas menores que experimentamos son casi nada en comparación a las frustraciones espirituales de aquellos que tratan de servir a Dios y al dinero al mismo tiempo. Incluso nuestros pocos problemas siempre están conectados a algún área de nuestra vida en la que no estamos renunciando.

El lema "suéltate y deja que Dios obre" refleja el principio de renunciar a todo. Pero la mayoría de las personas tiene miedo de tomarlo literalmente. Al igual que Abraham (Génesis 22), Dios le pide a las personas sacrificar a sus propios "Isaac".  Pero estas tratan de decirse a sí mismos que ya lo han hecho "en su corazón" en vez de tomarlo en serio y levantar un cuchillo a lo que debe ser abandonado.

Lo hermoso de tomar literalmente el mandamiento de Jesús de renunciar a todo es que no tenemos que vivir con signos de interrogación sobre si realmente estamos haciendo lo que Dios quiere que hagamos. Si Dios quiere que tengamos algo que hemos renunciado, él mismo lo va a "resucitar". Si no lo hace, entonces es mejor que quede muerto... crucificado... abandonado.

¿Por qué no dejar de lado eso a lo que te aferras y ver si Dios tiene algo mejor para ti?



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