Las culturas primitivas crearon estatuas y luego creyeron que sus estatuas poseían poderes especiales.  Se les hablaba, daban regalos, y aun se sacrificaban a los niños para ofrecerles los cadáveres a estos pedazos de madera y piedra sin vida.  Los líderes religiosos usaron esta fe equivocada para controlar a la gente.  Es un asco a nuestras mentes informadas, pero en algunas partes del mundo todavía se practican tales cosas.  El brillo de un ídolo nuevo ciega a sus dueños en cuanto a la verdad sobre su origen.

Pero tal ignorancia no está limitada al mundo subdesarrollado.  En los países más desarrollados tenemos aun más brillo, luces y circuitos electrónicos, así que podemos deslumbrar y cegar a la gente con estupideces mayores.  Las publicaciones lustrosas, carteles publicitarios y los medios electrónicos conspiran para imponer el tipo de música que vamos a disfrutar, el estilo de ropa con la que nos vestiremos y los valores que darán forma a nuestras vidas.

Familias enteras pasan horas haciendo culto delante de ídolos que brillan con color, sonido e imágenes.  Estos ídolos les dicen a los padres que ellos encontrarán su felicidad por medio de trabajar más en las fábricas de los ídolos de nuestro mundo a cambio de dinero.  Como por resultado, los padres enseñan a sus hijos que ellos también deben dedicar sus vidas a las líneas de producción.

Los sumos sacerdotes de nuestra sociedad nos dan fichas (dinero) a cambio de sacrificar nuestras vidas y familias a la religión de la 'economía'.

Cualquiera que sugiere que el Dios verdadero no está contento con tal materialismo es rechazado por ser 'supersticioso'.  Se considera más inteligente poner tu fe en las cosas que puedes ver y tocar... ¡las cosas que hemos creado nosotros mismos!

Pero los coches, piscinas, y video juegos no contestan las preguntas sobre el origen del universo ni satisfacen nuestra necesidad de amar, ni proveen un propósito con significado para nuestras vidas.  Así que los sacerdotes de la avaricia encuentran nuevas formas de destruir nuestros sentidos y nuestras almas.  Nos llenan de tonterías, drogas y sexo.

Las tonterías vienen en formas diversas como los comediantes, teatros, películas y propagandas.  Lo llaman felicidad. Las drogas vienen en pastillas, cartones, botellas e inyecciones.  Las podemos comer, beber y aspirar.  Lo llaman paz.  El sexo viene en varias formas también... videos, boliches, fiestas, hetero, homo, bi, grupo.  Lo llaman amor.

Pero las tonterías, drogas y el sexo se vuelven más y más asquerosos hasta que los productores de los ídolos nos pueden dar odio, violencia y terror, y todavía vernos trabajar como esclavos para comprar tales perversiones.  Las películas y música se alejan más de las promesas cómodas de que el bien supera al mal, hasta que las canciones de amor llegan a ser canciones de odio, y la tortura un entretenimiento.  Nos ponemos en cola por el privilegio de ser degradados con tal morbosidad.

Encima de esto llega un resurgimiento de fervor religioso.  Pero no se enseña sobre un Creador amoroso que te puede liberar del sistema y proveer tu alimento y ropa.  No, solamente los ídolos pueden hacer eso ahora.  Pero sí llegan muchas nuevas supersticiones sobre cosas como las estrellas, las líneas en tus palmas, o las hojas en el té que pueden controlar tu vida y llevarte a la felicidad verdadera.  El significado de la vida es encontrada en biorritmos, auras, aromaterapia, lo que sea.  Cada semana un nuevo libro de palabrería y doble sentidos aparece en el mercado.  Cuanto más ridículo sea lo que enseñan, más será creído con entusiasmo por la gente.

Ahora estamos llegando al punto final de la locura global: el culto abierto al diablo... la encarnación de todo lo que es malo.  Verdad, hemos dejado de creer en el diablo desde hace años, pero no lo hizo menos real.  Le hemos estado dando culto sin saberlo desde que dejamos de darle culto al Creador.  ¡El diablo ha estado usando el dinero y todo lo que compra para destruir nuestras mentes y almas!  El mundo está casi al punto de estar suficientemente bajo su control para que él pueda tomar el reconocimiento público y jactarse de su éxito en humillar a la raza humana.

¿Hay algún escape?  ¡Sí, lo hay! Destruye tus ídolos y vuelve a la fe sencilla y confía en Dios como un niño confía de su padre que le ama. ¡Que las mentiras del sistema respetable y sus títeres de cerebros lavados se vayan al infierno!  No necesitamos sus dólares o sus ídolos.  Dios puede alimentarnos si trabajamos en construir un nuevo mundo basado en el amor. (Mateo 6:24-33)  Ya lo hemos probado y hemos encontrado que sí funciona. ¡Súmate a la causa!

Estarás seguro de que nadie quien sea avaro jamás recibirá parte en el reino de Dios (porque la avaricia es idolatría). Efesios 5:5

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