El concepto de la oración "desesperada" es importante. Pero, tal vez esa frase nos da la idea de que debemos acercarnos a la oración como muchos nos acercamos al ayuno: oramos desesperadamente por un período de tiempo hasta que recibimos la "respuesta" y luego suponemos que todo está bien hasta que llega la próxima crisis.

Muchas veces ni nos damos cuenta que estamos pasando por una batalla espiritual hasta que otras personas la señalan de forma irrefutable. Si nos acercamos de esta forma a la oración, entonces toda nuestra vida estará llena de drásticos altibajos, mientras pasamos de una crisis a otra.

Tal vez un mejor término sería una "relación con Dios" o "seguir nuestra conciencia". Estos enfatizan el compromiso a largo plazo que se requiere para mantenerse recto, sin tantas crisis espirituales.

El término "ser consciente de uno mismo" es bueno. Es una característica que distingue los humanos de los animales. Ser consciente de uno mismo está vinculado con imaginarse cómo nos perciben otros, o Dios, y cuando te mantienes consciente constantemente de cómo te estás presentando, desarrollas la habilidad de verte en los demás.

Dicho de otra manera, cuando ves a alguien con una postura molesta, y con sus labios sacados para afuera diciendo "Te dije que lo siento. ¿Qué más quieres?" sabes inmediatamente que no tienen un buen espíritu, incluso si ya pidieron disculpas. Luego usas esa información para juzgarte a ti mismo. Cuando ves que estás actuando de la misma manera, entonces te debes decir "Claramente sigo teniendo un mal espíritu, y no estoy engañando a nadie, aun si ya pedí disculpas".

Este es sólo uno de muchos ejemplos que se podrían usar para explicar cómo funciona ser consciente de uno mismo y consciente de la presencia de Dios. Es algo que debe estar sucediendo en cada momento. Significa ser consciente sobre tales cosas como si nuestro cabello está peinado, si lo que estamos diciendo tiene sentido, o si estamos cantando fuera de tono. Si podemos observar esas cosas en los demás, entonces las deberíamos ver en nosotros mismos también. Eso es parte de ser realmente humano.

Hay una larga lista de pistas que nos pueden decir si estamos atinando mal espiritualmente, y que necesitamos mejorar. Pero no se conocen estas pistas por medio de un libro de reglas; sino de la vida misma.

Es como andar en bicicleta o manejar un auto. No hay un libro lo suficiente largo para decirte exactamente cuándo y dónde dirigir tu atención mientras andas, precisamente cuándo apretar el freno y cuánto, o cuándo comenzar a mover el manubrio, etc. Sin embargo, simplemente de propia experiencia aprendemos a coordinar todas estas cosas y eventualmente aprendemos a conducir bien una bicicleta o auto. También sabemos que si alguien tratara de referirse a un libro por cada movimiento del ojo, mano, o pie, etc. seguramente terminaría chocando.

No hay tiempo para encontrar una regla para todo lo que hacemos. Tenemos que desarrollar un sentir por lo que hacemos, y tomar decisiones en base de algo que hemos interiorizado.

De la misma forma, debemos interiorizar ciertos valores espirituales, y luego ser conscientes de nosotros mismos, constantemente fijándonos si estamos viviendo de acuerdo a esos valores. Eso es la diferencia entre una "oración incesante" y una "oración desesperada" y es por eso que se compara la oración constante con seguir tu conciencia.

Otra forma de describirlo es como lo dijo Sócrates: "¡Conócete a ti mismo!". Parte de la experiencia humana es saber cuándo algo no está bien dentro de nuestro espíritu, y luego encontrar una solución. Apenas comenzamos a sentirnos ansiosos o frustrados o excitados (por ejemplo), reconocemos que tenemos que hacer ciertos ajustes para poder encontrar soluciones realmente cristianas a estas situaciones.

Necesitamos prestar atención a las señales de advertencia dentro de nuestros propios cuerpos que nos dicen cuándo nos estamos alejando del Espíritu de Dios. Si somos conscientes constantemente de la presencia de Dios, entonces nos asombraremos y nos avergonzaremos cada vez que vemos el pecado acercarse en nuestras vidas... aun ANTES que los demás se den cuenta. Llámalo la oración incesante, seguir tu conciencia, una relación con Dios, o lo que sea... el punto es que tiene que operar constantemente. La relación, conciencia u oración de ayer, no basta para el día de hoy. Hoy es el día establecido para vivir por fe.

Algunos hemos vivido por tantos años con el egoísmo y el temor al rechazo que no hay forma de hacerlos desaparecer de nuestras vidas ni incluso con cuarenta días de "ayuno". Necesitaremos esforzarnos en ir cambiando esas costumbres por el resto de nuestras vidas. No se trata tanto de pedirle a Dios que algo nos toque por fuera como un relámpago, o que nos dé una píldora mágica que nos cambie instantáneamente, sino que es cuestión de aceptar responsabilidad personal por lo que está pasando en nuestro interior espiritual y tomar pasos para cambiar y conformarnos a la voluntad de Dios.

Sin duda, debemos orar desesperadamente por más fuerza para hacer esos cambios y pedirle ayuda a Dios. Solo recuerda que al final, eres tú el que se tendrá que esforzar para obedecer la voz de Dios, y no va a ser fácil.

Se puede, por resultado de la oración desesperada, encontrar algunas reglas que puedan ayudar. Pero esas reglas personales que puedas llegar a aplicar solo funcionarán si se implementan en conjunto con una consciencia más amplia sobre cómo te está yendo espiritualmente.

Con nuestras metas personales, en algún momento las tenemos que volver a evaluar, y cuando lo hacemos, a menudo encontramos que con ciertas cosas ya no necesitamos hacer reglas para nosotros mismos porque hemos desarrollado un hábito en ser conscientes con respecto a ellas. El actualizar constantemente nuestras metas personales nos llevará a más crecimiento comparado a si nunca las revisamos.

La oración incesante está relacionada a una habitual examinación propia, consciencia constante de la presencia de Dios y una actitud de sinceridad. Si somos sinceros, vamos a desear cambiar para conformarnos cada vez más a la imagen de Cristo. Pero olvídate de poder llegar a la perfección, y enfócate más bien en mejorar espiritualmente. Así, ya no vas a ver a la crítica como un ataque o prueba de que eres un "fracaso", sino simplemente algo que te ayuda en llegar adonde quieres ir. (Filipenses 3:12-14)



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