A diferencia de la mayoría de las iglesias, nuestras reuniones de oración no son tiempos en cuales nos tomamos turnos en orar en voz alta para que los demás nos escuchen. Jesús nos mandó a no hacer eso. (Mateo 6:5-6). Pero sí creemos en orar.

A veces es bueno orar con otros cristianos, y esto le agrada a Dios (Mateo 18:19-20). Pero podemos hacer esto de varias maneras sin desobedecer a Jesús.

Podemos orar juntos por decir o cantar una oración especial en unidad, ya que todos estarían concentrándose en orar juntos y no en ser escuchado por los demás. A menudo hacemos esto antes de comer. Algunas iglesias lo hacen por medio de decir el Padre Nuestro juntos o alguna otra oración.

También podemos orar juntos en una reunión donde todos oran con sus propias palabras al mismo tiempo. No es fácil hacer esto, porque alguna gente quizás no ore y empiece a enfocarse en escuchar a los que sí están orando. Pero si oramos de esta manera, no debería suceder en una reunión pública. (1 Corintios 14:23) Hemos encontrado que esta clase de reunión es más necesaria cuando hay una crisis y estamos orando más desesperadamente como comunidad para resolverlo.

En una reunión de oración donde estamos pidiendo algo de Dios, lo que decimos en la oración misma tal vez no sea tan importante como ponernos de acuerdo con lo que todos queremos (Hechos 2:1). Lo que llamamos "oraciones conversadas" pueden lograr eso. Pueden parecer más como una reunión de planes que una reunión de oración, porque hablamos libremente entre nosotros primero sin necesidad de hacer un "show" de la oración. Si alguien quiere pedirle algo a Dios, esa persona puede decirlo al resto del grupo. Las otras personas dirán si quieren lo mismo. Entonces se habla sobre cuánto se desea eso mismo, o si hay algo que quieren más. La petición se puede cambiar varias veces antes de que haya un acuerdo completo.

Tales conversaciones nos ayudan a orar más sabiamente. (Santiago 4:3) Es importante en una reunión como esta que cada miembro sea honesto sobre lo que quiere. No es bueno pedirle algo a Dios si no lo quieres con todo tu corazón. (Santiago 1:6-8; Santiago 5:16)

Hemos encontrado por medio de tener reuniones de oración como estas, que al fin, la oración es casi siempre la misma. Descubrimos que lo que queremos más que nada se resume bastante bien en el Padre Nuestro. Queremos la voluntad de Dios. Queremos más amor para los demás. Queremos perdón para nosotros mismos. Queremos ser protegidos del mal. Queremos comunicarle a Dios cuánto lo amamos. Queremos la providencia de Dios para su pueblo donde quiera que estén. Y queremos que todo el mundo lo honre y lo sirva también.

De lejos, nuestra forma de orar más común es el de orar juntos en silencio.  Cada persona ora en el privado de su corazón y pide por las cosas en las que estamos todos de acuerdo.  Luego tenemos un "tiempo de escuchar". Un tiempo de escuchar es cuando le pedimos a Dios que nos comunique su voluntad para nosotros de una manera específica, y esperamos recibir una revelación directa de Dios. (Mateo 6:10)

Durante el tiempo que estamos esperando, tratamos de dejar de pensar en nuestras propias cosas.  Tratamos de vaciar nuestra mente por completo, dejándola abierta para recibir algo nuevo. No debemos hacer esto para nadie salvo Dios. Si lo hacemos para Dios, él no va a dejar que un espíritu maligno nos engañe, porque estaremos pidiendo por sabiduría de parte del Espíritu de Dios. (Lucas 11:9-13).

Deberíamos pedirle a Dios que nos hable de esta manera cuando nos vayamos a dormir. El nos puede proteger de las pesadillas también (Isaias 26:3).

Cuando estás escuchando que Dios te hable, deberías prestar atención especial a cualquier cosa que él pone en tu mente. A veces te va a decir algo que no quieres escuchar. A veces va a usar una imagen mental para comunicarte algo, como a menudo pasa en un sueño. (Para más info, lee Revelaciones Directas)

Si no entiendes inmediatamente lo que te está diciendo la revelación, serás menos tentado a luchar contra el mensaje de la revelación mientras la estás recibiendo. Eso es una razón por cual el mensaje a menudo está escondido en símbolos y acertijos. Después, cuando estás pensando sobre la revelación y cuando la compartas con otros cristianos en la reunión, puedes llegar a entender más completamente lo que Dios te estaba tratando de comunicar. A veces sólo vas a tener una parte de la respuesta, y otra persona en la reunión tendrá lo que falta. De ese modo, Dios trabaja en más que una persona a la vez, enseñándonos a escuchar ambos como grupo y como individuos.

Durante un tiempo de escuchar, después de un periodo corto de silencio, se te preguntará si recibiste algún mensaje. Incluso si no entiendes lo que recibiste, deberías compartirlo. Juntos podemos trabajar para entender lo que Dios está diciendo.

A veces Dios nos dice algo muy poderoso que puede cambiar nuestras vidas por completo.  Sin embargo, la mayoría de las lecciones que recibimos en un tiempo de escuchar son consejos y ánimo para ese día en particular. Cuando Dios nos dice algo, no importa cuán pequeño, es por una razón. El espera que cambiemos las decisiones que tomamos a base de lo que nos dirige hacer. No sirve escuchar a Dios y luego salir y olvidarse de lo que dijo. (Santiago 1:22-24; Romanos 2:13)

Puedes escuchar a Dios en cualquier momento. No necesitas una reunión de oración formal para hacer eso. Todos los días deberías tener un tiempo quieto. Tienes que estar listo para recibir cualquier cosa que Dios te quiera comunicar en cualquier momento. (1 Tesalonicenses 5:17)

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